LOS EXTRATERRESTRES BORRAN FRONTERAS

Publicado el 19 feb 2012. Archivado bajo Ciencia y Tecnología.
Hace miles de millones de años, se habrían generado por fin condiciones apropiadas. Se dio un “caldo” con sustancias en las que una descarga, un rayo de aquella atmósfera, produjo moléculas grandes, los ladrillos de la gran construcción que llamamos “vida”. Es posible, como conjetura al menos, que uno de los primitivos seres microscópicos que podríamos considerar “vivos” haya quedado aprisionado en una roca, y que una enorme explosión  o impacto en aquellos mundos caóticos y violentos lo haya enviado al Espacio exterior.

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Anunakis: ¿creadores del homo sapiens?
La  roca pudo protegerlo de la temperatura de incandescencia inicial,  pero luego, durante el viaje por el Espacio, quedó en estado de vida latente debido a temperaturas de 270 grados bajo cero. Meses o años después, otra vez el incendio, la destrucción de la roca protectora y la apertura a un mundo nuevo.
Si el caldo original se produjo por ejemplo en Marte o Venus, el viaje pudo ser a la Tierra primitiva y la célula viva marciana o venusina habrá comenzado su evolución terráquea hasta dar como resultado nuestra propia existencia actual.
Si el caldo era en la Tierra, habrá comenzado la historia de la vida en nuestro planeta. Son  hipótesis que no pueden ser probadas; pero ya Carl Sagan, gran divulgador del conocimiento astronómico, consiguió crear en el laboratorio, a partir de elementos químicos, moléculas esenciales para la vida por procedimientos que trataron de reproducir los del “caldo” inicial.
Pero haya sido en Marte o en otro planeta actual a extinto o en la Tierra, está demostrado que toda nuestra materia, la que constituye nuestros cuerpos,  formó parte en un pasado remotísimo de las grandes nubes de gas interestelar que dieron origen al sistema solar. Es posible que todos nuestros átomos hayan estado en el centro del sol, y que seamos literalmente polvo de estrellas y a ese polvo debamos volver, como dice la Biblia.
Estrictamente hablando, sin ovnis ni androides, somos extraterrestres. Pero hay otros extraterrestres que no somos nosotros, que desde hace mucho vienen ocupando y preocupando a la humanidad.
Escrito en roca
Los antiguos sin duda no eran tan ignorantes como queremos creer. Los sumerios, por ejemplo, observaban el cielo con gran cuidado. Nuestra idea es que procuraban conocer la llegada de las estaciones y establecer los momentos de la siembra y la cosecha.

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Sumerios: sus observaciones astronómicas detectaron un sistema solar clarísimo, pero con el sol en el medio y los planetas alrededor.
Pero en el siglo pasado se descubrió la imagen de una estrella con pequeñas esferas rotando a su alrededor: un sistema solar clarísimo, pero con el sol en el medio y los planetas alrededor. La doctrina heliocéntrica, que no es la del sentido común y que preferimos ver cristalizar en Copérnico.
Algunos investigadores, al analizar la imagen, hacen notar que las esferas en torno de la estrella central   parecen coincidir en sus proporciones con los  nueve planetas de nuestro sistema y sus satélites.  ¿De dónde viene este conocimiento, tan antiguo?
Según el ruso  Zecharia Sitchin, de fuente extraterrestre, inspirado por conocimientos que una raza alienígena muy evolucionada pudo tener, con la que los sumerios habrían estado en contacto y que fue también el origen de la civilización en ellos: de la  agricultura, la metalurgia, y la escritura.
De todos modos, desde que Guillermo de Occan, al fin de la edad media europea, invitó a usar su célebre “navaja” para cortar todas las   hipótesis o criaturas del entendimiento innecesarias, no parece oportuno crear toda una raza alienígena para explicar un dibujo. No obstante, el dibujo existe y la explicación resiste.
Del otro lado
La historia de la humanidad está repleta de hechos inexplicables, extraordinarios, y los antiguos nos han legado construcciones monumentales que no parecen posibles siquiera con nuestra tecnología actual, menos con la que suponemos en ellos.
Pero hay un hecho que no requiere tecnología sino milagro, y es el nacimiento virginal de numerosos “iluminados” o “iniciados” en los que es fácil ver la influencia de manos no humanas.
Los hombres han dicho que tales manos son de dioses o de ángeles, definidos como enviados de los dioses. Algunos de ellos, como los que describen los Vedas en una batalla monumental con armas atónicas y carros voladores, o los que muestra Zacarías en la Biblia, con carros de fuego con ruedas y alas, o los que aparecen labrados en la piedra en  Yucatán, y tantos otros, están pormenorizados de tal manera que no es posible atribuirlos a la fiebre ni a un rapto de imaginación desbordante, sobre todo porque hay entre ellos una concordancia que la fiebre generalmente no produce.

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Buda Sakyamuni nació en el siglo IV antes de nuestra en el Himalaya, en el norte de la India, de una virgen llamada Maya.
Sidharta Gautama, el Buda Sakyamuni,  nació en el siglo  IV antes de nuestra en el  Himalaya, en el norte de la India, de una virgen llamada  Maya.
Los dioses atendieron solícitamente a Maya y a Buda, que tan pronto salió del vientre virginal de su madre dio pasos y pronunció con gravedad palabras que fueron otros tantos milagros de precocidad.
Por ser parte de nuestra propia tradición, conocemos la historia del nacimiento de Cristo de Myriam, o María, y  la llegada de magos guiados por una estrella hasta el lugar del parto.
La explicación convencional de la estrella y  la naturaleza de esos magos puede variar en el sentido de influencia de civilizaciones alienígenas, tanto por lo que pudo ser la estrella como por lo que eran los magos.
A comienzos del siglo siete, Mahoma, un pastor analfabeto, tomó contacto con un ser que llegó del cielo y le dijo ser el arcángel Gabriel “el emisario enviado por Dios para comunicarte que has sido elegido para que le anuncies a la humanidad su mensaje revelado”.
Con estas  palabras, ese “ángel”, ser superior sin dudas pero no sabemos de qué naturaleza,  convirtió al pastor en uno de los mayores profetas y al analfabeto en un sabio que convenció a los sabios. En el Corán, libro que Mahoma dictó,  hay ejemplos abundantes de mensajeros que descienden del  cielo.
Los aborígenes de los montes Kimberley, en el noroeste de Australia, cuentan que en tiempos remotos sus dioses trazaron sobre las rocas unos dibujos antropomorfos, ellos los llamaron los “wandjinas”. Estos seres instruían a los nativos.

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