AQUEL HIJO PERDIDO
A los padres de los hijos “arrebatados” por diferentes motivos; ninguno de ellos justificable.
Hay que atreverse
a derribar las murallas
del grito silenciado
y llegar a las costas
ausentes de su verbo.
Ronda una víbora guardiana
por los cuartos
y acecha en los rincones
el fraude del instante.
La calle penetra en calabozos.
Hay un hechizo turbio
y está torcido
el corazón de todos.
El fogón de la memoria
no alcanzará para salvar el vuelo,
pero en tumbas sin nombre,
fecundarán las voces de los muertos
que esgrimen ideales
bajo cruces de agua.
Teresa Palazzo Conti
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Hola Teresa!
cuanto dolor y cuanta esperanza…
muy bella tu poesia!
Besos!