Un puto en el país de las maravillas
…y el puto vio pasar al conejo que murmuraba algo inentendible decidió seguirlo hasta su madriguera, que resultó ser la entrada a un mundo mágico, y encontró una botella que decía "bébeme". Los putos, que como todos saben son curiosos, la bebió y se encogió — nada nuevo –.Los putos son seres pequeños, de almas pequeñas.
Su llegada a la tierra mágica resultó ser muy oportuna: un grupo de hombres y mujeres de bien discutían si estos "antinaturales" debían tener los mismos derechos, después de nadar en un mar de lágrimas, porque, como todos saben, los putos lloran por nada. Junto a otros animales, el puto llegó a tierra firme; allí se encontró en medio de un acalorado debate. Éste podría ser el comienzo de un cuento que jamás sería publicado, pues los putos no pueden ni deben ser protagonistas de nada, y menos de un cuento.
Alicia en el país de las maravillas es una historia plagada de paradojas, como esta Argentina modelo 2010, donde en los últimos días se han podido escuchar las cosas más insólitas. Me tienta escribir, o mejor dicho transcribir, lo que se dijo en el Congreso de la Nación — entiéndase, la nación de la gente de bien, no el país de los putos –. Pero no quiero teñir este relato de política, tampoco quiero criticar a quienes piensan distinto, pues estaría pecando de la misma intolerancia que muchos destilan. Está bien, hay gente intolerante, después de todo es preferible a ser puto.
Católicos y evangélicos colmaron plazas y, en encendidos discursos, le gritaban al mundo que los putos son putos, las tortas son tortas y que de ninguna manera estaban dispuestos a ver cómo dos hombres o dos mujeres se declaran su amor ante la ley– ante Dios no hace falta, él todo lo ve–. Esos seres pequeños, de almas pequeñas, que cual rey Midas convierten en puto todo lo que tocan, no tienen derecho a vapulear el más sagrado de los sacramentos, el matrimonio.
Para que no haya confusiones de ninguna clase, llamaron "matrimonio gay", porque en este país hay varias categorías de matrimonio. Está el matrimonio de un hombre con una mujer, o sea el "buen matrimonio", el que Dios le impone a las imperfectas criaturas que ha creado: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos un solo ser. Este símbolo es magnífico; yo lo estoy aplicando a Cristo y a la Iglesia, pero también vosotros, cada uno en particular, debe amar a su mujer como a sí mismo, y la mujer debe respetar al marido" (Ef 5, 31-33). Suena lindo, al menos suena mejor que otro versículo donde dice que Dios los vomitará (a los putos, obvio) y los hará arder en el infierno.
Y que decir de la adopción, ¡que manga de putos insolentes! Cómo pretenden que esta sociedad que puede cagar a piedrazos a todo y a todos, pues esta libre de pecado, deje en manos de gente promiscua y sin valores a niños desvalidos que fueron abandonados en un contenedor por heterosexuales bendecidos por Dios, porque como dije antes, ser heterosexual ya te asegura una parcelita en el cielo de los justos, y ser homosexual -que palabra fea, suena a libro de psiquiatría- les asegura un caldero con azufre hirviente. Antes de dárselos a estos seres pequeños, de almas pequeñas, es preferible meterlos en alguna fundación del tipo "felices los niños" donde un cura se moja la puntita del dedo y se la mete en el culito del nene. Nada grave, se lo separa de la congregación, se lo encierra en un convento y listo, santo remedio. Después saldrá el Papa a pedir perdón desde el balcón del fastuoso Vaticano y nada, acá no pasó nada.
Señores y señoras legisladores, pueden meterse la igualdad de derechos en el mismo lugar donde el curita le metió el dedito al nene, y cuando digan que son representantes del pueblo, aclaren que representan al pueblo de Dios, y no a esos seres pequeños de almas pequeñas que quieren equipararse a la gente de bien. Entiendan putos, son criaturas invisibles, que por estos días se haya hablado mucho de Uds. no implica que se han convertido en visibles. Siguen y seguirán en las sombras, maldecidos por Dios y poseídos por mil demonios, que por suerte sólo viven en almas pequeñas de seres pequeños.
¿Y el amor? bien gracias, es un sentimiento privativo de los heterosexuales, los putos no se enamoran, se calientan y refriegan sus genitales en un acto asqueroso y libidinoso. Por eso sólo les daremos una figura legal, la Unión Civil como para que no jodan más y ni se les ocurra seguir pidiendo por la adopción, a ver si todavía empiezan a reclutar niños para su asquerosa causa y nos llenan el país de putitos.
Andrés Petersen
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Muy de acuerdo Andrés. Me parece que hay que sentarse a pensar quiénes son los de alma pequeña (y cerebro, por qué no) en esta historia.
Un saludo, Lucía.