EL MARIDO CURA. ¿ POLÉMICO ?. NO LO SE……

El marido cura
[Cuento. Texto completo]

Marqués de Sade

Cuento provenzal

Entre la villa de Menerbe, en el condado de Aviñón, y la de Apt, en Provenza, existe un pequeño convento de carmelitas, muy apartado, que se llama Saint-Hilaire, asentado en la cima redondeada de una montaña en la que a las mismísimas cabras les resulta difícil pastar; esa pequeña residencia es, poco más o menos, como la cloaca de todas las comunidades cercanas del Carmelo, todas relegan allí cuanto las deshonra, por lo que fácil es juzgar lo refinada que debía de ser la sociedad de semejante casa: bebedores, mujeriegos, sodomitas, tahúres… tal es, poco más o menos, la noble composición de los recluidos que en ese escandaloso asilo ofrecen a Dios, como pueden, unos corazones que el mundo desecha. Uno o dos castillos cercanos y el burgo de Menerbe, que está a sólo una legua de Saint-Hilaire, esa es toda la compañía de esos buenos religiosos, que, a pesar de su hábito y de su condición, distan mucho de encontrar abiertas todas las puertas de sus alrededores.

Desde hacía mucho tiempo, el padre Gabriel, uno de los santos de aquel cenobio, codiciaba a cierta mujer de Menerbe, cuyo marido, cornudo si alguna vez hubo alguno, era el señor Rodin. La señora Rodin era una jovencita morena, de veintiocho años de edad, mirada pícara, y que tenía todas las trazas de ser un excelente bocado de monje. En cuanto al señor Rodin, era un buen hombre que cultivaba su hacienda sin abrir la boca; había sido tratante de paños, había sido también funcionario municipal; era, pues, lo que se llama un honesto burgués. No demasiado seguro de la castidad de su tierna mitad, era, sin embargo, lo bastante filósofo como para saber que la mejor manera de contener el crecimiento excesivo de un «tocado» de marido, es la de dar la impresión de no sospechar que se lleva. Había estudiado para ser cura, hablaba latín como Cicerón y jugaba a las damas muy a menudo con el padre Gabriel, quien, como hábil y solícito cortesano, sabía que hay que hacer siempre un poco la corte al marido de la mujer que se desea. El padre Gabriel era el verdadero semental de los hijos de Elías: al verle se hubiera podido decir que toda la raza humana podía delegar en él con tranquilidad el cuidado de su reproducción; hacedor de niños, si hubo uno alguna vez con unas sólidas espaldas, una cintura del diámetro de una vara, un rostro negro y tostado por el sol, las cejas como las de Júpiter, seis pies de estatura, y en cuanto a lo que caracteriza especialmente a un carmelita, de un tamaño, que, según decían, igualaba al de los mejores mulos de la provincia. ¿A qué mujer no le va a gustar soberanamente estafermo semejante? Y por esto mismo agradaba en sumo grado a la señora Rodin, que distaba mucho de encontrar tan sublimes facultades en el pobre diablo que sus padres le habían dado por esposo. El señor Rodin, ya lo dijimos, fingía cerrar los ojos a todo, pero no por eso se sentía menos celoso; no despegaba los labios, pero seguía allí, y seguía estando allí en ocasiones en que le hubieran deseado muy lejos; la fruta, no obstante, estaba madura. La candorosa Rodin había confesado lisa y llanamente a su amante que ya sólo esperaba la ocasión para corresponder a unos deseos que le parecían demasiado fogosos como para reprimirlos por más tiempo, y por su parte, el padre Gabriel había hecho saber a la señora Rodin que estaba dispuesto a satisfacerla… En un brevísimo intervalo en que Rodin había tenido que salir, Gabriel había llegado a enseñarle a su encantadora amante esa clase de cosas que hacen que una mujer se decida por mucho que lo siga dudando… No faltaba, pues, más que la ocasión.

Un día que Rodin había ido a invitar a almorzar a su amigo de Saint-Hilaire, con la intención de proponerle una cacería, tras vaciar varias botellas de vino de Lanerte, Gabriel creyó ver en esa circunstancia el momento propicio para su deseos.

-Oh, diablos, señor funcionario -dice el monje a su amigo-, ¡cómo me alegro de veros! No habríais podido venir, para mí, más oportunamente, pues hoy tengo un asunto de la mayor importancia en el que me vais a ser de una utilidad incomparable.

-¿De qué se trata, padre?

-¿Conocéis a un tipo de nuestra ciudad llamado Renoult?

-¿Renoult el sombrerero?

-El mismo.

-¿Y qué?

-Pues que ese bribón me debe cien escudos y me acabo de enterar hace un momento que se encuentra al borde de la quiebra; tal vez mientras os lo estoy contando se ha ido ya del Condado… Tengo que ir allí sin pérdida de tiempo y no puedo.

-¿Qué os lo impide?

-Mi misa, ¡qué diablos!, la misa que tengo que decir; preferiría que la misa se fuera al infierno y que los cien escudos estuvieran en mi bolsillo.

-Pero, ¿no os pueden conceder una dispensa?

-Oh, sí, una dispensa, ¡no faltaba más! Nosotros aquí somos tres; si no dijéramos tres misas cada día, el portero, que no dice nunca ni una, nos denunciaría al tribunal de Roma. Pero hay un modo de ayudarme, querido amigo, pensad si queréis hacerlo, sólo depende de vos.

-A vuestra disposición, ¡qué diablos! ¿De qué se trata?

-Yo estoy aquí solo con el sacristán; como las dos primeras misas ya se han celebrado, nuestros monjes están fuera y nadie sospechará la jugada, la asistencia será poco numerosa, algunos campesinos y todo lo más, tal vez, esa jovencita tan devota que vive en el castillo de…, a media legua de aquí, criatura angelical que se cree que a fuerza de penitencias puede expiar todas las calaveradas de su marido; vos habéis estudiado para ser cura, creo que eso me dijisteis.

-Es cierto.

-Muy bien, entonces habréis tenido que aprender a decir misa.

-La digo como un arzobispo.

-Oh, mi querido y excelente amigo -prosigue Gabriel, lanzándose al cuello de Rodin- por Dios, poneos mis hábitos, esperad a que den las once, ahora son las diez, a esa hora celebrad mi misa, os lo ruego; nuestro hermano el sacristán es un buen tipo que no nos traicionará jamás; a los que hayan creído no reconocerme se les dirá que se trata de un monje nuevo, a los demás se les dejará en su error; corro a casa de ese pillo de Renoult, a matarle o a recuperar mi dinero y dentro de dos horas estoy aquí. Me esperáis, os encargáis de que frían los lenguados, de que guisen los huevos y de que saquen el vino; cuando vuelva, almorzamos y a la caza… Sí, amigo mío, a la caza, y estoy seguro de que esta vez será magnífica; según se dice, han visto hace poco por estos alrededores a una bestia con cuernos, ¡pardiez, me gustaría atraparla, aunque eso nos cueste veinte pleitos con el señor de la comarca!

-Vuestro plan es bueno -contesta Rodin- y por haceros un favor haría lo que fuera, sin duda; pero, ¿no será eso pecado?

-¿Pecado, amigo mío? En absoluto, tal vez sería pecado si al hacerlo se hace mal, pero haciéndolo desprovisto de poderes, todo lo que digáis y nada será la misma cosa. Creedme, soy todo un casuista; en todo este asunto no hay lo que se dice ni un pecado venial.

-Pero, ¿habrá que pronunciar las palabras?

-¿Y por qué no? Esas palabras no guardan su virtud más que en nuestros labios, y por cierto que la nuestra es…, pero, amigo mío, mirad, yo podría pronunciar esas palabras sobre el bajo vientre de vuestra mujer y metamorfosearía en un dios al templo en donde hacéis vuestros sacrificios… No, no, querido amigo, sólo nosotros tenemos el poder de la transubstanciación; vos podríais pronunciar veinte mil veces esas palabras y nunca conseguiríais que descendiera cosa alguna; e incluso con nosotros la operación carece muy a menudo de toda eficacia; la fe es lo que lo hace todo en este caso; con un grano de fe se podrían mover montañas, Jesucristo lo dijo, como bien sabéis, pero quien no tiene fe, no consigue nada… Yo, por ejemplo, que, a veces, cuando estoy celebrando, pienso más en las muchachas o en las mujeres que asisten a ella que en ese demonio de pedazo de mesa que remuevo con mis dedos, ¿creéis que consigo que venga algo en ese momento…? Me sería más fácil creer en el Corán que meterme eso en la cabeza. Por eso vuestra misa será, por poco que hagáis, tan buena como la mía; así, pues, querido amigo, obrad sin escrúpulos, y sobre todo mucho valor.

-¡Diantre! -exclama Rodin-. Es que tengo un hambre devoradora y dos horas más sin comer…

-¿Y qué os impide tomar un bocado? Tomad, comed esto.

-¿Y la misa que tengo que decir?

-Diablos, ¿qué importa eso? ¿Creéis que Dios va a ensuciarse más porque caiga en un estómago lleno que en un vientre vacío? Que la comida esté encima o que esté debajo, que me lleve el diablo si no da lo mismo; vamos, amigo mío, si fuera a decir a Roma todas las veces que desayuno antes de decir mi misa, tendría que pasarme la vida por los caminos. Y como no sois sacerdote, nuestras reglas no os obligan, no vais más que a dar una imagen de la misa, no vais a decirla; por consiguiente, podéis hacer todo lo que os apetezca antes o después, incluso besar a vuestra mujer si viniera aquí; no se trata de hacer como hago yo, no se trata de celebrar ni de consumar el sacrificio.

-Venga -contesta Rodin-, lo haré, estad tranquilo.

-Bien -dice Gabriel mientras sale corriendo, tras dejar a su amigo bien recomendado al sacristán-. Contad conmigo, amigo mío, antes de dos horas estaré con vos -y el monje, encantado, desaparece.

Como bien se comprenderá, va a toda prisa a casa de la mujer del funcionario; ésta, sor-prendida al verle, creyéndole con su marido, le pregunta el motivo de una visita tan inesperada.

-Démonos prisa, querida mía -le contesta el monje, jadeando-; démonos prisa, sólo disponemos de un momento… un vaso de vino y manos a la obra.

-Pero, ¿y mi marido?

-Está diciendo misa

-¿Que está diciendo misa?

-Pues sí, diablos, pues sí, preciosa -contesta el carmelita, derribando a la señora Rodin sobre su lecho-; sí, alma querida, he hecho de vuestro marido un cura y mientras el tunante celebra un misterio divino, démonos prisa y consumemos uno profano…

El monje era vigoroso y era difícil resistírsele cuando apresaba a una mujer; sus razones, además, eran tan convincentes que persuade a la señora Rodin, y como no se cansaba de convencer a una picaruela de veintiocho años y temperamento provenzal, renueva más de una vez sus demostraciones.

-Pero, ángel mío -exclama al fin la bella, perfectamente convencida-, sabes que el tiempo apremia… tenemos que separarnos; si nuestro placer no puede durar más que una misa, hace ya tiempo que debe haber llegado al ite missa est.

-No, no, amiga mía -contesta el carmelita, que aún tiene otro argumento que exponer a la señora Rodin-; ven, corazón mío, tenemos mucho tiempo, una vez más, querida amiga, una vez más, esos novicios no van tan de prisa como nosotros… Una vez más, te digo, apostaría a que ese cornudo todavía no ha elevado a su dios.

Tuvieron, sin embargo, que separarse, no sin antes prometer que se volverían a ver; se pusieron de acuerdo sobre algunas otras tretas y Gabriel marchó a recoger a Rodin; éste había celebrado tan bien como un obispo.

-Sólo los quod aures -le dijo- me han costado algún trabajo; yo quería comer en lugar de beber, pero el sacristán no me ha dejado. ¿Y los cien escudos, padre?

-Ya los tengo, hijo mío; el bribón intentó resistir, yo agarré una horquilla y a fe mía que la probó en su cabeza y por todas partes.

La partida acaba, nuestros dos amigos se van a cazar y a la vuelta Rodin cuenta a su mujer el servicio que ha prestado a Gabriel.

-Yo celebraba la misa -decía el pobre pánfilo, riéndose con todas sus fuerzas-, sí, diantre, yo celebraba la misa como un auténtico cura, mientras que nuestro amigo le medía a Renoult las espaldas con una horquilla… Le devolvía sus armas, ¿qué te parece, vida mía?, se las ponía sobre la frente; ¡ah, mujercita querida, qué divertida es toda esta historia y cómo me hacen reír los cornudos! Y tú, mujer, ¿qué hacías mientras yo estaba celebrando?

-Ah, amigo mío -contesta la mujer del funcionario-, parece como si el cielo nos hubiera inspirado, fíjate cómo las cosas celestiales nos tenían ocupados a ambos sin que lo sospecháramos: mientras tú decías misa, yo recitaba esa hermosa plegaria que contesta la Virgen a Gabriel cuando éste va a anunciarle que quedará en cinta por la intervención del Espíritu Santo. Ay, amigo mío, mientras que tan virtuosas acciones nos entretengan a los dos a la vez, no cabe la menor duda de que nos salvaremos.

FIN


Escribí tu comentario

Ferhc

Te invito a leer mi tira comica online “Noche de AM” en blogs Clarin aca: http://blogs.clarin.com/nochedeam
Saludos ^-^

carmen

Donatien Alphonse François de Sade, más conocido por su título de Marqués de Sade y llamado por sus admiradores “el Divino Marqués” (París, 2 de junio de 1740 – Charenton-Saint-Maurice, Val-de-Marne, 2 de diciembre de 1814), fue un escritor y filósofo francés, autor de varias novelas que aúnan los relatos eróticos con la exposición de un sistema filosófico materialista y ateo.

Su filosofía es la de la libertad extrema, sin el freno de la moral, la religión o las leyes, con la búsqueda del placer personal como principio más elevado. De su nombre procede la palabra sadismo.

INFANCIA Y ADOLESCENCIA El 2 de junio de 1740 nace Donatien Alphonse-François, hijo único de Jean-Bastiste François Joseph de Sade, y de Marie Eleonore de Maille de Carman, de sangre borbónica, emparentada con el rey de Francia. Nace en el palacio de los príncipes de Condé, borbones de la misma rama de los reyes de Francia, y allí pasará su primera infancia ya que su madre es dama de compañía de la princesa.

Cuando Donatien cuenta cuatro años de edad, Marie Eleonor abandona el empleo de dama de compañía de la princesa para acompañar a su marido en los viajes a los que le obliga su condición de diplomático. Donatien, el 14 de agosto de 1744, es enviado al castillo de Saumane quedando a cargo de su abuela y de sus tías paternas. Pasados unos meses, por encargo de su padre, el 24 de enero de 1745, su tío paterno, Jacques-Francois-Paul-Aldonse, entonces abad de Saint-Leger d’Ebreuil, se lo lleva consigo para encargarse de su educación. A Donatien se le asigna como tutor al abbe Jaques Francois Amblet.

Sin que exista constancia de la fecha, cuando Donatien cuenta seis o siete años de edad, su madre ingresa en un convento de París.

En 1750, con diez años, vuelve a París en compañía del abbe Amblet e ingresa en un prestigioso colegio jesuita. (Amblet le acompañará durante gran parte de su vida. En su encierro de catorce años en diferentes fortalezas, Donatien, le entregará sus obras para que las lea. En ese tiempo, Amblet continúa dándole consejos literarios.)

El 24 de mayo de 1754, cuando todavía no ha cumplido los catorce años, ingresa en la academia militar. En 1755 (17 de diciembre) accede, con el grado de subteniente, al Regimiento de Caballería Ligera de La Guardia del Rey, pasando a formar parte de la élite del ejército francés.

El 19 de mayo de 1756 se ha declarado la que se denominará Guerra de los Siete Años. Donatien, que aún no ha cumplido los 16 años, recibe su bautismo de fuego. Con el grado de teniente, al mando de cuatro compañías, participa en la toma de Mahón a los Ingleses. Una crónica de La Gaceta de París informa: “El marqués de Briqueville y el señor de Sade atacaron con energía la fortaleza y tras un acalorado y mortífero intercambio de fuego, consiguieron, mediante ataques frontales, tomar el objetivo y establecer una cabeza de puente.” En ese asalto murieron más de cuatrocientos franceses. Más tarde lo trasladarían al frente de Prusia. El 14 de enero de 1757, ya en Prusia, le nombran porta estandartes en el Regimiento de Carabineros del Rey y el 21 de abril le nombran capitán.

El 10 de febrero de 1763 se firma el Tratado de París que pone fin a la guerra. Donatien es licenciado. Regresa a La Coste. Durante los meses siguientes su padre negocia su boda con los Monreuil, pertenecientes a la nueva nobleza, con una excelente posición económica e influencias en la corte gracias a la inteligencia y carácter de Madame Montreuil. Donatien, enamorado de una jovencita de la nobleza de La coste, la señorita de Laurais, de Vacqueyras, y que ya había expresado a su padre sus deseos de casarse por amor, accede a la imposición paterna. El 1 de mayo los reyes dan su consentimiento en presencia de las dos familias y la llamativa ausencia de Donatien. El 15 de mayo se firma el contrato matrimonial entre Donatien de Sade y Renèe-Pélagie Cordier de Launay de Montreuil, es en ese momento cuando Donatien y Renee se ven por primera vez; casándose dos días después, el 17 de mayo, en la iglesia de Saint-Roch de París. El matrimonio tendría dos hijos, Louis-Marie y Donatien-Claude-Armand, y una hija, Madeleine-Laure.

En su novela Aline y Valcour o la novela filosófica, escrita durante su confinamiento en La Bastilla, encotramos un fragmento referido a su infancia y adolescencia que se considera autobiográfico.

Escribió la mayor parte de sus obras durante los 29 años de su vida que pasó en prisión.

OBRA

Muchas de las obras de Sade contienen explícitas descripciones de violaciones e innumerables perversiones, que en muchas ocasiones incluyen violencia y a veces llegan a trascender los límites de lo posible. Los libertinos que protagonizan las obras de Sade fundan su filosofía en un resuelto desprecio de las normas morales y en el odio a la moral religiosa. En la naturaleza, afirman, el fuerte gana y el débil pierde; por lo tanto todas las leyes y éticas, diseñadas como son para proteger al débil, son vistas como antinaturales.

Ilustración en un impreso holandés de Juliette, c. 1800Sade fue un autor prolífico que se adentró en diversos géneros. Gran parte de su obra se perdió víctima de numerosos ataques; entre ellos, los de su propia familia, que destruyó numerosos manuscritos en más de una ocasión. Otras obras permanecen inéditas, principalmente su producción dramática (sus herederos poseen los manuscritos de 14 obras de teatro inéditas).

Se conoce que en su estancia en La Coste, posterior al escándalo de Arcueil, Sade formó una compañía de teatro que daba representaciones semanales, en algunas ocasiones de sus propias obras. También se sabe que en ese tiempo viajó a Holanda para intentar publicar algunos manuscritos. De estos trabajos, que serían si primera obra, no se conserva nada. Posteriormente, durante su viaje por Italia tomó numerosas notas sobre sus costumbres, su cultura, su arte y su política; resultado de esas notas escribe Viaje por Italia que nunca ha sido traducida al español.

Ya preso en Vincennes escribe Cuentos, historietas y fábulas. Colección de cuentos muy breves entre los que destaca con mayor extensión El presidente burlado.

En 1782, también, mientras estaba en prisión, escribió el relato corto Diálogo entre un cura y un moribundo, en el que expresa su ateísmo mediante el diálogo entre un sacerdote y un viejo moribundo, quien convence al primero de que su vida piadosa ha sido un error.

La novela Los 120 días de Sodoma, escrita en 1785, aunque no terminada, cataloga una amplia variedad de perversiones sexuales perpetradas contra un grupo de adolescentes esclavizados y es el trabajo más gráfico de Sade. Se cree que el manuscrito se perdió durante el asalto a la Bastilla. La obra no se publicó sino hasta 1904.

En 1787, Sade escribió Justine o los infortunios de la virtud, una primera versión de Justine, que fue publicada en 1791. Describe las desgracias de una chica que elige el camino de la virtud y no obtiene otra recompensa que los repetidos abusos a los que es sometida por varios libertinos. Sade escribió también L’Histoire de Juliette (1798) o El Vicio Ampliamente Recompensado, que narra las aventuras de la hermana de Justine, Juliette, quien elige rechazar las enseñanzas de la iglesia y adoptar una filosofía hedonista y amoral, lo que le proporciona una vida llena de éxito.

La novela La filosofía en el tocador (1795) relata la educación lasciva de una joven privilegiada. Está estructurada como una obra teatral y es concisa, aguda y atractiva; los personajes arquetípicos de Sade son, aquí, usados eficazmente. Se destaca también el hecho que los personajes educadores enseñan a la joven Eugenia que la madre no es digna de la admiración y devoción de su hijo, dado que es el hombre el detonante principal de la vida nueva, y la mujer sólo la que se entregó a los deseos del hombre. Por otro lado, el libro contiene un largo panfleto político ¡Franceses! ¡Un esfuerzo más si deseáis ser republicanos! en el cual Sade recomienda un socialismo utópico. Declara que las leyes contra los ladrones son absurdas: protegen a los ladrones originales, los ricos, contra los pobres que no tienen otro remedio más que robar. Argumenta además que el estado no tiene derecho a prohibir el asesinato, ya que provocan asesinatos en forma de ejecuciones y guerras. Las leyes en contra de la blasfemia son vistas como sin sentido: no son necesarias si Dios no existe, y si es que existe, seguramente no le dará importancia a ataques insignificantes. El panfleto fue vuelto a publicar y distribuido durante la Revolución de 1848 en Francia.

En Aline y Valcour (1795) contrasta un brutal reino africano con el relato de la isla de Tamoe, un utópico paraíso isleño. Este fue el primer libro que Sade publicó con su verdadero nombre.

En 1800 publicó una colección de cuatro volúmenes de relatos titulada Crímenes de amor. En la introducción, Ideas sobre las novelas, da un consejo general a los escritores y hace también referencia a las novelas góticas, especialmente a El monje de Matthew Gregory Lewis, que considera superior al trabajo de Ann Radcliffe[1]. Uno de los relatos de la colección, Florville y Courval, ha sido considerado también como perteneciente al género “gótico”. Es la historia de una joven mujer que, contra su voluntad, termina enredada en una intriga incestuosa.

Mientras estaba encarcelado nuevamente en Charenton, escribió tres novelas históricas: Adelaide de Brunswick, Isabel de Baviera y La marquesa de Gange.

También escribió varias obras de teatro, la mayor parte de las cuales permanecieron inéditas. Le Misanthrope par amour ou Sophie et Desfrancs fue aceptada por la Comédie-Française en 1790 y Le Comte Oxtiern ou les effets du libertinage fue representada en el Teatro Molière en 1791.

Se han conservado y publicado varias de las cartas que escribió a su esposa desde prisión. Algunas de ellas muestran una extraña y paranoica obsesión con el significado oculto de los números.

carmen

Recepción de su obra [editar]Su obra más difundida en su tiempo y durante el siglo XIX fue Justine o los infortunios de la Virtud. Sade intentó que fuese un revulsivo en la literatura francesa de la época que consideraba moralista:

El triunfo de la Virtud sobre el vicio, la recompensa del Bien y el castigo del Mal son la base frecuente del desarrollo de las obras de este género. ¿No deberíamos estar hartos ya de este esquema? Pero presentar al Vicio siempre triunfante y a la Virtud victima de sus propios sacrificios [...] En una palabra, arriesgarme a describir las escenas más atrevidas y las situaciones más extraordinarias, a exponer las afirmaciones más aterradoras y a dar las pinceladas más enérgicas…

CARTA A SU AMIGA CONSTANCE
La critica deploró esta obra que se publicó anónima y circuló clandestinamente. Fue considerada obscena e impía y a su autor se le calificó de depravado: “El corazón más depravado, la mente más degradada, no son capaces de inventar algo que ultraje tanto a la razón, al pudor y a la honestidad”.,[12] “…el famoso Marqués de Sade, el autor de la obra más execrable que jamás haya inventado la perversidad humana”..[13] Un escritor de la época, Ristif de La Bretonne, escribiría en contestación a Justine, La anti-Justine o las delicias del Amor. Y la contundente contestación de Sade a una virulenta crítica de otro escritor, Villeterque, hoy se ha hecho celebre (A Villeterque el fuliculario).

A pesar de que su edición fue clandestina, circuló profusamente. En vida de Sade se hicieron seis ediciones de la misma y los ejemplares pasaban de mano en mano, leyéndose de forma oculta, convirtiéndose en una novela maldita. En el siglo XIX continuó circulando clandestinamente, influyendo en escritores como Flaubert, Dostoievski y en la poesía de Baudelaire.

A principios del siglo XX, el poeta Guillaume Apollinaire editó las obras del marqués de Sade,[14] a quien consideraba “el espíritu más libre que haya existido jamás”. Los surrealistas lo reivindicaron, considerándolo uno de sus principales precursores.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en Francia, un gran número de intelectuales prestaron atención a la figura de Sade: Pierre Klossowski (Sade mon prochain, 1947), Georges Bataille (La literatura y el mal), Maurice Blanchot (Sade et Lautréamont, 1949) y Roland Barthes y Jean Paulhan. Gilbert Lély publicó en 1950 la primera biografía rigurosa del autor.

Simone de Beauvoir (en su ensayo ¿Debemos llevar a la hoguera a Sade? (en francés Faut-il brûler Sade, Les Temps modernes, diciembre de 1951-enero de 1952), y otros escritores, han intentado localizar vestigios de una filosofía radical de libertad en los trabajos de Sade, precediendo al existencialismo en unos 150 años.

Uno de los ensayos en Dialéctica de la Ilustración (1947) de Max Horkheimer y Theodor Adorno se titula “Juliette, o la Ilustración y la moral”, e interpreta el comportamiento de la Juliette de Sade como una personificación filosófica de la Ilustración. Del mismo modo, el psicoanalista Jacques Lacan postula en su ensayo “Kant avec Sade” (”Kant con Sade”) que la ética de Sade fue la conclusión complementaria del imperativo categórico postulado originalmente por Immanuel Kant.

Andrea Dworkin veía a Sade como el ejemplar pornógrafo que odia a la mujer, apoyando su teoría en que la pornografía inevitablemente guía hacia la violencia en contra de la mujer. Un capítulo de su libro Pornography: Men Possessing Women (1979) está dedicado al análisis de Sade. Susie Bright afirma que la primera novela de Dworkin Ice and Fire, rica en violencia y abusos, puede ser interpretada como una versión moderna de Juliette.

carmen

PELICULAS

Tal vez no tan sorprendentemente, la vida y las escrituras de Sade han sido irresistibles para los directores de cine. Mientras que hay numerosas películas pornográficas basadas en sus temas, aquí hay algunas de las películas más reconocidas basadas en su historia o en sus trabajos de ficción.

-Marat/Sade, una película de la obra de Peter Weiss (1966) (Siendo el título completo: La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat como es presentada por los reclusos del Asilo de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade)
-Marqués de Sade: Justine, dirigida por Jesús Franco (1968)
-Eugenie… La historia de su viaje a la perversión (Philosophy in the Boudoir) (1969)
-De Sade (1969)
-Saló o los 120 días de Sodoma (Salò o le 120 giornate di Sodoma), dirigida por — Pier Paolo Pasolini (1975)
-Cruel Passion (1977)
-Marquis (1989)
-Dark Prince (1996)
-Sade (1999)
-Quills (2000)
-Insania Jan Svankmajer (2005)

divatotal

Hola Fer:es muy interesante tu relato,a tal punto que con todo lo que escribio Carmen casi me dejo sin margen porque te hizo un comentario completo ,me adhiero a ella ,para no repetir lo mismo.
un abrazo y por supuesto mi voto

claudioalloatti

interesante. gracias. no había leído nada de Sade.
Acá se pueden leer más cuentos:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/sade/mds.htm
saludos

Abel Desestress

Un abrazo hermano, que estes bien,
te invito a unirte a la plataforma donde ando vagando yo ahora
inscribete y diviertete un rato, no se te olvide traer tu avatar.
para ingresar haz clik en mi nombre.
Un abrazo
Con amor.
Abel

jorgeluis

Estimado fernando: El marqués de Sade fue además de ser perseguido y encarcelado por sus muy particulares gustos sexuales, un notable escritor. Las sociedades de otras epocas castigaban la audacia y cercenaban a los artistas. La libertad de expresión es un derecho que debemos defender siempre!!
Muy bueno. Un abrazo.
Jorgeluis.

devozenvoz
Febrero 15, 2010, 11:14 am, Reportar este Comentario devozenvoz dijo

GRACIAS POR PASAR POR MI BLOG, SOBRE TU BLOG EXCELENTE UN ABRAZO.

Escríbi tu comentario

Si preferís firmar con tu avatarIniciá sesión

Los comentarios en este blog pueden estar moderados.

En ese caso, el autor del blog tendrá que aprobarlos antes de que sean visibles para la comunidad


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog