Ella, la tórtola. Capítulo VII.

Enlaces al inicio de esta historia, Capítulos 1 al 6, al pié de este post.
Magia por Sergio Vieira

¿Cómo sería un Congreso de Magia? Él me había contado que se iba a desarrollar en el Centro Cultural Belém, en Lisboa. Yo sabía que era muy grande y hermoso, y que había sido edificado sobre la costa del río Tajo. Trataba de imaginar el Congreso y como siempre, mi fantasía me hacía visualizar salones, pasillos, ascensores, corredores y jardines, con magos y magas que pasaban levitando y saludándose unos a otros. Ellos, sacándose la galera, ofreciendo un pañuelo, una flor. Ellas, muy hermosas, con vestidos etéreos que iban cambiando de color a medida que avanzaban. Los acompañaban bolas de colores que bailaban sensuales siguiendo a sus preferidos, estrellas que titilaban, velas que se encendían y se apagaban, las damas de corazón, piques, diamantes y tréboles que jugaban a la escondidas en bolsillos, algún escote, sobres, frutas y cajas. Y estaban los animales, desde tórtolas, papagayos, conejos y búhos, hasta perros, caballos, tigres y elefantes. Todos los magos, sus partenaires y sus ayudantes, andaban muy ajetreados. Corrían de una conferencia, a un taller, a una gala. Algunos aplaudían como locos cada vez que otro los sorprendía con una ilusión nueva, un efecto bien logrado. Otros, se morían de envidia y se reunían en secreto para recurrir a la otra magia, la oscura, y tratar de que el arte ajeno se convirtiera en fracasos.

No es que a este tema lo tuviera en la cabeza todo el tiempo, y como ya lo dije, tampoco me había interesado nunca la magia. Pero el encuentro con carloparise me había dejado una marca. Claro, sí. No había dudas de que me había dejado marcas porque después de esa tarde me descubrí algún que otro… digamos… moretón, moretoncito… de esos que cuando era adolescente siempre trataba de ocultar para evitar cargadas. Pero hablo de otra clase de marca. En la época en que lo conocí, yo ya había logrado alcanzar casi un estado de plenitud, de complacencia y hasta agradecimiento por el rumbo que había tomado mi vida. Todo parecía marchar bien, el trabajo, mis hijos, mis amigas, mi vida social. Me sentía libre después de muchos años y la sensación era que había reencontrado a la Laura que yo había imaginado que iba a ser, antes de tomar un camino que se fue dibujando ajeno a mi voluntad y de acuerdo a las circunstancias. No reniego de mi vida, porque al fin y al cabo todo es cuestión de decisiones y sus consecuencias. Y tampoco reniego de esas decisiones, porque tuve el privilegio de vivir un amor durante muchos años, de ser correspondida, y de haber formado una familia con unos hijos de los que, para qué lo voy a negar, sigo estando muy orgullosa. Igual, durante todos esos años cada tanto sentía una inquietud, una sensación de que algo no andaba bien, de que una parte de mí se había perdido en el trayecto, pero la espantaba de un manotazo mental y volvía a instalarme en el lugar que yo misma había elegido, ahora lo sé bien. Lo supe bien, lo comprendí, bastante antes de mi separación de Fran. Porque la verdad es que durante mucho tiempo había tenido un sentimiento de rencor subyacente hacia Fran. Un poquito, nomás, pero ahí estaba, porque él había sido el que insistió, insistió, insistió, e insistió, para que yo viviera de acuerdo a lo que él pensaba que era lo mejor para todos. Pero, la que se dejó llevar, la que se adaptó, fui yo. Así que durante los últimos años de mi matrimonio había decidido dejar de soñar con lo que no fue, y disfrutar de lo que tenía.

En eso estaba, cuando TODO SE FUE A LA MIERDA. Esa vida que parecía que iba como sobre rieles y cumpliendo las etapas previstas, de golpe se desmoronó. Fue un caos. Que duró bastante. Unos años. Hasta que de a poco, todo se fue reacomodando. Mi familia, que yo creía destruida, se armó de otra manera, y siguió siendo mi familia. Yo aprendí que no era esencial la presencia del otro para mi existencia y mis logros. Yo valía por mí misma, ya no era más “Fran y Laura”, una unidad. Era Laura, la verdadera Laura. Pero…

Ya también lo conté antes, había una cosa que me faltaba en esta nueva etapa y a la que no me animaba: el sexo. El sexo era algo que yo había dado por sentado. Fue algo presente constantemente en mi vida. Era algo que tanto Fran como yo disfrutábamos y alimentábamos. No decayó, ni se achanchó. Lo habíamos iniciado con poca experiencia pero con muchos deseos de aprender, y en el transcurso de toda nuestra vida en común, a pesar de las inevitables discusiones, los desacuerdos, los inconvenientes que tuvimos como cualquier otra pareja, en ese aspecto nunca perdimos el entusiasmo y nunca se convirtió en rutinario. Pero después del famoso “click”, después de esos años de idas y venidas, después de que le di la famosa patada en el culo final, zas, se abrió el agujero negro. Ahí fue cuando caí en la cuenta de que quizás, nunca más. Madre mía, qué horror. No sabía qué hacer, por dónde ni cómo empezar. Al principio caí en el lugar común del “No hay hombres”. Repito que yo no estaba buscando un novio, ni un marido, ni un amante permanente. Pero lo de “no hay hombres ni siquiera para coger”, era algo que ni yo misma me lo podía creer. Así que empecé a pensar que el problema lo tenía yo. En el sentido de “Seré una boluda”. Prejuicios y pecado, hacía años que me los había sacudido. Y les afirmaba a mis amigas, con total sinceridad, que nunca nadie me había invitado. Hasta que un día caí en la cuenta de que no había sido así. Yo tenía la puerta cerrada con un cartel de “NO” por anticipado. Y entonces me empecé a relajar. Dejé de pensar en eso, seguí trabajando, estudiando un posgrado, cenando una vez por semana con mis mejores amigas, yendo al gimnasio, divirtiéndome en mis clases de teatro, jugando al golf los fines de semana, yendo al cine, al teatro, a algún recital, compartiendo momentos con mis hijos y algún que otro con mis hermanas. También viajé un poco. Sola, algunas veces, lo que al principio me costó pero después aprendí a disfrutar. Y otras veces con amigas. Y lo estaba pasando bomba. Dejaba fluir, como dicen ahora.

Y después de unos meses de esa actitud, apareció el famoso email equivocado: De: carloparise@hotmail.com Para: rosalafuente@yahoo.com. No les conté que rosalafuente había sido su partenaire, que después devino ella misma en maga profesional. Y la cosa se dio como lo fui contando, de a poco, mail va, mail viene, hasta esa maravillosa tarde de tormenta, la de la capa roja, la moto, el vino, las nueces, y también, la entrometida de la tórtola.

No niego que cada tanto, entre medio de todas mis corridas, cuando iba y venía manejando, incluso, en mitad de una clase o una charla, me acordaba de él. Una noche muy fría, cuando volvía a casa después de una pizzas con mis compañeros —compañeritos— de facultad, de golpe sentí una terrible nostalgia por sus brazos. Añoré meterme en ese nidito y quedarme ahí, acurrucada. Habrá sido telepatía, brujería, magia, porque al día siguiente recibí un mail: De: carloparise@hotmail.com Para: lau.lauda@gmail.com. Ése sí que estaba dirigido especialmente a mí, y decía solamente:

“Cada paso que doy, pienso en vos”.

Continuará…Nota: La ilustración que aparece en este post pertenece al artista portugués Sejo Vieira

Capítulos anteriores de “Ella, la tórtola”, Capítulo VII .

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V

Capítulo VI


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, , luis-miguel-montes dijo

Hola Analatana, hoy pasé un buen tiempo con tu cuento ,claro que tuve una experiencia nueva nunca me pasó de leer un cuento de atras para adelante, pasa que a medida que leia me interesaba por lo anterior y asi de uno en uno fui recorriendo los capitulos ,podes imaginar que me gustaron mucho, de lo contrario no hubiera cometido semejante desatino , pero te digo es igualmente interesante .doble merito el tuyo.
Cariños El kia que no solo habla sino tambien lee al verre.

, , analatana dijo

Hola, Kia. Qué buena idea me diste!! Voy a mezclar todos los capítulos y hacer algo así como “Elije tu propia aventura”. Y después, le planto los escritos a algún editor capo y SEGURO que me publica!! ajaja… Pero qué habilidad la tuya, para leer al verre.

Antes de contestarte me fui a curiosear a tu blog, y también al de Spaces y me quedé enganchada. Cómo me gustó la escultura del bandoneón!! Cuando veo algo así, siento unos irrefrenables deseos de tenerlo acá y poder mirarlo todo el tiempo. Lástima que no me da ni el cuero ni el espacio… :-(

Bueno, en serio me diste una idea. Voy a tener que poner una notita al principio de cada capítulo aclarando que son parte de un todo, porque no es fácil encontrar los enlaces por acá. Más, si uno entremete un artículo con otro tema, como hice yo. Muchas gracias y gracias por la visita y el comentario.

Y muy bueno tu blog, y me gustaron mucho tus trabajos. Me gustaría ver algo de vidrio soplado. Yo tuve que soplar en “Química I”, en la facultad, y sólo logré doblar e inflar algún tubito (hace tanto que no me acuerdo de cómo se llamaban) y terminaba siempre con las dos manos dentro del tacho de esa pasta amarilla para quemaduras.

Te voy a invitar como amigo para no perderte en la blogósfera.

Saludos

, , mar dijo

Muy bueno. Me encantó como se imaginaba Laura el congreso de magia! Y también me gusta como se muestran las dudas que provoca el empezar de nuevo. Saludos.

, , mar dijo

¡Me encantó como imaginaba Laura el congreso de magia! Y tmabién me gusta el planteo de como uno toma decisiones que son probablemente correctas pero eso no impiede que la vida pueda desmoronarse. Muy bueno el capítulo. Saludos.

, , dra-lau dijo

Che esta historia me tiene totalmente enganchada, será que me identifico con la protagonista? Será?
Bue, no tardes demasiado para el reencuentro eh?
Besos

, , analatana dijo

Lauri, sería un poco raro que te identifiques, salvo por el nombre, porque este personaje podría tener la edad de tu madre???

Pero te cuento un secreto… bah… una opinión: Yo estoy convencida de lo que les sucede a las mujeres no tiene mucho que ver con la edad. Es decir, si sos madre, abuela… se supone que no te comportás de la misma manera que una hija o una nieta. Pero a veces… sí, lo hacés. O por lo menos, sentís lo mismo.

Y es más. Yo creo que con los hombres pasa lo mismo. Woody Allen dijo hace poco en un reportaje que al cumplir 70 años se sentía “tan pelotudo e inexperto como cuando era jovencito”. No sé cómo lo habrá expresado en inglés, yo leí la traducción, ja…

Besos!

, , devozenvoz dijo

TANA ESCRIBIS TAN BIEN QUE ME TOME EL ATREVIMIENTO DE INGRESAR A MI PEN DRIVE TODO TU BLOG SOS UNA GENIA NO TE ENOJES.

, , devozenvoz dijo

ME SIENTO IGUAL QUE UN PERRO BAGABUNDO QUE UN DIA PERDIO TODA SU CORDURA Y SE ENAMORO DE UN COLAR DE PUAS BESSOTE

, , devozenvoz dijo

LAMENTO NO PASAR MAS SEGUIDO POR TU BLOG PERO CADA VEZ ESCRBIS MEJOR MUY PERO MUY BUENO.

, , devozenvoz dijo

LAMENTO HABER ECHO UNA VEZ SONRROJAR A UNA DAMA COMO VOZ PERO NO FUE MI INTENCION Y ESPERO QUE ESA NO SEA LA RAZON DE QUE NO PASES POR MI BLOG, TE JURO QUE NO LO E HECHO CON NINGUNA MALA INTENCION.

, , analatana dijo

Noooo… nada de sonrojo y tampoco de enojo… Sucede que estoy un poco alejada de la comunidad bloggera por un tema de saturación de tareas tanto laborales como personales. Para mí es un honor que aprecies mis escritos y yo estoy en deuda porque tengo que continuar con esta historia, cosa que haré tan pronto pueda.

Saludos y muchas gracias,

Ana

, , devozenvoz dijo

HOLA COMO ESTAS TANTO TIEMPO, LAMENTO NO PASAR MAS A MENUDO A VISITARTE PERO CON ESTO DE LA POLITICA Y LA CAMPAÑA NO ME QUEDA TIEMPO, ESPERO QUE ESTES BIEN Y TE DEJO UN SALUDITO MUY AFECTUOSO AFECTUOSO.


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