EL TREN DE LA HISTORIA

EL TREN DE LA HISTORIA

Los argentinos hemos perdido el “tren de la historia” , ya que las auténticas ideas de aquellos personajes “prestigiosos” siempre se esconden detrás de un manto y sólo la mirada profunda del pensamiento puede penetrar ese manto. Generalmente , las ideas de los prestigiosos no valen tanto como parecen; esto se debe a que también debemos pagar el precio del manto, de nuestra propia curiosidad.

La comunidad sería la organización de los débiles para equilibrar la acción de los poderes que la amenazan. Por supuesto, sería preferible una organización lo suficiente fuerte , como para disuadir las intenciones del poder enemigo: esto intentaría, cuando se trata de un único enemigo. Pero este enemigo es tal vez el jefe de una banda, el dueño de una corporación o el dirigente de un partido y cuenta con muchos seguidores, lo que hace improbable su disuasión y en casos extremos su destrucción rápida y definitiva y la comunidad deberá enfrentar largas hostilidades que la reducirán al estado menos deseable; no dispondrán de tiempo para perfeccionarse y el producto de su trabajo se verá amenazado.

Así, muchos argentinos han aprendido a estar a la altura de lo imprevisto; pues es necesario no esperar nada para ser dueño de si mismo. Sea cual sea el enemigo, y aunque este oculto tras un manto , se han hallado fuerzas para desenmascarar a los “virtuosos” de nuestra decadencia. Me parece que la palabra más grosera, el mensaje más agitador, son más honestos que el silencio y parten de razones más nobles. A quienes callan les falta siempre la delicadeza y valentía de espíritu. La impertinencia es la forma más humana de la contradicción y, en medio de la actual incertidumbre, una de nuestra principales virtudes.

Lo que la comunidad ha tomado en serio hasta el momento no son sino realidades parciales o meras imaginaciones o para hablar con más exactitud , mentiras nacidas de los malos instintos, de naturalezas enfermizas, perjudiciales en el sentido más profundo. Pero en ellos se ha querido buscar la “grandeza de la naturaleza humana” . Muchas cuestiones de la política, del orden social, de la educación, la cultura y la seguridad han sido falseadas hasta ahora integra y radicalmente por el hecho de haber juzgado como grandes hombres a los hombres más nocivos y también por habernos pretendido enseñar a despreciar a las cosas más pequeñas, es decir las cuestiones esenciales de la vida misma.


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