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HISTORIAS DEL CONFLICTO DE MALVINAS: MALVINAS, PORQUE LAS BAJAS BRITANICAS NO SE CONOCE…


HISTORIAS DEL CONFLICTO DE MALVINAS: MALVINAS, PORQUE LAS BAJAS BRITANICAS NO SE CONOCE…: “Por Edgardo Arrivillaga y otras fuentes .”

Una vez terminada la guerra de Malvinas, el gobierno británico dispuso un acta de secreto militar hasta el día 14 de junio de 2072, es decir, 90 años. Hasta ese momento aquellos que divulguen o den a conocer algún dato o información que se encuentre en ese documento serán adecuadamente procesados ante una Corte Marcial.

No se trata de un embrión de censura sino de una censura por razones de Estado simplemente.

Por ahora nadie ha hablado sobre el contenido del acta de secreto, pero hay certezas de que uno de los puntos principales son las grandes pérdidas de vidas humanas que ha sufrido el Reino Unido, durante la guerra de Malvinas. Sin olvidar también, la simétrica pérdida de gran cantidad de vehículos de desplazamiento, tanto aéreos como marítimos. Gran parte de su logística quedo pulverizada o sepultada en el Atlántico.

Las cifras oficiales británicas son de 255 caídos y 777 heridos y aproximadamente 280 suicidios en los años posteriores por neurosis de guerra.

Si se toma en cuenta el solo hecho de que el atacante siempre tiene mas bajas que el defensor-la relación mas conservadora oscila entre 2 o 3 a uno – esa cifra es totalmente absurda, si calculamos que se trata de un terreno de despliegue parecido a Groenlandia o a Escocia

A continuación se muestra día a día las bajas que sufrió Gran Bretaña desde su llegada a las Georgias el día 23 de abril hasta el 14 de junio de 1982, cuando las islas son retomadas nuevamente (En rojo se detalla esencialmente la cantidad de bajas por cada día de combate):

BALANCE:

- En color rojo figura el total de caídos en el día.
- Cada vez que se observa un “+”, es porque el número de bajas estimado es mayor que el real.
- Entre paréntesis, se ha colocado en varias oportunidades un número estimativo, que es mas bien un porcentaje probable, sobre que cantidad de tropa ha perecido en cada ataque del día.

23/04: 1 (1) Cae helicóptero Sea King en Georgias.
01/05: 10 (2) Dos harriers destruidos cerca de Puerto Argentino. 8 marinos mueren ante los ataques de la FAA a los siguientes buques:
HMS Arrow, HMS Exeter, HMS Glamorgan, portaaviones HMS Hermes, HMS Alacrity.
02/05: 1 Sea Harrier en Puerto Argentino derribado por un cañón de 20 mm. de artillería.
04/05: 43 (3) Harriers derribados en la Base Aérea Cóndor Malvinas. Hundimiento del HMS Sheffield (40). El portaaviones Hermes pudo haber sufrido el impacto de un Exocet. Esto obliga al portaviones a desplazar su ruta hacia el Este y alarga el radio de acción de la aviación británica. Otros informes indican que el portaviones fue semihundido.
05/05: 1 (1) infante de marina en Bahía Elefante.
06/05: 2 (2) Son derribados dos Harriers al norte de la Isla Soledad.
12/05: 4 El HMS Glasgow, queda fuera de combate. Ataque al HMS Brilliant.
17/05: 1 (1) es derribado helicóptero Sea King en costas argentinas
18/05: 22 Helicóptero Sea King chocó con Albatros (según fuentes argentinas fue derribado).
19/05: 1 (1) Cae helicóptero Sea King y muere un experto en SAS.
21/05: 32 Dos Gazelles derribados en San Carlos (3). Es hundido el HMS Ardent (22). Son dejados fuera de combate: HMS Argonaut, HMS Antrim, HMS Brilliant. Es dañado el HMS Broadsword. Son derribados 3 Sea Harriers (1). Es derribado un Sea King (1).
22/05: 1 Es derribado un Harrier.
23/05: 8 Un Harrier se estrelló en salida nocturna del portaaviones Hermes (1). Es hundido el HMS Antelope (7).
24/05: 10 Fueron dañados los siguientes buques: HMS Sir Lancelot, HMS Sir Galahad, HMS Sir Bedivere, HMS Fearless (6+). En el caso del Fearless, se estima un número mucho mayor, ya que en ese momento tenía una tripulación de mas de 500 hombres y llevaba alrededor de 300 soldados para desembarcar en San Carlos. Es poco probable que haya tenido solo 6 bajas si calculamos impacto, más explosión y aceite hirviendo en el agua más hipotermia. El cálculo no parece ser real.
25/05: 135 Son abatidos tres Harriers (3). Son hundidos: HMS Coventry (90+) (se hundió en menos de 20 minutos), HMS Atlantic Conveyor (20). Son dejados fuera de combate: HMS Broadsword, HMS Sir Lancelot. Son dañados: HMS Alacrity, HMS Yarmouth. Dos Sea King son derribados, y otros 2 averiados.
27/05: 11 Mueren siete infantes de marina en San Carlos (7). Son derribados tres helicópteros Gazelles, y un Sea King (4).
28/05: 136 Dos helicópteros Sea King derribados, mas un Scout (3). Muere un soldado en la isla Gran Malvina (1). Entre el 27 y el 29 de mayo mueren (130) hombres del 2 Para y del Royal Auxiliar en la Batalla por Darwin. Es el equivalente de una compañía de infantería integra.
30/05: 44 Desde el 23 al 30 de mayo mueren (38) hombres en la Batalla por Pradera del Ganso. Sea Harrier se estrella (1). Es atacado el portaaviones HMS Invincible (5+), el cual sufre 1 Exocet y dos bombas de 250 Kg. cada una. Según fuentes extraoficiales el portaaviones se hundió. De ser esa teoría cierta (muy probable) las cifras serían mucho mayores que cinco bajas.
08/06: 162 Ataque en Fitz Roy. Son hundidos: HMS Sir Galahad (89), HMS Sir Tristam (40), lanchón de desembarco (LCU) Foxtrot (6+) (aunque no estaba lleno de soldados, debido a que transportaba material logístico, las bajas pueden ser mayores). Mueren (8+) chinos en la playa, debido a los fuertes bombardeos.
Es dejado fuera de combate el HMS Avenger. Es atacado el HMS Plymouth en Bahía Agradable, por cinco misiles de la aviación argentina.
09/06: 18 Monte Dos Hermanas, comandos del SAS.
10/06: 4 Perecen (4) infantes de marina por accidente.
11/06: 44 Mueren entre el 11 y el 12 de junio: (3) en Monte Harriet, (23) del 3 Para en Mte. Longdon, (4) del 45 de comandos, (1) del 42 de comandos, (13) de la compañía B.
12/06: 29 (4) en Monte Dos Hermanas. Es dejado fuera de combate el HMS Glamorgan (25), siendo atacado por tercera vez, aunque en esta ocasión por un Exocet desde Puerto Argentino.
13/06: 360 entre el 13 y 14 de junio por las Batallas de Ate. Longdon, Ate. Wiiliams y Wireless Ridge.
14/06: 10 (5) en Zapper Hill, dos Sea King son derribados. Combate en Top Malo House (5).

TOTAL: 1090 caídos, sin contar un posible número mayor (+).

BUQUES AVERIADOS:

Buques perdidos (hundidos o destruidos): 8
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-80) HMS Sheffield
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-118) HMS Coventry
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-184) HMS Ardent
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-170) HMS Antelope
Buque Logístico de Desembarco (L-3005) RFA Sir Galahad
Buque Logístico de Desembarco (L-3505) RFA Sir Tristam
Portacontenedor de Gran Porte Atlantic Conveyor
Lancha de Desembarco Foxtrot 4

Buques fuera de combate (inactivos): 9
Submarino clase Oberon (S-21) HMS Onyx (accidente operacional)
Portaviones Liviano (R-05) HMS Invincible (¿hundido?)
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-174) HMS Alacrity
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-185) HMS Avenger
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-173) HMS Arrow
Fragata clase Leander (F-56) HMS Argonaut
Crucero Liviano clase County (D-18) HMS Antrim
Crucero Liviano clase County (D-19) HMS Glamorgan
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-88) HMS Glasgow

Buques averiados de consideración (casi inactivos): 5
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-90) HMS Brilliant
Fragata Tipo 22 clase Broadsword (F-88) HMS Broadsword
Fragata Tipo 12 clase Rothesay (F-126) HMS Plymouth
Fragata Tipo 21 clase Amazon (F-172) HMS Ambuscade
Buque Logístico de Desembarco (L-3029) RFA Sir Lancelot

Buques averiados: 9
Portaviones Liviano (R-12) HMS Hermes
Destructor Tipo 42 clase Sheffield (D-89) HMS Exeter
Buque de Asalto Anfibio (L-10) HMS Fearless
Buque Auxiliar de Apoyo clase Tide (A-76) RFA Tidepool
HMS Sir Bedivere
HMS Yarmouth
RFA Norland
Dos naves no identificadas (lanchones de desembarco)

TOTAL BUQUES PERJUDICADOS: 31

AERONAVES PERDIDAS:

ESCUADRONES AERONAVALES DE LA FLOTA REAL:
Sea Harrier derribados: 19
Fuera de servicio por fallas y accidentes: 10
Helicópteros derribados: 13
F/S: 32

RAF
Harrier derribados: 12
F/S: 5
Helos derribados: 12
F/S: 26
ROYAL MARINES
Helos derribados: 13
F/S: 4

EJÉRCITO INGLÉS:
Helos perdidos x derribos y accidentes: 8

Total Sea Harriers derribados: 19
Total Sea Harriers fuera de servicio: 10
Total Harriers derribados: 12
Total Harriers fuera de servicio: 5
Total helicópteros derribados: 46
Total helicópteros fuera de servicio: 62

TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154

Total aviones (Harriers, Sea Harriers) desplegados en Malvinas: 77, de los cuales 46 quedaron inutilizados.
Total helicópteros desplegados en el Atlántico Sur: 171, de los cuales 108 quedaron inutilizados.

CONCLUSIÓN:

TOTAL CAÍDOS: 1090
TOTAL BUQUES DAÑADOS O PERDIDOS: 31
TOTAL AERONAVES PERDIDAS: 154

Gran Bretaña nunca declaró el verdadero número de bajas de sus tropas ni la pérdida de numeroso armamento. Fue superior a la Argentina y queda demostrado por el gran daño sufrido, que supera ampliamente al que recibió Argentina.

Si hoy las islas se encuentran en posesión británica es esencialmente gracias a la ayuda que Gran Bretaña recibió de los Estados Unidos de Norteamérica, de otros cercanos y demás miembros de la OTAN. Eso, sin olvidar a la mayoría de los países europeos (excepto Irlanda e Italia), quienes sancionaron económicamente a la Argentina.

El caso francés fue ambiguo, si bien Miterrand facilitó a la Thatcher el sistema operativo de los Súper Etendard, un general francés en actividad en la Aeroespacial, conectado con argentinos en París facilitó que la provisión de repuestos de las bases francesas en Gabón llegase a la Argentina.

Israel también ofreció ayuda técnica e Italia quedó sorprendida por la performance de sus aviones ligeros.

Lo cierto es que un triunfo táctico argentino solo dejaba dos posibilidades, o un ataque nuclear limitado sobre el continente-políticamente muy costoso para Gran Bretaña e irracional-los kelpers no se merecían tanto – o una larga negociación diplomática con evacuación parcial argentino – británica e intervención de la ONU en el teatro de operaciones con una fuerza de interposición modelo greco chipriota.

Datos extraoficiales británicos aseguran que el número de caídos se acercaría a 1300, lo cual la cifra de más de 1000 bajas no es descabellada ya que el orden de batalla británico era de ataque pero con un desconocimiento absoluto de la performance de los sistemas de armas argentinos que eran europeos en su mayor parte y desbarataba su estrategia de hacer fácilmente pie en las islas.

Un Gallipoli Dos preocupaba al Almirantazgo.

Chile, por su parte ejecuto un colaboracionismo de baja intensidad pero preventivo. Sectores de la inteligencia chilena siguen sosteniendo que cada baja o destrucción del sistema de armas argentino reforzaba la autonomía chilena que era estrictamente defensiva. Brasil no apostó a la negociación que si encaró el Perú y por su parte tanto Venezuela como Cuba se demostraron los dos países mas interesados en apoyar militarmente las posiciones argentinas.

La situación geográfica argentina obligó al despliegue argentino a dejar parte de su infantería de montaña para repeler un posible ataque por la retaguardia y proporcionó inteligencia esencial para los bombardeos británicos.

En el aspecto psicosocial y cuando ya los árboles de la ira están apagados no puede dejar de señalarse que la población civil kelper fue respetada por los bandos en guerra y que la colaboración y comunicación permanente de las iglesias católica y anglicana-los vicariatos castrenses están exactamente para eso – fue útil para resguardar hombres y efectuar tareas humanitarias de intercambio de prisioneros.

En el ínterin los que vivan tendrán que esperar hasta el 2072.

BIBLIOGRAFÍA:

Bramley, Vincent, Viaje al infierno, Bs. As., Ed. Planeta, 1992.
Busser, Carlos, Malvinas, conflicto vigente, Bs. As., Ed. Vórtice, 1999.
Carballo, Pablo, Halcones sobre Malvinas, Bs. As., Ed. Cruzamante, 1985.
Cardoso, Kirschbaum, Van der Koog, Malvinas, La trama secreta.
Eddy, Paul, The Falklands War, 1984.
Gral. Thompson, Julián, No Picnic.
Hastings, M. y Jenkins, S., La Batalla por las Malvinas, Bs. As., Emecé, 1984.
Kanaf, Leo, La batalla de las Malvinas, Bs. As., Tribuna Abierta, 1982.
Kasansew, Nicolás, Malvinas, a sangre y fuego, Bs. As., Abril S.A., 1982.
Mattasi, Francisco Pío, La batalla aérea de nuestras Malvinas.
Moro, Rubén O., La guerra inaudita.
O´Connell, Portela, Malvinas, su advertencia termonuclear, AZ Editora.
Pacheco, Julia Solanas, Malvinas ¿Y ahora… qué?, Bs. As., Plus Ultra, 1996.
Preston, Antony, Sea Combat of The Falklands.
Seineldin, Mohamed Alí, Malvinas, un sentimiento, Bs. As., 2004.
The Sunday Times Insight Team, Una cara de la moneda.
Ignacio Montes de Oca, Tierra de Nadie. Editorial Sudamericana, Bs. As., 2006.

Fuente: http://www.harrymagazine.com

Carta de Julio Cao



Cao nació en Ramos Mejía el 18 de enero de 1961, en 1981 cumplió el servicio militar en el Regimiento de Infantería Motorizada III “General Belgrano” de Tablada, y al concluirlo retornó a su labor en la escuela 32, de Laferrere, que hoy lleva su nombre. El docente partió al frente de batalla en forma voluntaria el 12 de abril de 1982 y su destino fue Puerto Argentino. Su muerte se produjo el 10 de junio del 1982, en acciones de guerra. El siguiente es el texto de la carta fechada en Puerto Rivero, el 29 de abril de 1982, y que fue leída ayer durante el acto central por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, en Río Gallegos:

“A mis queridos amigos queridos alumnos de 3° D: No hemos tenido tiempo para despedirnos y esto me tuvo preocupado muchas noches aquí en las Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi deber de soldado: defender nuestra bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí, porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso cóndor, y le vamos a decir que nos lleve a todos al “país de los cuentos”, que como uds. saben queda muy cerca de Las Malvinas. Y ahora como el maestro conoce muy bien Las Islas Malvinas no nos vamos a perder. Chicos quiero que sepan que a la noche cuando me acuesto, cierro los ojos y veo cada una de sus caritas pequeñas riéndose y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con Uds. Quiero que se pongan muy contentos y que estudien mucho por que su maestro es un soldado que los quiere y los extraña. Ahora solo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de uds. Señora además desearía hacer llegar mi recuerdo y saludos a todo el personal: a la Sra. Silvana, al Sr. Galo, Cristina, Nora Mercedes, Bárbara, Isabel y a todos los docentes de mi turno y de la escuela. A la Sra. Alicia quisiera que sepa que extraño mucho su mate de las 13 hs, y espero pronto volverlo a saborear ya que aquí el desayuno es una especie de mate cocido mezclado con cal de albañil y hasta un poco de cemento, nada de azúcar. Habiéndole distraído demasiado su atención pero sintiéndonos por un instante con uds. Me decido a concluir estas líneas con la esperanza de encontrarme a la brevedad con uds. Afectuosamente. Julio”, concluye la misiva.

Actividad de la Curz Roja Internacional – CICR

Edmond Corthésy

Falklands / Malvinas conflicto: la acción del CICR a los prisioneros de guerra
Cuando la Argentina y el Reino Unido fueron a la guerra sobre las Islas Malvinas / Falkland en 1982, Edmond Corthésy fue jefe de la delegación regional del CICR en Buenos Aires. Desde tierra firme, dirigió todas las actividades que la organización llevó a cabo en relación con el conflicto. En la siguiente entrevista, recuerda algunas de esas actividades, en especial del CICR esfuerzos para ayudar a los prisioneros de guerra.

¿Cuál fue el foco de la acción del CICR durante el conflicto del Atlántico Sur?
Nuestra actividad principal era visitar a los prisioneros de guerra, en tierra como en mar.
Tuvimos acceso a todos los prisioneros detenidos en Port Stanley Puerto Argentino /, incluyendo oficiales de alto rango, como el comandante en jefe de las fuerzas armadas argentinas en las Malvinas / Falkland 1 . También visitó y registró unos 500 agentes se encuentran a bordo de un transbordador, el St Edmund, donde uno de nuestros delegados permanecieron hasta el último preso fue liberado en julio de 1982.
Además, el CICR se desplazaron varias veces a un piloto británico capturados en combate, que habían sido trasladados a tierra firme y se encontraba detenido en una base aérea en el noreste de Argentina, cerca de La Rioja. El piloto fue trasladado más tarde a Montevideo, Uruguay, bajo los auspicios del CICR, y entregado a las autoridades británicas 2 .
Durante nuestras visitas, registramos los prisioneros, anotando sus datos personales. Por supuesto que también se controla su estado de salud y sus condiciones de detención desde el punto de vista humanitario.
Durante las Falkland / Malvinas conflicto, el CICR:
• visitó y registró 11.692 prisioneros de guerra;
• entregado 800 mensajes de Cruz Roja;
• llevado a cabo actividades preventivas en el continente y en las islas;
• envió un equipo de 11 expatriados, entre ellos tres médicos, que trabajaron juntos con los empleados locales en Buenos Aires y delegados en Ginebra.
• El 18 de marzo de 1991, unos 10 años después de la guerra había terminado, 358 familiares de soldados caídos argentinos visitaron las tumbas de sus seres queridos en el Falkands Malvinas /, bajo los auspicios del CICR.
• Hoy en día, el CICR sigue tema de los prisioneros de guerra-los certificados para los veteranos que buscan el reconocimiento de sus derechos de pensión.

¿Participó usted en alguna de esas operaciones a ti mismo?
Sí, al final del conflicto, cuando más de 4.000 prisioneros de guerra llegaron a Puerto Madryn, Patagonia Argentina, a bordo de un buque británico. Volé a Madryn desde Buenos Aires a fines de junio, con un helicóptero proporcionado por las fuerzas armadas argentinas. A bordo de la nave, hablé con dos oficiales británicos y soldados argentinos. Tuvimos que completar el proceso de registro como los prisioneros comenzaron a desembarcar, ya que, por diversas razones, no habíamos sido capaces de reunir todos los detalles necesarios en las Islas Malvinas / Falkland …
El papel del CICR en esas situaciones es el de intermediario neutral. En la Argentina, que facilitó los contactos entre las partes en el conflicto y organiza la entrega de los prisioneros de guerra para el gobierno argentino. Virtud de los Convenios de Ginebra de 1949, todas las partes en un conflicto – en este caso Argentina y el Reino Unido – deben liberar a sus prisioneros sin demora una vez las hostilidades activas se han acabado.

¿Qué otras actividades hizo la conducta del CICR en relación con el conflicto?
El día en que estallaron las hostilidades, el CICR envió una nota a las partes para recordarles sus obligaciones, en virtud de los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, durante los conflictos armados internacionales.
La delegación en Buenos Aires se mantuvo en contacto permanente con el Ministerio argentino de Asuntos Exteriores y el Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas argentinas con el fin de hacer frente a cualquier problema humanitario que se plantean en relación con el conflicto, como el acceso a la zona de conflicto, la notificación e identificación de los barcos hospitales y el intercambio de prisioneros de guerra y heridos. En cuanto a la sede del CICR, mantuvo relaciones estrechas con la misión permanente del Reino Unido en Ginebra y los distintos ministerios interesados en Londres.
Desde el comienzo del conflicto, los dos países demostraron su compromiso internacional humanitario y su voluntad de cumplir con sus disposiciones.
Por ejemplo, ambas partes invitó al CICR a visitar a los seis barcos hospitales que estaban activos durante el conflicto, lo que nos permite asegurarnos de que cada uno era claramente identificables en conformidad con las disposiciones del II Convenio de Ginebra.
El conflicto en el Atlántico Sur fue la primera vez que el Segundo Convenio de Ginebra, relativo a los conflictos en el mar, se puso en práctica. En la solicitud directa de las autoridades argentinas, yo personalmente visitó el buque Bahía Paraíso, en el puerto de Buenos Aires antes de su salida de la zona de conflicto.
Los delegados del CICR llegó a la primera Falkland / Malvinas a bordo de un buque hospital británico el 10 de junio. Tenían la intención de establecer antes de la Patagonia, pero que, lamentablemente, resultó imposible debido a diversos problemas relacionados con el conflicto.
Una de las razones por las que quería ir a las islas era el de facilitar la creación de una zona neutral, tal como se define en los Convenios de Ginebra. Un perímetro se estableció alrededor de la iglesia en Port Stanley / Puerto Argentino donde los civiles que encontramos la seguridad en caso de que estallaron los combates en la capital. Este no fue el caso, afortunadamente, y la guerra terminó pronto.
Los delegados del CICR se desempeñó como intermediarios neutrales entre la Argentina y el Reino Unido durante las negociaciones sobre el establecimiento de la zona. Las dos partes llegaron a un acuerdo por escrito, de conformidad con los convenios, algo raro en la historia del derecho internacional humanitario.

Notas:
1.El denominación de “Falkland / Malvinas” se corresponde con la política del CICR: siempre que sea un territorio en disputa se da diferentes nombres a las partes afectadas, el CICR usa esos nombres juntos, en orden alfabético francés, en lugar de elegir uno de ellos, que no viene de su competencia.

2. Un número de soldados británicos y civiles que habían sido capturados por las fuerzas armadas argentinas al comienzo del conflicto en el Atlántico Sur fueron entregados a las autoridades británicas en Montevideo. Aunque el CICR se vio preocupado por la suerte de los prisioneros de guerra desde el comienzo del conflicto, no tomó parte en las operaciones de repatriación.

En 1991 las familias de los soldados argentinos que murieron en la batalla pudieron visitar las tumbas de sus seres queridos, por primera vez.

CRIMEN DE GUERRA BRITÁNICO

El combatiente asesinado por un paracaidista inglés

El homicidio se conoció en 1992, pero hasta ahora ni la justicia argentina ni la británica tomaron cartas en el asunto. Nuevos datos cierran hoy el círculo sobre la muerte a sangre fría de un soldado argentino en Malvinas. 

En el Centro de Ex Combatientes de La Plata (CECIM), veintiocho años después de Malvinas, acaban de cerrar el círculo del único crimen de guerra reconocido por Gran Bretaña. Tienen la certeza, después de una trabajosa y larga investigación, de que ese chico morocho y flaquito, que corona una pila de cadáveres en una foto aparecida en Londres en 1990, era uno de los 36 soldados del Regimiento 7 de La Plata que combatieron en Malvinas y nunca regresaron.

Ese soldado fue fusilado con un tiro en la cabeza cuando ya había terminado la batalla de Monte Longdon; un asesinato que vio la luz en 1992, ejecutado sin piedad y a sangre fría por el paracaidista Gary Sturge. Ese crimen nunca tuvo condena. Pero la certeza tendrá consecuencias: se transformará pronto en una denuncia ante los tribunales de Río Grande. Y todo indica que terminará en un tribunal internacional.

Javier García, colaborador del centro que agrupa a 450 soldados ex conscriptos en la capital bonaerense, tiene 40 años y no fue a la guerra del Atlántico Sur. Pero se tomó un trabajo que nadie, en tanto tiempo, se había tomado. Le llevó 12 meses. Y no le resultó fácil. “Preguntar por un chico muerto es bastante incómodo”, dice. El primer paso fue recuperar la imagen revelada en los 90 en el Reino Unido: una montaña de cuerpos. Arriba, la de un soldado al que se le llega a ver el rostro (detrás de ellos, tres ingleses retratándose con su trofeo posterior a la batalla). El segundo paso fue comparar esa foto con el cuadro que cuelga en la sala principal del CECIM. Ahí están los 36 chicos del Regimiento 7 de La Plata que no volvieron de la guerra. García, remisero de profesión, archivista temático de Malvinas, empujado por una fuerza que no sabe de dónde le vino, juntó testimonios, papeles, fotos, encontró a testigos y cruzó datos, y un día se dio cuenta de que había tachado todos los retratos de los soldados, menos uno.

Mario Volpe, miembro de la comisión del centro, suma más argumentos: hay un testimonio de un cabo argentino –al que en su momento nadie le prestó la atención que merecía– y un trabajo de laboratorio de un organismo oficial que corroboran que la imagen del soldado rematado a sangre fría es, con una exactitud mayor al 90%, el mismo que quedó liberado de la tachadura durante la pesquisa de Javier García. Ésos son los datos más potentes de la denuncia que llegará, en primera instancia, a la justicia argentina en menos de 60 días. Aunque, por diversas razones, todavía no es posible divulgar el nombre de la víctima.

En el libro Al filo de la navaja (la historia no oficial de la Guerra de Malvinas), publicado en 2006, Hugh Bicheno, un historiador revisionista norteamericano de padres británicos, que trabajó para los servicios de inteligencia del Reino Unido, repasa la historia del fusilamiento. “Cuando la compañía A trasladaba a los enemigos muertos con ayuda de algunos prisioneros a una fosa común en la ladera norte de la colina, Sturge se apareció con un argentino herido, al que el sargento mayor Munro le había disparado en la pierna poco antes. ‘¿Qué hago con éste?’, preguntó Sturge. ‘Póngalo con los otros’, replicó Munro, y Sturge le pegó un tiro en la cabeza con una automática calibre 45 que había encontrado en el puesto de mando de Carrizo Salvadores. Los altos mandos de la compañía de apoyo estaban cerca y corrieron a desarmarlo. Cuando Mason le preguntó por qué lo había hecho, Sturge balbuceó que el soldado era un francotirador, por lo que es probable que su mente extenuada lo haya considerado una manera de vengar las muertes de Hope y Jenkins en Wing Forward. Cuando el primer libro de Bramley propagó la noticia, la ‘máquina rojo castaño’ (referencia a la boina utilizada por el regimiento de paracaidistas) cerró filas; la fatua investigación policial que excavó la fosa común y luego fue a la Argentina en busca de testigos llegó a la conclusión de que no había posibilidades de procesarlo con éxito. No las hubo desde un principio: cualquier abogado competente hubiera logrado que sobreseyeran a Sturge por responsabilidad disminuida. La verdadera pregunta es qué fue lo que disminuyó su responsabilidad, y la respuesta a esa pregunta es omniabarcadora”.

Las investigaciones del historiador militar y ex oficial de inteligencia Adrian Weale –autor de Muchacho de ojos verdes, publicado en 1996– y de Vincent Bramley, uno de los diez testigos del crimen –autor de Excursión al Infierno, que salió en 1992– ya habían relatado los hechos hasta el punto de reconstruir que el soldado del Regimiento 7 de La Plata, al darse cuenta de las intenciones de Sturge, buscando conmoverlo, agarró con su mano la cruz que colgaba de su cuello. Los dos expertos, sin embargo, suponían, equivocadamente, que el acribillado en la mañana del 12 de junio de 1982 bajo un cielo limpio y soleado pertenecía a la compañía C del Regimiento 7 de La Plata. Sus libros consiguieron, de todos modos, sacudir a la opinión pública de Gran Bretaña.

De Sturge se sabe que después de su arrebato fue llevado al comando donde estaban los altos oficiales. Se dice oficialmente que no volvió a participar de ninguna operación bélica. Y que, en Puerto Argentino, fue sometido a un proceso militar, aunque no se supo si recibió alguna penalización. Fue promovido dos veces antes de retirarse en 1994. Y ese mismo año la investigación oficial británica lo libró de responsabilidades.

En la foto que está pegada sobre una cartulina, enmarcada en un cuadro, en el local del Centro de Ex Combatientes de La Plata, al soldado asesinado a quemarropa por Sturge se lo ve serio, apagado pero con los ojos bien abiertos. Del pequeño retrato surge, además, un último dato: el uniforme le quedaba grande.

La feroz batalla de Monte Longdon

La batalla del Monte Longdon fue la más feroz de la guerra de las Malvinas. Dejó 29 bajas, 50 heridos y 121 prisioneros del lado argentino; y 23 muertes más 47 heridos del lado británico. A las ocho de la noche del 11 de junio, los ingleses infiltraron hombres del Regimiento de Paracaidistas cerca de las posiciones del Regimiento 7 de La Plata. A las 12 de la noche empezaron los ataques con fuerzas de artillería. A las 6 de la mañana, los argentinos recibieron la orden de replegarse hacia Wireless Ridge. Monte Longdon fue escenario de crímenes de guerra. El libro Green Eyed Boys, de Adrian Weale y Christian Jennings, denuncia que tres soldados heridos fueron rematados durante el combate. El cabo José Carrizo contó que aquella madrugada sintió que le pusieron la boca de un fusil en la espalda. Levantó los brazos en señal de rendición y un inglés le hizo un gesto con la mano como de que le iban a cortar el cuello. Luego de una corta ráfaga de ametralladora que le arrancó parte de la masa encefálica y un ojo, lo dieron por muerto y lo abandonaron.Soldado Argentino

El país / Edición Impresa – 2/04/2010

La Historia del Submarino “San Luis”

A continuacion la Impresionante historia de un submarino argentino en Malvinas.

Narra la historia, los combates y ataques del Submarino “San Luis” y su tripulación durante la Guerra de Malvinas. Desesperante… que feo que debe ser un submarino dios…

ALEJANDRO MAEGLI
Testigo fundamental de una batalla submarina

* Quién es: durante la Guerra de las Malvinas fue jefe de comunicaciones del submarino San Luis. Hoy es contralmirante y director ejecutivo de la Dirección General del Material Naval. Tiene tres hijos: Alejandro, María Leonor y María Inés.

* Qué le pasó: el San Luis intentó pelear con torpedos que no funcionaban, y fue perseguido y atacado por la Royal Navy. El San Luis era comandado por un ídolo de Maegli, el capitán Fernando Azcueta.

Maegli y el Submarino “San Luis”

A las siete y media de la mañana, Alejandro Maegli estaba a punto de entregar la guardia y meterse en la cama cuando de pronto el sonarista del submarino le dijo una frase que lo dejó helado: “Señor, tengo un rumor hidrofónico”.

El teniente de fragata pegó un respingo queriendo creer que el operador se había equivocado.

A veces las ballenas o el krill producen “rumores biológicos” y pueden confundir al más experimentado de los técnicos del sonar. Pero el ruido venía del Noreste y sus características se iban confirmando con el correr de los minutos. Maegli era jefe de comunicaciones y tenía la obligación de despertar al comandante. Lo hizo: “Despiértelos a todos, uno por uno, y colóquelos en sus puestos de combate”, le ordenó el capitán.

A Maegli se le puso la piel de gallina. En ese momento sólo podía sospechar lo que iba a ocurrir. Pero no podía saber con certeza que comenzaría la primera batalla submarina del Atlántico Sur, que venían hacia ellos helicópteros ingleses a ras del mar, seguidos de cerca por los buques de la Royal Navy, y que los esperaban veintitrés horas de miedo, suspenso, persecución y explosiones.

Era el 1° de mayo de 1982 y el submarino ARA San Luis tendría su bautismo de fuego en la Guerra de las Malvinas.

Maegli es hoy contralmirante y director del Area Material Naval, y tiene a su cargo la difícil decisión de reparar o sacar de servicio para siempre a esa nave llena de fantasmas que espera en silencio, roja por la pintura antióxido, en una dársena del puerto de Buenos Aires. ¿Cómo resolver con la cabeza un asunto del corazón?

Alejandro encontró su vocación en Mar del Plata a los cuatro años, durante una visita escolar. Un submarino reposaba en silencio, pero traía consigo ecos de aventuras, y Alejandro se metió luego en la Escuela Naval con el único propósito de surcar bajo el agua los mares del mundo. Hizo una experiencia en un buque barreminas. “Para ser oficial barreminas no hay que ser loco, pero te ayuda bastante”, dice el refrán. Y después sirvió en un buque de apoyo. Finalmente, ingresó en la Escuela de Submarinos, que es muy exigente, y aprendió de memoria, uno por uno, los múltiples mecanismos internos de esa nave.

La primera vez que entró en el San Luis todo se le venía encima. Parecía realmente un lugar de confinamiento. El submarino es un cilindro que mide 50 metros desde el timón a la proa, 11 metros desde la quilla hasta el tope de la vela y 5 metros con veinte centímetros de lado a lado: ése es el diámetro de un caño donde deben vivir, trabajar, dormir y recrearse treinta y cinco hombres durante semanas y, a veces, meses de misión submarina. Travesía en la que se habla en voz baja, se come poco “porque la navegación te quita el hambre”, y donde luego de la vibrante marcha en superficie y las maniobras de inmersión sobreviene una extraña serenidad espacial.

El submarino había sido comprado a Alemania en los años setenta, había llegado desarmado a la Argentina y había sido montado pieza por pieza en Buenos Aires. Pero para la época de Malvinas presentaba algunos problemas: no podía desarrollar velocidades de inmersión superiores a los 14 nudos y uno de los cuatro motores diesel que permiten cargar las baterías a través de un snorkel no funcionaba. Así y todo, Maegli no estaba tan preocupado por estas limitaciones como por su mujer, que estaba a punto de dar a luz. En marzo de 1982, ese padre primerizo, que apenas tenía 27 años, tuvo que zarpar en misión de adiestramiento y subirse por las paredes del submarino esperando la buena nueva. Estaban haciendo ejercicios con tres corbetas cuando llegó la noticia de que había nacido su hija María Inés. Los festejos a bordo fueron discretos, pero afectuosos.

A mediados de mes llegó otra orden: debían suspender los simulacros y retornar a Mar del Plata. Un amigo se lo encontró en tierra. Partía al día siguiente en el submarino Santa Fe. “Flaco -le dijo a Maegli en un susurro-me voy a Malvinas.” Alejandro sospechaba que algo grande se avecinaba, pero no tenía tiempo de meditar demasiado: corrió a ver a su mujer y a conocer a su hija, y los acontecimientos del 2 de abril lo sorprendieron como a casi todos nosotros. Sintió entonces una íntima contradicción: alegría patriótica mezclada con angustia y extrañeza. Hacía pocos meses había confraternizado con los oficiales del submarino inglés HMS Endurance, que había hecho escala en Mar del Plata. El Endurance atacaría luego, con torpedos y el apoyo de helicópteros, al submarino Santa Fe.

Recibieron la orden de alistarse contra reloj y hacerse a la mar el 11 de abril. Salieron de noche, con órdenes secretas. Cuando abrieron el sobre descubrieron, tragando saliva y con los ojos bien abiertos, que debían patrullar el “Area Enriqueta”, frente a Puerto Deseado. La luna brillaba en la dársena: navegaron hasta la altura de cabo Corrientes y se sumergieron. Maegli preparó las cartas de navegación y leyó la consigna: “Autorizado uso de armas en defensa”. No podían atacar a nadie, porque las negociaciones diplomáticas no se habían agotado. Pero ese despacho lo obligó a procesar psicológicamente el hecho de que por primera vez no se trataba de un entrenamiento: era la guerra.

Pasaron varios días haciendo recorridos y subiendo el snorkel media hora para obtener energía y oxígeno: ésos eran los momentos de mayor vulnerabilidad de la nave. Luego todo fue esperar y madurar la idea del combate. Salvo, claro está, cuando sucedió lo imprevisto: una avería en la computadora de control de tiro. Llevaban a bordo 10 torpedos alemanes y 14 estadounidenses. Pero sin esa computadora, la única alternativa era lanzarlos de manera manual. Trataron de repararla, pero no tenían a bordo los elementos con qué hacerlo, y el 27 de abril recibieron otro mensaje: “Destacarse y ocupar «Area María». Todo contacto es enemigo”.

Eso significaba que debían desplazarse a una zona cercana a la isla Soledad y que allí no había buques argentinos. Cualquier “rumor hidrofónico” tenía entonces que ser, forzosamente, una nave inglesa, y la orden era dispararle, sin dudar.

El 1° de mayo Maegli juntó a todo su equipo de informaciones de combate. Se sentaron alrededor de una mesa minúscula y él descubrió que le temblaban las piernas y que no podía levantar la cara. Cuando la levantó vio que sus camaradas estaban en idéntica actitud de pánico. Vadeó como pudo ese pantano y comenzó la reunión de análisis. Luego se colocó los auriculares: el blanco venía hacia ellos y el comandante ordenaba preparar tubos de torpedos y movimientos submarinos para encontrar la mejor posición de tiro. En un momento, el sonarista oyó explosiones y hélices de helicópteros. Se aproximaban tres helicópteros antisubmarinos con los sonares desplegados y largando cargas de profundidad a ciegas. A medida que analizaban los sonidos y señales se daban cuenta de que los Sea King avanzaban abriéndoles camino franco y seguro a varios buques británicos de guerra. Cuando estaban a 9000 yardas, Maegli le dijo a su capitán: “Señor, datos de blanco ajustados”. El comandante gritó: “¡Fuego!” Y el torpedo salió disparado con trepidaciones y ruidos escalofriantes. Llevaba consigo un cable de guía a través del cual se podía teledirigir su dirección. Pero a los pocos minutos un oficial informó que el cable se había cortado. El torpedo seguía ahora corriendo, aunque de manera autónoma, y estaba programado para ir ascendiendo con el objeto de asegurar el impacto. El problema es que, al hacerlo, se hacía visible. En cinco minutos absolutamente todos los buques ingleses desaparecieron del sonar, y el torpedo se perdió en la nada.

No era difícil para los helicopteristas ingleses ver el trazado del disparo y calcular la posición del San Luis. A Maegli se le secó la boca. Pasarían de cazadores a presas en segundos; los ingleses, a gran velocidad; los argentinos, en cámara lenta.

El capitán ordenó evasión a toda máquina y el sonarista dijo: “Splash de torpedo en el agua”. Les habían disparado y ya se sentían los sonidos de alta frecuencia que el proyectil inglés emitía al acercarse. “Máxima profundidad”, ordenó el comandante. Y a continuación mandó lanzar falsos blancos. Se usaban señuelos, pastillas gigantes que en contacto con el agua hacían burbujas y confundían con sus ecos apócrifos. Los llamaban “Alka Seltzer”. Después de expulsar los dos señuelos, el sonarista informó de algo que galvanizó a todos: “Torpedo cerca de la popa”. Maegli pensó: “Cagamos, nos está persiguiendo, nos va a reventar”. El sonarista agregó: “Torpedo en la popa”.

Diez segundos y un año después, el operador dijo, con su voz metálica: “Torpedo pasó a la otra banda”. Una alegría silenciosa, un cierto alivio recorrió el cilindro: el torpedo inglés había pasado de largo y se perdía en el mar. Se habían salvado por un pelo.

En ese instante mismo comenzó el hostigamiento. Los Sea King se acercaron lanzando sus cargas y sacudiendo el océano. Tiraban todavía sin tener la posición exacta del San Luis, que bajaba y bajaba. Pescaban con bombas a unos quinientos metros del mentón del teniente Maegli. El submarino fue reduciendo su velocidad y se asentó con un golpe en el fondo de arena. Cada veinte minutos los helicópteros llegaban y soltaban sus explosivos, reemplazándose los unos a los otros en la tarea durante horas y horas. Las ondas expansivas no llegaban y entonces el máximo problema era el oxígeno. Sin poder sacar el snorkel, el dióxido de carbono subía y el peligro aumentaba. El comandante ordenó que la tripulación abandonara sus puestos de combate y se metiera en la cama: había que gastar lo menos posible. Meterse en la cama y dormir en un submarino que está en el fondo del mar y al que le siguen disparando debe ser una de las experiencias más inquietantes de la vida. A pesar de ella, Maegli pensó: “El problema no es el miedo sino cómo controlarlo”, y se quedó dormido.

Veintitrés horas después del primer “rumor hidrofónico”, el sonarista anunció que el área estaba despejada. El San Luis emergió a plano de periscopio, sacó el snorkel y la antena, y recibió la triste información de que habían hundido al Santa Fe en las Georgias. El teniente pensó en su amigo y en los oficiales del Endurance, y luego no pensó más que en hacerse fuerte y seguir haciendo su trabajo. “Ya teníamos callosidades en el alma, ya éramos diferentes”, dice hoy, al recordar aquel bautismo de fuego.

Cinco días más tarde, en un teatro de operaciones infestado de naves enemigas, los sensores acústicos volvieron a detectar “ruido hidrofónico”. “Posible submarino”, dictaminó el operador. Y el comandante ordenó de nuevo que todos ocuparan sus puestos de combate y que el San Luis avanzara hacia el blanco, que tenía un extraño comportamiento zigzagueante. “Blanco alfa muy cerca”, dijo el operador. Estaba a unos 1500 metros. Dispararon un torpedo antisubmarino de recorrido corto y escucharon una detonación tremenda. Pero nunca pudieron determinar a qué le habían pegado.

En la madrugada del 11 de mayo, Maegli estaba nuevamente de guardia cuando el sonar detectó una fragata misilística que venía del Este, y al rato otra del Norte. Todos estaban en sus puestos. Y allí, provisionalmente en pausa de combate, les sirvieron un memorable arroz con tomate que los submarinistas comieron con los músculos en tensión, como si fuera lo último que probarían antes de morir. Luego comprendieron que los dos buques británicos convergían sobre el estrecho de San Carlos y el capitán ordenó atacar el blanco más cercano a la costa. “¡Fuego!”, volvió a gritar, a una distancia de 5200 yardas. Tardó tres minutos en cortar cable. Pero todos los tripulantes acompañaban mentalmente la corrida del torpedo. Hasta que, de repente, Maegli escuchó un clanc. Un alarmante ruido de chapa. El sonarista informó que los blancos huían a toda máquina. El proyectil había pegado en el casco, pero no había explotado. El proyectil, una vez más, no estaba en buenas condiciones. Los dos buques ingleses venían de hundir con artillería al ARA Islas de los Estado, un barco argentino que transportaba municiones y combustible de avión. Habían muerto más de veinte hombres en ese naufragio.

Cuando el capitán comunicó al Comando de Operaciones Navales las fallas del torpedo y les recordó las dificultades en el sistema de tiro, recibió una directiva terminante: volver a casa. Regresaban a Puerto Belgrano de noche y en silencio: no habían logrado hundir ningún buque y aunque habían provocado, tal como confesaron luego los ingleses, una verdadera psicosis en el mar y habían logrado retardar con su amenaza submarina el desembarco en las islas, llevaban un regusto amargo. “La prevención, el desgaste de energía y el temor que genera un submarino es terrible”, me explica el contralmirante Maegli; se nota que aquella amargura no se le ha borrado de la boca.

Atracaron en secreto en la base naval y comenzaron a realistar el San Luis, metiéndolo a dique. El teniente llegó estresado, barbudo y con la misma ropa con que había salido de Mar del Plata a su departamento de casado, y durante una semana no respondió preguntas ni salió de la cocina de dos por dos: sólo se sentía seguro en lugares reducidos.

Nunca el San Luis pudo volver al teatro de operaciones. Trajeron a dos expertos para repararlo, pero tardaron cuarenta días y eso dejó al submarino y a su tripulación fuera de la guerra. El 14 de junio los tapó la tristeza. Maegli siguió prestando servicio en el San Luis, y en 1983 lograron que los técnicos alemanes revisaran los mecanismos, explicaran las razones de los desperfectos en sus torpedos y en el sistema de tiro que habían fabricado, y pudieran hacerse las modificaciones necesarias.

Alejandro siguió una larga carrera de perfeccionamiento profesional. Fue comandante del ARA Salta -gemelo del San Luis-, director de la Escuela de Submarinos y agregado de Defensa en Canadá. Un amigo de Ottawa le regaló un libro donde figuraban las grandes batallas submarinas de la historia. Un historiador británico, especializado en el tema, narraba las dramáticas aventuras de un submarino argentino que había escapado de milagro al acecho de la Royal Navy: el San Luis. Maegli no quiso leerlo así como no quiere visitar el submarino rojo que duerme en un astillero de la Costanera Sur a la espera de ser convertido en un museo o regresar al mar. “Es viejo, pero no es anticuado -lo defiende el director de Material Naval de la Armada argentina-. Si me preguntás qué quiero te respondo algo muy simple: sólo un buen final.”

Volvió al astillero para hacerse unas fotografías. Pero lo hizo a regañadientes. Las ánimas vestían de rojo. Costó hacerlo subir al puente del San Luis. Maegli finalmente subió y recordó en un pestañeo el momento exacto en el que se abrió la escotilla y salió a la luz después de 37 días sumergidos en el Atlántico Sur sin ver el océano ni el cielo ni el sol. Maegli asomó su cara agotada de 1982 y respiró profundamente. Lo sorprendió en ese momento el olor puro del mar. El imborrable olor de la vida.

Hundimiento del Crucero General Belgrano

El 2 de Mayo a las 17 se hundió y se llevó consigo la vida de 323 argentinos. Dicen que el buque esperó que se completara el abandono y cuando las 9.000 toneladas de agua que lo inundaron en menos de una hora lo tumbó definitivamente, giró con suavidad hacia las profundidades sin afectar ninguna de las balsas que lo rodeaban.

El Belgrano

El crucero “Belgrano” fue botado el 12 de marzo de 1938 en los Estados Unidos, con el nombre de “Phoenix”, en homenaje a la

ciudad homónima, capital del Estado de Arizona. En 1950 fue adquirido junto a otra unidad gemela, el crucero A.R

.A. “9 de julio”, por el estado argentino. El 12 de abril de 1951 se realizó en la Base Naval de Filadelfia, la afirmación del pabellón, pasando a llamarse “17 de octubre”.

Finalmente ambos cruceros arribaron a aguas argentinas el 5 de diciembre de 1951, conformando la fuerza de los cruceros. El 24 de octubre de 1952, en el puerto de Buenos Aires, recibió en donación su bandera de guerra, del entonces Ministerio de Aeronáutica.

Este pabellón lo acompañó en los cuarenta y dos años de servicio que le dio a la Armada Argentina. Hoy este pabellón se encuentra junto a su casco en la profundas y gélidas aguas del Atlántico Sur.

En septiembre de 1955, cambio su nombre por el de “Crucero Belgrano”, nombre ligado a la tradición naval. En 1969 fue designado buque insignia de la Flota de Mar, desde entonces cumplió funciones de búsqueda y salvamento; como buque logístico y transporte de tropas, entre otras. Por sus cubiertas navegaron más de diez mil hombres de la Armada.

Malvinas, su participación y desenlace

Desencadenados los hechos del 2 de abril de 1982, zarpó el 16 de ese mes hacia el sur con rumbo a la Isla del os Estados con la misión de defender la línea de costa de un eventual desembarco inglés. Además debía vigilar los accesos australes al teatro de operaciones Malvinas e interceptar unidades que intentaran acceder.

El 22 de abril con el fin de mantener su reserva de combustible y efectuar un reabastecimiento logístico atracó en Ushuaia, su ultimo puerto. Zarpó al amanecer del día 24 rumbo al norte de la Isla de los Estados donde se reunió con los destructores ARA “Piedrabuena” y Bouchard”; el aviso ARA “Gurruchaga” y el petrolero YPF “Puerto Rosales”.

El 2 de mayo lo sorprendió navegando al sur del banco Burwood. A las 5.30 el crucero recibió la orden de poner rumbo hacia el oeste. A las 16.01 de ese día un torpedo hizo impacto en su casco y un segundo torpedo arrancó prácticamente 15 metros de su proa. Inmediatamente comenzó su inclinación hacia babor, cesó su fuerza motriz y se apagaron sus luces.

Su escora comenzó a ser más pronunciada, en tanto que su tripulación se agrupó en cubierta.

En varias oportunidades los tripulantes bajaban a cubiertas inferiores para prestar ayuda, por lo cual nadie pasible de ser socorrido quedó sin asistencia. A las 16.20 su comandante dio la orden de abandono.

Por ese momento el crucero tenía ya una inclinación de más de 20 grados y comenzaba a hundirse. Su hundimiento se produjo definitivamente a las 17 horas. Casi un día después las unidades de rescate encontraron las balsas salvavidas. De los náufragos 770 salvaron su vida mientras que 323 tripulantes ofrendaron su vida, convirtiéndose en héroes nacionales al cumplir el juramento de dar la vida por nuestra Patria.

El lugar de hundimiento del Crucero ARA General Belgrado fue declarado por el Congreso Nacional en 2001 como lugar histórico nacional y tumba de guerra.

La nobleza del buque

El 2 de mayo de 1982, el buque de la Armada Argentina General Belgrano se hundía en el Altlántico Sur, cuando participaba de la guerra de Malvinas.

Después del impacto de torpedos de las tropas inglesas, los heridos fueron transbordados a las balsas en delicada maniobra mientras las escalas, redes, cabos de cáñamo o saltar sobre el techo reforzado, fueron variantes usadas para llegar a las balsas por quienes conservaban sus energías.

Algunas embarcaciones pegadas al casco por estribor encontraron que el viento les dificultaba despegarse y otras fueron arrastradas hacia la proa destruida; una de ellas terminó pinchándose con las astillas de acero y los ocupantes debieron lanzarse al agua para llegar a otras balsas.

En ese intento cada uno perdió más del 50% de la capacidad motora y la ayuda debió multiplicarse para izarlos a bordo casi inanimados.

El movimiento provocado por las olas hizo imposible mantener amarradas entre sí a las balsas y debieron cortarse rápidamente las sogas que las unían por grupos, a fin de evitar que se rompieran los flotadores. Esa misma marejada impidió la visión y comunicación entre las balsas. Algunas quedaron sobrecargadas con treinta personas y otras subocupadas con no más de tres.

La popa sumergida y la gran escora anunciaban una vuelta campana del buque que podría formar un vacío y arrastrar al fondo del mar las balsas más cercanas. Ese riesgo aumentaba minuto a minuto. Gruesos chorros de vapor escapaban por las aberturas y muchos escucharon explosiones, posiblemente por el contacto del hierro caliente con los 0º C de temperatura del agua de mar.

Cuando ya nada quedaba por hacer a bordo, ni por los hombres ni por el buque, el comandante se arrojó al agua. Previo a ello lo hizo un suboficial, que permaneció con el comandante hasta el último momento. Ambos nadaron hasta un grupo de balsas, que los aguardaban con el riesgo de ser absorbidas por el gran vacío que produciría el crucero al hundirse.

La escora de 60º preanunciaba el hundimiento. Un denso humo blanco saliendo del interior aumentó el dramático momento que se avecinaba. El rápido avance del anochecer y la disminución de visibilidad ayudaban a ocultar el fin de un gran buque. Ya nadie fuera de las balsas quedaba con vida. Las preocupaciones y problemas comenzaron a estar confinados dentro de cada pequeño recinto. La evolución de los heridos graves pasaba a convertirse en un desafío para quienes compartirían las horas futuras.

El día 2 de Mayo a las 17 horas fue el instante de su hundimiento, momento en que también estuvo presente la nobleza en la vida de este gran buque. Respetando una vez más la vida de sus hombres, esperó que se completara el abandono y cuando las 9.000 tonelad

as de agua que lo inundaron en poco menos de una hora lo tumbaron definitivamente, giró con suavidad hacia las profundidades sin afectar ninguna de las balsas que lo rodeaban.

El recuerdo y reconocimiento permanente

En 1982, en ocasión del conflicto por las Malvinas Argentinas, su tripulación, que contaba con 1093 hombres de los cuales 323 pasaron a la gloria eterna aquel 2 de mayo, estaba constituida por hijos de todas las provincias argentinas, los que son recordados con orgullo por alumnos de innumerables escuelas bautizadas con su nombre o algunos de los héroes que ofrendaron su vida, dando nombre propio a la gesta que ya forma parte de la historia argentina.

Además de bautizar a escuelas y plazas argentinas con el nombre del buque, hay otros reconocimientos que se destacan, como las condecoraciones otorgadas:

La Nación Argentina al Muerto en Combate a los 323 Héroes otorgada post-mortem y fueron recibidas por sus seres queridos.

La Nación Argentina al herido en combate recibidas por los 18 heridos de gravedad.

Honor al valor en Combate al Crucero ARA General Belgrano.

Al esfuerzo y la abnegación a cada tripulante de la dotación

Llego la Virgen de Lujan a Malvinas

La celeste y blanca para siempre en Malvinas… en el manto de la Virgen de Luján El sábado llegó la imagen de la Virgen para ser entronizada.

…Los 649 héroes custodian nuestras tierras usurpadas, y la Virgen, los cuida a ellos…

Los familiares de los caídos, junto con el Obispo de Río Gallegos, Mons. Juan Carlos Romanin, colocaron una imagen de la Virgen de Luján en el cenotafio del cementerio de Darwin de las islas Malvinas, en honor a sus seres queridos muertos en batalla.

La imagen colocada en la isla y que custodia a los muertos en guerra es una réplica de 1,53 metros y 60 kilos de peso, que recorrió desde 2005 más de 63 mil kilómetros de La Quiaca a Ushuaia, pasando por la Base Marambio en la Antártida y que participó de la reciente peregrinación juvenil a pie a la Basílica de Luján.

Durante su homilía en el cementerio, Mons. Romanin señaló a los familiares que “nuestra presencia en este lugar nos ayuda a buscar y a encontrarnos con Dios, a descubrirlo, a elegirlo, a amarlo en el rostro de cada uno de nuestros seres queridos cuyos restos veneramos”.

“La cruz mayor que preside este cementerio de Darwin, y las cruces pequeñas en cada tumba, son signo de esperanza y de resurrección. Este lugar no es un desierto sin vida, es un campo sembrado con esperanzas”, aseguró.

La imagen de la Virgen fue despedida el pasado viernes con una Misa en la Catedral Metropolitana, presidida por el Obispo Auxiliar de Buenos Aires, Mons. Eduardo Horacio García.

Fuente: El malvinense http://www.malvinense.com.ar/

HERMANO DE VETERANO DE GUERRA VIAJO POR PRIMERA VEZ A MALVINAS

FERNANDO GIRAUDO VIAJÓ POR PRIMERA VEZ A MALVINAS

El hermano de Horacio Giraudo formó parte del segundo contingente que viajó el pasado fin de semana a Islas Malvinas para rendir homenaje a los familiares que yacen en el cementerio de Darwin. Cabe recordar que el primer grupo, entre los que estaba Ucha Carrascull, inauguró el cenotafio mientras que este segundo contingente llevó la imagen de la Virgen de Luján” que fue entronada en el monumento luego de que recorriera 70 mil km. por territorio argentino. Previo a viajar hasta Río Gallegos desde donde despegó el avión que los llevó a Malvinas los familiares fueron despedidos por la presidente Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada. En diálogo con nuestra emisora Fernando Giraudo comentó que “fue una experiencia dura pero que disfruté porque el viaje estuvo bien preparado”. La determinación de que fuera él quien viajara, junto a otros 200 familiares, la tomó su madre y espera que en marzo próximo pueda viajar a las islas su hermana.

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Un segundo grupo de familiares de caídos en Malvinas les rindió homenaje en Darwin

Un contingente de 183 familiares de ex combatientes en la Guerra de Malvinas viajó el pasado sábado desde el aeropuerto de Río Gallegos a la base militar de Mount Pleasant, en la Islas Malvinas, donde participaron de un emotivo acto durante el cual se emplazó una imagen de la Virgen de Luján en el cementerio de Darwin.

Una semana después de que viajara el primer contingente, esa vez para la inauguración del cenotafio, este segundo grupo llegó a la Isla Soledad acompañado por el obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, Juan Carlos Romanín, quien celebró una cálida misa frente a los deudos, a pesar de las bajas temperaturas y el viento helado.

Los familiares arribaron a territorio insular a las 9.30 del sábado en el vuelo 993 de la compañía chilena LAN, en el marco de un acuerdo entre los gobiernos argentino y británico, y tras gestiones de la Cancillería y de la Comisión de Familiares de Ex Combatientes.

A diferencia del primer grupo, en el que eran mayoría padres y madres de soldados muertos en la guerra, este contingente estuvo integrado de manera mayoritaria por hermanos e hijos de efectos caídos en cumplimiento de su deber.

Hemos venido desde distintos y lejanos lugares para rendir nuestro homenaje de cariño y oración a nuestros seres queridos que han fallecido durante la guerra de 1982“, señaló Romanín en su homilía, frente a las 230 cruces que recuerdan a una parte de los 649 soldados caídos en el conflicto bélico con el Reino Unido.

El obispo patagónico recordó que “la cruz mayor que preside este cementerio de Darwin, y las cruces pequeñas en cada tumba, son signo de esperanza y de resurrección. Este lugar no es un desierto sin vida, es un campo sembrado con esperanzas“, sostuvo, ante la mirada emocionada de los familiares.

“Nuestra presencia en este lugar nos ayuda a buscar y a encontrarnos con Dios, a descubrirlo, a elegirlo, a amarlo en el rostro de cada uno de nuestros seres queridos cuyos restos veneramos”, agregó el prelado.

Romanín ofreció una homilía más enfocada en cuestiones religiosas que la de Sebastian Combin, el sacerdote que ofició misa el sábado 3 pasado, y que, ante la presencia de autoridades militares británicas, remarcó que el territorio insular “es argentino“.

Alrededor de las 16, el grupo emprendió su regreso a Río Gallegos, en el vuelo 992 de LAN Chile. Con ese viaje se cerró la visita de los familiares de los caídos a las islas, con el objetivo no sólo de reencontrarse con los restos de sus seres queridos sino también de dejar inaugurado el monumento a los soldados argentinos muertos en el conflicto bélico de 1982. En estos dos viajes, fueron a las islas 353 familiares.

Fuentehttp://www.internetxaire.com.ar/interweb/rh1hernando/?secc=nota&id=46591 Radio Integración .- Hernando,Cba

Regresaron los Familiares de los Caidos

Los 170 familiares de soldados argentinos caídos en la guerra de 1982 con Gran Bretaña participaron hoy en las islas Malvinas de la inauguración de un monumento en honor a los 695 argentinos muertos en el conflicto del Atlántico Sur.

El avión de la aerolínea chilena LAN aterrizó en el aeropuerto de Mount Pleasant de Puerto Argentino, donde los familiares fueron recibidos por el vicegobernador de las islas bajo administración británica, Paul Martínez, y el comandante responsable militar del archipiélago, Gordon Moulds.

Luego fueron trasladados en ómnibus hacia el cementerio de Darwin, donde están enterrados 230 soldados argentinos y fue levantado en 2004 el cenotafio en su memoria, pero que recién ahora, cinco años más tarde, fue inaugurado. Los familiares recorrieron las tumbas del cementerio de Darwin, embargados por la emoción y el dolor de hallarse frente a los restos de sus deudos. El grupo arribó después a las 11 al lugar, donde luego se realizó una ceremonia religiosa y se inauguró el monumento que recuerda a los caídos en el conflicto bélico con el Reino Unido de 1982, tras partir en varios micros de la base aérea de Mount Pleasant, adonde llegaron procedentes de Río Gallegos. Emocionados hasta las lágrimas, depositaron flores y rosarios en las tumbas, mientras permanecieron varios minutos frente a ellas.Un segundo contingente de 205 personas viajará el próximo sábado.

Un contingente de 170 de familiares de caídos en la guerra de Malvinas participaron este mediodía de una misa en el cementerio de Darwin, en la que quedó inaugurado formalmente un cenotafio en homenaje a los muertos durante el conflicto bélico. En una ceremonia muy emotiva, el titular de la Comisión de Familiares, Héctor Cisneros expresó su “gratitud al gobierno argentino y británico por permitir este homenaje y también a los isleños que hicieron de lado las heridas del pasado”. Destacó, asimismo, que “el diálogo encima del conflicto hace extraordinaria esta inauguración” y remarcó que “nos une con los isleños el respeto por los que dieron su vida por la Patria “.

La ceremonia se desarrolló en medio de un intenso frío, fuertes ráfagas de viento y gran emoción de los familiares que ofrendaron rosarios, flores y fotos de sus seres queridos y las depositaron en una urna empotrada frente a la cruz que se encuentra en el medio del cementerio.

El vuelo partió de Buenos Aires e hizo una escala en la austral ciudad de Río Gallegos, donde la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner despidió a los familiares. En un emocionado discurso, la mandataria les pidió que fueran a las islas a rendir homenaje a los caídos en el conflicto bélico en nombre de la población argentina y “de los derechos irrenunciables, inclaudicables y legítimos” que tiene el país sobre el archipiélago.

“Ustedes no solamente van a ver a sus muertos, sino a los muertos de todos, porque los muertos de ustedes son también nuestros muertos. Quiero que vayan con mucha fuerza, con mucha entereza, y que sepan que hay 40 millones de argentinos que les rinden homenaje junto a ustedes”, declaró. Fernández de Kirchner confió en que “los miembros de la comunidad internacional algún día deberán comprender que no pueden subsistir enclaves coloniales en pleno siglo XXI”.

“Un día de este siglo un presidente argentino va a ir a rendir homenaje a sus muertos, en nombre de los derechos legítimos que tenemos sobre esas islas”, señaló la presidenta, quien aseguró que prefiere “esperar, en nombre de ese derecho internacional, en nombre de ese derecho sobre Malvinas y en nombre de la paz que debe reinar en todo el mundo”.

“Gloria y honor a los caídos en Malvinas”, expresó la mandataria, quien gestionó la
autorización para la inauguración del monumento cuando se reunió en marzo con el primer ministro británico, Gordon Brown, en Chile.

El contingente argentino permaneció unas siete horas en las Malvinas. Por la tarde, regresó a Río Gallegos, desde donde partirá hacia Buenos Aires.
FUENTE CLARIN

Familiares de los Caidos Viajaron a Malvinas

Hay duelos obligados que son difíciles de aceptar. Como el que siguen haciendo frente a las desoladas tumbas de Darwin los familiares de los argentinos muertos en 1982. Por eso, ver a 170 de ellos aquí, ayer, arrodillados y derramando lágrimas frente a una cruces blancas con flores artificiales desgarraba el alma.

Sólo permanecieron siete horas en la islas. La ceremonia para inaugurar el monumento a los 649 caídos en el conflicto con Gran Bretaña transcurrió como se esperaba, en calma. Pero no faltó la oportunidad de soltar por lo menos al viento un mensaje de claro contenido político en medio este viaje acordado bajo cláusulas humanitarias internacionales.

Fue el presidente de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, Héctor Cisneros quien a las 12 del mediodía abrió frente a la Cruz Mayor que se levanta desde 2004 en Darwin la ceremonia que precedió a una misa. Agradeció “gratitud al gobierno argentino y británico por permitir este homenaje y también a los isleños que hicieron de lado las heridas del pasado”. Pero también remarcó que el gobierno del Reíno Unido y el de las islas se “oponen a discutir de soberanía”, aunque el pueblo argentino acredite “títulos” de las mismas.

Después rápidamente apuntó, cubierto por un largo y visible poncho norteño, que ello no impedía rendir este homenaje a los caídos en la guerra. “Una decisión humana fundamental”, que permite “llorar frente a la tumba”. Y remató diciendo que a británicos, isleños y argentinos los unía la “honra y el respeto a los que dieron la vida” por la patria.

Desde el terreno, algo empinado, sentados en sillas entre medio de las 230 cruces que hay en Darwin, madres, abuelas, hijos y hermanos de los soldados y militares muertos en Malvinas los oían en silencio, con las narices rojas por el viento helado. Entre ellos Emilia Fernández, mamá del soldado chaqueño Luis Roberto Fernández, muerto a los 18, y ella hoy, la más anciana del grupo con 78 años.

Los 170 familiares de este primer vuelo a Darwin -100 de ellos deudos de los muertos en el Crucero General Belgrano- fueron traslados en tres buses grandes y uno pequeño desde el aeropuerto de Mount Pleasant. Allí llegaron ayer pasadas las 9.30 desde Río Gallegos, adonde retornaron en el mismo día poco después de las 16. La presidenta Cristina Kirchner los había despedido a la mañana, en persona. ” Gloria y honor a los caídos en Malvinas”, les dijo.

Cuando llegaron a Darwin por un largo camino de tierra todo estaba listo. Una veintena de militares los esperaban en diferentes funciones. Iban vestidos de azul y de gala. Y según informó uno de ellos, se decidió que se no presentaran en uniforme verde para no incomodar a los familiares.

El propio comandante en jefe de las fuerzas británicas en el Atlántico Sur se hizo presente: el comodoro de aire Gordon Moulds, un escocés que participó en la guerra de Malvinas y que ahora tiene el rango nada menos que de comandante del Imperio Británico.

Había carpas para ellos, médicos, psicólogos que no entraron en acción. Puesto que si bien se vio a varios familiares llorar acostados sobre la tierra, no hubo incidentes ni personas asistidas.

La organización fue casi obsesiva. El gobierno dispuso que tanto el equipo de Clarín, la prensa isleña y la avanzada de familiares viajara en ómnibus oficial. Y durante la misa, a cargo del párroco santiagueño Sebastián Combin, los periodistas entraron al cementerio.

La ceremonia religiosa duró una hora. A la 1, un cuerpo militar tocaba la diana y los familiares comenzaron a dispersarse para un rato después emprender el retorno.

Muchos depositaron flores, rosarios y fotos de sus seres queridos. Todos rindieron sus silenciosos homenajes personales. También las nuevas generaciones.

Fabián Olariaga tenía seis años cuando su papá, Nicolás Roberto Olariaga se hundió con el crucero general Belgrano, pero muy pocas palabras para contar lo que estaba sintiendo ayer en Darwin.

“No sé qué decir. Veo, observo, escucho a las madres entristecidas como si todo hubiese ocurrido ayer. No lloro, no soy de llorar. Pero estoy emocionado” dirá aflojando la tensión con el pasar de los minutos.

Fuente Clarin