Octubre 3, 2010 | Por sykman | # Enlace permanente
Ayer mi hija fue a bailar. Cuando salió, a eso de las 3 de la mañana, esperando un radiotaxi en Cabildo y Nuñez, fue asaltada por dos delincuentes que la amenazaron empuñando navajas y jurándole la muerte, ante cualquier resistencia o negativa a entregarles todo. A primera vista lo único que le quitaron fue un poco de dinero y un celular. Nada demasiado grave, nada irrecuperable. Sin embargo hoy, mi hija no es la misma que fue hasta ayer.
Hoy mi hija es una persona con menos libertad, con menos inocencia, y con mucho más temor. Y eso sí es grave.
Nos están acostumbrando a sentir que un robo sin consecuencias fatales, es casi una bendición, una suerte.
Nos están acostumbrando a pensar que a cualquiera le puede pasar, cualquier cosa.
La violencia se ha instalado como nuestra nueva forma de vida. Es como si en la Argentina, la evolución y la historia hubieran convergido en este estado de indefensión permanente, ante la mirada expectante de una sociedad harta y de una clase política cobarde, más preocupada por cuantificar en votos sus decisiones, que en intentar capitalizar (también en votos) las consecuencias de las decisiones que no se animan a tomar.
Cuando escucho que la inseguridad no se combate con mano dura, me imagino la felicidad que deben sentir ante ese argumento, los choros, violines, asesinos y narcos que han adueñado de nuestra Nación.
¿Porqué el Estado se preocupa tanto por la integridad física y psíquica de aquellos que han elegido ser parte de un pelotón de fusilamiento de inocentes? ¿Porqué los organismos de Derechos Humanos no reclaman por los muertos de hoy en lugar de seguir defendiendo a los asesinos de ayer? ¿Qué estamos esperando como pueblo para comenzar a hacer valer nuestras vidas?
Tenemos la obligación de exigir que el Estado Argentino nos cuide, nos proteja y nos brinde la seguridad que le arrebataron ante su constante inoperancia y complicidad.
Y el Estado tiene la obligación de hacerlo. Pero debe hacerlo en forma categórica, determinante. Comprendiendo de una vez por todas a qué tipo de delincuencia se está enfrentando. Dando mensajes claros. Actuando con fortaleza y dureza, ante una escalada de violencia que ha ganado demasiado terreno.
La Argentina ya no es un país seguro y debe volver a serlo. Los argentinos honestos, de bien, esos que salen a trabajar todas las mañanas, que pagan los impuestos que el Estado exige, tenemos que volver a sentirnos libres. Libres para caminar por los barrios sin estar pensando que algún malandra nos puede estar esperando a la vuelta de la equina para cagarnos la vida.
¿De qué sirve sino, ser un buen ciudadano? ¿Qué recompensa nos da el Estado? ¿O nuestra función simplemente se reduce a financiar el garantismo progre de los ideólogos de izquierda, para los que todo es motivo de profundo debate y nulas decisiones?
Basta señores. Hagan lo que tienen que hacer de una vez por todas, y serán premiados por el electorado y por la historia. Cuiden a los buenos y castiguen a los malos. Tan simple como eso. Porque la cosa es así: hay buenos y malos. Todo lo demás no existe. Es palabrerío, burocracia, transa…política.
- Combatan a los narcos sin piedad. A los narcos argentinos háganlos pudrir en la cárcel. A los narcos extranjeros, échenlos a patadas del país.
- Entren en las villas y des-ármenlas. Acabemos con la hipocresía. Ser villero no es sinónimo de ser delincuente, pero lo cierto es que las villas son también, grandes aguantaderos.
- Desmonten cada uno de los desarmaderos de autos que existen. Y digo cada uno, porque cada uno de ellos está perfectamente identificado por la policía.
- Endurezcan las penas y que estas sean de cumplimiento efectivo. ¿Para qué queremos tener en libertad a aquellos que no saben vivir en ella?
- Controlen la venta de alcohol a menores. Esto no se está haciendo.
- Reposicionen y revaloricen a la policía. Una policía débil, sin apoyo político, sin sueldos dignos, sin poder de fuego y maniatada, no es otra cosa que una policía complaciente y corrupta como la que tenemos. Los policías tienen que estar del lado de los buenos. (recuerden: buenos y malos).
Habrá quienes salgan a decir que por acá no pasa la cosa. Que el problema está en la educación, en la prevención, en darle trabajo a la gente…Obviamente tienen razón.
Esos son temas que deben encararse de inmediato, pero que brindarán resultados en no menos de diez o quince años. Háganlo. Tendrán el apoyo incondicional de la gente.
Pero lo que no podemos hacer en el mientras tanto, es regalarle otra década de impunidad a las bestias que nos han tomado por asalto.
Septiembre 22, 2010 | Por sykman | # Enlace permanente
Llegué a casa, encendí la televisión y me metí en el baño. Después me cambié y me tiré en el sillón frente al aparato.
- ¿Vos viste que desastre? – me dijo ella
- Todos los años es lo mismo. Hasta que alguien no ponga las pelotas que hay que poner, siempre va a ser igual. ¿Qué mierda tienen que hacer ahí en pedo, falopeados, con navajas, tirándose botellas? Pero la culpa la tiene el Estado que no hace un carajo para prevenir nada.
- ¿Y qué se puede hacer?
- Tenés que armar zambodromos en cada lugar donde los pibes van a festejar la primavera. Vallás Palermo, Costanera Sur, Parque Lezama, lo que sea, y a cada uno que quiera entrar lo palpás de armas y le revisás el bolsito. El que viene calzado, a la mierda, queda detenido. El que trae alcohol, zácate, lo tiene que dejar.
- Si alguien hace eso le van a decir que es un facho.
- No hay nada más facho que un delincuente, y esos hijos de puta que están ahí tirando botellas y acuchillando a otros pibes que fueron a pasarla bien, son delincuentes.
- No sé. A mi me da mucho miedo por Martina.
- No pienses en eso.
- No puedo no pensar en eso. Esos chicos que están ahí tienen la misma edad que Martina. Y ves que algunos van con bebés, y los llevan ahí como si nada.
- En Cromañón pasó lo mismo. Dejaban a los bebés en el baño, como si fuese una guardería.
- Están locos
- Están quemados flaca. Esa es la función que mejor cumple el Estado Argentino. Quemar a la gente. Le dan paco, merca, chupi, plan jefas de familia, y a otra cosa. Pensá que hay generaciones y generaciones de chicos que no saben lo que es ver salir a trabajar a su papá. No saben lo que significa terminar la primaria. No te hablo de la secundaria. La primaria. Y después en la televisión tenés esos programas de mierda que muestran a los presos como si fuesen modelos, haciendo chistes y hablando como estrellas de Hollywood. Entonces el mensaje es claro: la cárcel es cool. En la cárcel la pasás genial. No laburar está bien. Salir a chorear garpa, porque para colmo después viene algún gil y te hace una nota para la tele que te convierte en un ídolo barrial. Pero insisto, con un Estado sin pelotas, esto no se soluciona. Tenés que educar, generar laburo, hacer cumplir la ley, cuidar a la gente. No podés pretender que estas cosas no pasen por arte de magia.
Me miró y se metió en la cocina. En la televisión seguían mostrando pendejos ensangrentados como boxeadores inexpertos, como soldados mal heridos. Toda la ciudad, todo el país estaba desarticulándose frente a nuestros ojos. Otra vez. Películas repetidas hasta el hartazgo del cine nacional. Cada día era algo distinto, pero igual. Ya no había reacción. Y yo le había tirado dos hijos a esta jauría de hijos de puta para que, probablemente, los fagocitara, los descuartizara. Estaba cansado. Pensé que finalmente me había transformado en mi padre. Quejándome de las mismas cosas, todos los días, infinitamente frustrado frente a una clase política exasperante. Desde que tenía memoria había escuchado palabras como inflación, desocupación, redistribución, plan quinquenal y la concha de sus madres. Había caminado desde Virrey Loreto y Cabildo, hasta el Congreso aquella noche del 2001 y desde ahí hasta la Rosada, gritando “que se vayan todos”, pero todos seguían ahí abroquelados como una mafia imperturbable, cuidando sus negociados, sus transas, sus malditas fortunas mal habidas. Tan solo si no afanaran. Si fueran realmente honestos. Si se vistieran de patriotas. Este país sería otra cosa. Cambié de canal, pero no cambió nada. Más pibes con las cabezas abiertas. Más botellazos. Más abandono de los abandonados. Apagué y apareció Baltazar con su bolsa repleta de superhéroes.
- ¿Querés jugar pa? Yo soy el Duende Verde y vos sos el Hombre Araña.
- Dale, vení.
Me dio el muñequito del Hombre Araña y el se quedó con el del Duende Verde. El juego siempre era el mismo. El Hombre Araña se rompía el culo tratando de hacer justicia, pero el Duende Verde, de alguna manera siempre lo terminaba cagando, mientras le gritaba “maldito arácnido, te he vencido”. Y ni siquiera ayer pude revertir aquella vieja historia. El mal volvió a ganar.
Después del grito de “a comer”, los cuatro nos sentamos a la mesa. Hablamos con Martina sobre lo que había pasado, tratando de explicarle que aquello que quizás a ella le resultaba ajeno, era grave. Que tenía que cuidarse, que tenía que estar atenta a lo que sucedía alrededor suyo cuando salía, que tenía que mantenerse al margen de ciertas cosas, que tenía que ver cómo se comportaban sus amigas, si tomaban, si se drogaban, le dijimos en definitiva que tenía que permanecer sana, viva. La vida para un adolescente jamás tiene valor, sin embargo, para los padres la cosa es un tanto diferente.
Más tarde, mucho más tarde, nos metimos en la cama la flaca y yo, y nos abrazamos hasta quedarnos dormidos en silencio. Paz. Un bien escaso, si los hay.
Podés seguir leyendo cosas mías en: www.veniquetecuento.blogspot.com
Agosto 30, 2010 | Por sykman | # Enlace permanente

www.jurujujaja.blogspot.com
Junio 4, 2010 | Por sykman | # Enlace permanente

Mayo 16, 2010 | Por sykman | # Enlace permanente

Mayo 12, 2010 | Por sykman | # Enlace permanente

Abril 27, 2010 | Por sykman | # Enlace permanente

Marzo 12, 2010 | Por sykman | # Enlace permanente

Ultimos Comentarios