Los celulares unidos jamás serán vencidos
Hoy a la mañana mientras venía a la oficina me percaté de que me había olvidado el celular. Y ahí nomás también me percaté de lo enormemente celular-dependientes que nos volvimos los argentinos (los seres humanos bah) en estos últimos años.
Me olvidé el celular y me siento desconectado del mundo.
Es así. Triste, pero real.
¿Como era la vida cuando no andabamos con el celular encima?
La verdad que mucho no me acuerdo. Lo que sí recuerdo es que la gente se encontraba igual, las cosas se hablaban igual y los problemas se resolvían igual.
Sin embargo, aún sabiendo esto, es inevitable sentir que cuando uno se olvida el celular le falta algo. Dependemos de ese aparatito y eso, por lo menos a mi, me pone triste.

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No hace tanto que tengo uno, me resistía, pero cayó un rayo en la línea telefónica y como todo en este país telefónica tardó tres meses en arreglarlo, llegaba el día de la madre y mis descendientes, me regalaron uno, diré que al principio me costó aprender a manejarlo, pero llegué a dominarlo bien…
Lo uso poco, en una emergencia o juego con mis amigas a mandarnos mensajitos.
Pero es un pitorro adictivo, se hace indispensable, aunque sea para la pavada.
Chau