Ella, la tórtola. Capítulo I

Mi novio es mago. No, como Merlín o Harry Potter, sino como David Copperfield. Lo cual resulta bastante peculiar dado que esa rama del arte nunca me había interesado. Es más, cuando mi marido y mis hijos quedaban absortos frente al televisor ante las transformaciones, apariciones y desapariciones, o se entusiasmaban ante la actuación en vivo de magos y magas, yo, si la ocasión lo permitía, me iba con la música —o el libro— a otra parte.

Todo empezó por ese dejo de romanticismo que todavía me queda, y porque detesto, ¡detesto!, los malos entendidos y las historias sin terminar. Yo estaba separada desde hacía unos años y vivía con el “NO” en la boca. Muerta del susto. Y también, con mucha bronca hacia mi ex marido porque consideraba que al irse, entre otras muchas cosas, se había llevado también mi sexualidad. ¡Con qué derecho! Encima, el panorama lo veía negro y como venían las cosas, mi futuro se vislumbraba seco y célibe, y a eso, no me podía resignar.

Cada tanto me imaginaba que conocía a un hombre tal como me lo había pronosticado una adivina: bien plantado, un alma gemela, un amante creativo, un compañero considerado, un tipo divertido, un compañero de aventuras. Pero mi imaginación se paraba en seco cuando llegaba a la primera cita. ¿De qué iba a hablar? Y lo peor de lo peor, mi imaginación se requete congelaba cuando llegaba a la primera cama. Después de hacer el amor con el mismo hombre durante veinticinco años —y sí, yo fui una de esas chicas católicas— los pasos que me iban a conducir al amor liberado permanecían en una nebulosa inextricable.

A ver si me explico, yo vengo de una generación en la que todavía, de boca para afuera, la virginidad era una virtud totalmente deseable. Éramos mujeres atrevidas, de plataformas y minifaldas, de hot pants y rock’n roll, de Woodstock, Beatles y Serrat, de Almendra, la Menesunda, la Era de Acuario, de trabajo y universidad, de la V de la paz y el amor, de la píldora y del amor libre. Que no era tal. Porque en el momento de la verdad, cuando saltaba a la luz la verdad, muchas de esas chicas y mujeres terminaban con los mismos rótulos de siempre: “Puta”, “Regalada”. Yo pude presenciar como varias compañeras perdían sorpresivamente su trabajo porque la retobada historia de su “affaire” con alguno de los directivos de la empresa amenazaba con estropear la reputación de ÉL.

Después, mientras mis amigas y yo estábamos en la etapa de criar chicos, la camada que nos siguió se encontró con el intríngulis de que si no cogía era una boluda social. Aunque no tuviera ganas.

Y ahora, me pregunto si en esencia la cosa cambió. Lo que sí cambió es la cuestión del secreto. El otro día, en el transcurso de un asado, mis amigos hombres se quedaron pasmados —y aterrorizados— cuando una pendeja, amiga de la hija de uno de ellos, contaba con total desparpajo que “se garchaba ” a un tipo de la oficina, casado, y daba nombre, apellido y cargo sin ningún atisbo de discreción.

Pero, volviendo a mi mago. En mi caso, el dicho se cumplió al revés:

El que busca, no encuentra.

Y el que no busca, se lleva una sorpresa.

Un día recibo un email:

De: carloparise@hotmail.com Para: rosalafuente@yahoo.com. Yo no conocía al remitente, y mucho menos a la destinataria, pero como el texto era bastante poético y no parecía ser cadena, y por eso que dije antes de que no soporto las historias truncas, le escribí al tal carloparise para avisarle que su mensaje lo había recibido yo por equivocación. El asunto es que a los dos o tres días me escribió para agradecerme. A la semana me manda, a mí, un mensaje que sí parecía ser cadena, pero con ciertas frases sospechosamente marcadas en rojo.

Oia…

Y bueno. Le contesté.

Y así empezó un intercambio de emails. No escribíamos mucho sobre cuestiones personales, la verdad, no recuerdo muy bien sobre qué, alvo que en uno de los primeros mensajes él mencionó, como al pasar, que vivía solo. Y descubrimos que teníamos algo en común porque los dos nos dedicábamos a la publicidad. Yo no había puesto más que una leve expectativa en esa relación, pero sólo bastaba ver, de vez en cuando, su nombre en la bandeja de entrada para que a mí se me distendiera el día. No hablábamos de conocernos personalmente, ni de intercambiar teléfonos. Lo que sí intercambiamos fue unas fotos. Primero, él. Me mandó una muuuuuyyyy profesional, una foto de estudio, en la que se lo veía muy atractivo con sus bigotes canosos. Pensé que era un poquito vanidoso, pero bueh… por mi lado, yo me venía haciendo la zonza no por misteriosa sino porque no encontraba ninguna foto mía que me pareciera bien. Cuando finalmente él me reclamó una, y ya no me pude negar, me puse a buscar frenéticamente hasta que encontré ésa que me había sacado junto a una prima en un viaje el año anterior, y haciendo uso de mi dominio de Photoshop la borré a mi prima —para no distraer— y allá fue.

sep

Pasados unos tres meses de mail va, mail viene, me manda una invitación para una función teatral aclarando que él iba a estar arriba del escenario, no entre el público. Pero no aclaraba haciendo qué. Y yo, ¡JUSTO NO PODÍA IR! Se daba la casualidad de que ese día era mi cumpleaños y yo no podía —y no quería— desarmar el festejo con mi familia y amigos. Pero me picó el bichito. ¿Qué podía ser? Por el tono de su escritura no parecía ser ningún predicador, menos mal, así que supuse que sería un artista. Por la foto, bien podría haber sido un folklorista. Me rompía la cabeza pero no quería dar el brazo a torcer y preguntar. Hasta que pasados unos días me escribió para decirme que la semana siguiente se iba de viaje por un mes y me mandó su número de teléfono.

Turro. Me tiró la pelota.

Y yo la agarré.

Porque, ¿un mes?

Confieso que a esas alturas yo ya había pensado en la seria posibilidad de que este hombre fuera mi instrumento para dar el gran paso. El salto al otro lado. Y de golpe, se iba. Otro que me dejaba a solas con mi castidad. ¡Ah, no! ¡Era ahora o nunca! Igual, me pasé dos días levantando el tubo del teléfono y colgando sin atreverme a llamar. Hasta que el sábado junté coraje y marqué. Era un número de Pilar.
Continuará….

Capítulo II

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, , SB dijo

Eh… no podés hacer esto… Calmo mi ansiedad y me quedo esperando. Saludos!

, , analatana dijo

No es por hacerme la interesante. Es que estoy escribiendo…

Y lleva tiempo. Y no quiero publicar a tontas y a locas. Hay que escribir, releer, dejar estar, reescribir, corregir…

Gracias SB. Sigo… :-)

, , dra-lau dijo

No hay derecho! No señor! No me importa que estés escribiendo, no se juega así con la ilusión de la gente …
jaja
Besos

, , sweetmint dijo

Continuara???? maldita novela!!! quiero saber más!!!!

, , lulata dijo

¡Quiero mmmaaaasssssssssssssssssssssss!!!!!!!!!!!!!!!

, , noemi-zalazar dijo

HOLA!!!
SÍ QUE SABÉS DEJARNOS CON LA INTRIGA.
LA VERDAD TU TEXTO NO ERA BREVE, PERO CUANTO MÁS LO LEÍA, MÁS QUERÍA SABER, TAL VEZ POR LA PROTAGONISTA, QUIZÁS POR EL HECHO D PEPENSAR QUE ALGO DE REALIDAD EXISTE DETRÁS DE TODA ESTO ESTO… DE SER ASÍ, ESPERO QUE REALMENTE HAYAS CONOCIDO A LA PERSONA QUE BUSCABAS.
T DEJO UN BESO… Y ESPERO LA CONTINUACIÓN.
NO ESTOY CON MUCHO TIEMPO PARA DEDICARLE AL BLOG, PERO TE PROMETO QUE PASO. SI ME QUERÉS VISITAR (AUNQUE LO TENGA MEDIO DESACTUALIZADO) ESTA ES MI DIR: http://blogs.clarin.com/pensamiento-libre

, , DIEGO dijo

HOLA ME GUSTO MUCHO TU ARTICULO. TENES MUCHA RAZON.
TE DEJO MI BLOG PARA QUE LO MIRES… ES SOBRE MI PRIMER LIBRO,
“HISTORIAS DE UN MUCHACHO COMUN”
http://www.diegonevares.blogspot.com
Muchas Gracias

Saludos

Diego Nevares

, , analatana dijo

Gracias, Diego. Ya te visité y te dejé un comentario.

, , Betina Pascar dijo

Ahhh..hoy me pongo al día con este novelón!!.
Beso,
Betu

, , andres-borja dijo

buen post, buen blog……haber si visitas mi blog y me dices que tal te parece


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