BASTA SEÑORES!

Ayer mi hija fue a bailar. Cuando salió, a eso de las 3 de la mañana, esperando un radiotaxi en Cabildo y Nuñez, fue asaltada por dos delincuentes que la amenazaron empuñando navajas y jurándole la muerte, ante cualquier resistencia o negativa a entregarles todo. A primera vista lo único que le quitaron fue un poco de dinero y un celular. Nada demasiado grave, nada irrecuperable. Sin embargo hoy, mi hija no es la misma que fue hasta ayer.

 

Hoy mi hija es una persona con menos libertad, con menos inocencia, y con mucho más temor. Y eso sí es grave.

 

Nos están acostumbrando a sentir que un robo sin consecuencias fatales, es casi una bendición, una suerte.

 

Nos están acostumbrando a pensar que a cualquiera le puede pasar, cualquier cosa.

 

La violencia se ha instalado como nuestra nueva forma de vida. Es como si en la Argentina, la evolución y la historia hubieran convergido en este estado de indefensión permanente, ante la mirada expectante de una sociedad harta y de una clase política cobarde,  más preocupada por cuantificar en votos sus decisiones, que en intentar capitalizar (también en votos) las consecuencias de las decisiones que no se animan a tomar.

 

Cuando escucho que la inseguridad no se combate con mano dura, me imagino la felicidad que deben sentir ante ese argumento, los choros, violines, asesinos y narcos que han adueñado de nuestra Nación.

 

¿Porqué el Estado se preocupa tanto por la integridad física y psíquica de aquellos que han elegido ser parte de un pelotón de fusilamiento de inocentes? ¿Porqué los organismos de Derechos Humanos no reclaman por los muertos de hoy en lugar de seguir defendiendo a los asesinos de ayer? ¿Qué estamos esperando como pueblo para comenzar a hacer valer nuestras vidas?

 

Tenemos la obligación de exigir que el Estado Argentino nos cuide, nos proteja y nos brinde la seguridad que le arrebataron ante su constante inoperancia y complicidad.

Y el Estado tiene la obligación de hacerlo. Pero debe hacerlo en forma categórica, determinante. Comprendiendo de una vez por todas a qué tipo de delincuencia se está enfrentando. Dando mensajes claros. Actuando con fortaleza y dureza, ante una escalada de violencia que ha ganado demasiado terreno.

 

La Argentina ya no es un país seguro y debe volver a serlo. Los argentinos honestos, de bien, esos que salen a trabajar todas las mañanas, que pagan los impuestos que el Estado exige, tenemos que volver a sentirnos libres. Libres para caminar por los barrios sin estar pensando que algún malandra nos puede estar esperando a la vuelta de la equina para cagarnos la vida.

 

¿De qué sirve sino, ser un buen ciudadano? ¿Qué recompensa nos da el Estado? ¿O nuestra función simplemente se reduce a financiar el garantismo progre de los ideólogos de izquierda, para los que todo es motivo de profundo debate y nulas decisiones?

 

Basta señores. Hagan lo que tienen que hacer de una vez por todas, y serán premiados por el electorado y por la historia. Cuiden a los buenos y castiguen a los malos. Tan simple como eso. Porque la cosa es así: hay buenos y malos. Todo lo demás no existe. Es palabrerío, burocracia, transa…política.

 

-         Combatan a los narcos sin piedad. A los narcos argentinos háganlos pudrir en la cárcel. A los narcos extranjeros, échenlos a patadas del país.

-         Entren en las villas y des-ármenlas. Acabemos con la hipocresía. Ser villero no es sinónimo de ser delincuente, pero lo cierto es que las villas son también, grandes aguantaderos.

-         Desmonten cada uno de los desarmaderos de autos que existen. Y digo cada uno, porque cada uno de ellos está perfectamente identificado por la policía.

-         Endurezcan las penas y que estas sean de cumplimiento efectivo. ¿Para qué queremos tener en libertad a aquellos que no saben vivir en ella?

-         Controlen la venta de alcohol a menores. Esto no se está haciendo.

-         Reposicionen y revaloricen a la policía. Una policía débil, sin apoyo político, sin sueldos dignos, sin poder de fuego y maniatada, no es otra cosa que una policía complaciente y corrupta como la que tenemos. Los policías tienen que estar del lado de los buenos. (recuerden: buenos y malos).

 

Habrá quienes salgan a decir que por acá no pasa la cosa. Que el problema está en la educación, en la prevención, en darle trabajo a la gente…Obviamente tienen razón.

Esos son temas que deben encararse de inmediato, pero que brindarán resultados en no menos de diez o quince años. Háganlo. Tendrán el apoyo incondicional de la gente.

 

Pero lo que no podemos hacer en el mientras tanto, es regalarle otra década de impunidad a las bestias que nos han tomado por asalto.


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