Por el Dr. Tintitaco Chanquía Aguirre

El 6 de julio en las escuelas e instituciones públicas de Córdoba, se celebra el día de la “fundación” de la ciudad, hecha por los españoles en 1.573

COMIENZA LA HISTORIA: Virreynato del Pirú, año 1.548: Las intrigas, conspiraciones, luchas por el poder y por apropiarse de las riquezas era feroz. El hijo espurio de Miguel Gerónimo de Cabrera Zúñiga y de la adúltera María de Toledo, con sólo 18 años de edad ya se encontraba alistado en el ejército de “Su Majestad” con asiento en El Cuzco, tratando de filtrarse hacia el poder público por alguna de las grietas que se abrían y cerraban constantemente. Así comenzó prestando servicios al entonces “Virrey” Conde de Nieva, integrando las filas, junto a su medio hermano Pedro Luis de Cabrera y Figueroa, en la persecución y ajusticiamiento de los españoles que se apartaban de la autoridad real. En la década siguiente el joven soldado funda un asentamiento blanco en el valle de Ica llamándolo San Gerónimo de Valverde y recibe por estos servicios, el nombramiento de “Corregidor y Justicia Mayor de Charcas y Villa del Potosí”.

Francisco de Toledo, Virrey del Perú entre 1.569 a 1.581, nombrado por el Rey Felipe II con el fin de consolidar los Derechos y Privilegios Reales frente a los Encomenderos y poner término a la resistencia indígena. Entre otras cosas realizó la administración colonial, reguló el sistema de Encomiendas y la Mita. Implantó el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Confinó a distintas étnias de población originaria en un sistema de “Pueblos Indios” bajo un patrón español que recibieron el nombre de “Reducciones”. Ordenó la “fundación” (refundación) de ciudades como Córdova de la Nueva Andaluzía, Tarija y Cochabamba. En 1.572 ordena destruir totalmente la ciudad de Vilcabamba y hace asesinar al Inca Túpac Amaru en el Cuzco ante miles de azorados aborígenes de su pueblo. En 1.581 es substituido por Martín Enríquez de Almansa, regresando a España, donde muere repentinamente al año siguiente en una aldea de Toledo.-

Gerónimo Luis de Cabrera. (Hijo adulterino de Miguel Jerónimo de Cabrera y María de Toledo). Al comenzar la década de 1.570, éste se encuentra tratando por todos los medios de obtener un mayor nombramiento del nuevo Virrey del Perú. Así es como en el año 1.571, el Virrey Francisco de Toledo nombra a Gerónimo Luis de Cabrera “Capitán general y Gobernador de la provincia del Tucumán, Juríes y Diaguitas”. Éste venía a reemplazar a Francisco de Aguirre, quien había caído en desgracia y se encontraba encarcelado en Lima, pues sus propios soldados lo habían entregado al Santo Oficio de la Inquisición.

Al nuevo mandatario se le dan instrucciones expresas de tomar el valle de Salta y establecer las condiciones apropiadas para asegurar un nuevo asentamiento europeo. Esto era de imperiosa necesidad para los españoles a fin de robustecer los incipientes núcleos poblacionales blancos ya afincados de San Tiago río del estero, San Miguel de Tucumán, Talavera de Esteco y ciudad de Londres, y para lograr una mayor seguridad en las comunicaciones desde esas ciudades con el Alto Perú.

El nuevo Gobernador y Capitán general asumió el cargo en Santiago del Estero el 19 de julio de 1.572. Pero él tenía planeados otros rumbos para sus aventuras y por eso hizo caso omiso a lo que le fuera ordenado por el Virrey; además de que sabía muy bien lo duro que le sería en Salta tener que vérselas con los aguerridos y advertidos Diaguitas-calchaquíes.

Gerónimo Luis pretendía continuar con los planes de su antecesor Francisco de Aguirre. Sabía que más hacia el sur existían tierras llanas feraces y con abundantes ríos, y quería encontrar en alguno de esos cauces una salida hacia el océano atlántico. Asimismo lo desvelaban las noticias que le daban los indios sobre una fabulosa Ciudad de Los Césares que se llamaría “Linlín” y que estaría colmada de tesoros, oro y riquezas. A estas patrañas las inventaban los locales para alejarlo al español y a su tropa; era mejor que se fueran para otro lado a tener que entrar en conflicto con gente tan violenta y bien pertrechada.

El pariente y lugarteniente suyo, Lorenzo Suárez de Figueroa, fue quien le allanó el camino entrando primero a la región de los pueblos Salavinones y Henia-Camiares (llamados por los españoles Sanavirones y Comechingones). Cabrera buscaba una salida hacia el puerto del Río de la Plata y al pasar por la mar chiquita Ansenuza, creyó que la había encontrado; él pensaba que se trataba de una bahía de la Mar del Nord”. Estos acontecimientos le convencieron, si es que aún no lo estaba totalmente, de buscar un sitio con buen agua para fundar su ciudad grande, lejos de Salta.

El 6 de julio de 1.573, junto al Río 1º y sobre unas barrancas, manda talar todas las ramas de un sauce usándolo a modo de rollo y picota, sitio de referencia para la mentada “fundación”. Llamativamente este incipiente asentamiento blanco se hizo, separado río de por medio, colindante con la Aldea aborigen de “Kiski-sacát”, ante la sorpresa de los lugareños que veían con asombro como los recién llegados acampaban acompañados con alrededor de 1.000 indios foráneos.

Cruzando el río el disperso caserío aborigen, la represa y los sembradíos regados con acequias, despertaban la codicia de unos hambrientos españoles; pero su Capitán general era cauto y precavido, y tampoco aquí quiso entrar en conflicto anticipado con los indios. Ya habría tiempo para el asalto artero, además era primordial conocer con qué defensas contaban los infieles y buscar que el factor sorpresa jugara a favor de los hombres de la cruz.

CONTINÚA…