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Al Caminar (Poema)

Al Caminar


Todo se había tornado más oscuro,

en rededor, por dentro,

opacándose casi irremediable.

Verde paisaje manso,

lóbrego pastizal, rodea la ruta;

no más, que solo sombra.

A lo lejos el cielo reúne nubes.

Mi soledad , el fondo

sin límites conoce, de la bóveda,

oculta a simples ojos.

Desde entristecido cielo, miro,

y por dichosa suerte,

más una centellada blanca, lúcida,

a comprender comienzo,

y ver más allá de confusa mente.

Indica dónde deben

llegar mis presurosos pasos, lejos.

Es ahí donde lloran,

todo mi sufrir, dejan caer sus gotas,

y me recubre manto,

húmedo cristalino, envolvente.

La mente ya se calma,

el cuerpo se relaja, mas el alma,

no encuentra la dicha.

Nunca por capricho; necesidad

de querer esta vida.


Se requiebra la sombra acaudalada

del Ibirá-Pitá,

cuando el suelo conoce ya sus hojas.

Zozobra en letanías,

cuerpos lejanos, pocos sobreviven.

Los pies caminar sienten,

sobre roca escarpada, milenaria.

Esta idea no se pierde,

de búsqueda mejor, por nuevos mundos;

lo que en vida no llega.

¡No! Para los cobardes fraudulentos,

es la rendición brusca,

cuando el mundo, todo entero espera.

Sin embargo, pregunto,

¿Qué es lo que busco, gloria o la muerte?

¿Serán ambos, el fruto

del mismo avenir, único sombrío?

Debo buscar la cura

de la vida, el dolor sublevar pronto.

¿A encontrar a quien vive

en las márgenes de sueño avaro?

Esta alma toda entera,

se lamenta, por éste mundo pierde

todo valor viviendo,

en un cuerpo prisión, escondiéndose.


Ya reposan mis ojos

en extenso caudal, que por momentos

se torna dulce arrullo

mas, otras veces turbio Paraná.

¿Cuántos lo han mirado

nacer y avanzar en su cause pródigo,

y cuántos han llorado

bajo la yerta sombra congojada,

de péndulas ramillas?

Hoy ciudad de La Paz, junto a su costa

lo mira, serpenteante;

como dorado hilo de mortales

y nunca por estrellas.

Nunca un Güaraní, manchó sus aguas.

Sagrado es el paso.

Una vez más me vuelvo, alejándome

de la costa al camino.

No alcanzan mis ojos a cubrirla,

exuberancia de isla,

ambas costas del viejo río traza,

y divide en canales.

Es tal frondosidad que se entreve.;

de popa a proa miro,

una ciudad entera, allí oculta.

O en prontas palabras,

otro de los encantados navíos,

atascado con vida;

hijo cautivo de madre Natura.

Madre de todo donde los humanos

deambulan y transforman.


¿Quién hoy declarar puede, hasta qué punto

les fue de gran valía,

el sufrimiento tanto a Prometeo,

así como a Jesús?


El tramo se alargó, en que mis pasos

rumbo ya ofrecieron.

Ya la noche cubría lo que verde

fue en el claro de día.

No se alejaba, de mí la soledad.

Horas fueron pasando

desde el último ser, que de tan rápido

su paso transeúnte,

briza tornó el aire circundante,

arrojado ya al rostro,

oculto, frío, solo indiferencia

a las luces que escapan.

Mientras marchan los pies, esos recuerdos,

vuelven, de quien existe,

lejos una familia, sin amigos.

La banca de cemento,

marca el dolor en los huesos hastiados,

todo un aposento.

Algo más me devuelve, al paso lento,

éste que ya es tormento:

soy prisionero en mi propio cuerpo.

Ni detener la marcha,

ni apresurarla puedo, gritar quiero,

sin embargo, por otro

la voz responde, ríe beneplácito.

Y ninguna experiencia,

prepararme logró, hasta el momento,

para esa noche muda.

Cuando es ese otro, quien gobierna

mientras dormidos creemos…

se hace amo y señor, de todo mundo

que propio creí despierto.


Es mi mundo mi patria;

es mi cuerpo mi mundo;

lo que me rodea, todo:

universo entero.


Un misericordioso vástago,soy,

sin monedas doradas,

oscuro frenesí, magro Caronte,

¿Debo vagar sin sombra?

Pútridos restos, cuerpos de mortales,

llorados por absurdos.

Ahora vaga en errante paso moral,

el alma sin descanso,

de pagano rencor, dueño de vidas.


Abandonan carrera,

diestros competidores, al notarlo,

horrorizados, premio

no es oro de algún color primario.


Y aun sigo la marcha,

por rumbos muy extraños a mis pies.

Nunca clame a Tiresias,

caminos de Agnaké, si correrá,

interés no será,

del que la mente quiere, solitaria.

Pero, la lucha nace,

depósito mundano, este cuerpo,

arena de batallas.

¿De cuanto servirá minuto más,

en el material mundo

cuando la eternidad espera siempre

por todas nuestras almas?


Aun así, no es hombro de Virgilio,

lo que buscan mis manos,

ni ser llevado aun, con propia sombra,

por los tres milenarios

mundos de ultratumba, falta tiempo.


Aun antes de Lagash,

los hombres conocían, cuanto remontan

las mieses del campeón

de equilibrio de vida universal.

Pero, ¿qué verdad buscan

con desespero magro, armas, artes

y ciencias cuando solo

la palabra es constante alteración

en mano que la traza

y lapída con siempre formas varias,

que los ojos observan,

la voz recita, oídos oyen prestos,

y la mente devana?


Quien significador sentido busca

a la propia virtud

se inquieta por restos de noble alma,

triste desconocida.


Aun sigo caminando en mi vida.

No puedo correr mucho,

el tiempo no permite, sin embargo,

puedo elegir nunca

y jamás volver para deternérme.


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