Historia del Churruca – parte 4 – el “vivero municipal”

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El Instituto Andrés Visca, fue producto también de otra donación. Don Andrés Visca era un comerciante italiano del gremio de la lechería, que tenía su negocio en la Calle Moreno, muy próximo al Departamento Central.

Falleció en 1938, donando al Hospital Policial 50.000 $ m/n y muchas propiedades. La objeción testamentaria de los familiares de Visca, duró veinte años, hasta que finalmente el 8 de agosto de 1960 se estableció la proporción que recibiría la Policía Federal: 49 propiedades, por lo que tuvo que desalojarlas de inquilinos y venderlas a esas propiedades.
La piedra fundamental del Instituto Andrés Visca fue colocada el 12 de septiembre de 1963, y recién fue inaugurado el 4 de diciembre de 1976. Con él, se agrandó la cantidad de camas disponibles para la creciente poblacion de afiliados.
Sin ninguna duda, la zona aledaña a la laguna que nutría a todos estos terrenos baldíos, tiene una historia que resulta apasionante al conocerla.
Antes del Churruca, existía un Vivero Municipal. ¿Qué es un vívero? Un vívero es un conjunto de instalaciones en el cual se plantan, germinan, maduran y endurecen todo tipo de plantas.
La tierra de este lugar era de un sustrato bien abonado, y con abundante agua natural. Uno de los principales “utilizadores” de este prolífico vivero, fue Carlos Thays.
La obra de Carlos Thays como paisajista en la Ciudad de Buenos Aires, puede apreciarse en los numerosos árboles plantados a lo largo de las avenidas, parques y plazas ( Bosques de Palermo y Jardín Botánico) con un estilo eminentemente francés, por el cual se dice que Buenos Aires recuerda a París en muchos sentidos. Su estilo era Simétrico, Mixto y Pintoresco, pues copiaba el “espíritu” de la Belle Époque.

Aprovechó la floresta autóctona de modo que a él se debe que muchas plazas, parques y calles de Buenos Aires estén arboladas con jacarandás, tipas y yuchanes entre otros. Muchos de los arboles que vemos y gozamos por Buenos Aires, tuvieron como cuna a la fértil tierra (y no es una metáfora) de los terrenos donde más tarde se levantaría el Churruca.
El Vivero estaba dispuesto para obtener plantas a partir de semillas, o de pequeños brotes. Las plantas que se obtenian después eran trasladadas al lugar donde se las plantaba definitivamente.
Debía reunir una serie de requisitos técnicos, entre los cuales resaltaban la necesidad de poseer abundante agua – sobre todo en épocas calurosas- y su topografía debía ser plana. Ambas, se cumplían con holgura en estos terrenos.

Nuestro vivero de entonces, atesora el recuerdo de haber sido “la cocina” de Carlos Thays, de donde tomó muchas de las plantas que se expanden hoy en dia a lo largo y a lo ancho de la Ciudad de Buenos Aires.