EL ESTADO Y EL PARA-ESTADO

- Por Sergio Bastías

Hoy no se trata de economías feudales, ni de industrias nacionales, ni siquiera de intereses de grupos regionales. Hoy se trata de que aquellos supervivientes históricos acomodan su parcela a los dictados del capital financiero internacional. Un capital especulador que se va concentrando mundialmente. De esta suerte, hasta el Estado nacional requiere para sobrevivir del crédito y el préstamo. Todos mendigan la inversión y dan garantías para que la banca se haga cargo de las decisiones finales. Está llegando el tiempo en que las mismas compañías, así como los campos y las ciudades, serán propiedad indiscutible de la banca. Está llegando el tiempo del Para-Estado, un tiempo en el que el antiguo orden debe ser aniquilado.

Parejamente, la vieja solidaridad se evapora. En definitiva, se trata de la desintegración del tejido social y del advenimiento de millones de seres humanos desconectados e indiferentes entre sí a pesar de las penurias generales. El gran capital domina no solo la objetividad gracias al control de los medios de producción, sino la subjetividad gracias al control de los medios de comunicación e información. En estas condiciones, puede disponer a gusto de los recursos materiales y sociales convirtiendo en irrecuperable a la naturaleza y descartando progresivamente al ser humano. Para ello cuenta con la tecnología suficiente. Y, así como ha vaciado a las empresas y a los estados, ha vaciado a la Ciencia de sentido convirtiéndola en tecnología para la miseria, la destrucción y la desocupación.

Paradójicamente, hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo, alimentación, salubridad, vivienda e instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo.

El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. Frente a esta irracionalidad, no se levantan dialécticamente las voces de la razón sino los más oscuros racismos, fundamentalismos y fanatismos. Y si es que este neo-irracionalismo va a liderar regiones y colectividades, el margen de acción para las fuerzas progresistas queda día a día reducido. Por otra parte, millones de trabajadores ya han cobrado conciencia tanto de las irrealidades del centralismo estatista, cuanto de las falsedades de la democracia capitalista. Y así ocurre que los obreros se alzan contra sus cúpulas gremiales corruptas, del mismo modo que los pueblos cuestionan a los partidos y los gobiernos. Pero es necesario dar una orientación a éstos fenómenos que de otro modo se estancarán en un espontaneísmo sin progreso. Es necesario discutir en el seno del pueblo los temas fundamentales de los factores de la producción.

Los factores de la producción son, los recursos naturales, el trabajo y el capital, y están demás la especulación y la usura.

En la relación existente entre estos factores hasta ahora se ha impuesto que toda ganancia sea para el capital y el salario para el trabajador, justificando tal desequilibrio con el «riesgo» que asume la inversión… como si todo trabajador no arriesgara su presente y su futuro en los vaivenes de la desocupación y la crisis. Pero, además, está en juego la gestión y la decisión en el manejo de la empresa. La ganancia no destinada a la reinversión en la empresa, no dirigida a su expansión o diversificación, deriva hacia la especulación financiera. La ganancia que no crea nuevas fuentes de trabajo, deriva hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los trabajadores ha de dirigirse a obligar al capital a su máximo rendimiento productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la gestión y dirección sean compartidas. De otro modo, ¿cómo se podría evitar el despido masivo, el cierre y el vaciamiento empresarial? Porque el gran daño está en la sub-inversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado y la fuga del capital, no en las ganancias que se puedan obtener como consecuencia del aumento en la productividad. Y si se insistiera en la confiscación de los medios de producción por parte de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XlX, se debería tener en cuenta también el reciente fracaso del comunismo ruso.
En cuanto a la objeción de que encuadrar al capital, así como está encuadrado el trabajo, produce su fuga a puntos y áreas más provechosas ha de aclararse que esto no ocurrirá por mucho tiempo más ya que la irracionalidad del esquema actual lo lleva a su saturación y crisis mundial. Esa objeción, aparte del reconocimiento de una inmoralidad radical desconoce el proceso histórico de la transferencia del capital hacia la banca resultando de ello que el mismo empresario se va convirtiendo en empleado sin decisión dentro de una cadena en la que aparenta autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el proceso recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar éstos puntos.

Los hombres de bien sentimos la necesidad de actuar no solamente en el campo laboral sino también en el campo político para impedir que el Estado sea un instrumento del capital financiero mundial, para lograr que la relación entre los factores de la producción sea justa y para devolver a la sociedad su autonomía arrebatada.

EL “CAMPO ARGENTINO”

- Por Juan Marguch (publicado en La Voz – 29/07/2010)

LOS DUEÑOS DE LA TIERRA

Hay una perfecta continuidad histórica entre lo que hizo Carlos Menem y dejan hacer los Kirchner

El Censo Nacional Agropecuario (CEA) realizado en 2002, en tiempos de la mayor crisis socioeconómica de nuestra historia, estableció que el número de explotaciones agropecuarias con superficies menores a las 200 hectáreas había disminuido 27 por ciento con relación a igual censo realizado en 1998.

El 22 por ciento de los agricultores de soja aportan el 80 por ciento del total nacional; de ellos, unos 1.600, sobre los 74 mil que existen, producen casi la mitad de las cosechas, según los datos mencionados.

Mientras los pequeños y medianos productores abandonaban sus campos (en todo el país se cuentan 816 pueblos rurales en vías de desaparición), los empresarios con visión de futuro se enriquecían porque invertían en el agro: entre 1998 y 2002, el número de explotaciones mayores de 2.500 hectáreas había crecido un nueve por ciento.

La Federación Agraria Argentina estima que unos 300 mil kilómetros cuadrados -10 por ciento del territorio nacional-están en manos de inversores extranjeros. La mayor producción de soja, azúcar, pollo y carne ha quedado en manos de las grandes empresas, casi todas ellas de capital extranjero.

En venta. En su libro La Patagonia vendida , Gonzalo Sánchez recoge las eufóricas declaraciones de la mayoría de los inversores foráneos que adquirieron tierras en el sur, asombrados porque “se puede comprar lo que se quiera, en cualquier lugar, si se tiene el capital suficiente, incluso en los parques nacionales”.

Como siempre, hay una perfecta continuidad histórica entre lo que hizo Carlos Menem y dejan hacer los Kirchner. En 1991, los hermanos Benetton fueron la vanguardia de la invasión extranjera en la Patagonia, donde iniciaron su propia “conquista del desierto”, que les permitió atesorar 900 mil hectáreas. Les siguió Ted Turner, el magnate de AOL-Time Warner y fundador de la cadena de noticias CNN, que compró unas 45 mil hectáreas en la misma región para dedicarse a “pescar truchas”.

En esto de los placeres bucólicos y ecológicos personales, también se incluye el millonario Douglas Tompkins, que posee 350 mil hectáreas en Corrientes, Santa Cruz, Neuquén y Tierra del Fuego. Es propietario de una enorme superficie de los esteros del acuífero Iberá, en la provincia de Corrientes, según él, para “resguardar el ambiente y los patrimonios naturales”, pero existen quienes creen que su intención fue apoderarse de un sector importante de una de las mayores reservas de agua potable del mundo. Para no ser menos, la chilena Alto Paraná concentra hoy seis por ciento del territorio misionero.

A su vez, Joseph Lewis, uno de los empresarios más ricos del Reino Unido, compró 14 mil hectáreas rodeando el Lago Escondido, al que pretendió transformar en lago privado y construyó, a un costo de 20 millones de dólares, una pista de aterrizaje operable hasta por aviones militares de gran porte. En tanto, el magnate belga Hubert Grosse se hizo con 11 mil hectáreas en Río Negro, con la finalidad de que sus amistades dispongan de suficiente espacio para jugar al golf y al polo.

Adecoagro -uno de sus principales accionistas es el magnate húngaro-norteamericano George Soros- es propietaria de más de 400 mil hectáreas en nuestro país. En sociedad con El Tejar, firma que trabaja unas 180 mil hectáreas entre la Argentina, Brasil, Bolivia y Uruguay, se han quedado con Agro Invest SA (2006), firma de capitales europeos que explotaba 30 mil hectáreas propias.

Y los “pools”. En términos de soberanía, es, comparativamente, menos grave la acción de los pools .

Gustavo Grobocopatel, el paradigma de los “poolmen” (explota 150 mil hectáreas dedicadas a soja, maíz, trigo y girasol), de las cuales arrienda más del 90 por ciento, donde realiza siembra directa y terceriza todos los servicios.

Así, se autodescribe Grobocopatel: “Soy un sin tierra, porque arriendo. Soy un sin trabajo, porque yo no trabajo: tercerizó todo. Y no puedo decir que soy un sin capital porque algo tengo, pero podría hacer lo mismo que hago prácticamente sin capital propio, porque hago un fideicomiso y el sistema me presta el dinero”.

Lo mismo puede decir Manuel Santos Uribelarrea (h), de Villa Cañás, Santa Fe. Él es otro poderoso “poolman” que opera 121.500 hectáreas de campos propios y de terceros en nuestro país, Uruguay, Paraguay y Brasil; además trabaja con una red de 111 empresas contratistas, con las que terceriza los servicios de siembra, cosecha, pulverización, auditoría y comercialización.

En la peor de todas las coyunturas posibles, el agro comenzó a recuperarse gracias al cultivo de la soja, y su reactivación rescató a la Argentina, un país al que en diversos foros internacionales se le había diagnosticado un coma irreversible. Esa reactivación fue posible por la iniciativa privada, no por política agropecuaria de Estado, de la que, por lo demás, se carece desde hace dos décadas. La aparición de un fenómeno nuevo -los pools sojeros (durante los mandatos del matrimonio Kirchner, hasta la Administración Nacional de la Seguridad Social, Anses, participó de algunos de los más importantes pools , que ahora son sus bestias negras), potenció el proceso de concentración de la tierra. En nombre del progresismo, vamos de regreso al latifundismo conservador.

Los Kirchner hicieron cuanto pudieron para intensificar la concentración de la riqueza. Con la ayuda del inoxidable Guillermo Moreno, privilegiaron en la repartija de subsidios a los empresarios más poderosos. En 2007, por caso, distribuyeron 1.500 millones de pesos para atenuar la suba de precios de los alimentos: la mitad de esa cifra se concentró en 10 grandes empresas.

La concentración fue mayor en la industria láctea. De los 147 millones que se repartieron en subsidios, 140 se entregaron a las seis mayores usinas, y sólo siete millones a miles de pequeños productores tamberos.

Y, ahora, los terratenientes argentinos. Los hermanos Eduardo y Alejandro Elsztain, zares de los shoppings en nuestro país (su corporación Irsa posee en Buenos Aires los centros Alto Palermo, Paseo Alcorta, DOT, Patio Bullrich, Abasto y Buenos Aires Design; Alto Avellaneda, en Avellaneda, y NOA en Salta, amén de Mendoza Shopping, Alto Rosario, Córdoba Shopping y Patio Olmos en esta ciudad), controlan a través de Cresud un total de 787.562 hectáreas, entre propias y concesionadas, de las que el 76 por ciento está en Argentina.

El grupo Pérez Companc coleccionó 155 mil hectáreas entre Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Salta y Santa Fe y luego las vendió a la estadounidense Argentina Farmland Investors. A su vez, con parte de los 1.800 millones de dólares que obtuvo por la venta de la cervecería Quilmes, el grupo Bemberg lleva adquiridas 143 mil hectáreas. Amalia Fortabat tiene 140 mil hectáreas; el grupo Werthein es dueño de 100 mil hectáreas en la provincia de Buenos Aires, y el grupo Yabrán reunía ya, antes de la muerte de su fundador, 74.400 hectáreas en el Litoral.

Distinto es el caso de Alfredo Olmedo, verdadero rey sin corona de la soja. Tiene 75 años, fue nota de tapa de la revista Fortuna y su fantástica trayectoria se estudia en Harvard. A los 5 años empezó a trabajar ordeñando vacas para el patrón de su padre; a los 12, como no tenía para comer ni menos para estudiar (solamente cursó la escuela primaria), marchó solo desde Bouquet, Santa Fe, a Salta. El gobernador de esa provincia, Juan Carlos Romero, le vendió 100 hectáreas de tierras fiscales a precio de arriendo: un peso por hectárea. Hoy es propietario de 110 mil hectáreas, tres aviones y es el mayor productor sojero individual del país.

TARTAGAL – EL CRÍMEN QUE NO ERA

- Por Fernando Chanquía Aguirre (abogado)

El siguiente hecho demuestra en forma patente la discriminación racial y económica que todavía existe hoy en Argentina respecto de los pueblos indígenas originarios. Lo que aquí se relata es sólo un caso más, pero todos los días en Salta y otras provincias, los aborígenes y campesinos pobres son perseguidos, robados y despojados de sus tierras por la connivencia criminal existente entre empresas sojeras, mineras y petroleras, con el Gobierno y la Policía provincial. Por el sólo hecho de ser aborigen, el sujeto que debería ser reconocido como persona, es tratado en forma diferente, despreciado, vejado y torturado. Lo mismo pasa cuando a algún indígena se le ocurre ir a la policía a denunciar despojos o robos por parte de los empresarios; inmediatamente son detenidos y sometidos a apremios ilegales para que a ningún otro, se le ocurra denunciar.

A continuación la nota.

 

 

El crimen que no era

Cuatro jóvenes wichí fueron acusados en Salta de matar a una chica. Tras ser torturados, dijeron que la habían descuartizado. Después se supo que murió ahogada. Hay cuatro policías presos.

 

Por Carlos Rodríguez – (publicado por Página 12 – 29/05/2010)

 En Tartagal, Salta, hay conmoción por una historia real que podría ser el argumento de una película de terror. Todo comenzó en la madrugada del domingo 9 de mayo con la desaparición de Evangelina Pisco, de 16 años, de la comunidad chorote, a la salida de una bailanta. María Eugenia Aramayo, prima hermana de Evangelina, fue a la casa de los padres de la chica para avisarles que ella se había caído al pozo de una cloaca. A María Eugenia nadie le creyó. Intervino la policía local y se complicó todo. Cuatro jóvenes –tres chicas, entre ellas Aramayo, y un joven, Luis “Chaqueñito” Campero– fueron detenidos. Llamó la atención que después de estar en manos del personal de la Brigada de Investigaciones de Tartagal, María Eugenia y “Chaqueñito” terminaran confesando que habían asesinado a Evangelina, que la habían degollado y arrojado su cuerpo al pozo. Diez días después, el cuerpo de la chica apareció en la profundidad de la cloaca, ahogada en forma accidental, como había dicho su prima en su declaración inicial. Los cuatro chicos fueron dejados en libertad y ahora se investiga a por lo menos cuatro policías, acusados de haber torturado a los jóvenes para que confesaran un crimen que no existió.

“Hemos podido confirmar que hubo apremios ilegales contra los cuatro detenidos. La policía, después de su detención, armó una historia oficial que nada tiene que ver con lo que realmente pasó”, le dijo a Página/12 el diputado provincial salteño Claudio Del Plá, del Partido Obrero, quien forma parte de una comisión legislativa que investiga la responsabilidad que le cabe en el caso a la policía de Tartagal. La Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura provincial mantuvo reuniones con el juez de la causa, Nelso Aramayo; el fiscal Pablo Cabot, el jefe de la policía de Salta, Pascual Argañaraz, y con el ministro de Gobierno, Pablo Kosiner. Hasta el momento hay cuatro policías detenidos, entre ellos el jefe de la Brigada de Investigaciones, Jorge Daniel Escobar.

La noche de la tragedia, Evangelina Pisco fue a bailar con sus amigas María Eugenia Aramayo, Rebeca Andrada y Claudia García. En el local bailable, llamado Gigante, se encontraron con Luis Campero. Una versión dice que se retiraron juntos del baile, en la madrugada del domingo 9 de mayo, luego de escuchar la cumbia “Bombón asesino”. En su última declaración ante la Justicia, asistida por el cacique Indalecio Calermo, quien ofició de traductor, la chica Aramayo declaró en idioma wichí que ella vio cómo su prima Evangelina se iba caminando hacia su casa.

“De pronto vi que desapareció en el pozo. Corrí hacia ese lugar y empecé a gritar que ella se había caído. Se acercó gente, pero no podíamos ver nada porque estaba muy oscuro. Me fui corriendo hasta la casa de mi tío Eduardo Pisco (el papá de Evangelina), con quien volví al pozo y le repetí muchas veces que ella se había caído, que yo la había visto”, fue el relato de Aramayo, de acuerdo con lo que le comentó a este diario el cacique Indalecio Calermo.

María Eugenia Aramayo terminó presa, junto con Rebecca Andrada, Claudia García y Luis Campero. Los cuatro fueron golpeados y torturados, incluso con picana eléctrica, durante dos días consecutivos. “Hablá, mataca de mierda, confesá dónde tiraron el cuerpo”, le gritaban los policías a la joven, de acuerdo con el relato que hizo el cacique Calermo. De las declaraciones que hicieron los cuatro jóvenes surgen que hubo golpes de puño, puntapiés, submarino seco y picana.

“Los chicos fueron presionados y por eso terminaron declarando que la había matado. Son inocentes, no cabe duda”, dijo Calermo. Ana García, de 15 años, sufrió golpes; Rebecca Andrada, de 16, dijo que fue torturada. Mientras contaba lo sucedido, no podía dejar de llorar, según Calermo. El caso de María Eugenia fue el peor: “La chica les pedía de rodillas que no la torturaran más”, dijo el cacique wichí.

La policía salteña abrió un sumario administrativo, al margen de la causa judicial contra el personal de la Brigada. Una de las primeras medidas adoptadas por la fuerza de seguridad fue la suspensión en sus funciones del jefe de la Unidad Regional 4, Lisandro Rubén Copa, y de Jorge Daniel Escobar, del mismo cuerpo policial, quien ahora está detenido acusado de participar en forma directa en los hechos denunciados. Hay otras tres suspensiones preventivas.

La autopsia realizada por el forense Luis Flores determinó que la joven Evangelina Pisco murió por “asfixia por inmersión”. El cuerpo presentaba una fractura máxilo-facial producida por la caía al pozo, que pertenece a la empresa Aguas del Norte y que estaba mal cerrado. El golpe en el maxilar le habría provocado un desmayo. Murió ahogada al quedar su cabeza bajo el agua. Para sacarla del pozo hubo que utilizar una bomba de presión. El secretario de Seguridad de Salta, Aldo Saravia, aseguró que “se va a llegar a la verdad y los culpables van a ser castigados”.

HAY OTRO BICENTENARIO

- Por Darío Aranda (publicado en Página 12 – 25/04/10) 

Agustín Mamani tiene 90 años. Vivía en la misma tierra que sus padres, “desde siempre”, pero eso no impidió que en diciembre pasado fuera echado de su humilde rancho de adobe por productores sojeros y policías. Don Agustín “resistió a la autoridad”, según alegaron los efectivos, y por eso fue detenido e incomunicado 48 horas. Sucedió en la localidad de Palma Sola, monte jujeño. “El padecer de mi abuelo es el padecer de miles de campesinos e indígenas, familias que trabajan la tierra con sus manos, que nada piden, nada deben, pero sufren los mismos males desde hace 200 años”, resume Gloria Mamani, 28 años, de la Organización Campesina Agroganadera (OCA), que participa del encuentro “El otro Bicentenario. El Bicentenario de los pueblos”, donde dio testimonio de lo que sucede en el campo de Argentina.

Gastre y Corcovado en Chubut. Villa la Angostura en Neuquén. Las Lomitas en Formosa. Son sólo algunos de los lugares donde las comunidades ancestrales enfrentan a empresarios agrícolas, compañías mineras, petroleras y emprendimientos turísticos. Las historias parecen calcadas: campesinos y pueblos originarios tienen leyes a su favor, pero la gran mayoría de las veces llevan las de perder frente a hombres del poder.

Ayer por la tarde, las comunidades contaron su realidad en el espacio “Otro Bicentenario” –frente al Congreso Nacional– impulsado por organizaciones sociales, ambientales, medios de comunicación comunitarios y fábricas recuperadas. Se trata de un espacio alternativo al organizado por el Gobierno y que propone “no festejar, sino reflexionar sobre las políticas coloniales del pasado y el presente”.

El 12 de octubre de 2009, el comunero diaguita Javier Chocobar fue asesinado en Tucumán por defender su tierra. Desde el primer momento la comunidad indígena de Chuschagasta, donde pertenecía, denunció que se trató de una ejecución a sangre fría. Pero muchos medios de comunicación y la Policía hablaron de “enfrentamiento”. “Hay muchas pruebas, pero están todos libres. Sólo pedimos que la Justicia haga justicia de verdad”, reclama Delfín Cata, de la comunidad diaguita.

En la localidad salteña de Hipólito Yrigoyen, departamento de Orán, la comunidad guaraní comunidad La Loma El Tabacal mantiene un conflicto desde hace ocho años con el ingenio azucarero San Martín El Tabacal, de la compañía norteamericana Seaboard Corporation.

En 2008, la Justicia prohibió a la empresa realizar cambios en las 5000 hectáreas en disputa. “La empresa sigue arrasando, sembrando caña, arruinando nuestra tierra”, explicó Mónica Romero, integrante de la comunidad. “No tenemos qué festejar. Son 200 años de discriminación, de un Estado que nos margina y millonarios que nos tratan como esclavos.”

En el “Otro Bicentenario” participan integrantes de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC), el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI Vía Campesina), el Frente Popular Darío Santillán y la Organización de Comunidades de Pueblos Originarios (Orcopo), entre otras. Hoy será el turno de talleres y proyecciones sobre “las diferentes caras de la crisis” y se contarán las experiencias de resistencia de las organizaciones rurales y urbanas. La mayoría de las comunidades campesinas e indígenas que participan no se reunieron el jueves pasado con la Presidenta. Aunque sí comparten gran parte de las reivindicaciones: rechazo al modelo agropecuario actual, a la minería metalífera a gran escala y el avance de la frontera petrolera. También tienen pedidos en común, entre ellos el cumplimiento efectivo de las leyes que protegen sus territorios.

LAS CELEBRACIONES

- Por Fernando Chanquía AGuirre

Por estos días, todos somos testigos de los actos públicos organizados por el Gobierno Nacional. Y, aunque el suscripto particularmente tenga asumida su posición contraria a festejar el Bicentenario, dejando de lado toda utilización política y propagandística que pudiese significar para la administración K, de necios sería no rescatar algunas cosas importantes emanadas del evento en desarrollo.
Indiscutiblemente, hay que admitir como positivo el reconocimiento de una gran hermandad latino o indo-americana, que trasciende el pretendido significado político del 25 de Mayo.
Y esto fue dado por la posibilidad de construcción democrática que, quiérase o no, nos han dado algunos gobiernos progresistas. Posibilidad de integración y de pertenencia regional que nos trajo la enorme riqueza artístico-cultural de expresiones musicales como las de León Gieco, Pablo Milanés, los Kjarkas o Los Olimareños, sólo por mencionar algunos.

A veces la emoción y el sentimiento resultan ser vehículos idóneos para comprender que algo hemos avanzado, pese a todo. Quedan muchas cosas criticables; muchísimas. Pero otras valiosísimas se han ido logrando.
Ojalá que los gobiernos que vengan detrás, comprendan que es necesario continuar transitando por los senderos populares abiertos; enmendando los errores cometidos pero preservando todo lo conseguido. Porque es de valor. Porque lo ha sido a fuerza de lucha, de participación democrática, de reclamos populares y de grandes sacrificios. No adhiero al pretendido significado político del modelo capitalista del bicentenario; pero me quedo con la fiesta popular que reconoce una gran hermandad sur continental, de la que los artistas, pueden enseñar a los políticos.

LA CONTRACARA DEL BICENTENARIO

(Maricel Seeger / EFE) –

Miles de indígenas argentinos culminaron el jueves en Buenos Aires una movilización para reclamar un Estado “pluricultural” y denunciar el “olvido” que sufren sus comunidades, en vísperas del Bicentenario de la revolución que abrió paso a la independencia del país.

La movilización había comenzado hace ocho días en el interior y se fue ido nutriendo con miembros de comunidades originarias y organizaciones de derechos humanos hasta formar una columna de más de 15.000 personas que colapsó el centro de la capital argentina en reclamo de una “reparación histórica”.

Horas después, representantes de los indígenas fueron recibidos en la sede del Gobierno por la presidenta argentina, Cristina Fernández, a quien le entregaron para su consideración un llamado “Pacto del Estado con los Pueblos Originarios para la creación de un Estado Plurinacional”.

La falta de agua, la desnutrición, la propagación de enfermedades y la expropiación de terrenos delinea una ecuación explosiva que refleja las condiciones que sufren los pueblos indígenas, que no ha variado significativamente en estos 200 años.

“Venimos a denunciar los atropellos y abusos de los gobiernos, no reconocen los derechos de los indígenas, queremos que el resto de la sociedad sepa lo que están sufriendo los pueblos originarios.

Pedimos que nos dejen desarrollarnos libremente y crecer, respetando nuestros derechos”, dijo hoy a Efe Flavio Manque, cacique mapuche.

“Es un genocidio silencioso que venimos sufriendo desde hace más de 200 años. En nuestros pueblos el promedio de edad no llega a 60 años”, lamentó el cacique Luis Báez, del pueblo mocoví.

Para Adolfo Pérez Esquivel, Nobel de la Paz 1980, esta es la movilización más importante de las realizadas hasta ahora por los pueblos originarios argentinos y puede “abrir otra etapa en este Bicentenario”.

“Los pueblos originarios necesitan recuperar sus bienes naturales y culturales. Hay que cambiar toda esta injusticia, la democracia significa derecho e igualdad para todos”, agregó en declaraciones a Efe.

La postal de los parajes indígenas se reduce a viviendas precarias de barro y paja donde proliferan insectos como las vinchucas, causantes del mal de Chagas, una de las enfermedades endémicas en comunidades de provincias norteñas, las más pobres del país.

“La tuberculosis está fuera de control. Se necesitan políticas que permitan superar estas situaciones. En la zona del Impenetrable de (la provincia norteña) Chaco, los pobladores toman de los charcos por falta de agua, con lo cual se potencian muchas enfermedades por la contaminación”, sostuvo Rolando Núñez, del Centro Nelson Mandela.

La muerte por desnutrición de al menos 22 indígenas en el Impenetrable, unos mil kilómetros al norte de Buenos Aires, en 2007 llevó a la Corte Suprema de Justicia de Argentina a ordenar medidas urgentes en favor de las comunidades.

En marzo de 2009 el tribunal volvió a exhortar al Gobierno a resolver la situación de los pueblos indígenas, cuya extrema pobreza “continúa causando muertes, especialmente en los niños”, indicó Núñez.

Un reciente documento del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) afirma que en Argentina residen poco más de 600.000 indígenas, en su mayoría en “situación social desventajosa”, sin cobertura médica y con tasas de analfabetismo que, en casos como las comunidades toba, superan el 86 por ciento.

El escenario se complicó en los últimos años con la aparición de tumores y problemas respiratorios por intoxicaciones con herbicidas en zonas agrarias de Argentina, tercer exportador mundial de soja.

Según Daniel Segovia, de la Unión de Pueblos Indígenas, “1.270 personas de las comunidades fueron internadas en el último año por las consecuencias del uso del glifosato”, el herbicida más usado del país que, según una investigación divulgada el pasado año, puede producir también malformaciones.

“Desde 1998, además, sólo en la provincia de Formosa (norte) hubo 87 muertos por desatención hospitalaria. Muchas veces cuando los indígenas llegan al hospital ni siquiera pueden expresarse porque no hablan español”, sino sus propias lenguas, advirtió Segovia en declaraciones a Efe.

De acuerdo con Núñez, “la clave de la reparación histórica está en la tierra” de los pueblos originarios.

Pese a que la Constitución reconoce la propiedad comunitaria de los territorios en los que tradicionalmente están asentadas las comunidades, existen múltiples casos de indígenas desalojados porque sus tierras han sido vendidas por el Estado, con frecuencia, a extranjeros.

Para paliar esta situación, el oficialismo presentó esta semana en el Parlamento un proyecto de ley que establece la propiedad comunitaria indígena y crea un fondo de compensación para los pueblos de unos 512 millones de dólares anuales, entre otras medidas.

OTRO ENFOQUE SOBRE EL BICENTENARIO

(Publicado por Página 12 – 18(05/10)

Un antropólogo europeo preocupado por el nacionalismo, Benedict Anderson, definió la nación como una comunidad política imaginada, inherentemente limitada y soberana. ¿Por qué imaginada? Los miembros de la nación no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, no los verán ni oirán hablar de ellos. En segundo lugar, se imagina limitada porque tiene fronteras finitas, más allá de las cuales se encuentran otras naciones. Por último, se imagina como comunidad porque, independientemente de la desigualdad y la explotación que prevalece en cada caso, la nación se concibe siempre como fraternal, y ese imaginario es el que permite que tantos millones de personas maten y se dejen matar por imaginaciones tan limitadas. Estas ideas fueron muy discutidas en Europa y nuestros territorios latinoamericanos, sobre todo por los intelectuales que encuentran en el concepto de Estado-nación europeo (una creación reciente en la historia de la humanidad) la solución a todos los problemas y males.

En estos tiempos de efemérides que interpelan los orígenes de nuestra comunidad política, sólo el gobierno nacional (y los provinciales) alude a esta unidad imaginada, la da por sentado y no podría ser de otra forma. Pero junto con estos festejos oficiales se han impulsado muchos otros “bicentenarios” que dan cuenta de la precariedad de la imaginada “unidad” y la ineludible necesidad de revisar estos artefactos culturales (“nación”, “Estado”, “gobierno”). Aunque siempre se activa un “olvido” de los hitos históricos que contextualizaron esas construcciones para remarcar el logro buscado, el trauma, el “pachakuti”, insisten en hacerse presentes.

Por eso, uno de los primeros manifiestos que circularon en estas otras celebraciones se titula “Caminemos por la verdad hacia un Estado Plurinacional”, firmado por un número importante de comunidades originarias. Sólo recordemos que 1810 no significó lo mismo para los pueblos originarios que para los criollos y españoles que decidieron hacerse cargo del gobierno ya sin la tutela de España. El Bicentenario debe ser la oportunidad histórica para generar el acto de reivindicación que las naciones originarias esperan en el silencio de sus montes, cordilleras, estepas, valles y montañas, sostiene el documento. “Un silencio que ha sido interrumpido por el tronar de motosierras que todo desmonta, el rugido de topadoras y explosivos de las mineras que todo lo vuelan, el ingreso de petroleras que todo lo envenenan, la penetración de iglesias y sectas que todo lo convierten, partidos políticos y ofertas electorales que quiebran toda la unidad comunitaria.” La propuesta es un Estado plurinacional que supondría una gran constituyente social donde todo se revea y cuestione; donde debatamos y creemos nuevos y creativos consensos.

Muchas otras organizaciones están preparando sus propios bicentenarios, muchas parcialidades que nos advierten de las dificultades para sostener la imaginada comunidad nacional. En las redes de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) circula una propuesta que firman varias organizaciones y aun utilizando el ya generalizado “otro”, lo subtitulan “el bicentenario de los pueblos”.

Hace mucho veníamos trabajando en estas ideas de “muchos bicentenarios” que mostraran la necesidad de no pensar en “sociedades homogéneas”, sino en parcialidades, que como nos recuerda Arturo Roig para América latina, no remiten necesariamente a una misma unidad. Tampoco el sujeto argentino –ese “nosotros los argentinos”– se ha identificado mediante una misma unidad referencial, lo que resulta en diversos y diferentes “horizontes de comprensión”. Nuestro “Otros bicentenarios” se realizó en La Rioja, el 7 y 8 de mayo, organizado por las Asambleas Ciudadanas Riojanas: se escucharon las cadencias de muchos pueblos cordilleranos, muchos acentos incluidos otros de América latina. Fueron voces asamblearias, de intelectuales, artistas y de un grupo de docentes luchando por preservar el maravilloso edificio histórico de su Escuela Normal Castro Barros.

Por todo esto es difícil pensar que el artefacto cultural “nación” que (imaginariamente) cumple 200 años funcione como unidad y hermandad en estas fechas; los horizontes de comprensión son diversos y muchas autoridades así como el poder económico se empeñan en la consonancia musical, en una única voz desvalorizando la estética de la disonancia. Más complicado aún, cuando esas voces anuncian despojos de nuestros recursos naturales y violencia en los territorios. No obstante, es una excelente oportunidad para pensar cómo volvemos a generar consensos para sentirnos “argentinos” sin perder la identidad mapuche, kolla, guaraní, wichí, criolla, de hijos de gringos o de las nuevas corrientes migratorias; sentirnos “argentinos” respetando identidades, historias (en plural); la necesidad de elegir autónoma y libremente un modo de reproducción material; la posibilidad de rechazar la que los gobernantes y las corporaciones nos imponen; debatir culturas y modos de situarnos en el mundo y en la vida. Después de esa necesaria reparación de nuestra historia reciente (que nos avergonzaba en nuestra identidad nacional), estaremos en mejores condiciones para caminar hacia un nuevo “constructo” que sea plurinacional, intercultural, que habilite la posibilidad de un amplio debate de quienes somos y deseamos ser “nosotros los argentinos”. Sería, por lo menos, el comienzo de un debate decolonial como los iniciados en otros países y lograríamos un Bicentenario que proponga construir colectivamente nuestras historias en un precario proyecto de comunidad política y social.

A PROPÓSITO DEL BICENTENARIO

DESMONUMENTAR

-Por Osvaldo Bayer (Publicado por Página 12 – 16/05/10)

 Una vez más sostenemos que en la Historia finalmente triunfa siempre la Etica. Aunque pasen siglos. Recuerdo cuando hace años comenzamos los jueves al anochecer, junto al monumento al general Julio Argentino Roca, demostrando que, documento tras documento, los argentinos honrábamos a un genocida, a un racista y a quien había restablecido la esclavitud en la Argentina, en 1879, esclavitud a la cual nuestra increíblemente progresista Asamblea del Año XIII había eliminado adelantándose en décadas a Estados Unidos y a Brasil. Pues bien, aquella iniciación se ve culminada ahora por el primer congreso nacional del movimiento “Desmonumentar a Roca, que se llevará a cabo el sábado próximo, 22 de mayo, día del Cabildo Abierto, y el domingo 23, en la ciudad bonaerense de Junín, al cual concurrirán delegaciones de todo el país de docentes, estudiantes, trabajadores, miembros de instituciones culturales, representantes de los pueblos originarios y todos los que quieran participar. Los actos serán públicos y culminarán con música del cada vez más joven conjunto Arbolito.

Cuando comenzamos hace años aquella tarea en el monumento a Roca de la Diagonal Sur fuimos demostrando lo que sosteníamos. Sobre el calificativo de genocida, mostramos el propio discurso de Roca ante el Congreso de la Nación, al finalizar su “Campaña al Desierto”: “La ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin destruida… El éxito más brillante acaba de coronar esta expedición dejando así libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”. No puede haber mejor definición del concepto oficial de genocidio que estos conceptos del propio genocida. (Frase en la cual se nota su increíble racismo acusando a los seres humanos que habitaban desde hacía siglos esas regiones de haber “inundado las fértiles llanuras”. Cuando la verdad es que si alguien había inundado eran los descendientes de los conquistadores europeos que un buen día habían “descubierto América”.) Respecto del racismo de Roca están todos sus discursos en los que siempre emplea los mismos términos calificándolos de “los salvajes, los bárbaros”, mientras San Martín varias décadas antes siempre hablaba de “nuestros paisanos los indios”. Una diferencia abismal. Sobre el clima previo que preparó la matanza de Roca se pueden consultar los diarios de la época. Basta un ejemplo. El diario La Prensa del 16/10/78: “La conquista es santa; porque el conquistador es el Bien y el conquistado el Mal. Siendo Santa la conquista de la Pampa, carguémosle a ella los gastos que demanda, ejercitando el derecho legítimo del conquistador”. Racismo para obtener ganancias.

Respecto de que Roca restableció la esclavitud casi setenta años después de que ésta hubiera sido eliminada por la gloriosa Asamblea del año XII, lo demuestran los avisos publicados en los diarios de la época. Por ejemplo, el del diario El Nacional del 31-XII-78: “Entrega de indios”, como título. Y como texto: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”. Con respecto a la crueldad empleada por Avellaneda, Roca y los miembros de ese gobierno, lo dice bien esta crónica del mismo diario porteño El Nacional de esa fecha: “Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres indias sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos indios se tapan la cara, otros miran resignadamente el suelo, la madre india aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”. Esto lo hicieron los argentinos, como los españoles lo hicieron antes del glorioso Mayo de 1810. El mejor documento que nos habla de la traición de Roca y sus ayudantes del poder a esos principios de Mayo, por ejemplo, es si comparamos este estado de cosas con la declaración de Manuel Belgrano del 30 de diciembre de 1810, en su expedición al Paraguay, cuando proclamará la igualdad de derechos de los pueblos originarios, donde dice textualmente: “A consecuencia de la proclama que expedí para hacer saber a los naturales de los pueblos de Misiones que venía a restituirlos a sus derechos de Libertad, propiedad y seguridad, que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente a las rapiñas de los que han gobernado he venido a determinar los siguientes artículos, con que acredito que mis palabras no son las del engaño ni alucinamiento con que hasta ahora se ha tenido a los desgraciados naturales bajo el yugo de hierro: 1) Todos los naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode. 2) Desde hoy les liberto del tributo”. Y luego en los otros artículos los “habilita para todos los empleos civiles, políticos, militares y eclesiásticos” y les promete créditos para la compra de “instrumentos para la agricultura y para el fomento de las crías”. De la Igualdad y la Libertad a la esclavitud y la muerte. La absoluta traición a los principios de Mayo. Lo mismo hará ese extraordinario libertario que se llamó Juan José Castelli al llegar al Alto Perú, para no hablar de Mariano Moreno en su defensa valiente de la igualdad de los pueblos originarios de estas tierras americanas.

Pero, claro, con Roca comenzará el dominio del latifundio, luego de que después del exterminio de los pueblos del sur se repartan 41 millones de hectáreas a 1843 terratenientes. Al presidente de la Sociedad Rural –sí, la misma que sigue hoy representando a los estancieros– se le entregarán nada menos que 2.500.000 hectáreas.

¿Y quién era él? José María Martínez de Hoz, el bisabuelo directo del Martínez de Hoz que fue ministro de Economía de la última dictadura militar, la de la desaparición de personas. Cómo el verdadero poder siempre se mantuvo en las mismas manos en nuestra historia. Ya que jamás se llevó a cabo una reforma agraria. A todos los miembros de la comisión directiva de esa Sociedad, Avellaneda-Roca les otorgó un mínimo de medio millón de hectáreas. Y ahí están los apellidos clásicos del Barrio Norte: los Pereyra Iraola, los Oromí, los Unzué, los Anchorena, Amadeo, Miguens, Real de Azúa, Leloir, Temperley, Llavallol, Arana, Casares, Señorans, Martín y Omar.

En el primer congreso de “Desmonumentando a Roca” que comenzaremos el sábado próximo en Junín sentaremos las bases para una propuesta de profundo sentido ético, terminar con el endiosamiento del genocidio y propender a que se quiten los monumentos a la persona de Roca, se reemplace su nombre a todas las calles que lo ostentan en nuestras ciudades.

Y también que la ciudad patagónica de General Roca pase a llevar el nombre que esa zona ostentaba antes del paso del genocida: Fiske Menuco.

Los argentinos jamás hicieron congresos de historiadores para hacer una autocrítica de los crímenes oficiales que se cometieron contra los pueblos que durante siglos habitaron estas generosas tierras. Al contrario, glorificaron con los nombres de los asesinos oficiales lugares públicos. Cuando propusimos a los representantes del pueblo de la Capital quitar el monumento a Roca y reemplazarlo por una obra escultórica que represente a la mujer originaria –ya que en su vientre se originó el criollo que fue el soldado de nuestros ejércitos de la Independencia–, ese proyecto fue rechazado por el macrismo, que señaló que en “historia hay que mirar hacia adelante”. Ante tal argumento señalé públicamente: “Entonces, con ese criterio, Alemania tendría que tener todos los monumentos a Hitler”. Más todavía, que justamente el monumento a Roca es el más grande y céntrico de nuestra ciudad, apenas a metros del Cabildo, donde se declaró nuestra Libertad y se sostuvo la igualdad de todos como principio. Además, ese monumento fue llevado a cabo por resolución de un gobierno no democrático, en la Década Infame durante el período del general Justo, elegido –como es sabido– por el llamado “fraude patriótico”, término argentino que debería avergonzarnos a todos. ¿Y quién era el vicepresidente del general Justo? Nada menos que el hijo de Roca, Julio Argentino Roca (hijo), quien fue el verdadero inspirador de ese monumento a su padre.

Ese monumento es aún más injusto porque el general Roca, siendo presidente, aprobó la ley más cruel de la legislación argentina, la 4144, la llamada “Ley de Residencia”, por la cual se expulsaba a todo extranjero que perturbara el orden público. Que se aplicó principalmente a obreros que promovieron el avance de la justicia social, luchando por las ocho horas de trabajo. Pero la maldad de esta ley era que se expulsaba sólo al hombre y se dejaba aquí a su mujer y a sus hijos. Eso se hacía para que las esposas les aconsejaran a sus maridos no comprometerse en las luchas obreras porque corrían el peligro de ser expulsados y ellas quedaban aquí solas, con sus hijos, ¿y cómo podrían alimentarlos? También Roca fue el primer presidente que reprimió con extrema violencia un acto obrero del 1º de marzo, en memoria de los mártires de Chicago. Fue el 1º de mayo de 1904 y allí fue muerto el marinero Juan Ocampo, de 18 años de edad. El primer mártir del movimiento obrero argentino. De él no hay ni una callejuela en un barrio obrero. Pero el represor, Roca, tiene calles hasta en el último rincón urbano del país.

Por eso, por fin, una reunión nacional, los próximos sábado 22 y domingo 23 de mayo, en Junín, donde se debatirán en sucesivos encuentros todos los temas que hacen al pasado argentino que nos lleva a preguntarnos: ¿qué nos pasó a los argentinos después de esos principios de Mayo, plenos de generosidad y de la búsqueda de la Igualdad por medio de la Libertad?

FESTEJOS BICENTENARIOS

- Por Fernando Chanquía Aguirre

 Sabemos  -en este mes previo al mundial-  que parte de la sociedad se prepara para organizar los festejos bicentenarios del primer Gobierno Patrio. A eso todos lo sabemos, aunque no sepamos bien qué hay para festejar. Pasaron doscientos años, es verdad… pero, doscientos años más de qué!
Aunque a otra parte de la sociedad le resulte difícil asimilarlo, este 25 de Mayo pareciera constituir un hecho ineludible; algo así como un hito. Una grandilocuente ceremonia de argentinidad. Un punto de convergencia para escolares, autoridades y obesos patrones de esta gran estancia Argentina.
En el Día de la Patria, como de costumbre, habrá ceremonial y desfile. Habrá himno, muchas banderitas, sombreros con cintas y solapas con escarapelas. Todo eso, mas, no auténtica representación nacional. Pero los ilustres conocidos no querrán perder su lugar en la cita. Ni los que estuvieron, ni los que están, ni los que ambicionan llegar.  El encendido patriotismo, multiplicándose en colorido júbilo, dirá que estamos en un gran país. Aunque todos los días del año nos encuentre aquí, emboscados, disputando miserablemente cada palmo de suelo, en esta tierra de grandes oportunidades para los que llegaron, pero también, de injustos olvidos con los que ya estaban.

Realmente inconsecuente y alargado país. Tan codiciado; tan subdesarrollado. Con tanto modelo extractivo-exportador. País que tiene mucho y tuvo de todo; genocidio aborigen, terrorismo de Estado, modelo financiero, deuda externa y tanto especulador.

Posiblemente y pese a todo logre hacerse otra fiesta memorable, como la del primer centenario. Pero como aquellos primeros cien años, será fiesta para unos pocos. La de los amantes del goce, la de los viajes largos y los negocios que cotizan en bolsa. De aquellos terratenientes que no hicieron un gran país; sino todo lo contrario y que además no les interesa. Porque sus intereses están más allá y les importa un rábano que hay más acá. A esos señores o no les importa o se olvidaron que un país necesita desarrollo en todos sus frentes. Olvidaron que no sólo es acumular, sino también distribuir. Que no es medrar para un sector, sino hacerlo para todos. Que no solamente es crecer, sino hacerlo integralmente.

Aunque estadística y censo lo niegue, se siguen multiplicando las pancitas vacías con fecha de nacimiento; porque están muy lejos de poder alcanzar las ventajas de un proclamado crecimiento. Los que hoy se disponen a festejar su triunfo sectorial, desconocen que un país no es un inmenso granero para hacer acopios cercanos al puerto. Un verdadera Nación es esfuerzo conjunto fructificando en producción diversificada. Es reconocimiento. Es mega empresa industrial y es también paciencia artesanal. Es andar de pié y marchar a la par. Es un enjambre de corazones y brazos trabajando, mancomunadamente para el mismo panal.
Pero esa todavía no es nuestra organización social. Porque no es ese el escenario en que se celebra el segundo centenario; sino el de siempre. Aquel que desde 1.810 a la fecha, sigue impúdicamente un viejo modelo de sociedad. Ese que hoy concentra a todas las fuerzas retrógradas con plena vigencia, apoltronadas plácidamente, enseñoreadas en su eterno estar.

Y entonces aquí nos asalta nuevamente el interrogante de plantearnos honestamente…
¿Qué bicentenario es el que vamos a festejar?