Cualquiera que sea la correcta definición de lo que es un cantante de jazz (con lo difícil que es que los críticos se pongan de acuerdo sobre este asunto) no cabe duda de que John Stevens entra dentro de este concepto. Con él, cualquier interpretación de un estándar, es un ejercicio de demolición y reconstrucción, pese al estigma que lleva a cuestas por ser egresado del concurso American Idol.
John Stevens ejerce su rol de crooner con tal amplitud y profundidad, que produce sobre la audiencia una especie de encantamiento, y logra que sigan todos y cada uno de los giros y los trucos que su inagotable imaginación proporcionan a cada canción.
“Red” álbum debut de John Stevens es un extraordinario muestrario de clásicos de todos los tiempos: “Come Fly With Me”, “This Love”, y el tema de los Beatles, “Here, There And Everywhere”, llevado al extremo jazzístico por este sucesor de los grandes crooners americanos.
Blanco con voz de negro. Quien lo definió así acertó de lleno. Podría pasar por el vecino del grupo The Platers, o de Louis Armstrong, o de Gloria Gaynor. No puede ser otro. No hay duda. Es inconfundible.
ELVIS, NBC TV SPECIAL 1968 fue la primera aparición de Elvis en la televisión desde el show de Sinatra de 1960, y uno de los más significativos eventos de su carrera.
Presley probó que todavía era un vital y excitante intérprete en vivo. La produccion insistía en que el Rey del rock cerrara el show cantando un tema navideño. Pero él quería algo mucho más cercano, y propuso el tema “If I Can Dream”, basado en el famoso discurso “I have a dream” del líder negro de los derechos civiles, Martin Luther King, asesinado hacía dos meses antes en Memphis. No querian, pero Elvis, por una vez en su vida, ignoró esa opinión.
Retransmitido el 3 de diciembre de ese año en casi la mitad de los EEUU, “If I Can Dream” se convirtió en su primer sencillo exitoso en años y el ahora conocido como “´68 Comeback Special” en un álbum de gran éxito aclamado por público y crítica.
El Rey había vuelto.
“…en mi corazón hay una pregunta temblando todavía estoy seguro de que la respuesta llegará de alguna manera afuera, en la oscuridad, hay una luz llamando y mientras puedo pensar, mientras puedo hablar mientras puedo estar de pie, mientras puedo caminar mientras puedo soñar, por favor, déjame soñar que se hace real…”
Una parva de colillas de cigarrillos asomaba insolente en el cenicero repleto. De un lado y del otro del vidrio Fran ajustaba acordes y Niko jugaba con fraseos probables. Mientras tanto, Leo aportaba arreglos, grababa y enriquecía el sonido.
Y yo los observaba a los tres. Absolutamente apasionados. Rasgando sonidos salidos de las ganas. Tan chicos. Tan grandes.
Ya era la cuarta o quinta tanda de mates que tomábamos, y aunque nunca aprendí a cebar, fui la encargada de repartir esa infusión que me salió, o demasiado fría o demasiado caliente, pero que tomamos como si hubiera sido la mejor mateada de nuestras vidas.
Casi seis horas después de entrar al estudio, subimos al auto callados. Cansados también. Niko abrazaba la mochila que guardaba su tesoro y yo canturreaba bajito una canción infantil.
Esta es una de las canciones que más me gustan de las que ha escrito mi hijo Nicolás, por eso quiero compartirla en esta mañana de domingo de Buenos Aires. Antes de seguir leyendo cartas. Antes de salir a hacer fotografías a Miserere. Después de un sábado en el estudio de grabación. Mientras llamo a Guido por teléfono para saber como están las cosas en casa y decirle que lo extraño.
Cuando elegí que este blog se llamara La vida es una canción (y canta para mí), lo hice porque de verdad creo que este paso que hacemos por aquí (donde quiera que sea), está signado por canciones. Por sonidos que nos dicen, nos empapan, nos golpean, nos señalan y a veces, hasta nos mutilan.
Hay acordes que suenan a lluvia, otros a viento, a tormentas furiosas, a golpes violentos, a abrazos necesarios y a dolores inconfesables.
Porque la música es magia pura. Porque se siente aún cuando no se escucha. Porque es energía, y es vibración. Porque es pulsión y pasion.
Cuando era chica sentía algo especial. Sentía alas. Las tenía ahi, sin que nadie las viera, pero me permitían volar. Cada vez que llegaba a la esquina de la casa del abuelo, simplemente batía los brazos y las alas se abrían. Y yo volaba… unos centimentros por encima del suelo. Pero yo podía volar.
Era mi forma de reinventarme cuando los días se fueron sumando uno tras otro y dejé de usar zapatos con botón y medias blancas.
Y un día sucedió, casi sin darme cuenta. Perdí esa capacidad. Casi sin darme cuenta. Crecer me hizo olvidar mis alas, y dejé de pasar por esa esquina, y dejé de reinventarme. No pude volver a elevarme del piso, ni a sentir el aire congelado enfriarme la punta de la nariz.
De repente, te descubrís frente al espejo mirando todo alrededor, sin poder parar el juego, sin poder frenar. “El pasaje esta pagado hace rato y al contado y vos ya no queres viajar….. “
Estar sin alas. Poder moverse, sin poder volar. Y querer parar, detenerse, pactar una tregua para volver a empezar.
Y dibujarse las alas en el hombro derecho y volver a agitar los brazos en cualquier esquina. Sentir que siempre se puede, y que aunque las caídas no enseñen, todos los fracasos no son suficientes para morir. “Pájaro sin alas, no se rinde, va a saltar”.
Esta canción de Via Varela hoy canta para mí. Porque me golpea el alma, porque me provoca, me rebela y me conmueve.
Un trabajo formidable para una banda que ya es considerada como una de las grandes, pero que conserva ese filo de lo auténtico, que no se mella con la cadena del mercado.
Mi banda favorita y una canción que se acaba de convertir en mi himno personal.
Sin alas, una de las joyas del nuevo album de Via Varela “Si hay…”
Es lunes y llueve. Pero llueve despacito… Las gotas caen acariciando el asfalto y se escurren entre algunas hojas secas que sobrevivieron del otoño.
Hay perfume a tierra mojada en el ambiente. Y es el día del amigo. Ya se que es un día como cualquier otro, pero a veces está bien convenir una tregua y frenar el ritmo enloquecedor de los días que nos tocan.
Llamarlos. Decirles que los quiero. Repetirles otra vez que son una parte muy importante en mi razón de vivir. Recuperar uno perdido. Quizá, hasta ganar uno más. Recordar al que no está con una lágrima y una sonrisa. Y saber que hay una revancha, en algún lugar, para el encuentro.
Es lunes y llueve. Tengo los pies húmedos de chapotear en los charquitos de la calle. Y tengo abrazos para darles. Y una canción. Una canción para ese abrazo.
Es mi regalo de hoy.
La voz dulcisima de Joanna Newson y el sonido del arpa, que vibra como las gotas de la lluvia que resbalan por el vidrio de la habitación.
Madrid. Una madre soltera ve cómo su joven hijo muere el día que cumple 17 años, mientras corre para conseguir el autógrafo de su actriz favorita. Tras ese duro suceso, ella decide viajar a Barcelona en busca del padre de su hijo, un travestido llamado Lola, que desconocía la existencia del niño. Primero encuentra a su amigo Agrado, otro travesti, y a través de él conoce a Rosa, una monja de El Salvador, y por casualidad termina convirtiéndose en la asistente de Huma Rojo, la actriz que admiraba el adolescente.
Con Todo sobre mi madre, Almodóvar conquistó las taquillas de medio mundo, el Oscar, los Goya, Cannes y las alabanzas de millones de espectadores de toda raza, género y condición. Un excelente relato, duro e intensísimo, que habla sobre la vida, la soledad y la fuerza de los sentimientos. Magistral.
Como parte de la banda sonora de la película, aparece “Tajabone” de Ismaël Lô, una canción dirigida a los niños, que por la serenidad que inspira e incluso por su significado podría ser utilizada como canción de cuna.
Los niños son precisamente los que celebran en Senegal, la fiesta religiosa del mismo nombre, yendo de casa en casa hasta altas horas de la noche disfrazados (los chicos se disfrazan de chicas), bailando y haciendo ruido con cacerolas para pedir dulces, comida, dinero y objetos de valor.
La fiesta viene a ser una “Acción de Gracias” y, en cuanto a los disfraces y el “desenfreno”, un desajuste y una inversión del orden establecido, tal y como los que se dan en nuestra fiesta pagana del Carnaval.
El senegalés Ismael Lö la canta en la lengua wolof y dice algo así como… “Disfruta de las cosas buenas y bellas de la vida y déjate llevar por su grandeza sin pensar demasiado en ellas, dejándote arrastrar sólo por su belleza y su bondad, sin tratar de comprender su mecanismo. Siente tu corazón, cierra los ojos y escucha”.
En 1976 los Eagles publican su mejor álbum y el más vendido de toda su carrera, y su tema estrella y que le da título al disco, ha sido reconocida como una de las 10 canciones más importantes de la historia de la música.
El título fue “Hotel California“, y fue el remate que les faltaba para terminar de catapultarlos a la cima de la fama y con el que ganaron un Grammy.
En el corte “Hotel California” los Eagles aportan su visión agridulce de la sociedad estadounidense, a través de las ventanas de un hotel que representa metafóricamente el mundo de las drogas.
De ese álbum se extrajo una frase que pasó a formar parte del lenguaje popular estadounidense: “vivir en la vía rápida” (Life in the fast lane).
Porque es viernes. Porque empiezo a dejar atrás algunas cosas que me complicaron en el último mes y porque tengo muchas ganas de reirme. Y que ustedes lo hagan conmigo.
Mi regalito de fin de semana. No me van a decir que no canta mejor que algunos otros pajarracos?.. jiji
No hace demasiado tiempo, Sting, escuchó una versión de una de sus canciones que provenía de una desconocida, al menos para él. Quedó tan impresionado que quiso saber más sobre quien estaba detrás de aquella voz, así que casi inmediatamente se puso en contacto con alguien de la discográfica. Estaba dispuesto a conocer a la cantante que había hecho tal versión, pero le dijeron que no era posible porque ella había muerto.
A pesar de todo Sting buscó a quiens acompañaron a esa voz y se enteró de que existían varias grabaciones en directo de su canción. Pidió permiso para escucharlas. Lo hizo. Una detrás de otra oyó su canción muchísimas veces, y después de llorar emocionado, explicó que cada versión era completamente distinta a la anterior, que parecían canciones nuevas, con vida propia.
La canción en cuestión es “Fields of gold” y la autora que emocionó a Sting se llama Eva Cassidy.
Eva fue una cantante (también tocaba la guitarra) que no tuvo demasiada fortuna con su música ya que a pesar de su inmensa calidad vocal no consiguió la repercusión que se merecía en vida. Y digo en vida porque sus herederos han ido editando grabaciones de estudio y en directo después de su muerte y ha sido entonces cuando ha empezado a ser conocida, y gracias a eso, sus discos son hoy verdaderas reliquias artísticas.
Los invito a emocionarse…
Hoy le pedí prestados a Luis Eduardo Aute las palabras que siento al despertar. Ni siquiera yo podría contarlo mejor…
De qué espacio sideral desconocido,
de qué tiempo que ya fue o aún no ha sido,
de qué lluvia de planetas has caído
proclamando un “aquí estoy porque he venido”…
Que aunque no se trate de pedir permiso
por pisar el mismo vértigo que piso,
no se apunta a un corazón sin previo aviso
tan de pronto y disparando tan preciso…
Quién eres tú…
Quién eres tú,
Prodigio o vudú…
Quién eres tú
ensueño o tabú…
quién eres tú…
Cuando ya no queda más que ese momento
en que comienza a repetirse el argumento,
apareces de repente, con el cuento
de que no hay historias… sólo sentimientos
y me invades con palabras como besos
inundándome con pájaros, los sesos
Qué difícil intentar salir ilesos
de esta magia en la que nos hallamos presos…
Te aseguro que no quiero hacerme el fuerte,
en todo caso me da pánico creerte…
No sé si eres el presagio de la Suerte
o, al contrario, vienes a darme la muerte
pero seas agua turbia o aguanieve,
cómo no beber cuando me dices: “bebe”…
que la sed se va apagando y es más breve
al tiempo que pasan los años… y no llueve
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