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no llores más argentina

veinticuatro de marzo de 1976

el último grito de Van Gogh
sobrevuela la república
sus cuervos multiplicados
en el ancho cielo
señalan la muerte mala
que camina angurrienta y ciega
mientras manotazos abren puertas
a diestra y siniestra

algunas madres guardan hijos
en cajones, en armarios, en cajitas de fósforos
y hasta dentro de la piel
pero no es bastante

sólo queda un sitio libre
la memoria que va
como una niña de luto
a gatear en lo oscuro
y allí todo permanece
como el primer día:
el cuarto, los zapatos,
el último cafe con leche,
la sábana del amor,
la última fiebre,
el reloj parado junto a la cama,
el abuelo que pregunta,
el libro que se quema despacio en el jardín,
el olor a hierba quemada junto al libro,
y tus pasos mojados
en mi boca

(marieta)

San Martín : You gotta break the silence!

El otro día, en la cama, junto a mi marido, 17 de agosto…San Martín aparece gigantesco en nuestro diálogo. Quizás, la añoranza de esas fechas donde vibraba el metal de su voz en las nieves más altas…Radios que no dicen nada sobre el país. Ni lo nombran. Sólo cuando Maradona hace un giro inesperado con su vida o la primera dama aparece para gestionar algo y habla tanto, pero tanto, que no hay periodista que pueda colar una pregunta.

San Martin, decimos a dúo. ¡Qué hombre! ¿Argentino? Si, nació en el norte del país, un provinciano, un super héroe desde la perspectiva del tiempo pasado, un extraterrestre, un ser diseñado por la saga americana.

No sabemos si fue mito, pensamos que no, que fue real, con un temple singular, como los ídolos de ese tiempo, si robaba…no sé, no creo…Y si así hubiera sido, al menos libertó o abrió las puertas a dos países más para echarse a volar en una independencia soñada.Cuando nos enseñaron que la libertad del tirano era para autodefendernos, autoenriquecernos, autogobernarnos…El pueblo, soberano, creímos…

Vargas Llosa, desde su tribuna, lanza un ataque a los presidentes de Argentina. Si, nuestra pareja presidencial. La elegida por la mayoría del pueblo soberano. El autor de Pantaleon y las visitadoras cuestiona la blancura de su patrimonio. La radio da la noticia de repente, ¡qué par éstos dos!, señalan. Nos enteramos otra vez del país…San Martin versus la realidad…¿Robaron? ¿Es esto verdad?

San Martin:¿Nos merecemos otra vez estar en las bocas extranjeras? Con esa estatura tuya, ese timón, esa imagen superadora de cualquier odisea…¿Nos merecemos esto otra vez? O son sólo calumnias, envidias seguramente, de un país tan rico, que tiene tanto.

¿De dónde venimos?

Esta noche ví a una adolescente: tenía el mismo perfil de su padre,los mismos rasgos impresos de su progenitor desde la frente al mentón.Parecían calcados.

Recordé que una de mis hijas se parece físicamente a mi tía, que camina como mi prima y tiene sus mismas piernas, largas, de andar elegante; que mi sobrinita hace el mismo ruido con los dedos que su bisabuelo- a quien ella no llegó a conocer – hacía en la mesa antes de comer, tamborileando rítmicamente sobre el mantel, gesto que yo, a veces, repito…

También, el otro día, hablando por teléfono con uno de mis hermanos, en Argentina, éste tosió igual que mi padre, casi un gorjeo después y ese soltar el humo con soplido, como si sobrara aire, idéntico sonido que ha ido perfeccionando la naturaleza…la mímesis inconsciente… la microbiología…el destino ( ¿?)

Pensé en las miradas que con el paso del tiempo se parecen a identificables sujetos de un mismo álbum familiar… Como si los pasillos del alma fueran infinitos y alguien al fondo nos mirara siempre igual, eternamente…

La rutina de los gestos… la impresión digital del arbol genealógico sobre nuestra anatomía y nuestras señas corporales, la fuerza de un instinto que pervive en uno, quien sabe porqué…Todo un misterio.

preguntas sobre la patria (viejo post)

pobrecita, si sos refugio de los matones

yo te prefiero de los pizarrones,

de las chinches, de los viejos mapas

con cicatrices, con saldos y rebajas,

y con qué honor, los barquitos,

la yerba en el norte,

las cataratas bajando salud,

la tucumán gloriosa,

el sabor de buenos aires,

donde la pampa olía como una flor

sembrando vaquitas orgullo nacional

dando de comer a la gran boca del mundo

y las carretas, los indios, los patriotas, los negros,

merceditas, san martín y hasta el traidor,

todos en el mismo carro

saludando a los padres con el pañuelo celeste

y blanco, desconsuelo,

la patagonia sola,

siempre paria de los de arriba,

más abajo el desorden, el robo, el ultraje,

los soldaditos, el mar, las cruces,

la plaza y su alfombra de sangre,

otra vez, otra vez,

los bandos, las patadas, los tiros,

las puntas de los fusiles, los hombres de hierro,

la ética pisoteada por la estética del horror,

los policías, los peatones, los ladrones, los suicidas,

los estudiantes, las madres, hasta los cochecitos

todos corruptos de la mano de Dios,

los gobiernos, siempre iguales,

como las figuritas de mis hermanos, repetidas,

siempre repetidas, nadie te las cambia,

la patria, pobrecita,

en qué cama sobrevivirá,

con quién se acostará para salvarse,

y quien te despertará,

sin estos besos míos a la intemperie

de tus largos brazos vacíos/ Marieta

Mamma mía!

En mi caso, la cercana navidad trae consigo una carga algo amarga. Hace una semana mi mamá sufrió un infarto de miocardio. Mis hermanos me prepararon lentamente porque saben que no podría viajar. Mi madre fumaba – y espero que quede, a partir de ahora, en pasado imperfecto- dos paquetes diarios de cigarrillos.

Viuda hace pocos años, consideraba al cigarrillo un amante fiel, siempre que estuvieran abiertos los kioscos a la medianoche; un buen marido por su conversación silenciosa pero perfumada, y un práctico accesorio, porque podés “ir con ellos a todos sitios”- o casi, antes de la ley antitabaco que, supongo, funciona en Argentina-sin necesidad de llevar cartera.

La cuestión es que la vieja, de setenta años, tiene ya recuperado su corazón. Y jura y requetejura intentar, luego de cincuenta y tantos años de convivir con ese cilindrito blanco con humeante cabeza pelirroja, no fumar más. A veces se me lamenta por teléfono diciendo que “la vida es muy aburrida sin él”. Y la entiendo.

No la veo, pero me dicen que está bien y su voz es una cascada de fuerza como si nada hubiera pasado. Su generación ha sido fuerte, ha soportado como muchos de sus compañeros las injusticias y horrendas afrentas del golpe militar, la cesantía por causas gremiales, la casi pérdida de un hijo en la defensa de la frontera argentino chilena, la atención de sus cuatro viejos: sus padres y sus suegros hasta la muerte; los despegues y desgarros de dos de sus hijas, las que decidimos fugarnos hacia otro país; la viudez, este ataque al centro de su cuerpo…

Así es mi vieja, y sigue igual…Dudo que por las noches, cuando nadie la vé, no tenga a su pequeño amante a los pies de su cama y que un corto beso suyo le moje los labios…

Fuerza vieja, te voy a ver…

Loco por la Johansson

Mi vecina tuvo un problema…Su marido estaba loco, literalmente, loco. Me pareció verla rara el otro día. Su boca creció de tamaño, como si dos golpes mal dados le abultaran los labios, pero al acercarme ví que no, que eran en realidad los efectos de un engrosamiento labial que le daba un look tipo Pamela Anderson rabiosa.Bueno, respiré, al menos su boca no creció de un zurdazo de la pareja, cosa que me estaba preocupando. Me llevó a la cocina para contarme algo importantísimo que, según afirmó, ” había cambiado su vida de pareja”.

Me dijo que su marido se enamoró, como un chico de quince, ¡de Scarlett Johansson!… Si, la actriz americana tan bella de madre polaca y padre danés. Resulta que el tipo llenó la pieza de posters de la Scarlett, que creo, no sé si pasa de los veinticuatro- imaginensé el marido de mi amiga tiene cuarenta y cinco y es laburante- y luego le pidió perdón a su mujer por este repentino encantamiento. Le confesó que esa pasión no lo deja vivir, y que, un fin de semana le mintió y se fue hasta Barcelona cuando filmaba “Vicky Cristina Barcelona”, pero los guardias no le permitieron ni acercarse a la blonda de sus sueños.Yo le dije de todo a mi vecina, que cómo permitía una cosa así, que lo dejara,que qué humillante…Pero ella, inmutable, contestó que jamás “le haría algo así a su marido” ya que estaba “taaaan deprimido por no poder contactar en vivo con“La joven de la perla”.

Una noche de esas, el chiflado sacó de la mesita de luz una bolsita roja y al abrirla, depositó sobre la cama matrimonial un montón de souvenirs, boletos, esponjitas, tenedores y cucharitas de lugares donde “le habían asegurado” que la Johansson había entrado,pernoctado, comido,tomado café, etc durante en su periplo por Barcelona

Su boca…- le repetía esa misma noche de locas confesiones- es la boca más perfecta del mundo…¿No has notado cómo la mueve, mi amor? Y esa voz de cantina que sale cuando la abre, Ay, ¡Es perfecta!…” -Palabras que ella me justificaba:

-¿Cómo no me va a dar lástima un tipo que muere de amor por alguien que no le dará bola en su vida? Su ilusión es lo que lo mantiene vivo en este mundo horrible, si le destruyo el sueño, ¡se muere!…Y yo quiero a mi marido- argüía.

Mientras yo cocinaba indignada y ella comía una fruta con sus labios rellenos, no pude más y le pregunté:

-Che, ¿vos te hiciste algo en la boca, no?

-Si,¿se me nota? Tengo que contarte algo …Pero tenés que apagar la luz.

-Estás loca- rematé con el cuchillo en la mano, por las dudas, apuntando a su trucha pintada de rosa vaselina.

-Viste que te contaba que con mi marido hacía tiempo que nada de nada…Bueno, ¡mirá!- Y apenas dijo eso apagó la luz de la cocina. Se soltó el pelo que traía atado con una cinta y su melena rubia teñida adquirió un dorado fantástico; hizo un gesto con la cabeza de lo más sensual y apoyándose contra la mesada juntó los labios y cerró los ojos en pose de lo más erótica.

¡Ay!, grité soltando el cuchillo:

-¡¡Sos la Johansson, nena!!

Encendió la luz y aunque volvió a ser la vecina de siempre, me imaginé lo que seguía mientras se iba riendo como poseída a la compra. Cuando hacían el amor, él se hacía la película que estaba con ella, ¡con su amor imposible!: la Johansson.Y eran tan felices los dos.

En fin, pensé, cada uno hace lo que puede por conservar en pie lo que tiene, no?/Marieta U.


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