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Carta de Julio Cao



Cao nació en Ramos Mejía el 18 de enero de 1961, en 1981 cumplió el servicio militar en el Regimiento de Infantería Motorizada III “General Belgrano” de Tablada, y al concluirlo retornó a su labor en la escuela 32, de Laferrere, que hoy lleva su nombre. El docente partió al frente de batalla en forma voluntaria el 12 de abril de 1982 y su destino fue Puerto Argentino. Su muerte se produjo el 10 de junio del 1982, en acciones de guerra. El siguiente es el texto de la carta fechada en Puerto Rivero, el 29 de abril de 1982, y que fue leída ayer durante el acto central por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, en Río Gallegos:

“A mis queridos amigos queridos alumnos de 3° D: No hemos tenido tiempo para despedirnos y esto me tuvo preocupado muchas noches aquí en las Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi deber de soldado: defender nuestra bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí, porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso cóndor, y le vamos a decir que nos lleve a todos al “país de los cuentos”, que como uds. saben queda muy cerca de Las Malvinas. Y ahora como el maestro conoce muy bien Las Islas Malvinas no nos vamos a perder. Chicos quiero que sepan que a la noche cuando me acuesto, cierro los ojos y veo cada una de sus caritas pequeñas riéndose y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con Uds. Quiero que se pongan muy contentos y que estudien mucho por que su maestro es un soldado que los quiere y los extraña. Ahora solo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de uds. Señora además desearía hacer llegar mi recuerdo y saludos a todo el personal: a la Sra. Silvana, al Sr. Galo, Cristina, Nora Mercedes, Bárbara, Isabel y a todos los docentes de mi turno y de la escuela. A la Sra. Alicia quisiera que sepa que extraño mucho su mate de las 13 hs, y espero pronto volverlo a saborear ya que aquí el desayuno es una especie de mate cocido mezclado con cal de albañil y hasta un poco de cemento, nada de azúcar. Habiéndole distraído demasiado su atención pero sintiéndonos por un instante con uds. Me decido a concluir estas líneas con la esperanza de encontrarme a la brevedad con uds. Afectuosamente. Julio”, concluye la misiva.

Poesias y Canciones

Veterano de Malvinas
(Doménico Bova)

Tu rostro sigue marcado
a través de tantos años
tu tristeza no se borra
tu valentía no se olvida.
Muchacho joven aún
de niño fuiste soldado
y supiste de la guerra
sin haberla deseado.
Las vivencias te dejaron
aquellos gritos ahogados.
Tu patriotismo no se mella
aunque fuiste derrotado.
Tu grito de libertad
en las islas usurpadas
se agiganta y da un abrazo
a todos como a un hermano.
Soldado que las quisiste defender,
tus camaradas allí quedaron,
desde el cielo hoy los cubre
un manto celeste y blanco.
Con emoción te agradecemos
soldado de las Malvinas
siempre en ti y en nosotros viven
nuestras islas argentinas
.

Pequeñas Islas!
(Stella M. Macazuse)

Malvinas, pequeñas islas,
que en mi alma siempre están.
Lucharon nuestros soldados,
para ver la Bandera flamear.
Islas rodeadas de historia,
nunca las voy a olvidar.
Amigos están en tus suelos,
Sobre las costas del mar.

Y sus almas se quedaron…
Y en silencio clamarán…
Pequeñas islas Malvinas
¡Nadie las puede olvidar!

Las Malvinas
(José Pedroni)

Tiene las alas salpicadas de islotes,
es nuestra bella del mar.
La Patria la contempla desde la costa madre
con un dolor que no se va.
Tiene las alas llenas de lunares,
lobo roquero es su guardián.
La patria la contempla.
Es un ángel sin sueño
la patria junto al mar.
Tiene el pecho de ave sobre la honda helada.
Ave caída es su igual.
El agua se levanta entre sus alas.
Quiere y no puede volar.
El pingüino la vela.
La gaviota le trae cartas de libertad.
Ella tiene sus ojos en sus canales fríos.
Ella está triste de esperar.
Como a mujer robada le quitaron el nombre:
lo arrojaron al mar.
Le dieron otro para que olvidara
que ella no sabe pronunciar.
El viento es suyo; el horizonte es suyo.
Sola, no quiere más,
sabe que un día volverá su hombre
con la bandera y el cantar.
Cautiva está y callada. Ella es la prisionera
que no pide ni da.
Su correo de amor es el ave que emigra.
La nieve que cae es su reloj de sal.
Hasta que el barco patrio no ancle entre sus alas,
ella se llama Soledad.

Argentinos malvinenses
(Aurelio Agustín Pernas)


Bienvenidos compatriotas malvinenses
Argentina continental los espera
para forjar una amistad verdadera
y defender con pasión sus intereses.

Sólo el amor puede hacer obras hermosas
como impedir que haya seres maltratados,
promover a que se sientan realizados
y vivir en dignidad con pocas cosas.

Para ello hay que pensar mucho en las Malvinas
como si a ellas las tuviéramos presente
y así tratar de evitar sufrir su ausencia.

Como si fueran un bálsamo de heridas
las debemos mantener en nuestra mente
para poder mitigar tanta injusticia.

Las hermanitas Malvinas
(Música: Piero – Letra: José)

En el sur sobre las locas geografías
llegaron piratas de otros mares,
arrasaron las tierras congeladas
y las llenaron de ron y sangre humana.

Sólo el viento quedó como testigo
de tanta bárbara barbarie bárbara
mientras un perro se escondió asombrado
al ver desembarcar a los corsarios.

Era tiempo de espadas y de imperios,
eran gritos brutales y desgarrados
de ambiciones, de traiciones
que fueron devorando a los humanos.

Fueron los ingleses los que fueron
a robar las hermanitas Malvinas.
Estaban solas mirando hacia el oriente
mientras las naves les rompieron las costillas.

El agua estaba quieta, agazapada,
recibiendo los cuerpos de la patria;
los nativos peleando la barbarie
mientras la lluvia oscureció el paisaje.

En la penumbra saquearon los botines;
entre la niebla cruzaron la historia;
en el mástil una cabeza india
y en la cubierta brindando la conquista.

La memoria no sabe de fronteras
porque las islas siempre fueron nuestras.
Les dicen Falkland pero son Malvinas
porque la muerte enterrada es argentina
.

La hermanita perdida
(Atahualpa Yupanqui – Ariel Ramírez)

De la mañana a la noche,
de la noche a la mañana,
en grandes olas azules
y encajes de espuma blanca,
te va llegando el saludo
permanente de la Patria.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

Amarillentos papeles
te pintan con otra laya.
Pero son veinte millones
que te llamamos: hermana …
Sobre las aguas australes
planean gaviotas blancas.
Dura piedra enternecida
por la sagrada esperanza.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

Malvinas, tierra cautiva,
de un rubio tiempo pirata.
Patagonia te suspira.
Toda la Pampa te llama.
Seguirán las mil banderas
del mar, azules y blancas,
pero queremos ver una
sobre tus piedras, clavada.
Para llenarte de criollos.
Para curtirte la cara
hasta que logres el gesto
tradicional de la Patria.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

La carta perdida
(Soledad Pastorutti)

Mañana del día veintidós,
madre, hoy es tu cumpleaños.
Chaco ¡qué lejos estoy!
En mi carta les dejo mi amor.
Todo es blanco y aquí a mi alrededor
nos humillan con grandezas
el Tano, el Polaco, el Andrés.
Madre, cayeron los tres.
Es de noche y los salgo a buscar,
mil estrellas me quieren contar,
hace frío y aquí en soledad
hay mil almas que de guardia están.
Y sos un poco de sol,
toda nieve, toda viento.
Sos un puerto argentino
con bandera de otra nación.
Es la carta que nunca llegó,
escrita allá en Malvinas.
Fue en abril del ochenta y dos
de un soldado que nunca volvió.

A Daniel… un chico de la guerra
(Autor: A. Cortez)

A mí los dieciocho me pasaron de largo,
estrenando opiniones, intenciones y cantos,
a esa edad, como todos, con el puño cerrado,
en las puertas abiertas el futuro esperando.

Al tuyo, bruscamente te lo desamarraron
y te hiciste a la niebla en el mar del espanto,
encallaron tus sueños Daniel, en la turba y el barro,
fue la muerte bandera y la vida un milagro.

Lo mío fue distinto, Daniel,
lo mío no fue nada,
yo no tengo esa sombra
que vaga en tu mirada.

Mi batalla fue el riesgo de un “machete” escondido
y mi “pozo de zorro”, un amor y un olvido,
mi fusil, las pintadas en los muros vacíos
y morir por la Patria, un discurso florido.

Tu excusa de ser hombre fue algo más que el motivo
de la barba y el porte y el salir con amigos,
fue volverte habitante, Daniel, de la lluvia y el frío,
asumir el naufragio con los cinco sentidos.

Lo mío fue distinto, Daniel,
lo mío no fue nada,
yo no tengo esa sombra
que vaga en tu mirada.

Para mí fue un asunto de madre preocupada
que no fuera muy tarde mi regreso a la casa,
de domingo a domingo me peinaba las alas
sin andar cada jueves reclamando su alma.

La tuya, sin embargo, agotaba hasta el alba
las escasas noticias de las islas lejanas,
aunque fuera un indicio, Daniel, un rumor le bastaba,
aunque fuera mentira, era ya la esperanza.

Lo mío fue distinto, Daniel,
lo mío no fue nada,
yo no tengo esa sombra
que vaga en tu mirada.

El tiempo irá trayendo la amnesia inexorable ,
habrán muchas condenas y pocos responsables,
dirán que fue preciso, dirán, inevitable
y, al final, como siempre, sera Dios el culpable.

La historia necesita en sus escaparates
ocultar el trasfondo de tanto disparate,
no es tuya la derrota, Daniel, no cabe en tu equipaje,
acaso las gaviotas otra vez en el aire.

Lo mío fue distinto, Daniel,
lo mío no fue nada,
yo no tengo esa sombra
que vaga en tu mirada.