Noviembre 18, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente

En realidad, yo no sé si soy artista. No, ni lo quiero ser. Hay cada loco. La cuestión es que me echaron de casa porque ya no me aguantaban. Dicen que hago monólogos todo el tiempo que no les interesan y que canto mal y que bailo sin gracia. Andá y decílos en un escenario, me gritó mi suegra tirándome los papeles por la cabeza y cerrándome la puerta. Lo peor es que nunca hice copia de la llave. Entonces pasaba por un pequeño centro cultural y ví un anuncio que se contaban cuentos y dije, bueno, antes que andar por la calle…El tema es que yo escuché muchas historias desde que nací y tengo la suerte de poderlas contar. Cosas hermosas, cosas horribles. Por ejemplo ví como una mujer vecina harta de los malos arranques de su marido lo esperó muy bien arregladita un día y cuando llegó le dijo:
-“Me quiero separar”.
Lo extraño fue que el marido no le gritó como siempre, ni le tiró los garbanzos hirviendo por el escote, ni le hizo piercing con el destornillador en la frente, sólo le preguntó con una suavidad inusual en él : “¿Cómo has dicho querida?”
Ella, que no dejaba de temblar como una hoja, no desistió en su intento y le repitió: “que me quiero separar”. En eso él, se levantó sin gesticular nada, se fue al patio de la casa, agarró un hacha, y partió en dos a la mujer. Mientras la pobre desarmada de sus partes rugía en el suelo presa de dolor, mirándole con su ojo derecho aún pestañeando y su media boca más roja que nunca, el hombre le decía:
-” Ahí está, ¿no te querías separar? Ahora estás separada. Y en dos partes”. Y se fue, como si nada hubiera pasado.
No sabemos cómo, si es por esa habilidad innata que tienen las mujeres para recomponerlo todo, unir lo desunido y armar lo desarmado o por un acto consciente de la naturaleza femenina que se niega a la violencia, de la mitad derecha de su cuerpo comenzaron a salir pequeños fragmentos, como si bajo la piel, diminutos seres, por llamarlos de algún modo, pujaran por unir parte con parte. Así, la media cara se unió a la otra, el corazón, que no dejó de galopar asustado, se adhirió a su otra mitad como quien se da un apretón de manos y lo mismo, lentamente, y en minutos que no llegaron a la media hora, cada parte de su destruida arquitectura femenina fue asiéndose a su parte complementaria. Y lo que es mejor, con menos grasa que antes. En ese tiempo imprevisible se realizó esa reconstrucción, volviendo las cosas como antes. Aunque, como antes no, porque lo que aún ignoraba la mujer era su nuevo estado: la invisibilidad. Estaba entera, sí, pero nadie podía verla, por más que hablara o corriera, nadie notaría su presencia. Es decir, nadie no, desde ese día, cada vez que un hombre ataca a su pareja, dicen que ella se mete en la piel de las víctimas y les ayuda a armarse nuevamente, a insistir para recomponer toda parte rota y curar esas heridas que parecen mortales pero que no lo son.
¿Del marido? Dicen algunos que cuando fue a buscar el cuerpo no encontró nada y que se volvió loco llamando a su mujer por los caminos hasta que lo internaron. Si es como yo digo, hay cada loco./Marieta
Noviembre 10, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente
Una vez tuve un perro epiléptico. Era un chucho de la calle, lo recogieron mis hermanos para hacerlo sufrir -les encantaba jugar al perro volador-. Pese a ello fue el único animal de toda la jauría de esa casa que volvió tiernos a mis brothers. Al descubrir su rara enfermedad, decidieron abortar su impulso cretino de arrojarlo por los aires para convencer al vecindario que los perros volaban. No sé cómo sobrevivió a esos bandos. Lo que sí sé es que Gervasio, como le pusimos porque tenía la misma mirada de Gervasio de Posadas en los viejos manuales de historia o algo así, no sólo resistió a esas dos bestias adolescentes de piernas largas y cerebros débiles, sino que aguantó al menos quinientos ataques de epilepsia…Era el perro vagabundo más fuerte del mundo y el más compasivo.
Yo, en esa época de adolescente furtiva fui consolada por Gervasio de cada pena de amor. Cuando sola en la cocina, al atardecer, me sentaba a tomar un té -bebida preferida por mí para la autocompasión- venía el pobre perro mezcla de varias cruzas enemigas con su pelambre viejo y marrón, los ojazos salidos de tanto vencer ataques y se echaba a mi lado y entre cada sorbo de té y lagrimones, su sola presencia y la forma en que asentaba su cabeza entre sus patas delanteras, levantaba una oreja y me miraba con una ternura de otro mundo -el animal, quizás- me bastaba para darme cuenta que valía la pena soportar los embistes del amor y atacar de nuevo…Porque después de todo, si el pobre Gervasio había resisitido a mis hermanos y quinientos ataques que lo dejaban duro y casi cuadripléjico contra la pared durante diez eternos minutos…Cómo yo, simple humana al fin, no iba a intentarlo de nuevo…
Para vos este recuerdo, Gervasio, que no moriste de un ataque de epilepsia, ni por la fuerza bruta de mis hermanos, a vos, que un día simplemente te fuiste de la casa y nos demostraste el par de huevos que tenías.
Noviembre 8, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente
Qué bueno perderse. El mundo es tan previsible a veces.
Ser un ente ciego en estas calles conocidas y tan recorridas.
Perder la memoria del ahora y del aquí.
Ser otra dentro de tu cuerpo y no pertenecer a nadie.
Meterse en el agua, nadar hacia otra orilla.
Ser sorda ante el grito de la calle, ciega ante la mirada que repite estoy harta/o y sigue y te daña, y muda para contestar la estupidez acostumbrada.
Recorrer tu propio cuerpo como un mapa nuevo, sin señales, territorio inexplorado de cicatrices.
Oler el insomnio del beso de la noche.
Subir, siempre subir y mirar la ciudad. Extraño paisaje el ser forastera, pero brillante perspectiva lo nuevo; las luces que vigilan solo te miran a vos allá, tan alto.
Perderse, meterse en el bosque de las miradas y presentir que esa otra también te pertenece, aunque por ahora, calle.
Noviembre 2, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente

Esperar bajo la noche a esa mujercita. No a la propia, ésa ya es una inexistencia. Esperar a la hija. A la hija que no me dejan ver, sólo cuando a su madre se le dá la gana. Así, años. Llamadas, mentiras, ir, tocar el timbre, esperar…horas. Una ventana en un séptimo piso para muchos no es más que un cuadrado inmóvil en lo alto de un edificio. Para mí, casi mi vida. Allí, dentro, por la noche, terminará su tarea, ordenará su ropa, guardará sus útiles y se dormirá.Y yo no podré decirle… Tiene quince años, de los cuales solo conozco siete, los que vivimos juntos, antes de separarnos. La luz por fin se enciende.Han mantenido apagado los focos por mi presencia, para que no aguante, para que me vaya. Pero esta vez no me ganarán. Hace más de seis horas que espero abajo, con los ojos clavados en la ventana, he fumado dos paquetes de puchos y no me quedan uñas. Me ha costado venir por décima vez a esta ciudad que ya no conozco y posiblemente, una vez más, me iré sin verla.
Es otoño en este país, veintitantos de octubre. Vuelvo al portero. Insisto por …que sé yo, más de veinte veces, quizás ésta sea la última…Son las once y cuarto de la noche.Es sábado. Ya está, no doy más, volveré a llamar mañana. Mientras camino y puteo mi suerte trato de recordar su voz, sus gestos, cómo habrá crecido este último año…¿Tendrá amigos?¿Dirá malas palabras…?
-”Papá”… siento a mis espaldas. Me detengo como ante un disparo, con miedo de que no sea verdad. Giro. Ella está allí, de pie, solita, con gorro y bufanda, muy abrigada, demasiado para estas fechas. Mi cuerpo quiere correr, abrazarla, pero estoy aletargado, como en un film de camara lenta. Tengo terror de que se vaya, de que sea un fantasma, un bello holograma nocturno.
-“Nena…”,balbuceo.
-“Sólo tengo un minuto, papá. Estoy bien, estamos bien. Ya te llamaremos. Es tarde, tengo que ir a dormir.”
Quiero llorar, decirle que la estuve esperando horas, como siempre, que no hay derecho, que yo no hice nada, que sólo quiero verla en forma normal, como los demás padres a sus hijos, que …Pero le acaricio tímido la cabeza, le doy mi regalo y un sobre; ella lo agarra…(Mierda, casi no puedo verla bien con tantas cosas encima… esta puta noche y ese gorro que le cubre casi los ojos y la bufanda la boca, los dientes…)Está más alta, eso sí, le ha crecido el pelo; su madre la llama desde arriba por el portero, le dice que ya es hora, que suba inmediatamente…Callo, sonrío, ella se aleja y nos decimos adiós con la mano detrás de la puerta. El vidrio está empañado.
(Dedicado a mi amigo R. por tanta injusticia)
Noviembre 1, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente
Se dio cuenta que había sol. Era primavera. Salió a la calle y aspiró profundo. El aroma de los árboles recién mojados se le metió como una droga que la sacudió y tomó conciencia. Tomó conciencia que hacía más de trescientos cincuenta y nueve días que no salía de su casa para contemplar la vida.O si lo había hecho había sido virtualmente, ella no había estado allí. Había estado frente a una máquina escribiéndole a seres imaginarios de los que solo conocía su cara o algún gesto congelado. Participaba en más de diez blogs, en numerosos chats, sus preguntas llenaban los foros sobre soledad, esoterismo, engaños, música pop y trastornos del sueño y de la libido. Y sus respuestas tambien alargaban los espacios cibernéticos con errores de ortografía y fallas sintácticas de diversa magnitud por la velocidad de sus dedos y la ansiedad que la devoraba.Su comportamiento también era parte de esa estructura. Sus contestaciones brevísimas, a más de 195 kilometros/s, su reacción ante lo inesperado, ese cortocircuito que la derruía y que producía un grito de gata en celo dispuesta al ataque; su forma de mover el cuerpo, esas disociaciones producto de la rapidez del impulso, ese sabotaje constante de la mente…
¿Cómo era el sabor de esa mirada de hombre?
¿Cuál era el color más intenso de la tarde?
¿Era posible saborear el café realmente sin dejar de teclear?
¿Y si las ganas de llorar venían, cómo no contarlo, cómo no hacerlos testigos de “sus sentimientos más profundos”?
El perro estaba allí, mirándola como si la comprendiera…Y ella hacía tanto que no pasaba sus manos por su pelo marrón y las retenía y las devolvía y le auscultaba el hocico y esa humedad caliente que había olvidado…pero que estaba allí. Tan cerca.
Octubre 23, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente
En su última novela -”La voluntad y la fortuna”- el mexicano Carlos Fuentes pone en boca de uno de sus personajes una cita que merece reflexión.
Advierte que no hay que tenerle miedo a una revolución de las de antes:
-“Tenele miedo, dice, al tirano que llega al poder con el voto y se convierte en dictador electo”.
Octubre 21, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente
| EJERCICIO DE RELAX |
| Pie derecho, viejo amigo, relájate,
olvida la hinchazón,
quiero contigo iniciar
este lento descenso en el sueño…
Zambúllete en él, pierna,
hasta la rodilla… así…
y ahora,
pie izquierdo,
tú también, tú que nunca metiste un gol en la vida
y solo diste topetazos,
adormécete,
afloja ese haz de tendones y huesos y ábrete
a la paz.
Rodillas mías, pensad
en los oitizeiros
de la Avenida Silva Maia
y dormid,
y que las aguas del sueño suban por los músculos del muslo,
adductor longus, quadriceps femoris
y por el fémur
y por el ano
y por el pene
y me ciñan la cintura.
Tumbado, la mitad de mí ya ha bajado a la sombra. La otra
mitad
sufre aún la crisis del petróleo.
Relaja el abdomen, todo está bajo control, músculos
del pecho y de los brazos,
abandonaos,
y que la paz se escurra hasta la palma de la mano:
la izquierda anónima, la derecha
tan conocida por mí como mi rostro
y que, como él, más encubre
lo que yo somos
lo que yo sueños
¿pero quién de entre las huestes celestes me reconocería
por el carajo? Cállate, boca,
guarda silencio, maxilar arcaico,
apágate, arco voltaico
de lo que no dice el verso
Y ahora, tú, cabeza,
dura cabeza del nordeste,
duerme,
duerme, rebélate,
sociedad futura patria justa,
poema que iluminaría la ciudad,
duerme
donde duerme el sueño
(caja de flores)
y donde espío el mundo
por dos órbitas
y dos párpados
que finalmente
se cierran
sobre mí.
(Ferreira Gullar, Brasil,1930)
|
Octubre 19, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente
A los hijos
(en el dia de la madre)
“Mamá” dijiste
y tu voz retumbó en mi barriga
como si estuvieras dentro
pero habías crecido
y te soltabas de mi mano
para entrar al jardincito…
Y más tarde el primer cero
te hizo repetirlo
-“mamááááá…”
y llorar desde el fondo
a tropezones
y rabió mi alma
y mi odio a la maestra
(¡cómo hace sufrir a esta pequeñita cosa del universo!)
Y luego el primer novio,
dos chichones del suelo,
y la manito otra vez
y el besito a escondidas
“los besos traen microbios”…te dije
y te asustaste limpiándote con jabón
y nos reimos un rato
Y cada fiebre y los remedios
y la ropa del domingo
y los deberes en cuadernos más baratos
que el rivadavia
aunque dijeras que la tinta no sale igual
cuando borrás…
Y la rebeldía adolescente
los gritos y los encierros
el no hablarme
y los piercing a escondidas
y los retos del papá
(yo no sé qué hacer con esta chica…)
Y el llanto otra vez
cuando el primer amor abandona
porque sí
y otra vez retumbar en el corazón
como un latido conjunto
como para intentar calmarte
dentro del útero,
nosotras dos…
Puede que te olvidés muchas cosas
pero ese primer registro, ese primer
“mamá”…se me repite tantas cuando te miro…
marieta
Octubre 13, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente
(Advertencia, personas sensibles abstenerse.)
Erase una vez un hombre a una mujer pegado. Tan pegado que casi ni podía moverse.Y si se movía entre la muchedumbre sentía el peso de la presencia de su amada, como un holograma repetido en el fondo de su mente.Y en cada deliberada acción, como el sutil y calculado movimiento de una pieza de ajedrez, presentía si estaba o no avalado por su chica que, desde lo invisible, movía sus hilos.
Lo había entrenado para ser solo suyo.Como se entrena a un jugador de fútbol para sólo enfocar el arco. Un solo partido y para un solo equipo: su cuerpo.Y sus celos eran casi una batalla cotidiana, una trampa de por vida, un entramado de matices que, de no ser por la suerte, muchas veces no hubiera derrotado.
Pero ese día…otra vez, lo pescó.
Vio una mirada suya que no iba directamente a sus ojos color avellana. Eran para otra mujer que cruzaba la calle. -¡Rubia, tenía que ser rubia!-. El se dio cuenta enseguida. Primero, la vio ponerse gris. Luego ese taconeo incisivo, como el torno del dentista.La cara desencajada de actriz italiana. Peligrosamente,el deseo hacia otro objeto fuera del área de juego permitida había sido percibido por ella.Solo unos instantes fugaces y estaba arruinado. No debió dejarse llevar, sostuvo demasiado la maldita mirada en aquella divina y desconocida criatura humana. La falta grave estaba cometida. Sabía lo que ocurriría más tarde, la furia lo rompería todo: las nuevas copas, el libro regalado unas horas antes -de Coetzee, para colmo, más desgracia aún- sería destripado por los aires mientras le gritaba hijodeputa, te odio como donna herida en el final de una ópera.
Y luego hacer el amor como un tormento. Y asegurarle para siempre el vivir pegados otra vez, sin trampas, sin tentaciones visuales ni permisos…
-No puedo vivir así- musitó unas horas después desnudo y muy afónico, aún le dolía- Necesito mirar…necesito mis ojos…
Ella sonrió y le apretó la mano: “yo seré ahora tus ojos, querido mío”. /copyright by Marieta
Octubre 12, 2008 | Por marieta | # Enlace permanente
Me escribiste desde la nada y desde la nada te leí. Poco había que decirse. El tiempo lo borra todo diría mi abuela. Si había algo hueco aquella tarde serían tus palabras. Hacían ruido al caer al piso. La plaza se desnutría de hojas y ni los niños importaban.El silencio era oscuro. Parecías más tenso pero estabas en realidad indiferente. Cuántas cosas dejamos pasar y confiamos en el paso del tiempo. Cuántos momentos se van, descalzados y desprolijos, dejándonos un gusto amargo en la boca.Tus pasos que no eran ya míos se iban hacia el norte. Sería el final aunque dijiste que llamarías. Típica mentira, casi administrativa: “te llamo”. El tiempo no cura nada.Las abuelas no siempre tienen la razón, solo para la divina proporción de las especies justas en la salsa de los domingos o en antiguas tortas reinando en los almacenes.Quisiste más tarde enmendarlo todo. Habían pasado muchos años.Yo era un inmenso hueco sin recuerdos de amor, sólo de convalescencia estúpida frente a distintos ecos de adioses.Quizás, si, eso era, un recuerdo que andaba tomándole el pulso a la realidad para ver cuando -por fin- moriría. El tiempo lo cura todo. Lo aniquila en realidad. Parece mentira lo que fuimos: un pretexto para llorar a escondidas y haber dicho te amo fue otra palabra hueca en la noche, una caricia perdida que no dio hijos y se fue por el callejón de la desmemoria. Ahora que por fin te veo sé que nunca fuimos y ya no duele, quizás tenga razón mi abuela, el tiempo lo borra todo o lo desvanece, como los sueños, una pena…¿verdad?
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