DEL DOLOR UTOPÍA…

LA PREGUNTA*
En la hondura del ser germina.
Se hace lágrima de fuego vivo
y nos habita desde siempre.
Cada cual intenta lo posible
y hay quien se esfuerza en apagarla,
se esfuerza en la torpeza y no puede.
Ella no vuelve. Ella esta.
Los que nos vamos somos nosotros
para regresar a ella.
*De Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar
-Fuente: ARENA DE NUEVE CANTOS. Antología de Poetas Santafesinos. (2008)
DEL DOLOR UTOPÍA…
DESDE EL ORIGEN*

para Azul

Había una vez una mariposa que habitaba el aire y sus ojos bendecían al sol
cuando nacía en sugestivo canto a orillas del Río de la Plata…

Tanta luz, tanta música, advirtieron vibrar su alma,
tanto pájaro y sonido,
tanta locura de pausa acompasando el verano,
lograron que todo el aire fuera continente subiéndole palabras…
las sumergía y nadaban,
las emergía y volaban…

y así iba ella,
obrando de la rosa alimento, de las espinas nacimiento;
del perfume sustento, del dolor utopía.

Su latido era estarse en los niños y su niño era vida y origen.

Ella permanecía
y en su pensamiento brotaba la lluvia como bautismo de estío,
tan de calor esperante con olor a domingo.

Un enero solitario, entre sus hebras de plata, remontó desde la sierra un
tórrido ventisquero y se envolvió risueño como galopes de alma…

Compañía de vocales enternecieron la tierra en fértil abecedario.

En paciencia vertical, su río redobló la devoción del azul frente al verde,
del amor con el amor en su piel y un ángel de polen complaciente renació
silencioso de su cauce, haciéndose hombre en nombre de su rosa, de su rosa.

Dicen que dicen y dicen, que en sumatoria de soledad acompañados,
el viento dobló su paso, volvió a las sierras cantando, el paisaje se hizo
carne. y se quedaron.

*de Ana Lía Gattás analia_gattasz@speedy.com.ar


Reflexiones de un domingo cualquiera*

La Vida a veces no es más que un ignoto pasajero sentado en el furgón de cola de un destartalado tren suburbano, que nos robara los zapatos si nos descuidamos.
En otras ocasiones, y sólo para demostrarnos lo equivocados que estamos pensando mal de ella, La Vida despliega ante nosotros un elaborado show donde somos los protagonistas, y nos da lo que creemos son las mejores líneas de nuestra vida.
Lo cierto es que con Ella no valen ruegos ni excusas, diezmos o coimas, Ella escribe el libreto día a día y nosotros tratamos de improvisar, con mayor o menor arte; sin conocer como siguen las líneas en la página siguiente y sin tener la referencia de donde debemos pararnos en el escenario. Creyéndonos de pronto dueños de la escena, no nos damos cuenta de que nunca podríamos llegar a precisar en que momento se nos terminan las alternativas y comienza lo inevitable (permiso M. Diament).
Otras veces la vida nos despeina con un gancho de derecha directo a la cara, y no importa que tanto nos duela o que tan maltrechos quedemos, a la larga debemos tratar de devolvérsela. No importa cuando o como, pero hacerlo! planeada, sencilla y resueltamente. Y ese solo, único y elemental hecho barbárico de venganza nos ayuda a sentirnos vivos un día más, a falta de mejores incentivos! Después de todo, los buenos actores siempre son aquellos capaces de improvisar sobre la marcha!.
Así es que hoy, brindemos por la paz de un nuevo día, hagamos que La Vida aprenda a respetar nuestra vida y que sea el Diablo quien intente jodérnosla y no nosotros mismos.

Salud!

La estúpida religión del éxito*

Se reclama desde los púlpitos y es una evidencia: las religiones se difuminan, al menos en Occidente. Pero no es cierto que no las suplantemos por otras. Somos puntuales feligreses de la del éxito, la estúpida religión de la victoria.

En los últimos días algunos de nuestros gobernantes nos dan el patético espectáculo de andar penando por una derrota, tratando de negarla o disimularla inútilmente. Como si lo importante fuera medir bien en el rating del aplauso y poseer un proyecto lúcido de país resultara algo accesorio, ya que lo clave sería acumular los porotos necesarios a la hora de la cuenta.

La república imperial estadounidense pugna por imponer al mundo hace años su visión calvinista de una sociedad formada por ganadores y perdedores. Pero cualquiera que ejercite una cuota apenas modesta de razón comprenderá que, una vez satisfechas las necesidades mínimas, la felicidad no depende de nuestro nivel de compra: más placenteramente vivirá aquel que puede contemplar un anochecer gratuito en paz con un ser amado que el que despotrica dentro de un BMW porque no le anda bien el aire acondicionado.

A los que nos gusta jugar a algo -ajedrez, fútbol, bolita, tenis, ludo- sabemos que si bien ganar resulta satisfactorio, no lo es todo: si no, no nos expondríamos al padecimiento de perder. Porque sucede que aún perdiendo, nos queda el placer de haber jugado. Sabemos que ganar o perder es un percance o una alternativa del juego, pero lo que nos llena de adrenalina es la batalla en sí misma, no los sones del triunfo.

Bajo la religión del éxito se puede pensar, por ejemplo, que Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral o Winston Churchill fueron mejores escritores que Borges, ya que aquellos ganaron el premio Nobel y el argentino no. Pero todo aquel que haya conocido el placer de la lectura sabrá que el razonamiento es absurdo.

En realidad este culto, cuyo sumo sacerdote es el rating, pretende imponernos la superstición del número: que las verdades resulten reveladas por la estadística y las multitudes sean las que bendigan la calidad. Cuantos más consuman un libro, una canción, una película, un conjunto musical, una heladera, una marca de chocolatín, de jeans o de bicicleta, mejor será. Pero basta apenas con recordar con melancolía algún gran éxito, de cualquier tipo, de un par de décadas atrás para echar un manto de melancólica piedad ante una mirada tan tosca y tan candorosa para escudriñar el devenir.

En una carta de 1954 el gran Italo Calvino se enoja con un amigo, también escritor: “¿Pero qué te pasa? ¿Tomar a mal que te hayan rechazado un libro? Yo sigo escribiendo cosas que me rechazan, tengo cajones llenos, y son justamente las que vale la pena trabajar. Escribimos porque nos gusta sobre todo y aunque nos cueste.”

En una época en que los políticos ya abandonaron las convicciones por las encuestas y muchos “artistas” se guían por la ética de la cantidad, no seamos los voluntarios esclavos de una máquina global de consumo cuyo único fin visible -agobiador e insensato-consiste en reproducirse a sí misma.

(Publicado en la columna Disparador de Clarín el 27 de julio del 2008)

*Por Marcelo A. Moreno. mmoreno@clarin.com

El eco de la lluvia‏*


Sus sollozos de sal, humedecieron de fuego mi espíritu.
No sabía qué decir, frente a la avalancha de tantas emociones.
Me contagié de su pesada y acongojada lluvia.
Era notablemente dolorosa pero purificadora y saludable.
Aún en este momento, el eco de la sensación continúa…
Mondo Spam*

*Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona
UNO No son las 9 de la mañana y ya me han ofrecido una selección de milagrosas hierbas medicinales bíblicas, agrandar el tamaño de mi pene hasta que alcance las medidas de algo demasiado parecido a un brazo, un trabajo que “cambiará mi vida por completo sin salir de mi casa”, un racimo de diplomas varios de carreras universitarias que jamás cursé o cursaré y (más detalles adelante) una bonita carta de una tal Darya, muchacha “muy activa” a la busca de “la persona del sueño”. Y esto es sólo el principio de un largo día.
DOS Y no es la primera vez que escribo sobre el asunto, pero -como la situación empeora- vuelvo a hacerlo esta vez con la vaga y electrónica excusa de que se cumplen treinta años de recibir spam o, si lo prefieren, mensajes no deseados y solicitados a través del correo electrónico. Basura. Poluciones. Contaminación ambiental de mi pantalla. El spam al que me refiero lo recibo yo y -al mismo tiempo- cientos de miles de personas. En el e-mail somos todos iguales y así no hay ningún problema en que te toquen el timbre o te pateen la puerta a cualquier hora. El spam es el gran equalizador donde todos acabamos sonando igual. Afortunadamente, el método a la hora de recibirlo es tan expeditivo como el que se utiliza para enviarlo: rara vez lo leo, lo borro sin siquiera abrirlo y nunca lo contesto. Y así
nos comunicamos los seres humanos.
TRES El término spam -lo leo en la correspondiente entrada de la Wikipedia- proviene de un célebre sketch de los Monty Python. Aquel donde unos tipos en un café no paraban de repetir la palabra spam (ese compuesto de carne barata que alimentó a los británicos durante la posguerra del racionamiento) hasta la saciedad y el espanto. La terrible gracia del asunto pasaba por decir en ese sketch la palabra spam con cualquier excusa y en cualquier contexto hasta así habitar un Mondo Spam donde esa porquería enlatada y correosa tuviera el sabor de la ambrosía o, lo que es lo mismo, el único sabor
posible.
Por estos días, hace tres décadas, a alguien se le ocurrió enviarles a 393 desconocidos que compartían un mismo servidor/distribuidor de correo electrónico la buena nueva de que la Digital Equipment Corporation tenía a su disposición un nuevo modelo de computadora. Alegría. Y treinta años después del Big Spam, enterado de que el 84,6% de lo que se recibe por correo no es otra cosa que spam. Y yo ahora -mientras escribo esto que enviaré por e-mail- recibo un e-mail titulado El beso dulce de Darya.
Y lo abro. Y lo leo.
CUATRO El mensaje de Darya viene acompañado por una foto que muestra a una rubiecita un poco parecida a Kirsten Dunst y -lo reproduzco aquí textualmente, sin correcciones- dice así: “Me llamo Darya. He oído mucho que en Internet hay unos lotes, donde probablemente encontraréis a la persona
del sueño! Espero mucho que me escribiréis! Deseo encontrar a la persona que se encuentra en la condición de dirigirse con las mujeres, sabe que esto les es necesario, por eso busco a la persona adulta! Veía su estructura sobre el lote, pero no tenía el tiempo para escribirle, ya que mi estructura personal
fue quitada. Pero me amabais mucho, esto amaba, decís de usted directamente! Pensaba en Usted mucho, y ahora le escribo! Espero que le amaré también, así como! Mí 28 años. Trabajo como la enfermera de los niños. La muchacha muy romántica, mí amo soñar y pensar bueno. Mucho a menudo, cuando en la calle
hacer calor voy con las amigas, tengo muchos amigos, mí la muchacha muy sociable, amo estudiar todos los nuevo, amo, hace conocimiento con la gente nueva! Amo mucho los animales, amo a los gatos. Pienso que los buenos animales muy tiernos y! Amo mucho leer, amo los libros distintos, la imaginación, los detectives y mucho otras cosas, amo también parecer las películas distintas, mucho a menudo voy al cine con las amigas! Amo todas las temporadas, en cada uno de ellos hay algo bueno, en verano amo navegar, amo, cuando quitar probablemente toda la ropa superflua y ENTRAR en la ropa fácil! Esto muy agradable, cuando las influencias del viento sobre el cuero y esto! La muchacha muy activa, mí amo las competiciones deportivas, se encuentra, corro por la mañana en verano, estaba sentado nunca sobre las
dietas, deseo estudiar todo este mundo, deseo mirar en cada esquina de este mundo! Espero mucho que me responderéis que le amaba, por que os me habéis interesado! Espero mucho en esto! Con el amor Darya”.
Pobre Darya, chica de país centroeuropeo cansada de comer sucedáneos de carne y con ganas de conocer una metrópoli ibérica y primermundista sin saber que España está en crisis -ahí están todos esos catastróficos titulares del fin de semana donde se la señala como nueva zona de riesgo para inversores extranjeros- y que todas las ayudas económicas que recibió de Bruselas ahora serán redirigidas hacia su patria daryana. Casi me dan ganas de contestarle que aguante un poco más, que espere que ya llegarán a
Daryalandia la bonanza y todas las grandes fábricas que están cerrando en la Península Ibérica para abrir en territorios más humildes y baratos. Pero no, mejor no.
CINCO Estados Unidos es el primer país productor de spam (el 28% de lo que se consume y te consume; porque por qué no pensar que cada spam que se envía a tu nombre no te roba un poco de alma, más del que te roba una fotografía) y en los últimos días he leído tres noticias spamóticas y norteamericanas.
La primera tiene que ver con la existencia de un tipo -el periodista Neil Forsyth convertido en un tal Bob Servant- que se dijo eso de “si no puedes con ellos, únete a ellos” y se dedicó a contestar cada spam que recibía hasta enloquecer a sus remitentes. Bob Servant tiene web y blog y un libro titulado Delete This at Your Own Peril donde recopila su obsesiva y absurda correspondencia con los electrónicos hasta conseguir desenchufarlos.
La segunda tiene que ver con la fuga, asesinatos y posterior suicidio de Eddie Davidson mejor conocido como “El Rey del Spam”. Davidson -de 35 años- cumplía una condena de 21 meses en una cárcel de mínima seguridad de Florida desde el pasado 28 de abril por evasión fiscal y falsificación de dominios
luego de haber ahogado a cientos de miles de personas con mensajes basura promoviendo relojes y perfumes y etcétera hasta generar unos 3.500.000 de dólares. Davidson se escapó, mató a su mujer e hija y después se pegó un tiro. El que a mouse mata, a gatillo muere y send.
La tercera se refiere a un nuevo e indispensable servicio: la posibilidad de contratar a alguien para que te conteste los e-mails luego de que hayas muerto. Entrar en assetlock.net (antes conocida como youdeparted.com y colega de otras como lettersfrombeyond.com o mylastemail.com) y dejar
instrucciones para seguir molestando cuando uno ya no esté y, quién sabe, hasta entablar una relación ectoplasmática con Darya.
Los fantasmas existen.
Sobre todo, los fantasmas en la máquina.
EL SISTEMA TODO PODEROSO*


Cuando Jesús le dijo a Pilatos: “Mi reino no es de este mundo”, sabía que quien reina en éste mundo es el “Sistema”, gracias al cual existe “el reino de éste mundo” y fue “El Sistema” y no el reino, ni los hombres, quien lo condenó.
“El Sistema” es quien posibilita que crezcan reinos e imperios, los estados y la sociedad misma, es el que regula el orden a partir del momento en que más de un hombre comparte un medio o cualquier otra cosa
También es el que establece las normas y los códigos con que se maneja en cualquier sociedad, los derechos y las obligaciones, la economía, la justicia, y las libertades, o sus ausencias.
Los hombres crean “Sistemas” sociales y políticos que los hacen poderosos, pero que también terminan dominados por su creación, que en definitiva es quien manipula la paz o la guerra, la justicia o la injusticia.
“El Sistema” ya sea en los desbordes de las injusticias o en la protección de los justos, siempre es implacable y cuando sucede que por imperio de la violencia es destruido, inmediatamente es sustituido por otro, porque la anarquía crea las condiciones para un nuevo “Sistema”, igual o distinto, para bien o para mal, pero siempre será quien maneje los destinos de los reinos de este mundo.
Sea en el mundo primitivo o en el mundo moderno de la actualidad, el hombre ha comprobado que no puede existir sin normas, y para ello debe crear antes “El Sistema” que luego establecerá las normas que regirán los destinos de los que lo crearon.
El “Sistema” creará primero las defensas de sí mismo, para poder luego cumplir con la misión para la que fue creado y en nombre de esas defensas no se detendrá ante nada para mantener incontrolable el poder de reinos e imperios, así tenga que crucificar a Dios, esclavizar pueblos, arrasar etnias, o condenar a miserias sociales y culturales a más de medio planeta.
Llega a ser tan poderoso y a la vez tan vulnerable, que el imperio al que sirve, es rehén de su servidor y además debe cuidar de que no sea lesionado por filosofías sustentadas por otros “Sistemas” que favorezcan diferentes conductas y formas de vida.
Sin saberlo la organización tribal, para poder ser, creaba un “Sistema” que determinaba las escalas jerárquicas, los procederes de defensa y las formas de relacionamiento interno y a medida que evolucionaba también el externo.
Una vez creado el “Sistema”, tiene como prioridad la defensa de los bienes materiales y/o espirituales de quienes lo crearon, también el orden económico y filosófico y todo lo que sustenta la identidad de pueblos y reinos, que como toda cosa planetaria tiene su contrapartida necesaria para mantener el equilibrio universal, y entonces automáticamente se crea, el antisistema, o sea el negativo o positivo según el caso, que deben combatirse alternativamente, y por ello se crean las luchas de clases, las sociales, las étnicas, las económicas, las territoriales, etc.
Entonces el hombre, único destinatario de todas esas formas que se supone, tiene el objetivo de regular las penas y las alegrías que en su visita al planeta debe experimentar, es sacrificado, desnaturalizado y deshumanizado para defender el sistema que en un principio fue ordenado para regular la distribución de bienes y males equitativamente entre todos los de su especie.
Hay teorías que sostienen que los “Sistemas” sociales y políticos no son creados por el inquilino del planeta, sino que se crean espontáneamente por la necesidad de un ordenamiento de los límites del relacionamiento, no así las leyes, las reglas y hasta la Constitución misma de una nación, que se elaboran a partir de la necesidad que tiene el hombre de fortalecer los “Sistemas” que se supone lo amparan, por ejemplo el “Sistema político” es el que crea el “Sistema económico” que establece cuanto y como debemos trabajar y la compensación que por ello recibiremos, que alimentos podemos consumir y de que calidad debe ser la vida y la cultura a la que podremos acceder.
La idea siempre fue de que los “Sistemas” sean servidores de la humanidad, pero las exquisiteces de la civilización y las complejidades políticas de las economías los han transformados en monstruos devoradores de las mejores virtudes humanistas, porque las imperfecciones de los mismos mutilan los derechos de los menos favorecidos, con la aprobación de los más favorecidos.
La historia nos muestra en miles de hechos que los sistemas de distintos signos se combaten y se destruyen unos a otros, por medio de las economías, las armas o el colonialismo cultural. Los “Sistemas” más fuertes se desarrollan en los pueblos con niveles culturales y económicos más avanzados que imponen a pueblos menos cultos y más pobres, entreguen por poco menos que nada sus riquezas, sus valores y por imposición adopten filosofías y conductas de los más poderosos.
En la medida que más se fortalece, se vuelve más implacable y cruel y para defenderse no vacila en maltratar a los componentes de su propio pueblo sin darse cuenta, que siempre ese ha sido la mejor manera de corromper a sus mismos sustentores, manera que en definitiva siempre fue la que inició el principio del fin de todos los imperios en la historia de la humanidad.
Por eso hoy el mundo ha comenzado desconfiar de su eficacia para dar mejor vida a la criatura humana, y los pensamientos serios de los menos favorecidos está sentando en el banquillo de los acusados, a los sistemas técnicamente casi perfectos, que se montan a los gobiernos y los viola y los humilla a cambio de comodidades, seguridades y “felicidades” que a nadie satisface porque los beneficiarios entran a pensar a la luz de las verdades que el humanismo trata de reflotar, y se sorprenden cuando comprenden que la felicidad de cada uno de los felices se paga con la infelicidad de mil infelices.
Muchos sostienen que evidentemente o fue un acto de sinceramiento místico, o no supo decir lo que quería y le salió la verdad más grande de la historia política del Imperio al Sr. George W. Bush, cuando dijo “Que el Sistema que había hecho de los Estados Unidos la más grande y poderosa nación de todos los tiempos, había usado como materia prima la pobreza, porque cuanto más pobres sean los pobres y más cantidad de ellos se puedan controlar, más riquezas y poderes, aseguraran la estabilidad de la democracia y del estilo de vida de los privilegiados de este país”.

*de Gabriel Segovia lebriga32@hotmail.com

Nudo de amor a través del síntoma*

*Por Oscar Zack. zack@arnet.com.ar

El lazo entre los sujetos en el mundo contemporáneo, dice Zygmunt Bauman en su libro Amor líquido, se caracteriza por su fragilidad, con la consecuencia directa de inseguridad que esta forma de lazo produce. Esta fragilidad se fundamenta allí en que los lazos duraderos suelen ser una carga pesada. Un
lazo duradero limitaría entonces la posibilidad de encontrar otro partenaire que se adecue más a las expectativas de cada uno. Esta concepción pragmática utilitarista, que prescinde del amor, permite captar por qué el psicoanálisis y esta versión de la modernidad no hacen “una buena pareja”.
La unión entre el síntoma y el amor bajo un sintagma implica proponer una conjunción inusual entre estos significantes; empero, desde una perspectiva psicoanalítica, adquiere toda su lógica ya que toda elección amorosa, de pareja, suele ser -para todo sujeto- un síntoma. Ahora bien: ¿qué es lo que une con cierta consistencia a los seres hablantes? Es indudable que la sexualidad no es la respuesta adecuada. Y con el amor solo, no alcanza.
Nuestra tesis, siguiendo a Lacan, es que sólo el síntoma de cada cual (verdadero fundamento de la pareja) logra hacerlo, en la medida en que encuentra en el otro su suplemento. El psicoanálisis permite captar cómo, en toda unión amorosa, el síntoma de un sujeto entra en consonancia con el síntoma del otro. Esta perspectiva permite entender el aforismo lacaniano “el amor es siempre recíproco”, lo cual no quiere decir que sea simétrico.
El síntoma neurótico es el recurso de los sujetos para suplir la ausencia de una fórmula que escriba la relación entre los seres sexuados. Porque no hay un lazo natural que articule la relación sexual, hay síntomas. Así, se abren dos perspectivas: la que se inscribe bajo la manifestación de los disfuncionamientos, claro equivalente de un síntoma neurótico, funcional al sujeto. Y la otra perspectiva, denominada por J. A. Miller, “partenaire-síntoma”, que es la que permite abrir una oposición entre la
dimensión cerrada de satisfacción inconsciente del síntoma neurótico y la dimensión del amor que se abre al Otro. El amor aquí es lo que diferencia al partenaire de ser un puro síntoma neurótico.
En el lazo amoroso, podemos decir que para todo sujeto hay algo del otro que no le es ajeno.

*Director, y Analista Miembro de la EOL. Estará en las Jornadas de la EOL Rosario sobre “El amor y el síntoma”.

-Fuente: Rosario-12

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-14572-2008-07-31.html

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EN LA BOCA DEL COCODRILO…

Pesadilla*

Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso.
En todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EN LA BOCA DEL COCODRILO…

Palito*

Un palito en la boca del cocodrilo. Es lo que me dicen.
Me dicen que lo dijo lacan.
El cocodrilo es la madre.
Los hijos. -Mis hijos y los hijos de cada cual- están en sus bocas.
El palito es el padre. No queda claro si es su voz, su presencia, su diferencia, el límite sutil o no que hace que la madre no se trague a los hijos en su puro mundo-vientre.

A veces me duelen un poco los colmillos de mi ex-mujer -son muy filosos-
En la espalda que por momentos se tuerce un poco.
O en el pecho que no tiene heridas definitivas.
Pero por ahora aguanto.

*De Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

El jardín encantado*

*de Italo Calvino

Giovannino y Serenella caminaban por las vías del tren. Abajo había un mar todo escamas azul oscuro azul claro; arriba un cielo apenas estriado de nubes blancas. Los rieles eran relucientes y quemaban. Por las vías se caminaba bien y se podía jugar de muchas maneras: mantener el equilibrio, él sobre un riel y ella sobre el otro, y avanzar tomados de la mano. 0 bien saltar de un durmiente a otro sin apoyar nunca el pie en las piedras. Giovannino y Serenella habían estado cazando cangrejos y ahora habían decidido explorar las vías, incluso dentro del túnel. Jugar con Serenella daba gusto porque no era como las otras niñas, que siempre tienen miedo y se echan a llorar por cualquier cosa. Cuando Giovannino decía: “Vamos allá”, Serenella lo seguía siempre sin discutir.
¡Deng! Sobresaltados miraron hacia arriba. Era el disco de un poste de señales que se había movido. Parecía una cigüeña de hierro que hubiera cerrado bruscamente el pico. Se quedaron un momento con la nariz levantada; ¡qué lástima no haberlo visto! No volvería a repetirse.
-Está a punto de llegar un tren -dijo Giovannino.
Serenella no se movió de la vía.
-¿Por dónde? -preguntó.
Giovannino miró a su alrededor, con aire de saber. Señaló el agujero negro del túnel que se veía ya límpido, ya desenfocado, a través del vapor invisible que temblaba sobre las piedras del camino.
-Por allí -dijo. Parecía oír ya el oscuro resoplido que venía del túnel y vérselo venir encima, escupiendo humo y fuego, las ruedas tragándose los rieles implacablemente.
-¿Dónde vamos, Giovannino?
Había, del lado del mar, grandes pitas grises, erizadas de púas impenetrables. Del lado de la colina corría un seto de ipomeas cargadas de hojas y sin flores. El tren aún no se oía: tal vez corría con la locomotora apagada, sin ruido, y saltaría de pronto sobre ellos. Pero Giovannino había encontrado ya un hueco en el seto.
-Por ahí.
Debajo de las trepadoras había una vieja alambrada en ruinas. En cierto lugar se enroscaba como el ángulo de una hoja de papel. Giovannino había desaparecido casi y se escabullía por el seto.
-¡Dame la mano, Giovannino!
Se hallaron en el rincón de un jardín, los dos a cuatro patas en un arriate, el pelo lleno de hojas secas y de tierra. Alrededor todo callaba, no se movía una hoja. “Vamos” dijo Giovannino y Serenella dijo: “Sí”.
Había grandes y antiguos eucaliptos de color carne y senderos de pedregullo. Giovannino y Serenella iban de puntillas, atentos al crujido de los guijarros bajo sus pasos. ¿Y si en ese momento llegaran los dueños?
Todo era tan hermoso: bóvedas estrechas y altísimas de curvas hojas de eucaliptos y retazos de cielo, sólo que sentían dentro esa ansiedad porque el jardín no era de ellos y porque tal vez fueran expulsados en un instante. Pero no se oía ruido alguno. De un arbusto de madroño, en un recodo, unos gorriones alzaron el vuelo rumorosos. Después volvió el silencio. ¿Sería un jardín abandonado?
Pero en cierto lugar la sombra de los árboles terminaba y se encontraron a cielo abierto, delante de unos bancales de petunias y volúbilis bien cuidados, y senderos y balaustradas y espalderas de boj. Y en lo alto del jardín, una gran casa de cristales relucientes y cortinas amarillo y naranja.
Y todo estaba desierto. Los dos niños subían cautelosos por la grava: tal vez se abrirían las ventanas de par en par y severísimos señores y señoras aparecerían en las terrazas y soltarían grandes perros por las alamedas. Cerca de una cuneta encontraron una carretilla. Giovannino la cogió por las varas y la empujó: chirriaba a cada vuelta de las ruedas con una especie de silbido. Serenella se subió y avanzaron callados, Giovannino empujando la carretilla y ella encima, a lo largo de los arriates y surtidores.
-Esa -decía de vez en cuando Serenella en voz baja, señalando una flor.
Giovannino se detenía, la cortaba y se la daba. Formaban ya un buen ramo. Pero al saltar el seto para escapar, tal vez tendría que tirarlas.
Llegaron así a una explanada y la grava terminaba y el pavimento era de cemento y baldosas. Y en medio de la explanada se abría un gran rectángulo vacío: una piscina. Se acercaron: era de mosaicos azules, llena hasta el borde de agua clara.
-¿Nos zambullimos? -preguntó Giovannino a Serenella.
Debía de ser bastante peligroso si se lo preguntaba y no se limitaba a decir: “¡Al agua!”. Pero el agua era tan límpida y azul y Serenella nunca tenía miedo. Bajó de la carretilla donde dejó el ramo. Llevaban el bañador puesto: antes habían estado cazando cangrejos. Giovannino se arrojó, no desde el trampolín porque la zambullida hubiera sido demasiado ruidosa, sino desde el borde. Llegó al fondo con los ojos abiertos y no veía más que azul, y las manos como peces rosados, no como debajo del agua del mar, llena de informes sombras verdinegras. Una sombra rosada encima: ¡Serenella! Se tomaron de la mano y emergieron en la otra punta, con cierta aprensión. No había absolutamente nadie que los viera. No era la maravilla que imaginaban: quedaba siempre ese fondo de amargura y de ansiedad, nada de todo aquello les pertenecía y de un momento a otro ¡fuera!, podían ser expulsados.
Salieron del agua y justo allí cerca de la piscina encontraron una mesa de ping-pong. Inmediatamente Giovannino golpeó la pelota con la paleta: Serenella, rápida, se la devolvió desde la otra punta. Jugaban así, con golpes ligeros para que no los oyeran desde el interior de la casa. De pronto la pelota dio un gran rebote y para detenerla Giovannino la desvió y la pelota golpeó en un gong colgado entre los pilares de una pérgola, produciendo un sonido sordo y prolongado. Los dos niños se agacharon en un arriate de ranúnculos. En seguida llegaron dos criados de chaqueta blanca con grandes bandejas, las apoyaron en una mesa redonda debajo de un parasol de rayas amarillas y anaranjadas y se marcharon.
Giovannino y Serenella se acercaron a la mesa. Había té, leche y bizcocho. No había más que sentarse y servirse. Llenaron dos tazas y cortaron dos rebanadas. Pero estaban mal sentados, en el borde de la silla, movían las rodillas. Y no lograban saborear los pasteles y el té con leche. En aquel jardín todo era así: bonito e imposible de disfrutar, con esa incomodidad dentro y ese miedo de que fuera sólo una distracción del destino y de que no tardarían en pedirles cuentas.
Se acercaron a la casa de puntillas. Mirando entre las tablillas de una persiana vieron, dentro, una hermosa habitación en penumbra, con colecciones de mariposas en las paredes. Y en la habitación había un chico pálido. Debía de ser el dueño de la casa y del jardín, agraciado de él. Estaba tendido en una mecedora y hojeaba un grueso libro ilustrado. Tenía las manos finas y blancas y un pijama cerrado hasta el cuello, a pesar de que era verano.
A los dos niños que lo espiaban por entre las tablillas de la persiana se les calmaron poco a poco los latidos del corazón. El chico rico parecía pasar las páginas y mirar a su alrededor con más ansiedad e incomodidad que ellos. Y era como si anduviese de puntillas, como temiendo que alguien pudiera venir en cualquier momento a expulsarlo, como si sintiera que el libro, la mecedora, las mariposas enmarcadas y el jardín con juegos y la merienda y la piscina y las alamedas le fueran concedidos por un enorme error y él no pudiera gozarlos y sólo experimentase la amargura de aquel error como una culpa.
El chico pálido daba vueltas por su habitación en penumbra con paso furtivo, acariciaba con sus blancos dedos los bordes de las cajas de vidrio consteladas de mariposas y se detenía a escuchar. A Giovannino y Serenella el corazón les latió aún con más fuerza. Era el miedo de que un sortilegio pesara sobre la casa y el jardín, sobre todas las cosas bellas y cómodas, como una antigua injusticia.
El sol se oscureció de nubes. Muy calladitos, Giovannino y Serenella se marcharon. Recorrieron de vuelta los senderos, con paso rápido pero sin correr. Y atravesaron gateando el seto. Entre las pitas encontraron un sendero que llevaba a la playa pequeña y pedregosa, con montones de algas que dibujaban la orilla del mar. Entonces inventaron un juego espléndido: la batalla de algas. Estuvieron arrojándoselas a la cara a puñados, hasta caer la noche. Lo bueno era que Serenella nunca lloraba.

*Fuente: Ciudad Seva
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/jardin.htm

PELOTA DE TRAPO*

*Por Eduardo Pavlovsky

El día 25 de julio, Página/12 denunciaba que un adolescente de 16 años que estudiaba en la fundación Pelota de Trapo fue secuestrado por un auto en Gerli por cuatro encapuchados –que lo amenazaron con un arma mientras le decían: “déjense de joder porque les vamos a quemar la imprenta, la panadería y la casa de los niños”. La amenaza se refiere a tres proyectos que desarrolla la fundación en Avellaneda. Allí acude el adolescente todos los días para terminar la escuela primaria.
Anteriormente el 25 de abril, un grupo de ocho personas entró a la Escuela Gráfica Manchita y amenazaron a los chicos que estaban allí. “Es evidente que a alguien le molesta, y mucho, que denunciemos que nuestros chicos se mueren de hambre. Sabemos que el Estado es el máximo responsable, pero si desde él no pueden defender a nuestros pibes de la fundación, tendremos que salir nosotros a hacerlo” (Espósito, sacerdote y director del hogar).
Decía yo hace poco en estos días: el hambre no tiene tiempo. El hambre tiene hambre.
“El hambre es un crimen. Hay que detenerlo. Sí o sí. En nuestro país no faltan alimentos ni platos ni madres ni médicos ni maestros. Falta en cambio la voluntad política, la imaginación institucional, la comprensión cultural y las ganas de construir una sociedad de semejantes que asegure a nuestros hijos las oportunidades vitales para que puedan crecer con dignidad. Es imperativo terminar con un sistema económico que en la mayoría de los casos no da hijos sino hambre, que no da futuro sino paco, que talla caricias olvidadas en cuerpos olvidados. Niños hermosos nacen a la muerte; sin una infancia sana, amasada y entera es impensable una Argentina mejor. Porque un país que mutila a sus niños es un país que se condena a sí mismo” (Alberto Morlachetti, coordinador del movimiento Pelota de Trapo).
“Según el barómetro de la Deuda Social de la Infancia desarrollado por la fundación Arcor y la Universidad Católica, más de cuatro de cada diez chicos entre 0 y 17 años viven en hogares que no pueden acceder a una adecuada alimentación. Tres generaciones de chicos vienen sufriendo la desocupación y la marginalidad y quedaron fuera de la red social en todos sus aspectos: alimentación, salud y educación” (Taffetini. Movimiento Nacional de los chicos del Pueblo – Rev. Tercer Sector).
Los que tienen hambre son invisibles en nuestra vida cotidiana; esta invisibilidad los condena definitivamente a las sombras (Juan Carr de la Red Solidaria).
Pero volvamos por fuera de las estadísticas, a la denuncia inicial, dos veces en menos de tres meses han sido amenazados, a través de “grupos de tarea”, los participantes de la fundación Pelota de Trapo de Morlachetti. Con capuchas y revólveres.
Yo creo que las organizaciones de derechos humanos, que han sido víctimas de las capuchas y las armas, deberían pronunciarse a riesgo de dejar estos hechos en la invisibilidad que menciona Juan Carr. La invisibilidad de las vidas desperdiciadas.
Cada desaparecido era un crimen de Estado durante la dictadura. Pero cada niño muerto por desnutrición en la Argentina es otra perspectiva del crimen de Estado. La indiferencia es criminal también.
Ayer murió en La Rioja un nene que pesaba menos de ocho kilos y tenía 4 años, vivía en Nonogasta, una localidad con otros 400 chicos diagnosticados de desnutrición. En septiembre de 2007, el gobierno le había cortado la ayuda alimentaria de 50 pesos. Esa muerte y las otras son de absoluta responsabilidad del Estado.
No le niego a la Sra. Presidenta sus deseos de lograr un bienestar general para la mayoría de la población. Pero nunca le oí nombrar la palabra indigencia.
La población en general frente al problema de la pobreza e indigencia infantil está bastante indiferente, ha creado una malla social intersticial de complicidad civil. De negación. Como con los desaparecidos del ’76, ’77, ’78.
No puede haber niños desnutridos en la Argentina. No podemos distraernos con el problema de Messi, el psicólogo pedófilo, la pareja presidencial o el carácter de Moreno.
Hablemos de contradicciones fundamentales y la prioridad que ya nos debería dar vergüenza es la falta de respuesta frente a los nuevos encapuchados, a los nuevos criminales que están apareciendo. ¿Quién puede haber atacado a la fundación Pelota de Trapo? ¿Qué grupo? ¿Qué paragrupo?
Como dice el padre Espósito: “Es evidente que a alguien le molesta y mucho que denunciemos que nuestros chicos se mueren de hambre”.
Pensemos y actuemos hoy. No mañana.

-Fuente: CONTRATAPA Página/12.
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

DE LUNA A SOL*

En el peaje de la ruta que une Buenos Aires con Rosario, ella ya empieza a sentir el agobio de este trabajo a la hora de haber tomado su puesto. El peso del automatismo en un puesto laboral cualquiera se hace sentir casi de inmediato. Su mano izquierda entra y sale de la ventana. Ella puede verse una y otra vez abriendo la palma de la mano para recibir monedas o haciendo pinza con el pulgar y el índice para tomar un billete. Luego viene imprimir el ticket, dar el cambio, y ese sentir un roce azaroso con manos anónimas en su piel cuando se recibe el dinero y se da vuelto.

Sopla entonces el último beso del día al chofer del Flecha Bus.
Algunos pasajeros llegan a ver en el aire como desde el contorno de sus labios ese beso se hace visible en un estallido de brillos y estrellas fugaces que se disipan en el parabrisas del ómnibus. Así, de forma tan efímera y tan eterna, ese beso se clava en el iris del chofer dejando estelas de vuelo mágico como el que dejan las hadas de Disney.

Cierra la cabina del peaje. Esa ruta al norte o al sur se abre en largas distancias, en enormes desconocimientos. Se va a buscar su auto después de saludar a la gente de oficina. Ella cumplió con su rito semanal, la hora que dedica a su voluntariado de seducción y fantasía en la ruta. Se da cuenta que olvido el cartel de la ventanilla pero no vuelve por él. Todavía se puede leer en la ventanilla lateral
-ahora a oscuras- de la cabina nº4: Autopistas de Luna a Sol.

UD. esta siendo atendido por Neumann Nicole.

*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar

DESCUBRIR*

¿Dónde están los pájaros
que despiertan con la aurora?
¿A dónde se fueron
los sonidos todos?

¿Porqué ya nadie
pronuncia mi nombre?
¿A qué se debe tanto silencio?
¿Será que paulatinamente el mundo
se fue extinguiendo, sin darme yo cuenta?

No…los pájaros están ahí
las personas, las cosas, los movimientos…
el silencio.

De pronto lo veo claro,
lo siento claro, pero no lo oigo claro;
es eso: “el sonido”

De pronto descubrí que
no era el mundo el que agonizaba…,
era a mí a quien
se me iban extinguiendo paulatinamente
los sonidos del mundo

*Poema de la artista plástica salteña Stella Maris Farfán (1972).

-Comenzó a perder la audición gradualmente a los 8 años. En la adolescencia se fue haciendo más pronunciado hasta devenir en sordera profunda. El poema se encuentra en el libro “El clamor silencioso”. http://www.artistas.org.ar/

-Fuente: Luna no conquistada. hijasdelviento@hotmail.com
http://www.metroflog.com/lunanoconquistada/20080730/?pos=#Msg

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Que es Inventiva Social ?
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Cuales son sus contenidos ?
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Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE….

Repaso tus besos‏*

En un rincón
De mi respiración
Hay un esquema de vos
Grabado en mi memoria
Como un silogismo
Repaso algunos momentos
Tomo apuntes de tus besos
Y repito tu nombre inconsciente
Como contando las baldosas
Jugando por mí sendero

Cada mañana despierto
Pensando en vos.

*De Azul. azulaki@hotmail.com

LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE…

Perfil de un mago*

Entre la alquimia y la sabiduría

Descubres los misterios

En tranquila soledad

Trabajas incesantemente

Sobre las terrazas de la ciencia

Con tus dedos de celebre escultor

Cual varita mágica

Recuperas las ilusiones

A los que han perdido

Las claridades del soñar

Con tu memoria inigualable

Y tú mirada acertada

Inauguras la creación

Con la sencillez de los sabios

De las células de la esperanza.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Para Raul. Un ejemplo de la creación

SOBRE EL HOMBRE*

*de Zulema Estela Saus. zulemasaus@yahoo.com.ar

Una mirada:

Deseo descubrir y rescatar las potencialidades que el hombre tiene a su alcance, si hace el esfuerzo en verlas, para ponerlas en acción y superar las dolorosas heridas que padece su existencia, casi sin darse cuenta.
“VER,… un esfuerzo por ver,…” o percibir “… toda la vida consiste en esto…” afirma Teilhard de Chardín en “El Fenómeno Humano”. Y continúa: El hombre “…se engrandece más… por un acrecentamiento de conciencia, … de visión, … en la elaboración de unos ojos cada vez más perfectos en el seno del cosmos… para discernir con más claridad,… con penetración y poder sintético de su mirada…”. Esto no es un lujo, es una necesidad. “Ver o Perecer…”
“Ser más, es unirse más y más. Si el hombre no ve… será un objeto errático dentro de un mundo dislocado”. Sólo así, puede desvanecerse la “…triple ilusión de la pequeñez, de la pluralidad y de la inmovilidad…”. Con otras palabras, no puede existir: “lo pequeño sin lo grande,… la pluralidad sin la unidad, la inmovilidad sin la movilidad.”
Recorriendo este camino, creo que logrará ser: “…cima momentánea de una Antropogénesis que corona… en una Cosmogénesis…”, para verse de manera completa junto a la humanidad toda y a la humanidad junto con la vida y a la vida junto con el Universo.
Sólo como ser dinámico será, “…eje y flecha de la evolución…” (pag. 43 a 49 del Fenómeno Humano de T. de Chardin -Ed. Taurus- 11-11-74, Madrid).
Albert Einstein en su libro: “Como veo el Mundo”, también aborda temas similares y sostiene que,
“… la lucidez de los científicos y los artistas, así como lo engrandecen, lo sumergen en la más infinita soledad y angustia interior, incomunicable, intransferible. El sentirse solo, es abrumador. “ Lo alejan hasta de sus seres más queridos.”
Según él, la evolución de la Humanidad depende de la percepción y descubrimiento implacable de esos seres. Pero, lamentablemente, “… las decisiones y el rumbo de aquella, está en manos de los que, enceguecidos por la carrera política, económica y tecnológica, ostentan el poder aliado a las corporaciones… “ Lastimosamente, “… son las masas peligrosamente armadas, las que están conduciendo al hombre hacia la nada…” en un universo desfondado.
Al igual que él, Tomas Merton afirma: “… en un país donde no existe o se pretende aniquilar el arte, es un país de autómatas.”
Comprendiendo el entorno histórico de su vida, creo que a Albert Einstein, le faltó ahondar más la esperanza. Por eso rescato lo expresado en la obra “El Punto Crucial”, de F. Capra, del Capítulo “La Visión integral de la Vida”: “quien logra valientemente sintetizar la Ciencia Occidental con el Misticismo Oriental…” y pensar en “…una Mente Cósmica que plasmó el Universo…”, creando primero la Energía para luego materializarla, está transitando la Esperanza.
F. Capra lo afirma textualmente: “… parece que la identidad de las personas… es una identidad de Ritmo. Los seres humanos pueden reconocerse por su forma de hablar, por los movimientos de su cuerpo, por sus gestos, por su forma de respirar…” Es lo que llamamos: Metacomunicación. Se constituye más importante el cómo, que el qué, por eso: “… los modelos rítmicos… son diferentes manifestaciones de un mismo ritmo personal, una pulsación interna…”. Es esa pulsación interna, la que se convierte en la identidad de cada uno de los seres.
“La imagen de un hombre aislado, existe sólo en el mundo interior. La realidad es una danza contínua.” Es “… como un holograma. El Todo, está codificado en cada una de las Partes.”
Convertirse en Todo, a través de la música, la danza, la palabra, el pensamiento o la reflexión, del cavar la tierra y colocar la semilla, de perder la Individualidad para asumir la Interdependencia, es el gran desafío de la Vida.
Son muy sabias las palabras del último cacique piel roja de la tribu Swamish del estado de Washington, cuando en su manifiesto filosófico y ecologista enviado al Presidente Franklin Pierce, allá por el año 1855, afirma: “La hermandad entre el reino mineral, vegetal, animal y humano espiritual”. “La tierra es su madre y el hombre su hijo”.
“El aire, comparte su espíritu con toda la vida que sustenta”
“Todas las cosas están relacionadas entre sí. Todos pertenecemos a una familia. El hombre no ha tejido la red de la vida, sino que es sólo una hebra de ella”.
Y más erudito cuanto critica al hombre blanco que con su insaciable apetito:
“devorará la …tierra y dejará sólo un desierto. Que no habrá …lugar tranquilo en las ciudades y la luz hará dolor los ojos, …como el ruido…insultará sus oídos. Sin sentir el aire que respira por el hedor, porque cuando se escupe el suelo, se escupe a sí mismo….contaminando la cama (por la madre tierra) , morirá sofocado por sus propios desperdicios”
Retomando el ver, la percepción de la realidad que puede cerrarnos o abrirnos nuevos caminos, termino esta primera mirada, transcribiendo el siguiente poema:

“En ocasiones, por cierto imprecisas
cada uno ve y luego
todo acontece como sí.

En esas ocasiones, esporádicas por cierto
no hay espejos que ver
es sólo la llanura de uno mismo.

En ocasiones, por cierto
por cierto esporádicas e imprecisas
el velo cae”

*Oscar Agú (Junio 2007-inédito)

ENTREVISTA A MARIO MONICELLI, UNA LEYENDA VIVIENTE DEL CINE ITALIANO DE
POSGUERRA

“El humor es un bisturí que va bien al fondo de las cosas”*

A los 93 años, el padre de la comedia italiana sigue ferozmente lúcido: reflexiona sobre la política de Silvio Berlusconi, la importancia del neorrealismo y sobre su clásico Los desconocidos de siempre, de cuyo estreno se cumple en estos días medio siglo.

Por Miguel Mora *
Desde Roma

Mario Monicelli tiene 93 años, pero sus ojos y su vivacidad siguen siendo los de un adolescente. El inventor de la comedia a la italiana (con su amigo, recientemente fallecido, Dino Risi: “Nuestra broma siempre era quién palmaría antes”) es un mito del cine, pero no aguanta ser considerado un genio. “Simplemente, trabajábamos mucho y seguíamos la vieja estela de la comedia del arte”, explica. Autor y guionista de 65 películas, entre ellas muchas obras maestras que en los años cincuenta, sesenta y setenta contribuyeron a hacer célebre -y mucho más divertido- el neorrealismo italiano, Monicelli utilizó una inteligencia muy aguda para convertir la cotidianidad, la desesperación, el fracaso y la miseria en humor y farsa. Su finura para utilizar la ironía como bisturí social; su compromiso siempre generoso con los perdedores; su espíritu de artesano clásico y disciplinado y su mirada siempre atenta al gesto y el detalle hilarante lo convirtieron en favorito de todas las estrellas italianas: de Totó y Aldo Fabrizi a
Vittorio Gassman y Marcello Mastroianni, Sophia Loren y Gina Lollobrigida, Alberto Sordi, Monica Vitti o Ugo Tognazzi.
Casi ciego, pero aún ferozmente lúcido, Monicelli vive en un modesto primer piso del barrio más viejo de Roma, Monti. Es su casa de siempre, llena de personalidad y gracia, atributos que siguen caracterizándolo. Tras dirigir Las rosas del desierto en 2006, declara cerrada la canilla de su talento
(”me parece que ha sido suficiente”). Y sigue definiéndose tan comunista como siempre: “El gobierno Berlusconi dice que la lucha de clases no existe, pero sólo hace falta ver cómo hemos convertido a los gitanos en el chivo expiatorio para saber que es mentira”.
-¿Cómo anda de amigos?
-Hay ya pocos vivos. Dos guionistas, Scarpelli y Cechi D’Amico, dos directores, Risi (la entrevista se hizo antes de la muerte de Risi) y Mortaldo. Nos vemos alguna vez. Antes siempre estábamos juntos. Ahora menos.
-¿Tiene familia?
-Tengo dos hijas casadas, y otra que tiene 20 años y estudia en Bolonia…
-¿Y todavía le siguen atrayendo las mujeres?
-Continúan interesándome, pero no sexualmente, no soy un viejo verde. Me han gustado mucho las mujeres, pero no tenía líos con estrellas. Siempre eran de fuera del cine. Trabajar y relacionarte con la misma gente es muy aburrido.
-Pero en el cine había mujeres impresionantes…
-¡Y también fuera! Las tres o cuatro que tuve eran muy hermosas y con una ventaja: no rompían tanto las bolas como las actrices.
-¿Le daban la lata?
-A mí me molestaban poco. Era muy autoritario, no les daba ocasión de hablar. Leían el guión y, si aceptaban, sabían que no se hacían cambios.
-Pero amigos sí tuvo muchos en el cine.
-Sordi, Gassman, la Vitti, Giuliana de Sio, Tognazzi, la Mangano, Mastroianni… Gente muy simpática, ingeniosa e inteligente. Se pasaba bien con ellos fuera del plató, eran muy agradables.
-¿Y eran conscientes de la importancia del cine que estaban haciendo?
-Ahora sabemos que era importante, entonces no. Era cine para italianos. Sólo después, con los festivales y los premios, se convirtió en importante.
-¿Se ganaban bien la vida?
-Se ganaba bien y era más barata.
-¿Pero era la dolce vita?
-Era una vida de trabajo duro. Los horarios no eran como ahora. No había sindicatos, siempre te levantabas al alba, te ibas fuera a rodar y volvías tarde. Poco a poco cambió. En los años cincuenta y sesenta trabajabas de siete a siete, y no había cestino (catering). Llevábamos pan con salami y eso comíamos. Después empezaron a darnos dinero para la comida y tenías que ir a comprártela.
-¿De dónde salían las historias?
-Muchas eran reales, otras salían de libros, de cuentos que se oían, de historias antiguas. Pescabas de todas partes: sucesos, tertulias… Se inventó todo: el cine negro, el spaghetti-western, las series mitológicas…
Eramos mil personas en total, siempre estábamos juntos, íbamos a los mismos cafés y restaurantes, y allí cambiábamos ideas y pareceres. Había fantasía y ganas de hacer cosas. El país era pequeño y había que inventar mucho.
-¿Le gustan sus propias películas?
-No todas me gustan. Pero algunas que fracasaron me gustaban.
-Antes de dedicarse al cine, ¿qué hizo?
-Viví mi período político. El fascismo y la guerra. Fui movilizado a Yugoslavia… En caballería, aunque nunca luché. Milité en el Partido Socialista, después en el Comunista. Lo metí en una película, Los
compañeros. Era un filme marxista, pero con ironía.
-¿Y cómo le dio por la comedia? ¿Siendo comunista no era una herejía?
-Era un humor natural. Nuestra mirada era ésa. Sarcasmo, ironía. El humor es la forma más penetrante de mirar. Un bisturí que va al fondo de las cosas.
Pero para bromear sobre algo hay que conocerlo muy bien. Y meditar mucho para llegar al humor.
-¿Así que el neorrealismo nació de la reflexión?
-No nació por azar. Fue la maduración de la historia del país y de sus individuos. Nació con una dictadura en la que muchos no se reconocían. Antisocial, racista, inhumana. Eramos socios de los nazis. La gente de la cultura tenía otra mirada. Zavatini, Rossellini, De Sicca, Calvino, Pavese crearon una nueva forma de mirar. Italia estaba sometida al nazismo, teníamos razones para querer cambiar nuestra relación con la realidad. Por eso se fundó esa nueva forma de ver la realidad, el neorrealismo.
-Y enseguida llegó la comedia. A la italiana.
-Se llamaba así porque nació aquí, también venía de esa historia terrible, singular y dramática. Surgió al contar argumentos muy dramáticos con humor.
Esa mezcla era insólita. Habíamos vivido una historia horrible, también insólita, y por razones que también eran históricas, desde la Commedia dell’ Arte y el Renacimiento teníamos una vena cómica. Eso fue lo que hizo nacer esa forma de mirar con humor.
-La gran guerra es el mejor ejemplo.
-El argumento era muy dramático, sí. Fusilamientos, muertos… Había tonos trágicos donde hacían falta, y cómicos también. La vida de la gente es así, no es siempre divertida o siempre dramática. Los desconocidos de siempre ensayó otra vía: intentan cambiar su condición con un golpe, les va todo mal, fracasan. Esa no es la regla de la comedia. Y así había muchos haciendo lo mismo: Germi, Risi, Comencini, Steno…
-¿Era una forma de hacer política?
-Sin que naciera de ahí, lo era. Se contaba una historia y como la gente era inteligente, se daba cuenta de que había detrás una idea política.
-¿El neorrealismo ayudó a cambiar el país?
-Parece, dicen que sí. Contábamos sin fingimientos, un poco brutalmente, la historia del país. Cómo se vivía, cuál era la humanidad, cómo se relacionaba la gente con la realidad, quién de manera solidaria, quién de forma egoísta.
Intentábamos sacar fuera las contradicciones de nuestra historia, las supersticiones y las costumbres anticuadas, ridiculizándolas. No sé si cambió a la gente. Creo que no hemos cambiado mucho.
-La ternura de entonces, la inocencia, ¿siguen existiendo?
-Respecto de la generación de la posguerra, todo cambió mucho. Aquella era gente muy solidaria y comprometida. Había un sentimiento colectivo de país, queríamos sacar a Italia de una guerra estúpida y hacerla entrar en Europa, modernizarla, industrializarla. Después entregamos el país a la generación
siguiente, que se corrompió rápidamente. Empezó a mandar el mercado, que es la ley menos piadosa que existe, que no perdona ni tiene caridad, y las cosas fueron empeorando.
-¿Cómo vivió el ‘68?
-Esa generación de veinteañeros tomó Italia y pensaron poder revolucionarla entera cambiando lo que hacían sus padres, ridiculizándonos, tratándonos como a viejos que había que dejar de lado. Creían que lo podían hacer todo de nuevo, sin piedad, eligiendo su nueva vida. Fue una generación de violentos y corruptos. Esa corresponsabilidad colectiva se perdió. La gente se volvió individualista y empezó a pensar en imponerse al vecino. Fue un corte con la cultura de los padres, que en Italia era muy rural, muy campesina. Eramos un país de analfabetos que se alfabetizó en los años ‘30 y ‘40, pero teníamos una cultura cívica de participación y tolerancia. Eso se dejó de lado.
-¿Lo rural fue un elemento más del neorrealismo urbano?
-La cultura rural fue básica en el neorrealismo. Veníamos de ahí, teníamos la humanidad del campesino. Los personajes de Sordi eran terribles, prepotentes, listos para cometer cualquier bajeza con tal de medrar, oscuros. Nosotros contábamos eso y los italianos se reían pensando que no eran ellos. Esa cultura se perdió, la visión del otro como un compañero y no como un adversario se perdió. Pero eso es la cultura. Lo otro es incultura.
-¿Eso explica también las tres victorias de Berlusconi?
-Cuando finge ser un tolerante, Berlusconi está haciendo comedia a la italiana para llegar a presidente de la República.
-Italia parece hoy atenazada por el miedo, sobre todo del extranjero.
-Eso pasa siempre en los tiempos de crisis, se busca fuera un chivo expiatorio. Entonces éramos una fraternidad, hacía falta reconstruir el país, teníamos todo por hacer y todos nos ayudábamos. El nivel de vida era bastante pobre, con muy pocas diferencias. Había un 10 por ciento de aristócratas y el otro 90 éramos todos iguales de pobres. Pero queríamos poner de pie a Italia. La cultura servía para divertir y hacer pensar. Se trataba de entretener a la gente haciéndola pensar. Eramos vivaces, íbamos en Lambretta, teníamos autopistas, y la aspiración de ganar más que el otro no era la cultura dominante. Era el tiempo de la furbizia (picaresca) ingenua.
-¿Cuándo acabó la inocencia?
-Quizá con el asesinato de Aldo Moro. Había una esperanza cierta y cercana de que el comunismo podía llegar al poder por la vía democrática, pero para evitar esa cosa que todos temían tanto mataron a Moro. ¿Quién? La derecha, los norteamericanos.
-Su padre se suicidó en pleno fascismo…
-Yo tenía 23 años. Mi padre había dirigido un periódico en los años veinte. Era antifascista, se puso contra Mussolini y lo echaron, no le dejaron escribir más. Estuvo muchos años sin poder hablar, viendo a sus amigos adaptados al fascismo. Pensó que cuando acabara Mussolini podría volver, pero se habían olvidado de él. Esa amargura pudo con él. Yo era un soldado, estaba recién regresado de la guerra y entendí perfectamente que se suicidara.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

La ficha

Tras comenzar dirigiendo media docena de films de Totó, Mario Monicelli (Viareggio, Toscana, mayo de 1915) dejó una lista de títulos inolvidables: Los desconocidos de siempre (1958), La gran guerra (1959), Los compañeros (1963), Casanova 70 (1965), La Armada Brancaleone (1966), Amigos míos (1970), Queremos los coroneles (1973) y Un burgués pequeño pequeño (1978).
Todas ellos, y muchos más, podrán verse en el próximo Festival de San Sebastián, que este año le dedica un homenaje y una retrospectiva de 41 films. “Estuve allí hace 50 años y gané un premio, ya no sé si con Los desconocidos de siempre o con El médico y el hechicero (fue la primera, obtuvo la Concha de Plata). Se estaba bien allí, era una ciudad bella y pequeña.”

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10762-2008-07-30.html

*

Su voz
Arrastraba las palabras
Más de lo acostumbrado
Entre la euforia y
La torpeza de sus movimientos
Sacudían la ausencia
De la galantería
Entre el desenfado
Y la falta de modales
Lo hacían parecer
Un ser despreciable.
Quién era al final de cuentas
Quien lo habitaba
Cuando fumaba
La hierba prohibida.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

De trenes y estaciones*

Estación Salto Grande.

Uno nunca sabe cuando está tomando el tren equivocado.

La frase suena abstracta y compleja. Como la ajenidad, el extraviarse tiene un sentido más amplio que tomar otro tren. Tomar el tren equivocado. Una metáfora apenas de equivocar el camino en la vida. Dar el paso claramente irreversible e irse al lugar del cual no puede volverse. La nostalgia aparece entonces mordiendo el horizonte como la noche a los restos de luz que se obstinan en marcar amarillos, naranjas y lilas en esas nubes que viajan ahora mismo -como islas solitarias- a algún destino desconocido que esta más al oeste. Más lejos de lo que puede verse. Entonces uno amaga volver a algún lugar imposible. Se pregunta dónde se abrieron las vidas como vías después de un punto de cruce y ahora no hacen más que alejarse. Y se desea volver a un lugar idealizado donde -quizá- nunca se estuvo de veras.

Estación Totoras.

Me veo en Temperley. Aún no tome el tren. En la tarde, al sol todavía tibio se cruzan preguntas e incertidumbres de abuela a nieta. Hay 70 años de diferencia y me conmueve verlas alejarse de la mano hacia la esquina; cuando vuelven mi hija dibuja un tren, y en el vagón cada cual viendo por su propia ventanilla. Allí viaja toda su familia: primero su mamá, después ella con el pelo dividido en dos colitas que están suspendidas en el aire, en la siguiente ventanilla está su hermano Franco y finalmente –me dice- estoy yo, a quien incluye en el mismo viaje aunque estoy divorciado de su madre. No dibuja a su gata color te con leche que se llama Perla, pues -me cuenta- tenía miedo a viajar en tren y se quedó en el departamento.

Estación Clason.

Viajan en tren. La abuela y quien será mi madre pero ahora tiene los rulos de Shirley Temple y uno o dos años menos que los de mi hija hoy. Es el año 1934 o 35. Mi madre sólo recuerda un puente sobre un río ancho y que ese tren llegaba a Santa Fe de donde tomaron otro hasta el pueblo donde vivía Fernando, mi abuelo materno. Nunca sabré cómo el abuelo pasó de fabricar bicicletas “Cycles Zucca” y proyectar cine en un galpón de Turdera a trabajar tan lejos, en la usina eléctrica de ese pequeño pueblo rodeado de tambos.

Estación San Genaro.

El abuelo no respondía a las cartas. Ya tenía nueva mujer y parece que no le resultó sencillo ver bajar de la estación a su mujer -italiana como él- y a su hija pequeña nacida en Argentina. La historia tiene un pozo de niebla como el que veo ahora del otro lado de la ventanilla. Niebla suspendida a poco más de un metro de altura que corta la visión de las cosas. Mi madre recuerda la reja alta. No sabe cómo pudo saltar desde ese abismo de 2 metros. Luego la corrida con el corazón en la boca hasta el hogar de unas monjitas. Y esa sonrisa de la monjita que le quedó grabada como en foto al escuchar el pedido de enviar una carta auxilio al hermano de la abuela. ¿El tío Joanny ya trabajaba en La Vascongada?

Estación Centeno.

El tío, al que imagino con su boina vasca que no se quitaba nunca, llegó después de algunos días y presumiblemente en los mismos trenes del Central Argentino. Las llevó de retorno a Turdera.

Mi madre ahora recuerda su vida en casa de sus abuelos paternos. Su abuelo dirigía la colocación de vías del tranvía en Temperley. Se ve de nuevo en la mesa abajo de la parra mojando las biscuit en chocolatada Vascolet, son imágenes de panza llena. Pero también hubo privaciones pues si no había comida, el que tenia que comer era su hermano mayor Nicolás que “salía a trabajar”.

Estación Cañada Rosquin.

El relato sigue en otros viajes de tren, ahora a trabajar en Buenos Aires. Agrocom y La Compañía General de Construcciones son nombres que flotan en el aire a los que cuesta darles entidad, fachada, espacio. Hay un viaje a recibir el crédito para la casa propia. Viejo anhelo de madre a hija -intuyo.

“Fui la primer mujer en recibir un plan Eva Perón” -dice mi madre. Mi hija la mira con ojos grandes desde el silencio y sigue dibujando en el cuaderno.

Salto Grande, Totoras, Clason, San Genaro, Centeno, Cañada Rosquin….

Sigo anotando estaciones y desconociendo el recorrido. Pero ya se. Lo debo reconocer, la próxima estación a la que arribará el tren -y en la que bajaré- será Sastre del Ferrocarril Central Argentino. Allí podré sentir esa extrañeza mayor a la habitual y quizá palpitar en la brisa aquella historia que de algún modo obscuro e inconsciente ha condicionado mi vida.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

RETRATOS…

En un retrato de cristal*

Envuelta en papel plateado
Hay una muñeca fruto del olivo
Con labios de contornos tiernos
Y pulpa salvaje -si es necesario-.

Es un regalo que me dio la palabra
El contacto con la musicalidad
Y las poesías de lunas plateadas
Que fueron transportando
Mis amores, mis desesperaciones
Mis experimentos y mis errores
En una carroza de genios
Hasta la franja más inédita
De mí.-

-Para la Ana.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Retratos…

Capitana en la Guerra Civil Española*

*Por Elsa Osorio

Este mes se cumplen 16 años de la muerte de Micaela Feldman de Etchebéhère, la argentina nacida en Moisés Ville en 1902 que comandó una columna del POUM en la Guerra Civil Española. Amiga de Cortázar, de Alfonsina Storni, de André Breton, de Copi, su extraordinaria trayectoria es poco conocida entre nosotros. Fue Juan José Hernández, en 1985, quien me inició en la historia de esta mujer que no sólo combatió en la guerra, sino que -como habría de descubrir en años de investigación- vivió a tope la aventura ideológica del siglo XX.
Hija de judíos rusos, Mika crece con los relatos de los revolucionarios evadidos de los pogroms y las cárceles de la Rusia zarista. A los 15 años, en Rosario, ligada a las anarquistas, pronuncia su primer discurso. En 1920 estudia odontología en la UBA y conoce a Hipólito Etchebéhère, su compañero.
Juntos emprenderán una vida consagrada a la militancia. Sus primeros pasos: el grupo Insurrexit, la línea más izquierdista de la Reforma, donde confluyen marxismo, anarquismo y socialismo; su paso por el PC, 1924, de donde son expulsados en 1926 por su desacuerdo con la dirección y su apoyo a Trotsky (aunque no forman parte orgánica de un grupo trotskista). El viaje por la Patagonia, donde recogen testimonios sobre la masacre de los peones rurales en manos del Ejército, mientras arreglan dientes. En 1931 viajan a Europa en busca de la revolución. España, primera decepción: la República reprime duramente a los manifestantes que reclaman el cumplimiento de las promesas.
Luego París, estudios y vínculos con revolucionarios. Octubre del ‘32, Berlín, son testigos de la derrota del proletariado alemán y el ascenso al poder de Hitler. Francia en el ‘33, el grupo clandestino Que Faire, de oposición al stalinismo. Y al fin España, 1936. (Cuarenta años después, Mika publica un libro con sus recuerdos.) Mika e Hipólito se unen al POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), cercano a sus ideas. Parten con una columna motorizada que comanda Hipólito. Un mes después, él muere en el combate de Atienza. Mika quiere matarse, pero le parece oír a su compañero: “¿Qué haces con nuestros principios? Ya resolverás tu pequeño destino individual después de la revolución. No es el momento de morir por sí mismo”.
Decide hacer suya esta guerra. Pero no será fácil para Mika convivir e imponer su autoridad a esos hombres, revolucionarios pero machistas. “En otras compañías son las muchachas las que lavan y hasta remiendan los calcetines”, protesta el miliciano. “Las muchachas que están con nosotros son milicianas -le contesta- no criadas. Estamos luchando todos juntos, hombres y mujeres, de igual a igual, nadie debe olvidarlo. Y ahora dos voluntarios.” Siempre habrá voluntarios porque Mika explica lo que ella misma va aprendiendo, y se preocupa de que no les falte comida o abrigo, de escucharlos y comprenderlos, de que ceda la tos con ese jarabe que ella misma les lleva a las trincheras, entre el silbido de las balas. Poco a
poco, y pese a su ignorancia en estrategia militar, va asumiendo el lugar de jefa: en Sigüenza exige al emisario fascista que le lleven las condiciones de rendición por escrito y firmadas para ganar tiempo, ordena resistir, atacar, distribuye las funciones.
Ella elige una palabra oportuna para hacerse obedecer, elige alentarlos cuando las injurias del PC contra el POUM desmoralizan a sus milicianos, andar en cuatro patas por las trincheras, acostarse en el barro, empuñar las armas, mantener vivo el ideal revolucionario luchando codo a codo con sus milicianos… Ellos mismos la nombran capitana y la columna del POUM, combatiendo con pocas armas contra un enemigo mucho mejor equipado, realiza proezas en distintos frentes. Sigüenza, Moncloa, Pineda de Húmera, cada vez más alto el riesgo. Su fama temeraria hace que los altos mandos la designen
para tomar el cerro de Avila. Los han mandado al asalto sin protección y Mika ve morir a sus milicianos. Se refugia en el Liceo Francés hasta el fin de la guerra, cuando regresa a París. De una guerra en la que combate a otra de la que debe huir por su origen judío. La familia Botana la asila en la Argentina. Desde 1946 hasta su muerte vive en París. No hay acontecimiento político en el que no se involucre, que no provoque sus lúcidas reflexiones.
En el ‘68 francés, con unos guantes blancos, recoge adoquines y explica a los estudiantes cómo evitar que el negro en sus manos los delate si son sorprendidos por la policía. No puede imaginar el guardia que acompaña a su casa a esa señora de 66 años, elegantemente vestida, que en su cartera están aquellos guantes tiznados.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-108668-2008-07-29.html

Fuser*

La palabra che
antes, durante y después del “Che”
otra
y la misma palabra

Antes, durante y después
del argentino éste
pocos
argentinos como éste.

*de Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar

Cuando Roberto Vega era El Mincho*

*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar

A la memoria de don Miguel Balagué

Las calles eran grandes barriales donde se hacía casi imposible el tránsito, ya que los carros numerosos y los mismos sulkys más livianos producían huellas profundas, mientras las pisadas de los caballos conformaban un lodazal de espanto.
Los inviernos eran duros, muy duros. La escarcha blanqueaba los zanjones con agua estacionada y en el campo los pastitos quemados y los pájaros muertos daban fe de la furia de agosto.
Crepitaban en las cocinas económicas o en los más humildes fogones con una plancha de hierro fundido encima, aquellos desaparecidos marlos blancos que se guardaban en grandes trojas hechas con cañas.
Las cocinas solían llenarse de humo y hasta circulaban sobre las lámparas incólumes de querosén iluminando pobremente las caras de todos.
Cuando me acuerdo de aquellos inviernos un vendaval se atropella en mí abriendo las pocas telitas que los años obturaron.
¿Cómo resistir a pata ancha los más duras vientos y las más sucias lluvias si se abatieron sobre uno con toda la maldad y saña del mundo?
Pero hoy bastaría levantar esa telita leve para que salte desde el remoto olvido la larga chata con ruedas de hierro que supo tener el catalán Miguel Balagué.
Don Miguel, con su único diente para sostener esa pipa ya carbonizada por el uso. La chata tenía sólo dos barandas una al frente y otra en la culata donde un cartel pretencioso y pintado con letras coloradas decía: “Expreso El Rápido”.
Esas inocentes letras fueron de los enigmas que mi niñez consideraba realmente insondables. Porque don Miguel esperaba todos los trenes que paraban cinco minutos en mi pueblo y luego salía a repartir las encomiendas.
A mis pocos años, ese traqueteante armatoste era lo más alejado de la velocidad y la rapidez que uno podía suponer. Y si en ese tiempo yo no hubiese tenido vedado el conocimiento a la retórica hubiese dicho que la chata de don Miguel y el nombre del “expreso” eran un perfecto oxímoron. Si se le agregan los dos caballejos pachorrientos que tiraban de ella con destaparrado andar está todo dicho.
Esos caballos -al menos uno por vez- le servían a don Miguel para el reparto de los helados de su pequeño establecimiento familiar, donde su bella hija Delia ocuparía destacado lugar.
Don Miguel y sus famosos y ricos helados “Balagué”.
El reparto se hacía con un carrito pintado de amarillo, con sus dos rueditas chirriantes, su solo asiento y su toldito del mismo color.
Cada verano empleaba a algún mozalbete para que incursionara bajo la dura canícula ofreciendo tal exquisitez.
A algunos de sus vendedores aún los recuerdo: “Chelita”, Valentín Prámparo (a quién llamábamos “Luisito” para distinguirlo de su padre del mismo nombre) y sobre todo a mi viejo amigo Roberto Vega, a quien llamábamos El Mincho.
El trabajo era muy bien preciado porque los helados eran de las pocas cosas que no resistían el deseo de probarlos. Cualquier bolsillo aún muy flaco podía -dada la baratura del producto- adquirir su preciado sabor para revertir la dura canícula que se abatía sin piedad sobre el pueblo.
Con El Mincho éramos amigos desde mi más remota infancia ya que habíamos sido vecinos hasta que se mudara y como si fuera poco, de una cuadra donde sólo había vecinitas, resultado por el cual él y yo éramos los únicos habilitados para patear esas esquivas pelotas de trapo que su habilidad fabricara.
Otra cosa tenía El Mincho que lo hacía único: sus abuelos. Ella, doña María, rezadora que hacía torcer con velas los pronósticos futbolísticos mas adversos (todavía recuerdo las siete velas de los siete goles que le infligiera Huracán a su tradicional rival del otro lado de la vía aquella tarde de gloria que no olvidaré mientras viva) y para rematar su abuelo era el mítico don Angel Pichichello, italiano lleno de historias, buenazo con su sombrero aludo que hacía sombra contra la contra de la suerte, sus bigotazos
“de manubrio de bicicleta” como le decíamos bromeando, su bonachona mirada azul plenas de montañas de su tierra natal.
Así que apenas salido en su recorrer, El Mincho no podía con su genio y volvía a su viejo barrio “del Jazmín” no a vender demasiado pero sí a charlar conmigo, que había desertado de la obligada siesta, y lo esperaba bajo el más bello y coposo paraíso de mi pueblo.
Mi amigo debía competir con la pujante heladería de don Gimmo Callegari quien había confiado a Albertito Nocino o a algunos de los tantos hermanos Correa su propio carrito todo pintado de blanco, tirado por un caballo del mismo color.
Sentado en la gramilla profusa, en ese detenido sopor de la siesta, yo miraba pasar las nubes entre las pocas ramas ralas que me dejaba el paraíso, escuchando el canto estridente de las pirinchas, y aún el canto armonioso de alguna corbatita, de un mixto o un federal.
El Mincho llegaba con su carrito amarillo, zangoloteando los dos inmensos tarros de aluminio o de acero, no sé bien, con el hielo picado y su sal, para conservar los preciados helados.
-Tenés guita, me preguntaba.
Y yo que a veces había podido juntar de alguna propina que me daban las vecinas por algún mandado (doña Luisa Aimetti, doña Rosa Campos) esa breve, esquiva y preciada moneda, o su equivalente, el exiguo billetito verdoso de cincuenta centavos se le extendía a cambio de un riquísimo helado con sus
tapitas que guardaban la crema o el chocolate que hacían mi delicia.
Entonces, él sacaba otro para él y empezábamos a gustarlos mientras conversábamos con toda parsimonia de fútbol, equipos, o de películas cortadas que veíamos en la matinée del cine La Perla.
Si yo no tenía una triste moneda -que era lo más probable- mi amigo sacaba lo mismo su helado, lo partía equitativamente y en gozosa fraternidad lo hacíamos desaparecer en nuestras respectivas bocas.
Don Miguel le descontaría por las noches estos helados que El Mincho “sustraía” con generosidad y tal vez profusión.
Un día lleno de moscas zumbadoras, mientras estábamos conversando animadamente tal vez de un próximo clásico, el caballejo estaba espantándose las moscas a coletazos y pisotones, cuando uno de éstos cayó sobre mi pie desnudo, como los tenía casi todo el verano.
Ahogué el grito que me produjo el dolor de esa pata llena de verrugas y mugres sobre mi propio pie indefenso, porque si mi viejo despertaba de la siesta el castigo podía ser peor que el pisotón de un caballo.
El Mincho, con la seguridad que otorgan el ser dos o tres años mayor no se inmutó. Sacó presto un puñado de hielo y sal y me lo puso sobre el pie herido.
Mi madre, como siempre guardó el secreto, luego de hacerme curaciones con alcohol puro, en un descuido de mi viejo, por suerte siempre en babia, o en sus lucubraciones misteriosas. Sé que fui un hombre, que no grité porque así me lo pedían los numerosos varones de mi familia paterna, el Kelo en primer lugar.
A veces pienso que será de la vida de mi viejo amigo El Mincho (el origen de su sobrenombre, que me confió, nunca saldrá de mis labios porque tiene algunas connotaciones vergonzantes).
Lo veo poco cuando voy a mi pueblo, tal vez, ni recuerde su primer trabajo, en el establecimiento de don Miguel. Esto fue antes que comenzara a aprender el oficio de carpintero, que llegó a dominar muy bien.
A veces pienso también qué habrá pasado con aquel numerosísimo ejército de mariposas, con esos cuises que sin piedad cascoteamos y qué con ese casal de horneritos que por piedad no matamos, ya que al verlos tan hacendosos ablandaba nuestros crueles corazoncitos de cazadores. ¡Pobre del que se
atreviera a matar alguno! Merecía el desprecio de la barra toda.
En aquellas siestas el mundo se detenía y nosotros con él, porque todo estaba tan lejos y para todo había tiempo, hasta para mi amigo “El Mincho” se olvidara de la competencia, que andaría sacándole los clientes por la otra punta del pueblo.
Pienso en ese viejo paraíso, el primero de una larga hilera que comenzaba en el límite del terreno de mi casa y seguía por la vereda de don Clemente Gerlo, a quien no le dejamos fruta sin robar.
Pienso que lo habrá desgajado una tormenta con su violencia, o fueron simplemente los años que lo pueden todo, o tal vez alguna comisión comunal que como sabemos odia a los árboles con bastante fruición.
Bajo esa sombra propicia nos resguardábamos de la miseria del mundo, de las lluvias y de los soles más brutos que se abatían sobre esa zona de la pampa, tan gringa.
Estaba todo tan lejos, más lejos aún que propio recuerdo que lo único que se acerca hoy es mi más pura amistad para con El Mincho, mi amigo que hizo de improvisado enfermero de esa intensa canícula, bajo el mejor paraíso del pueblo.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14538-2008-07-29.html

Pensando al inventren..*

Es una tarde radiante de principios de otoño. El solcito entibia los corazones, y una velada amenaza de resfrío se hace presente al agitarse el viento contra el rostro del caminante que pasa por la sombra. Di Matteo se arrebuja el cuello de la campera. Sabe que se le hace tarde. Como siempre, se entretuvo más de lo debido antes de salir a la calle. Al menos, la cita es a pocas cuadras de su casa. Al bajar del puente metálico, avanza decidido hacia el bar de la esquina, mientras el tránsito deambula moroso al bordear la deprimente plaza de Temperley City.
Al entrar, aliviado por el reparo que le ofrecen aquellas paredes contra el viento, divisa a Coiro sentado junto a la ventana, en un salón abundante en antiguas sillas de madera de respaldo curvo y mesas de fórmica opacas, con enormes reproducciones de afiches publicitarios de principios de siglo colgados en las paredes. El editor responsable de Inventiva Social se encuentra leyendo los diarios del día que ha tomado prestados de la barra. Seguramente ha estado garabateando sus desquiciadas pero no menos creativas ideas en uno de sus incontables cuadernos universitarios de espiral. Frases que sedimentarán allí como parte del basamento con el que gestará algún escrito de fin de semana, o simplemente morirán sin ser vueltas a leer; espontaneidades que acaso hayan sido geniales en el momento de ocurrir pero que quizá acaben –ante una cruel indecisión de su autor- en el más triste y oscuro de los olvidos: el de haber podido y no haber sido.
Coiro alza la vista al ver acercarse a Di Matteo, esbozando una triste sonrisa que se funde con la entrañable mirada de sus ojos claros, mientras se pone de pie. Su amigo se acerca a paso veloz, ambos se funden en un tierno abrazo, y se acomodan frente a frente junto a la mesa. A lo lejos, el claxon de un tren eléctrico se demora unos segundos en el aire de la tarde mientras la formación se aleja rumbo a su estación terminal, Plaza Constitución.
La moza parece materializarse en el aire, acercándose presurosa, vestida con una blusa blanca y un enorme delantal negro. Di Matteo pide un té de boldo, y Coiro otro cortado.
-¿Es nueva la morocha? –susurra Di Matteo, mirándola alejarse.
-Empezó antes de ayer –informa Coiro.
-Buen culo –continúa el susurro, ahora buscando la mirada cómplice.
-Ya lo creo… Sí, sí… -agrega Coiro, con expresión soñadora.
-¡Bueno, loco! -Di Matteo alza la voz y toma coraje, mientras extrae su nutrida libretita, desbordante de papeles, de uno de los bolsillos interiores de la campera: -El tema de los trenes se agotó.
La sentencia queda suspendida en el aire con la crueldad de la desilusión. Coiro, que no se halla del mejor humor luego de haber pasado la mañana cuidando a su nena, tumbada en cama a causa de una fiebre, suspira apesadumbrado, preparándose para escuchar un nuevo arranque de soberbia e intolerancia –aunque sólo sean chisporroteos aislados- del amigo escritor.
-¿Cómo es eso? –inquiere, con gesto de incomprensión.
-O debería decir: el tema de los trenes ME agotó. Porque…, ¿qué más se puede escribir? Ya nos metimos con casi todos los temas: hablamos de los ramales que se cierran, del pasado que vuelve a través de sus fantasmas, de las historias de ficción que pueden desarrollarse en los espacios ferroviarios abandonados, de los posibles futuros que podría generar un hipotético reflote del servicio… -Coiro asiente ante cada una de las menciones-. Ya escribí sobre los personajes que rodean al tren, sobre quienes los operaron, sobre los pasajeros… Repetí personajes, algunos mejor logrados que otros, los hice interactuar siempre en torno de los trenes… ¿Y entonces? ¿Qué más queda? No sé… Reflotar aquel cruce, que ya habíamos pensado, entre InvenTren y el Moby Zepp; pero me parece muy forzado; qué sé yo. Pude insertar al dirigible en algunas historias el año pasado, pero siempre como un elemento secundario, casi escenográfico…
-Calmesé Di Matteo –acota Coiro, con un último resto de picardía en la mirada. -¿Anda con quilombos de laburo, que vino tan acelerado? ¿O se peleó con su señora o su madre?
-No… -se defiende el otro. –Es que me puse a pensar y no se me ocurre nada. Sabés que más de una vez tuve que pedirte que nos viéramos acá, frente a la plaza, o allá, en el bar de Lomas, para que me tirases alguna idea y pudiera cumplir con el cuentito semanal.
-Bueno… Ese fue el esfuerzo que Ud. quiso hacer… No tenías ninguna obligación. Te mandaste un cuento por semana, durante todo un año, y ese fue un esfuerzo… titánico diría, casi sobrehumano.
-Sabés que no me cuesta, que para mí esta rutina de sentarme y producir es parte del oficio, que lo tomo como si fuese una especie de taller literario –agrega Di Matteo, mientras la moza llega con la bandeja y el pedido, silenciando la charla al atraer las miradas, dejando las tazas sobre la mesa junto con la teterita y un par de vasos con soda, y alejándose con un provocador meneo de caderas. –Pero… la cuestión es que, aunque haya sido hijo de ferroviario, y eso me ayudó con algunos detalles, al tema no le encuentro más vueltas. Salvo repetir los temas que ya trazamos… o… Ah… Se me acaba de ocurrir algo…
-¿Qué? –se interesa Coiro, acostumbrado a estos arranques creativos de su amigo. El ritmo de la charla le ha ido sacudiendo poco a poco su sopor circunstancial, y gradualmente algunos destellos de ideas se asoman delante de sus pupilas, aún sin haber tomado forma, quizá expectantes por llegar a corporizarse.
-Hace unos días se me ocurrió que nunca hicimos aparecer un tren bala… No un tren balín, se entiende…
-No caigamos en el humor fácil –recuerda Coiro.
-No, claro… Me refiero al tren bala europeo, o al japonés. Claro que por la velocidad que desarrolla, para hacerlo arrancar, tomar velocidad, y frenar a tiempo, las distancias entre las estaciones tendrían que ser más largas que las que acostumbramos a utilizar en las distintas series de InvenTren, atravesando la provincia de Buenos Aires.
-Habría que ver. Podría manejarse. La idea no es mala…
-A propósito: ¿ya hiciste el recorrido? –dice Di Matteo, mientras le echa dos sobrecitos de azúcar a la tetera, la revuelve y sumerge el saquito de boldo, actuando una antigua ceremonia personal.
-Sí, acá lo tenés –y le extiende una hoja de cuaderno donde figuran las 18 estaciones por las que atravesará el recorrido ferro-literario del 2005. –La copia es para vos. Pensé que, justamente, para evitar la exigencia que te cargaste el año pasado, de escribir uno por semana, esta vuelta vamos a salir cada quince días.
-Así me das tiempo para pulir mejor los escritos –se alegra Di Matteo, y lee el recorrido en voz alta, para luego servirse una taza de té.
-Sí, pero también para ver si se me ocurre algo decente a mí –se disculpa Coiro, sonriendo con culpa, mientras apura el cortado. -Porque vengo muy mal, che… Por ahí tengo las ideas, pero no me puedo poner a escribir, veo la página en blanco y no sale nada. Revuelvo los papeles, hojeo los libros de siempre, consulto al amigo Soriano o a Dal Masetto, y lo único que consigo es quedar pasmado con la habilidad, la manera que tienen estos tipos de contar algo y hacerlo creíble. Quedo tan cohibido ante estos monstruos que no puedo escribir una sola línea. No lo puedo expresar.
-Ese es el error –señala Di Matteo, sorbiendo su té. –La escritura no tendría por qué ser copia de lo que hicieron otros, ya que cada uno tiene su estilo propio. El tema es llegar a encontrar precisamente esa voz literaria propia. Tomar a ciertos referentes para orientarse me parece fundamental, pero hay que tener en cuenta que son nada más que guías. Después, hay que sentar el culo en la silla y gastar hojas… birome… quedar con los dedos mochos por el teclado de la compu… En definitiva: laburar.
-Está bien, Di Matteo –condesciende Coiro. –Eso ya lo sé. Pero recuerde que Ud. me lo dice desde un lugar muy diferente al mío. Yo me largué a escribir hace poco, de puro caradura. A diferencia suya, que escribe desde chico, y tan bien.
-Vamos, che. Vos también tenés tu propio estilo. Y a veces te salen unos escritos que realmente me sorprenden. No parecen tuyos.
-Gracias –se ríe Coiro, aceptando el sarcasmo.
-Bueno, dale –lo empuja su amigo, tomando la birome. -Pongámonos a inventar algo, porque sino este InvenTren no sale más.
-A mí me pareció piola una idea que me mandó el Cholo Aguirre. Resulta que había unos trenes hace tiempo, en el interior, que funcionaban no a carbón sino a leña, y cuando se les acababa el combustible que llevaban, paraban a la vera de un bosquecito, talaban unos árboles, y seguían viaje. Podemos inventar que el reciclado del InvenTren, con el nuevo ramal de trocha angosta, además de máquinas alimentadas a GNC dispone de locomotoras históricas que funcionan a vapor, y para aliviar las funciones de los maquinistas se han ido sembrando bambúes chinos a la vera de las vías…
-Está bueno… A mí se me ocurre una escena muy fuerte, que me tocó vivir la otra noche con la tormenta. Resulta que volvía de Ezeiza, como a las ocho y media, y al salir de Turdera el eléctrico se paró, se apagaron las luces, y quedaron encendidas sólo las de emergencia. Por las ventanillas apenas se veía, gracias a los faros de los autos o las luces de las casas. Y las vías estaban todas inundadas; el agua casi tapaba los rieles, los durmientes ni se veían, hasta parecía que hubiera olas… Entonces un tipo, supongo que alguno de los vendedores, parado cerca mío, le comentó a otro: “Mirá toda el agua que hay ahí abajo… Y nosotros encima de la cabeza tenemos cables de 25 mil voltios…”
-¡Qué terrible! –masculla Coiro, estremecido ante la idea.
-Se me ocurre que podemos adaptar esa escena al tren bala: lo detiene la inundación de los campos, hay un cortocircuito en el sistema, y los pasajeros quedan varados. A partir de ahí, vemos qué pasa con esa gente… Si se quedan a esperar que los rescaten, si organizan una partida que vaya a buscar ayuda, si se ponen locos ante el encierro…
-No está mal…
-¿Ves? Ahora que lo pienso –medita Di Matteo: -¿Cómo estarán diseñados los trenes eléctricos para impedir que la carga voltaica no colapse el sistema cuando hay agua debajo de las ruedas metálicas?
-Buena pregunta… Pero igual, no creo que nos metamos con algo así en InvenTren –se defiende Coiro, cambiando de tema. –Lo que se me ocurrió el otro día, mientras volvía de Santa Fé en micro, mirando un video que ni sé de qué se trataba, era escribir sobre un tren que llevara un vagón cine-club, así como tiene el vagón comedor o el de cargas. Sería algo así: “Harto de ver el paisaje, se fue al vagón cine-club a ver una buena película”.
-Que siempre sería un clásico, o un fiel exponente del cine arte europeo. Retrospectivas francesas o suecas, o un ciclo de cine japonés. Nada de “tanques” industriales o películas nacionales filmadas para el consumo masivo, como “Patoruzito” o el bodrio ése de las Bandana.
-Y si no, siempre podemos apelar al recurso habitual de ver qué nos sugieren los nombres de las estaciones. O reciclar las que nos quedaron colgadas. “Pobre Marucha, la estación que se quedó en la cucha”.
Ambos se ríen.
-A ver –comienza Coiro. –Salimos desde Rosario…
-Podemos fletar un tren que vaya a Rosario a hacer turismo sexual…
-No, no… Eso se lo dejo a Ud… -sonríe Coiro, casi avergonzado.
-Estaría bueno –se entusiasma Di Matteo. -¡Un cruce entre el pujante InvenTren que nunca se detiene, y el olvidado InvenSex!
Vuelven a reírse.
-O reflotar personajes que ya pasaron. Tenía ganas de volver a usar a Zelmar Araujo. Esta vez, ya consagrado como cronista, editaría en papel sus “Crónicas desde la vía”. La publicación le traería el beneficio de recibir el aporte de algunos empresas que lo “esponsorean”, y ese dinero le permitiría estar más tranquilo para seguir poco a poco retomando la profesión y atendiendo pacientes…
-En las salas de espera de las estaciones…
Risas.
-Los fines de semana… Claro.
-También hay una Estación Gelly…
-¿Vos sabías… asociación libre, ¿no? …que el Pasaje Gelly al 3 mil y pico, en Palermo, es la dirección del Canal 9?
-¡No digas! –se sorprende Coiro. –Entonces en esa estación puede estar cumpliendo funciones policiales el Capitán Haddad…
Más risas.
-Y por ahí cerca, hay un pueblito llamado Intendente Blumberg…
Carcajadas.
-Yo puedo retomar al Papa Urbano Powell, viajando por el tiempo, y descubriendo realidades virtuales –sugiere Coiro. –O ahora que hay recambio papal, convertirlo en el Bati-Papa, que vive en el Bati-cano…
-Y comete herejías vestido de murciélago…
Más carcajadas.
-Estás cada día más loco vos –sentencia Di Matteo, mientras sigue riéndose, y no deja de anotar ideas en su libretita.
-Por ejemplo –continúa Coiro, alentado por el buen humor, dejando atrás el sopor que lo embargaba hasta hace un rato, feliz de distenderse con su buen amigo, -ésta por la que vamos a pasar es una zona de producción de soja. Podemos inventar empresas que comercialicen la soja… -Y cambia el tono, imitando con torpeza la locución de una hipotética publicidad: -“Soja La Carolina, más fina que las gallinas”…
-¡Ahora vos caíste en el chiste fácil!
Y así continúan durante un buen rato, generando ideas y garabateando papeles, delirando a gusto, mientras el sol les entibia el alma a través de la ventana. Y durante esa breve porción de la tarde, antes de ir a buscar a los chicos al colegio, ambos se sienten dueños de poder cambiar el mundo.
O al menos, entre risas y afectos, intentar que este mundo de mierda sea un poco menos duro de lo que es.

-Escrito del año 2005-

*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar

DEL REPARAR AL MUNDO*

En los últimos dos años ha visto mucho cine viajando. Pedazos, en realidad de películas, imágenes sueltas.
Ese hombre sabe que es un hombre sacudido y estallado en pedazos. Un hombre que va y viene, y que ese día esta apenas anestesiado por el dolor.
Sale de pensar con la vista puesta en el paisaje lábil que le brinda laventanilla y ve a Richard Gere en el personaje de un profesor de religión escribiendo en un pizarrón “Tikkun Olam”, explicando que quiere decir”reparar al mundo”.
Cuando el hombre consigue encontrar su anotador la película ha avanzado, como el micro, y como todas las cosas entregadas a su propia velocidad, ha avanzado. Sólo logra anotar dos frases aisladas más, bastante poco para una película de más de hora y media: “Amar las cosas de nuevo”. “Reunir
fragmentos”.
Cómo se logra eso? -se pregunta.
¿Cómo se hace para reunir esos pedazos en los que su vida trascurre estallada?
¿Como se hace para amar las cosas de nuevo?
¿Para querer y quererse a pesar de las tareas imposibles en las que se ve una y otra vez inmerso a lo largo de su vida?
Mientras, siente que estademasiado acostumbrado a la tristeza como sombra de sus pasos.
Afuera, un ave de nube flota al celeste intenso del mediodía.

-Escrito del año 2007-

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
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ENTRE MI DESEO Y LA AUSENCIA…

Incertidumbre‏*

Cuando tus ojos
Tan claros e inmensos
Color del mar sereno
Se empañan de gris
No me gustan
Tu mirada empalagada
Por el humo
Desquiciada por el pasado
Me cohíbe
No son tus ojos
Ni tu nombre
Eclipsado en tinieblas
En derrotas de un
No se qué
Ni hasta cuando
Se pierden
En mi horizonte.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

ENTRE MI DESEO Y LA AUSENCIA…

ALGO SOBRE LA TRAMA*

Según el Diccionario de la RAE, “Trama es un conjunto de hilos que cruzados y enlazados con los de la urdimbre, forman una tela”.
En la literatura, la “trama” es una metáfora que caracteriza a la ficción, cualquiera sea su género.
El narrador no es el autor sino una voz que narra, es quien enuncia, desde la ficción misma ese relato.
Entonces si yo desplazo la letra, si la voy extendiendo sobre el papel en una rugosidad extrema, allí hago estallar su colorido, su botoncito opaco, su expansión de red que cubre el intersticio entre mi deseo y la ausencia.
Cuando yo escribo, pongo esa inmensa malla en movimiento, malla que tramaron generaciones sucesivas antes que yo, que fueron tejiendo en la instancia de una paciencia infinita, casi sin esperanzas, porque lo bueno es seguir cuando ya no importe más a nadie, ni siquiera a mí.
Armo la letra entonces. Compacta a veces. No hay fisuras, no hay bordes. Está lisa, grávida sin embargo en su aspecto casi neutro. Es como una granada que al ser golpeada hace saltar todos sus dientecitos rojos y jugosos.
Tal vez esto sea mi vida: tejer sobre una superficie diluida una obsesiva red de figuras donde a veces emergen pequeños promontorios y otras veces hacen un huequito donde guardo cariñosos mentideros para seguir viviendo.
Comprendo entonces que en esa trama he intentado crear un espacio. Que puedo expandir apenitas esa malla, sacudiendo en el lienzo móvil e incierto de la memoria (siempre engañosa como sabemos): un rostro, un gesto, una palabra que suena en los oídos aunque la boca que la pronunció no esté más en el mundo de los vivos, pero dura en mí, dura en nosotros, un instante de inmovilidad que tienen los relámpagos. Fulguran en las huellas de la memoria.
He abierto allí un latido oscuro. En su devenir el intersticio arma un tembladeral de dudas, golpea como un furioso vendaval el entramado donde se aposenta la memoria.
Hace volar los pájaros que allí se habían asentado.
En mi caso esa memoria está poblada de inmigrantes, de sembrados, de sacrificios, de callejones que cruzaban los cuises solitarios, de cacerías sobre el campo lleno de cardos y de alto pájaro en el aire, de un arador que siguen las gaviotas. De las pariciones de animales, de ciclos de las cosechas que pautaban la vida rural y de los pueblos de la campaña de entonces.
Este es el pequeñísimo y humilde hilo que pretendo agregar a la inmensa narrativa de la Historia desde hace casi cuarenta años.
Como diría mi maestro don José Pedroni: “no sé para qué “.
Pido perdón entonces a ustedes, pero no puedo hacer otra cosa.

*de Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar

Carboncito: *

Niñito de Bolivia
Entre tu sombrero
Y tu mantilla de girasoles
Que cuidan tu temperatura
Y el peso tan bajo
Entraste en este hogar
Sos nuestra inquietud
Con tu carita adormecida
De mimitos con guirnaldas
Y ensueños perdidos
De ilusiones anónimas
Hasta que te cobijamos.

Conjeturamos tus deseos
Y tu capital
Esperamos encontrar
Muy pronto
Un destino caliente
Con abrazos y besos
Para tu figura que duerme
Tanto, todavía…

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Onetti: la lección del maestro*

La obra del gran escritor Juan Carlos Onetti (Montevideo,1909-Madrid,1994) estuvo signada por los desencuentros -el primero con la crítica ciega, y luego con el público que no estaba preparado para recibir una escritura de esa dimensión- que lo llevaron, pese a ser muy original, a los segundos premios donde se presentara.
En 1939 a instancias de su amigo el poeta Juan Cunha que se improvisó su editor, apareció en Montevideo la primera edición de “El pozo”, donde Eladio Linacero, personaje emblemático del sujeto urbano aplastado por la angustia y el anonimato, monologa sobre la sinrazón de la existencia. “La náusea”, saldría varios años después, al fin de la guerra, es decir que Onetti pasó desapercibido porque simplemente vivía en el arrabal del mundo. Era latinoamericano.
La patética suerte de este libro que debió modificar el mapa literario del Río de la Plata, quedó sujeto a la falta de interés ya que según Angel Rama, quien años después de su aparición lo reeditó, sostenía que aún quedaban (a 30 años de aquella edición secreta) paquetes de ejemplares de los 500 que se habían tirado.
La tapa tenía la reproducción de un Picasso apócrifo y el papel interior era de estraza celeste.
En estas costas reinaba Eduardo Mallea, de quien hoy nadie se acuerda, ni los distraídos profesores de literatura lo incluyen en sus programas..
No mejor le fue con “La vida breve”, en 1950, ya viviendo en Buenos Aires. No tuvo casi comentarios, pasó desapercibida esta obra verdaderamente de vanguardia, seis años después le pasaría lo mismo a Antonio Di Benedetto con “Zama”, que son junto a “Los siete locos” las tres mejores novelas que se publicaron en la Argentina en el siglo XX según Juan José Saer.
Los “fracasos” no hicieron mella en la obcecación de Onetti. Siguió poniendo en palabras como nadie al ritmo de su respiración de fumador empedernido y de alcohólico contumaz, las insanias de este mundo absurdo. Su galería de putas y de borrachos, su “corte de los milagros” donde pululan los fracasados, los locos, los pirómanos, los proxenetas, los marginales que sólo en sus piadosas palabras tienen un destino, y los únicos seres que se salvan de su mundo atroz: los adolescentes, porque según sus palabras no han perdido aún la pureza que una vida de miserias les va a arrebatar seguramente en la primera de cambio.
Huraño, cascarrabias y escéptico, pasó por este mundo escribiendo “por necesidad, para mí mismo, aunque supiera que nunca nadie me va a leer” como dijo en uno de los pocos reportajes que concedió en su vida a la periodista uruguaya María Esther Giglio.
La obscenidad, que es norte de la vida social de muchos escritores que sólo se empeñan en hablar mal de los colegas en público, como si eso les diera una pátina de genialidad, deberían seguir su ejemplo de ascetismo.
Onetti, como su admirado maestro Faulkner, dejó una larga estela de escritores que sin su obra no hubieran existido. Lo diré sin más vueltas: dejó un montón de discípulos, que aprendieron a escribir gracias a él. Algunos se lo han agradecido (Carlos Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Saer) y otros se lo guardan y lo niegan si se les pregunta, pero no llegan lejos con su mentira. Eso se percibe fácilmente al leerlos. Pareciera que son “guachos”, como se les dice en el campo a los huérfanos, a los que no tienen padre conocido, a los “hijos de la nada”. Suponen que el mundo los estuvo esperando para comenzar su marcha, son sus modestos aportes a este mundo de miserias. Allá ellos.
Lo cierto es que Onetti nos dejó un puñado considerable de cuentos y por lo menos cuatro novelas que son obras maestras del género: “La vida breve”,”El astillero”,”Los adioses” y “Juntacadáveres”. El “Juntacadáveres” Larsen o simplemente “El Junta”, quien ya había ido apareciendo en novelas anteriores y que en “El Astillero” había sido personaje principal, pero es en “Juntacadáveres” donde hace su aparición que es toda una sinfonía: el sueño de un prostíbulo perfecto. ¿Acaso “el astrólogo” no pensaba lo mismo en la saga arltiana para financiar “su” revolución. ”Juntacadáveres” se instala en la ciudad de Santa María, la ciudad inventada por Juan María Brausen en “La Vida breve” y trata de poner en práctica su plan, elaborado minuciosamente, ya abonado por fracasos anteriores pero se debe enfrentar con el doctor Díaz Grey (otro emblemático personaje onettiano, quien representa las fuerzas vivas de la ciudad. Hay un diálogo entre ambos que no tiene desperdicio. Allí Juntacadáveres intenta convencer al médico que ellos tiene vocaciones diferentes, pero una misma pasión.
Cierta vez se le preguntó a Onetti sobre el origen de este personaje. Y él contó que trabajando para la empresa Reuter en Buenos Aires, una madrugada asomó por la puerta de un bar un sujeto que llamó su atención. Al inquirir por él, le dijeron: ”AH, es el Junta. Le dicen Juntacadáveres porque se dedica a coleccionar prostitutas viejas. Fue suficiente para construir después uno de sus personajes más entrañables, aún en su miseria final y su abyección.
En su magistral cuento “El posible Baldi”, afirma que somos responsables de una lenta vida idiota. ”Porque el doctor Baldi-dice el narrador- no fue capaz de saltar un día sobre la cubierta de una barcaza, pesada de bolsas o maderas. No se había animado a aceptar que la vida es otra cosa, que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles ni de hombres sensatos”.
Una vez le preguntaron por qué sólo salvaba a los adolescentes en sus libros. “Porque al ser humano lo destruyen la política y el matrimonio”, contestó. Él, que se casó cuatro veces.
Entre las cosas absurdas de un continente sumido en la represión que orquestaron sus propios Estados contra los pueblos está la dolorosa anécdota que llevó a Onetti a la cárcel por haber participado como jurado en un concurso de la mítica revista “Marcha” y haber premiado un cuento de Nelson Marra donde el personaje era una represor/torturador. Marra estuvo 5 años preso en una cárcel para detenidos de extrema peligrosidad. Onetti, Mercedes Rein, miembros del jurado, seis meses, junto a Carlos Quijano y Hugo Alfaro, director y Jefe de redacción respectivamente de esa publicación donde Onetti había sido su primer secretario en l939. Esto de las detenciones fue en gobierno de Bordabberry, quien disolvió el Congreso y gobernaba con una junta militar. Corría el año 1974.
Cuando lo dejaron libre se cruzó a Buenos Aires con una valija de libros, allí tomó un avión para ir a Madrid donde se lo había invitado para participar como jurado en la editorial Seix Barral. Su última esposa, la argentina Dorotea Muhr lo siguió. Estando privado de la libertad pidieron por él todos los intelectuales dignos de Europa y Latinoamérica. Empezando por Jean Paul Sartre.
Nunca volvieron de allí, ni cuando el presidente Sanguinetti elegido democráticamente lo invitó telefónicamente.
-Gracias, pero no sé qué volvería a hacer yo allí, contestó eludiendo el convite.
Pasó sus últimos años escribiendo cuatro novelas más y algunos cuentos, se empezó a reeditar parte de su obra en España y otros países de Europa, pero él siguió acostado en su cama tomando whisky, fumando varios paquetes de cigarrillos y leyendo interminables novelas policiales. Sin dar ningún reportaje.
Había hecho hacer un cartel que pegó con una chinche en la puerta con la leyenda que decía: “Onetti no está”. Los curiosos o pacientes que lo buscaban infructuosamente se encontraban con el cartel… y el ruido del violín que producían los ensayos de su esposa que era música.
Cuando le concedieron el Premio Cervantes (máximo galardón literario en lengua española), nunca tan bien otorgado valga apuntar, agradeció al rey con un discurso donde aclaraba que él en la vida siempre había pagado “no placé” y cuando ya no esperaba nada le caía esta distinción. Al ser requerido por el periodismo de todo el mundo, un periodista español le preguntó qué significaba el premio para él.
-“Ciento diecisiete mil dólares”, contestó lacónico.
Al periodismo hispano no le cayó muy bien su respuesta.
Se olvidaba que él era Juan Carlos Onetti, un verdadero duro hasta el fin.

*Jorge Isaías jisaias46@yahoo.com.ar

Muerde el polvo, Carter*

*Por José Pablo Feinmann

El tipo era un traidor. Estaba en Washington. Había hablado en el Congreso.
Había propuesto bombardeos nucleares graduales sobre Irán. Una medida dura digna de un halcón como él. El era el general Scott Davis. No tenía aún cuarenta años. Graduado en West Point. Medalla de Oro. Había participado en Irak. Había ordenado instalar campos de concentración y parecería que gozara
presenciando torturas.
Los de la CIA se acomodaron en la oficina de Carter, en Los Angeles, y le dijeron: “Deberás viajar a Washington, Joe. El tipo no se moverá de ahí por un tiempo perjudicial para nuestros planes. Entre tanto, entregará información al enemigo y peligran objetivos que tenemos en torno de Irán. No nos preguntes cómo sabemos eso. Somos la CIA”.
-¿Por que no lo hacen ustedes?
-Porque somos la CIA.
-Entiendo. Denme una foto.
Se la dieron.
-Es guapo el bastardo -elogió Carter. No por criterio estético alguno, sino por maldita envidia.
-Pero no es tanto lo que el sexo le interesa. Para él, lo esencial es…
-La traición. Que será esencial pero no invisible a los ojos. Lo haré partir de este mundo. Con cada traidor que parte, América avanza en su lucha contra el Mal.
-Tú lo has dicho. Toma esta carpeta. Todos sus movimientos están ahí. Tienes que matarlo en 48 hs. De lo contrario será tarde y perderemos misiles y hombres. Lamentamos lo de los misiles.
-Comprendo. Vean, muchachos, si Joe Carter no puede liquidar en 48 hs a un traidor a la causa americana es porque tengo que dedicarme al ballet clásico.
-¿Giselle?
-El lago de los cisnes.
-¿Llenarás aun con dignidad ese bulto envidiable que lucen los bailarines clásicos?
-Si no lo llenara, pondré ahí mi Browning 9 mm.
Los de la CIA se fueron.
El primer lugar fue el Senado. Scott Davis hablaría ahí en menos de 25 minutos. Carter estaba algo fatigado. El vuelo a Washington había ofrecido a sus pasajeros demasiadas turbulencias. Se sentó detrás del asiento del general. Tenía un estilete fino y penetrante. Atravesaría la butaca e introduciría curare en el riñón de Scott Davis. Oh, qué sencillo sería todo.
Pero no: Scott Davis avisó que suspendía su disertación. Un compromiso urgente había surgido.
El segundo lugar fue un fastuoso restaurante. Sabía que Scott Davis almorzaría con su secretaria en la terraza. Se ubicó en el edificio de enfrente con un rifle de tan alta precisión que mataría al general sin
necesidad siquiera de apuntarle. Esperó dos horas. El general no apareció.
Al día siguiente voló a Irak. Carter logró tomar el mismo vuelo. Envenenó el café que -sabía- solía tomar el general. Alegando una súbita acidez, ese día lo rechazó. Scott Davis debía encontrarse con el líder iraquí Amuhd Ahad.
Carter lo mató la noche anterior y estudió largamente su rostro. Luego diseñó su cara como la del líder iraquí. Al día siguiente esperó a Scott Davis. No bien éste entró dijo:
-Tú no eres Amuhd Ahad. Tu disfraz no está mal, pero tampoco está bien.
Scott Davis se reunió con Bin Laden. Carter, desde prudencial distancia, apuntó con su rifle de alta precisión. Disparó pero Bin Laden hizo un movimiento de cortesía y, maldita suerte, cubrió al general para conducirlo hasta la salida. La bala lo hirió en un hombro. Le pareció oír la voz de Bin Laden.
-No importa. Estoy acostumbrado.
Tenía el dato preciso: esa noche, en el Irak Hilton, Scott Davis tendría una cita de amor con una doble de cuerpo de Scarlett Johansson que el Departamento de Estado le había reservado para su deleite, para que olvidara por un momento los arduos problemas mundiales que sin cesar afrontaba y, casi siempre, resolvía. Eran las 2.30 de la madrugada. Habían ido a cenar y, poco antes de que el restaurante volara por los aires a causa de un eficaz operativo de la resistencia iraquí, se retiraron rumbo al hotel. Hicieron el amor como sólo es posible hacerlo en medio de la guerra, con esa sensación de tal vez nunca más esto o gocemos hasta explotar porque muy posiblemente explotemos. Desde la ventana abierta, Carter hizo fuego con su Browning.
Algún dios protegía al senador Scott Davis. Acaso -al devenir un traidor y trabajar para el bando islámico- el mismísimo Alá se había dignado velar por él. No había otra explicación. Porque Carter hizo fuego y precisamente ahí los cuerpos giraron y fue el de la rubia, el de la doble de cuerpo, el que
recibió en su espalda el impacto. El senador salió velozmente de la habitación. Antes de hacerlo dijo:
-Lo siento, Scarlett. Es triste que te ocurra esto en el mejor momento de tu carrera.
Demonios, se dijo Carter, he liquidado a Scarlett Johansson, ¿cómo le diré esto a Woody Allen? Decidió dejarle esa tarea a la CIA. Le sorprendió hasta dónde llegaba el fervor de Scarlett en su participación en la lucha contra el Mal. Con mujeres así, venceremos, se dijo.
Sólo dos días después, desde Frankfurt, Scott Davis abordaba un avión rumbo a Israel. Su misión: informar a Teherán acerca del sistema de defensa nuclear israelí. Media hora antes de la partida, disfrazado de maletero, Carter adhirió al poderoso aparato un ínfimo, cálido anillo de bodas. Era
una bomba con elementos nucleares restringidos, pero no mucho. El avión despegó. Apresurado, con claro fastidio, apareció el general Scott Davis en la pista, rodeado de diez, quince hombres de seguridad.
-¡Detengan ese avión! -exclamaba-. ¡Debo viajar en él!
Le fue imposible. Desde la torre de control le informaron que no podían detener el vuelo. Pero que prepararían uno especial para él. En ese preciso instante el avión estalló en medio de su búsqueda de las alturas. La explosión fue tan desmedida, los colores que despidió tan variados y hasta desconocidos y el pequeño, pero indisimulable, hongo atómico tan estremecedor, que todos juraron no haber visto jamás algo así en el aeropuerto de Frankfurt ni en ningún otro del planeta.
-Demonios, de la que me he salvado -dijo el general Scott Davis. Y sinceramente impresionado, añadió: -¡Qué espectáculo maravilloso! Todos esos pasajeros han muerto, no lo dudemos. Pero nos han ofrecido una visión inolvidable. ¿Tienen listo mi vuelo? No debo perder tiempo. Además, esa explosión fue bellísima pero en menos de media hora va a contaminar de radiaciones a todo el maldito aeropuerto. El que no huya de aquí despertará con tres brazos, cuatro narices y dos agujeros del culo además del que ya tiene, el único necesario.
Carter huyó hacia Londres. Desde ahí, se comunicó con la CIA. Fiel a su estilo, sus palabras fueron escasas, pero definitivas.
-Renuncio. Este hombre se me escapa siempre.
Regresó a Los Angeles. Entró en su oficina. Alguien estaba sentado en su silla giratoria. La hizo girar y se encontró, por fin, con el general Scott Davis. Tenía un orificio entre ceja y ceja y más muerto no podía estar.
-¡Maldito traidor! -exclamó Carter-. Te vengo siguiendo por medio mundo para matarte y te encuentro muerto en mi oficina. ¿Te empeñas en burlarte de mí?
No él, otros. Había un mensaje sobre su pecho, sobre sus múltiples condecoraciones. El mensaje decía: “Carter, pon tu Browning 9 mm entre tus piernas y baila lo mejor que puedas El lago de los cisnes. Tus amigos de la CIA. PD: ¿Serás capaz al menos de deshacerte prudentemente del cadáver?”
Se sirvió un whisky. Pensó: “O estos hijos de perra me han gastado una apestosa broma… o debería pensar seriamente en dedicarme a la jardinería”.

Este cuento es un anticipo de Lloraré por ti, Stella Collinwood, y otras historias de Joe Carter, que publicará Planeta a inicios de 2009.

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-108524-2008-07-27.html

Postales del paso del tiempo*

1

Desde el primer día / supe que te amaba
con mi alma enamorada
como un vagabundo / no me da respiro.
Porque nunca nunca serás mio
Y no me importa nada / por que no quiero nada

…y aprender como duele el alma
como un adios.
Porque tengo el corazón valiente.
prefiero amarte después de verte.

Mi hija tiene 7 años. Y acaba de cantarme su versión de la novela que protagonizan Natalia Oreiro y Facundo Arana. Al rato vuelve y me cuenta sobre el anticipo del nuevo capítulo del lunes con el cual bombardean a cualquier hora. Me dice que Martin y la Monita se van a dar el primer beso después de huir sobre un caballo blanco. Con las novelas y la televisión tengo una larga polemica, como Padre no logro evitar que mis hijos pasen demasiadas horas delante de un televisor incluso con mi compañia, quejosa pero compañia al fin. Preferible, trato de consolarme, a la soledad delante del monstruo devorador de espacio y tiempo. Trato de mantener un espacio propio de comunicación con pretexto de los programas que ven.
Entonces le pregunto a mi hija de que tratan las novelas, y su respuesta me deja con la boca abierta y desata una risa franca, un alivio ante la complejidad del mundo que tanto me abruma en estos días.

“De cuernos y secretos”. -me dice.

2

Un puño cerrado sin luz. El cielo.

Llueve. Cortina fina e interminable. La luz se condensa en las gotitas guirnaldas que se quedan una tras otra en el alambre de colgar la ropa. Recién puedo ver, en mi despresente permanente ante las cosas, un brote de la parra de uva blanca, el primero de esta temporada. Otro aviso del paso del tiempo, para mi no había pasado nada desde la última poda, un domingo, los chicos jugando abajo, corriendo entre las ramas, jugando una guerra donde las escobas y los secadores eran caballos. Debe haber sido en mayo, quizá en principios de junio.

La nena galopaba sobre el secador y llevaba como ariete un palo con sopapa de goma en el extremo. Iba, golpeaba las puertas invisibles del castillo, y volvía a tomar carrera. En el camino gritaba “Esa vieja putaaaa y locaaaa”. El grito de guerra había desatado un ataque de risa en el hermano, y de mí mismo que temía caerme de la escalera por la risa o por algún golpe equivocado en ese ataque al castillo.

Luego las ramas gruesas se convirtieron en pequeños atados que serán después del secado del tiempo alimento para el fuego de la parrilla. Ahora veo la cabeza de caballo en la campana de cemento, seguro mi hija se puede ver sobre ese corcel mientras golpea la pared blanca descascarada por el paso del tiempo.

La misma parra que desata la imagen de mi padre en su caminata con el trípode hasta abajo, a ver como estaba la uva negra, a decirme algo acerca de cómo cortar los racimos. Puedo verme en la escalera mirando como elevaba su mirada, temiendo quizá que perdiera el equilibrio, pero no, luego se sentó en una silla a verme cosechar desde el silencio.

Allí, justo allí donde estaba la escalera, bajo la parra de uva negra. La vida me dejo ver en este verano los pies descalzos de mi amor, que todavía no era mi amor, solo mi amiga en su primera visita al patio del fondo de casa.

Todo pasa y todo queda, canta Serrat en su voz a Machado, pero en mi breve presente nostalgioso del otro lado de la cortina de lluvia que todo lo vela, con un cielo bien bajo y gris.

Aparecen esas tres imágenes. La ultima vez que vi a mi padre bajo las ramas brazos de la parra, marzo casi otoño, en el último otoño con nosotros.

La poda con los chicos jugando y riendo en escenarios que solo la magia de la infancia puede construir sin otra escenografía que la imaginación.

Y la primera en que vi a mi amor, desnudando sus blancos pies al sol fuerte de verano.

3

Nuevamente, el tiempo pasa a la velocidad del click, me veo detenido ante cinco esquinas, viendo fugar imagenes, las cosas y la gente.
Sé, que tengo un reloj vital que es más lento que las cosas, que el tiempo externo es fugitivo, voraz, vertiginoso. Hasta su estetica tiene el paso vertiginoso. En la mirada ausente, en la moda. Mi reloj está atormentado en la velocidad de la ansiedad, la externa y la propia que son el signo de una misma temporalidad histórica. Pero ella, desarma mis pasos necesarios, los urge de fin. Y los hace fin antes del comienzo.
Estoy mudo, frente a esas fotos antiguas en blanco y negro, siempre que estoy en una encrucijada me veo repasando esas imagenes, muchas, de los abuelos y tios que nunca conoci, que son relatos tenues, otros mundos de vida que tambien son mi sentir y mi mundo.
Y, allí empiezan a faltarme las palabras para contar, para decir sin traicionarme, sin generar mito y equivoco, sin eludir las claves en el pequeño milagro de existir.
Esa mirada firme de 8 años en un libro de oraciones en la comunión, la sombra gris recorta mi figura contra la cortina, al lado del Berkeley a lamparas se ven los guantes blancos.
El moño tambien blanco, es enorme, ridículo. Trato de recordar algo de esa época y me recuerdo frente al confesionario, dentro de una iglesia fría, el sacerdote con su rostro vedado, apenás visible en poros circulares. Me pregunta cuales son mis pecados, y recuerdo mi desconcierto…. ¿pecado? traté de superar mi incomodidad y le inventé inexistente, esa confesión obligatoria generó la primer mentira de la que soy consciente. El sacerdote me absolvio despues de asignarme varios padrenuestros y avemarías. Todavía recuerdo esa situación y siento enrojecer de vergüenza ajena.
En ese tiempo, mi madre me habia explicado que el mayor compromiso de una persona era con la verdad. Y ha decir verdad, todavía no sabia que la verdad absoluta puede ser intolerable, inaceptable.

Otra foto, en la esquina de la casa de Quequén, las paredes están sin revocar, se ven partes de un andamio, mi padre en camiseta tomando a mi hermana con la mano derecha. Mi hermana y yo tomados en la mano izquierda, tengo un gorro de papel que pretende ser gorra y un palito vertical que es espada.
El tiempo es una aventura irrepetible, un acertijo que uno desafia de perdida a imagen, del estar al no estar. Intento disimular mi desencanto, mi perplejidad ante lo pasado adormecido en mi ser. Escucho los ruidos del mar, son el fondo en el fondo del presente y de arena y sal en la piel. Fui y soy.

Son once como un equipo, mi padre es el segundo a la derecha, tiene la ropa de trabajo grisada por la jornada de engrasador cumplida, el único con una gorra y las botas altas a prueba de la soda caústica. En ese taller, mi padre tenia un pequeño recinto de dos por dos, donde a las 9 de la mañana preparaba sin falta el mate cocido con leche para todos en un pequeño calentador a kerosene. Allí esta, con la misma cara de Rossano Brassi que encandilo a mi madre en ese atardecer lluvioso, cuando ella sintió que él habia salido desde una película a protegerla con su paraguas de ilusión allá por el ‘56.
Ya eran sobrevivientes, a la guerra, al bombardeo del centro en el ‘55. A perdidas tempranas y desarraigo. Y siempre los veo en la tormenta, luchando lo mejor posible.

Recuerdo esa tarde, casi al final de la vida de mi padre. Tarde cruda de invierno, ambos metidos en la cama, mi padre con un gorro de lana, muy juntitos viendo una película de Nini Marshall en canal 7, se rien, se apichonan. En un momento se dieron un beso tremulo en la boca. Me emocionaron, me sentí testigo de una dicha.

Paterno, 9 – 6 – 53. casi un año de la partida de mi viejo desde su pueblo italiano. Es una foto pequeña, única. Son los abuelos italianos posando con nieta y nieto de brazos. La abuela con el mismo rostro de mi padre en su vejez, con un pañuelo atado apenás arriba de las cejas. En su mano derecha lleva un recipiente con alimentos. Es pequeña y tremula pero fuerte. El abuelo Antonio con su gorra fiel que lo acompañaba en los senderos de montaña guiando ovejas y cabras. Atrás toda la humildad de una mesa rústica que seguro hizo el mismo. Una puerta abierta es el fondo lejano.
Trato de verme en el lejano espejo de su existencia, trato de imaginar los muñecos de nieve ,el juego de las manos de mi padre, todavía suaves antes de grasas y acidos, con esa nieve en una batalla que algún día sería cuidar la vida y el sentir.
Veo su silencio del otro lado de la vitrina, del relojero del pueblo, su asombro ante los engranajes del cucu, la técnica marcando el paso en sonidos mécanicos.
Su reloj no era digital, tenía raices concretas, sabía esperar. Sabía de siembras y cuidar animales en los senderos del bosque de los lobos camino a Padula.
Hoy, asediado por ese tiempo angustioso que nos lleva más rapido hacia la muerte.
En la inmediatez del “just do it”.
Quisiera tener y sentir, al menos en parte, el reloj vital paciente, perseverante, caminante en su propia verdad de mi padre.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Penélope*

“I see no use in wondering
why I cried for you”
John Lennon

Ayer escribí un cuento.
Hoy lo rompí;
me pareció basura pura,
chatarra de primera magnitud.

Es probable
que mañana lo reescriba
para volverlo a romper
al día siguiente.

Y mi corazón
sigue sangrando
por su ausencia.
¡Y Ulises
aún sin regresar!

Y yo muriéndome
de olvido aquí en Ítaca.
¡Y Ulises
aún sin regresar!

*de María Rosa León. mrleon003@yahoo.com.ar
-De “Ayeres y otros poemas” (LEO Ediciones – 2007)

Las ciudades y la memoria. II*

Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte largavistas y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las riñas de gallos degeneran en peleas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar a la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos.

*de Italo Calvino. “Las ciudades invisibles”

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Que es Inventiva Social ?
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Cuales son sus contenidos ?
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Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

EN BUSCA DE LOS SERES QUE SE ESCAPAN DE LOS LIBROS…

Los fantasmas se ponen celosos‏*

Te extraño, en esta madrugada fría y transparente, tengo en mis labios el perfume de tu mirada y el color de tus ojos son mi locura.
Salgo al jardín y el vapor de mi aliento tiñe a los fantasmas de envidia.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

EN BUSCA DE LOS SERES QUE SE ESCAPAN DE LOS LIBROS…

Regalo de amor*

El le dijo que le regalaría la luna si pudiera. Se subió a una escalera, no pudo, estaba muy alta y tenía que nadar en ese cielo oscuro de las ciudades, se enganchaba con antenas que servían para que de las cajas cuadradas, salieran palabras que hacían que los que las recibían se quedaran callados. A él le gustaban las palabras de ella que miraba los ojos de él, nolas cajas que despertaban silencios. Los ojos de él eran pantallas abiertaspara ver el mundo. Más hablaba ella, más quería el regalarle la luna.
Un día se la trajo. Ella abrió el paquete encontró una luna, redonda, clara, a veces derritiéndose, otras erguida.
Todas las noches se acercaba a esa luna de la revuelta, la luna del deseo, con hebras de pasto y suaves aromas de infancia. Un día se animó, la tocó con la boca, se dio cuenta que era un maravilloso queso que guardaba en su interior palabras de Calvino, las artesanías de antiguos campesinos, la historia del mundo en pedacitos.
Cuando el llegó, ella le sirvió trocitos del secreto de él, con vino.
No quiero contarles lo que siguió, si desean saberlo apaguen esa caja repetidora del más pobre sentido común, busquen en los ojos de un él o una ella, la luna, el mundo, o lo que quieran, y verán como sigue la historia.

*de Cristina Villanueva. libera@arnet.com.ar

No me digas hasta mañana,
creería QUE VA A SER DE NOCHE*

*Por Miriam Cairo. cairo367@hotmail.com

En mis ratos libres, cuando no bebo ron, ni deslizo mis dedos por tu cintura. Cuando te dejo solo para que colmes con tu dulzura el resto del mundo, vago por las calles en busca de los seres que se escapan de los libros para poblar la realidad.
Desde hace muchos años me ocupo de esta tarea revisora. He heredado la responsabilidad por voluntad propia. Nadie me ha pedido que lo hiciera pero soy dinámica y predispuesta para llevar adelante, con esmero, todo aquello que no se espera de mí.
En una pastelería encuentro con frecuencia al marido joven que sabe querer.
Compra confituras para el té. Lleva un toque angélico entre los dedos. No desprende el olor de los desterrados ni forma parte de una marcha donde se distorsionan los discursos y se habla de los hermanos y el imperio para encontrar un atajo en la carrera que a cualquier precio se debe ganar.
Cuando llego a la esquina, si de algo estoy segura es del papel fundamental que cumple en la novela de la vida esa muchacha que usa enaguas y ronca. Es inconfundible porque sus ojos llenan de esplendor hasta el más barato colirio. Sus enaguas blancas flamean en mi memoria como banderas de excitación. Las páginas que abandonó no han podido ser pobladas por otra igual. Su manera de levitar en cada ronquido y cómo retorcía la manivela del personaje, ha hecho que los argumentos que ya no la poseen se hayan quedado
muy muy atrás.
En mis noches libres, cuando dejo que tu sueño descanse junto a vos y no haga el fabuloso viaje de introducirse en mi cama, me quedo sentada en la misma mesa del bar hasta que son una misma cosa la soledad y la madrugada.
Allí aparece el hombre que no puede dejar de fumar ni de padecer y cae en el cenicero transparente sin hacer pie. Tiene unos cincuenta años, puede usar o no su chaqueta oscura y los pantalones claros. Imagino lo escasa que podría resultar la realidad sin su presencia. Pero por mucho que ésta lo necesite,
él ya no la soporta. Necesita regresar a los libros para poder fumar en el bar.
La divorciada que ha permanecido por largo tiempo bajo su propia sombra, nunca fue una figura que apareciera en las páginas por puro placer de ser narrada. Ella viene siempre a este bar. No es una divorciada con pretensiones de género ni está embebida de una naturaleza quisquillosa, pero resulta que tiene los ojos tan nublados por su propia oscuridad que no ve al fumador tratando de hacer pie en el fondo de su cenicero. En estos momentos me pregunto por qué no me habré arrogado otro trabajo. Por qué sólo me compete buscarlos, reconocerlos, asentarlos en mis padrones de los de estirpe relumbrada, pero no muevo los hilos que los puedan reunir en este océano de soledades.
En mis confusiones libres, cuando no sé si saliste de cuento de Cheever o de un submundo de Cortázar, cuando tengo claro que jamás me enamoraré de un personaje de DeLilo, descubro a los que se quedan quietos porque saben que los primeros movimientos son siempre crueles. Se va perfeccionando mi
pesquisa. Me basta ver el modo en que se hunden en la lectura del diario o cómo beben café, con breves sorbos, con fragilidad exquisita. Hace tiempo que viven entre los reales y sin embargo no se adaptan. Ellos, cuando se sientan a la mesa del bar, son menos lumen que señales.
La joven con las axilas rasuradas a veces se pregunta si está en el planeta correcto. Es el momento en que los vasos comunicantes ya no se comunican y yo me encuentro en medio de los dos rumores. La siento tan cercana y tumultuosa que las ideas se me arrebatan, me contusionan. Yo no sé cuál es el verdadero planeta. Es muy mío andar en un mundo entretejido sobre otro mundo y caminar con un pie en cada orilla.
Los que nunca navegaron por el Orinoco, son con los que más me identifico.
Por eso salgo a buscarlos toda vez que no te recuerdo y no logro resolver con qué dedo seguir el curso hondo de tus besos. Me los llevo a casa. Ellos son tan especiales. Se parecen mucho a lo distinto. Tienen tanto que ver con lo nunca visto…
En esas ocasiones, la medianoche se enrolla sobre mi cuerpo y me comporto como una fortuna derrochada. Me abandono a todos mis desquicios. Las burbujas del agua con gas caen hacia arriba. El ron en mi cerebro hace cosas maravillosas. La memoria de tu cuerpo sobre mi cuerpo hace figuras
maravillosas. Los personajes de los libros tienen una conducta gozadora. No navego por el Orinoco, ni hago pie en el cenicero, pero me rasuro las axilas y me quedo quieta hasta lo indecible. Aguardo que el ron me ayude a hacer lo que no me compete: me convierto en una autora ágil e imprevisible. Acerco al
fumador y la solitaria para que practiquen figuras de la antigua India y se olviden del melodrama. Echo bendiciones a mansalva. Lubrico los verbos, la puntuación, los adjetivos, las causas. Cabalgo un caballo gigante que se agita de tal manera que me recuerda tu espalda.

*FUENTE: ROSARIO-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-14499-2008-07-26.html
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. RubenVedovaldi@netcoop.com.ar

De ellas*

Su cuerpo era tan de nube blanca
que mis manos se hundieron al cielo

*

Le prometio fidelidad.
Y fue fiel al maltrato por muchos años…

*

“Era solo un juego”

(Nunca se perdona
que descubras un juego inconsciente).

*

Amurallada al sentir.
Apenas con una hendija para ver el afuera.
Distante y cercana a la vez.
Así era y así es.

*

Ella borda
gotas como voces
las hace río,
les devuelve un sentido.

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Azulada azulado*

Creo que tu nombre
Resuena en mis oídos
Por el grito de libertad
Tantos desafíos y palabras salvajes
De iracundia y disgusto
Encuentras en tu brotado
Aullido destellos de luces
Y aromas de amigos
Tu despertar inquieto
Invita a la presencia
Otro destino
No te duermas
El cielo es testigo
Estamos contigo.-

*de Azul. azulaki@hotmail.com

El bosque-raíz-laberinto*

*Italo Calvino

En un bosque tan frondoso que aún de día estaba oscuro, el rey Clodoveo cabalgaba a la cabeza de su ejército, de retorno de la guerra. El rey estaba preocupado: sabía que a un cierto punto el bosque debía terminar y entonces él habría llegado a la vista de la capital de su reino, Arbolburgo. A cada vuelta del sendero esperaba descubrir las torres de la ciudad. Nada, todo lo contrario. Hacía mucho tiempo que avanzaban en el bosque y éste, sin embargo, no daba señales de terminar.
-No se ve -dice el rey a su viejo escudero Amalberto-, no se ve todavía…
Y el escudero:
-A la vista sólo tenemos troncos, ramas retorcidas, frondas, matas y zarzales. Majestad, ¿cómo podemos esperar ver la ciudad a través de un bosque tan denso?
-No recordaba que el bosque fuera así de extenso e intrincado -refunfuñaba el rey. Se hubiera dicho que mientras él estaba lejos la vegetación hubiese crecido desmesuradamente, enroscándose e invadiendo los senderos.
El escudero Amalberto tuvo un sobresalto.
-¡Allá está la ciudad!
-¿Dónde?
-He visto aparecer a través de las ramas la cúpula del palacio real. Pero no logro divisarla ahora.
Y el rey:
-Estás soñando. No se ve más que palos.
Pero en la vuelta siguiente fue el rey quien exclamara:
-¡Eh! ¡Es allí! ¡La he visto! ¡Las verjas del jardín real! Las garitas de los centinelas!
Y el escudero:
-¿Dónde, dónde, Majestad? No veo nada…
Ya la mirada del rey Clodoveo giraba desorientada alrededor.
-Allí… No… Sin embargo, la había visto… ¿Dónde ha ido a parar?
La sombra se adensaba entre los árboles. El aire se volvía siempre más oscuro. Y entre las ramas más altas se oyó un batir de alas, acompañado de un extraño canto:
-Coac… Coac… -Un pájaro de colores y formas jamás vistos revoloteaba en el bosque. Tenía plumas tornasoladas como un faisán, grandes alas que se agitaban en el aire como las de un cuervo, un pico largo como el de un pájaro carpintero y una cresta de plumaje blanco y negro como el de una abubilla.
-¡Eh, atrápenlo! -gritó el rey-. ¡Eh, se nos escapa! ¡Sigámoslo!
El ejército, en filas compactas, dirigió su marcha de modo de seguir el vuelo del pájaro, giró a la izquierda, giró a la derecha, retrocedió. Pero el pájaro ya había desaparecido. Se oyó todavía el “Coac… Coac…”, alejándose después el silencio.
El camino se les hacía penoso. Dijo el rey:
-Las ramas nos obstaculizan la marcha. No nos queda más que descabalgar o rasguñarnos con ellas.
Y el escudero:
-¿Ramas? Estas son raíces, Majestad.
-Si estas son raíces -replicó el rey- entonces nos estamos adentrando en la tierra.
-Y si éstas fueran ramas, -insistió el viejo Amalberto-, entonces hubiéramos perdido de vista el suelo y estaríamos suspendidos en el aire.
Reapareció el pájaro. O mejor dicho, se vio volar su sombra y se sintió una “Coac…Coac…”
-Este extraño pájaro nos guía -dijo el rey-. ¿Pero adónde?
-Tanto vale seguirlo, señor -dijo el escudero-. Desde hace rato hemos perdido el camino. Todo está oscuro.
-¡Enciendan las linternas! -ordenó el rey, y la fila de soldados se desanudó por el bosque como una bandada de luciérnagas.
Todo aquel día la princesa Verbena había mirado con catalejo el horizonte desde el balcón del palacio real de Arbolburgo, esperando el retorno de la guerra del rey Clodoveo, su padre. Pero fuera de los muros de la ciudad el bosque era tan espeso como para esconder a un ejército en marcha. En ese
momento a Verbena le había parecido ver una fila de alabardas y de lanzas despuntando entre las ramas, pero debía estar equivocada. Allí, ahora le parecía que algunos yelmos se asomaban entre las hojas…. No, era un engaño de sus ojos.
Durante la ausencia del rey Clodoveo, el bosque allí abajo se había vuelto cada vez más espeso y amenazador, como si el reino vegetal quisiera asediar los muros de Arbolburgo. Y al mismo tiempo, en el interior de la ciudad, todas las plantas se habían marchitado, habían perdido las hojas y se habían
muerto. La ciudad no era la misma desde que la reina Ferdibunda, segunda mujer del rey Clodoveo y madrastra de Verbena, en ausencia del marido, había tomado el mandó asistida por su primer ministro Curvaldo.
Verbena pensaba: “Querría fugarme de aquí, salir al encuentro de mi padre”. Pero, ¿cómo hacerlo en ese bosque impenetrable?
La reina Ferdibunda, que espiaba a Verbena detrás de una cortina, murmuró al primer ministro:
-Comienza a perder las esperanzas nuestra princesita. Los días pasan, los súbditos están cansados de esperar a un rey que no vuelve. Y yo también estoy cansada, Curvaldo. Es tiempo de dar vía libre a nuestra conjura.
Curvaldo sonrió maliciosamente.
-Los conjurados están prestos a reunirse en los lugares convenidos, reina mía, para después marchar sobre el palacio real y…
-…y proclamarte rey, Curvaldo -terminó Ferdibunda la frase.
-Si así lo quiere mi reina… -y Curvaldo, siempre sonriendo maliciosamente, inclinó la cabeza.
-Entonces -dijo la reina- arma tu trampa, Curvaldo, y advierte a tus hombres, es la hora.
Pero Curvaldo prefería proceder con cautela. En Arbolburgo los fieles del rey eran todavía numerosos, y vigilaban. Las calles de la ciudad eran rectas y estaban expuestas a las miradas de todos: las idas y venidas de los conjurados serían rápidamente vistas por mucha gente.
La reina estaba impaciente.
-¿Qué piensas hacer, Curvaldo?
El primer ministro tenía un plan.
-Nuestros movimientos deben desenvolverse fuera de los muros de la ciudad -decidió-. Nos desplazaremos de una puerta a la otra por los caminos exteriores que pasan por el bosque. Sin ser vistos, los conjurados circundarán la ciudad.
Saliendo de la puerta norte, Ferdibunda y Curvaldo dieron órdenes a sus secuaces:
-Divídanse en dos grupos: uno rodeará la ciudad por el este y el otro por el oeste. A las nueve y cuarto precisamente penetrarán en Arbolburgo por las puertas laterales. Nosotros dos, entretanto, con un rodeo más largo, iremos hasta la puerta sur y desde allí haremos nuestra entrada triunfal a la ciudad, a las nueve y media en punto.
Habiendo dicho esto, la reina y el ministro se alejaron por un sendero trazado en forma de anillo en torno a Arbolburgo, apenas afuera de los muros. A decir verdad, mientras más avanzaban ellos, más parecía el sendero desprenderse de la ciudad. La reina comenzó a preguntarse si acaso no habían
equivocado el sendero.
-No temas, -dijo Curvaldo- más allá de aquella vuelta, doblada la colina, estaremos cerca de los muros.
Y continuaron por el sendero.
-Eso, hay todavía un desvío, pero seguramente más allá volveremos al camino principal.
El sendero ya subía, ya bajaba.
-Apenas superados estos desniveles, nos encontraremos en la dirección correcta -decía Curvaldo, pero entretanto oscuros presentimientos invadían el ánimo de la reina. Veía la maraña de la vegetación adentrándose como la trama de su traición, como si sus pensamientos fueran a embrollar la ciudad en un enredo inextricable.
Mientras tanto un pájaro de una especie jamás vista voló entre las ramas emitiendo un reclamo estridente:
-”Coac… Coac…”
-Qué extraño pájaro -dijo Ferdibunda-. Parece que nos esperara, que deseara hacerse atrapar.
No, el pájaro volaba de rama en mata, se escondía, volvía a aparecer.
Siguiéndolo la reina y Curvaldo se encontraron en un sendero más espacioso, aunque más oscuro y todo curvas.
-Está cayendo la noche… ¿Dónde estamos?
El pájaro se dejó oír aún:
-”Coac… Coac…”
-Sigamos el canto del pájaro -dijo Curvaldo-, por aquí, ven.
Mientras tanto, en otra parte del bosque, también al rey Clodoveo le parecía oír el canto del pájaro. En aquella noche sin estrellas, en aquel laberinto de áspera corteza nudosa, el “Coac… Coac…” era el único signo hacia el cual dirigir los propios pasos. El aceite de las linternas se había acabado, pero los ojos de los soldados se habían vuelto luminosos como los de los búhos y su resplandor constelaba la oscuridad. El ejército en marcha no emitía más un sonido metálico sino un frufrú como si entre las armas y las corazas y los escudos hubiese crecido follaje. El viejo escudero Amalberto ya sentía crecer el musgo sobre su espalda.
-¿Dónde estará mi ciudad? -se preguntaba el rey Clodoveo-. ¿Y mi trono? ¿Y mi hija Verbena?
Verbena estaba en aquel momento bajo la morera de su patio. Esta vieja morera era el único árbol que había quedado con vida en toda la ciudad. Los pájaros, desde tanto desaparecidos de los árboles de Arbolburgo, venían todavía a visitar las ramas de la morera en la estación de las moras. He aquí que entonces un pájaro de formas y colores jamás vistos viene agitando las alas, a posarse cerca de Verbena. Graznó:
-”Coac… Coac…”
-Pájaro, si pudiera volar contigo fuera de esta jaula… -suspiraba Verbena-. Si pudiera seguirte en tu vuelo… Pero, ¿dónde estás ahora? ¿Te has escondido? ¡Espérame! ¡No me dejes aquí!
El tronco de la vieja morera estaba todo retorcido, lleno de sinuosidades, excavado por los siglos. Girar en torno a su tronco parecía cuestión de un instante, pero en cambio Verbena tuvo que salvar raíces que sobresalían, inclinarse bajo ramas bajas. Parecía que el árbol quisiera tomarla bajo su protección, atraerla hacía el río de savia que a través de corrientes subterráneas se ligaba con el bosque.
-”Coac… Coac..”
-Ah, has volado hasta allá abajo -dijo Verbena-. Pero, ¿en dónde estoy?
Quería sencillamente rodear el tronco y me he perdido entre sus raíces. Hay un bosque subterráneo que levanta los fundamentos de la ciudad… ¿Adónde he ido a parar?
Verbena no lograba comprender si había quedado prisionera dentro del tronco de la morera o entre las raíces enterradas o bien si había salido completamente afuera de la ciudad, al bosque amenazador que tanto la atemorizaba… al bosque libre que tanto la atraía.
Un joven llamado Arándano se acercaba a los muros de Arbolburgo y gritaba un llamado:
-¡Eh, los de la ciudad! ¡Centinelas de guardia en los muros! ¿Me oyen?
Pero ninguno asomaba la cara.
Arándano estaba acostumbrado a llegar a la ciudad desde el bosque y a ver aparecer en lo alto y sobre los árboles las torres, los balcones, las pérgolas, los miradores, las verandas. Pero esta vez se encontraba el bosque tan crecido que sobre su cabeza no veía más que ramas retorcidas que parecían raíces.
-¡Respóndanme! -gritaba Arándano-. ¡Digan algo! ¡Hagan una señal! ¿Cómo puedo llevarles nuevamente los cestos de frutillas silvestres, de rodellones, de bayas? ¡Eh, los de la ciudad! ¿Cómo haré para volver a ver a la bella muchacha que un día se asomó a un balcón y aceptó en regalo un ramo de madreselvas?
Buscando ver más lejos, Arándano subió sobre ramas más altas pero la maraña parecía espesarse más bien que dejar espacio a la luz.
-¡Oh! ¡Qué extraño pájaro! -exclamó de repente Arándano.
Y el pájaro:
-”Coac… Coac…”
El bosque era aquella mañana un serpentear de senderos y de pensamientos de personas perdidas. El rey Clodoveo pensaba: “¡Oh, ciudad inalcanzable! Me enseñaste a caminar por tus caminos rectos y luminosos y, ¿de qué me sirve eso? Ahora debo abrirme paso por senderos serpenteantes y enmarañados y me
he perdido…”
Y los pensamientos de Curvaldo eran éstos: “Más tortuoso el camino, más conviene a nuestros planes. Todo consiste en encontrar el punto en el cual las curvas, a fuerza de curvarse, coinciden con los caminos rectos. Entre todo el nudo de senderos que se enredan en el bosque, éste es el nudo del cual no encuentro el cabo”.
En cambio Verbena pensaba: “¡Huir, huir! ¿Pero, por qué mientras más me interno en el bosque más me parece estar prisionera? La ciudad de piedra escuadrada y el bosque enmarañado siempre me parecieron enemigos y separados, sin comunicación posible. Pero ahora que he encontrado el pasaje
me parece que se transforman en una sola cosa. Querría que la savia del bosque atravesase la ciudad y llevase la vida entre sus piedras, querría que en el medio del bosque se pudiese ir y venir y encontrarse y estar juntos como en una ciudad…”
Los pensamientos de Arándano eran como en un sueño: “Querría llevar a la ciudad las frutillas del bosque, pero no en un cesto: querría que las mismas frutillas se movieran, como un ejército bajo mi mando, que marchasen sobre sus propias raíces hasta las puertas de la ciudad. Querría que los ramos
cargados de moras se encaramaran por los muros, querría que el romero y la salvia y la albahaca y la menta invadiesen las calles y las plazas. Aquí en el bosque la vegetación sofoca de tan densa, mientras que la ciudad permanece cerrada e inalcanzable como una árida urna de piedra”.
Curvaldo aguzó el oído.
-Oigo pasos como de un ejército en marcha.
Ferdibunda aguzó la vista.
-¡Cielos! ¡Es mi marido, el rey, a la cabeza de sus tropas! ¡Escondámonos!
El escudero Amalberto había percibido algo raro.
-Majestad, siento que alguien se esconde entre los árboles y espía nuestros pasos.
Y el rey Clodoveo:
-Estamos en guardia.
Súbitamente Arándano fue interrumpido en sus ensoñaciones.
-¡Oh! ¡Qué veo! -se le había aparecido la muchacha que había visto una vez en el balcón. La llamó:
-¡Eh, muchacha!
Verbena se volvió.
-¿Quién me llama?
-Yo, Arándamo. Llevaba los frutos del bosque a la ciudad, pero me he perdido siguiendo a un pájaro que hace coac.
-Yo soy Verbena. Vengo de la ciudad, o más bien me escapo de ella y también me he perdido siguiendo a un pájaro que hace coac… Ah, pero tú eres aquel joven que un día me regaló un ramo de madreselvas y me parecía que era el bosque mismo que llegaba hasta mí para darme un mensaje… Escucha, ¿sabes
decirme dónde estamos? Había descendido por las raíces y ahora me encuentro como suspendida.
-No lo sé. Me había trepado por las ramas y ahora me encuentro como engullido en un laberinto…
Quería decirle, además: “Pero estando tú aquí, Verbena, lo mejor de la ciudad y del bosque están finalmente reunidos” pero le parecía un poco atrevido y no lo dijo.
Verbena quería decirle: “Tu sonrisa, Arándano, me hace pensar que donde tú estás el bosque pierde su aspecto selvático y la ciudad es más árida y despiadada”. Pero no sabía si la habría entendido y dijo solamente:
-Pero, ¿cómo haces para estar abajo, si dices que estás sobre las ramas?
En efecto, Verbena veía a Arándano como hundido en un pozo… pero en el fondo de aquel pozo estaba el cielo.
-Y tú, ¿cómo haces para haber llegado tan alto, siempre descendiendo, mientras que yo no he hecho otra cosa que subir?
Arándano se puso a reflexionar, y agregó después:
-Pensándolo bien la solución no puede ser más que una.
-¿Cuál?
-Este bosque tiene las raíces arriba y las ramas abajo.
Y Verbena y Arándano comenzaron juntos a dar vueltas y contra-vueltas entre las ramas.
-Este es el arriba y aquél es el abajo… No, éste es el abajo y aquél es el arriba…
-Tienes razón -admitió Verbena-. Pero yo he descubierto otro secreto.
-Dímelo.
-¿Ves este árbol todo retorcido? Si giras alrededor de él en este sentido verás el bosque al revés, si giras en sentido contrario, el arriba y el abajo se trastornarán de nuevo.
Los dos jóvenes hablaban, hablaban, comunicándose sus descubrimientos, y no se daban cuenta de ser espiados por los ojos gélidos de la reina madrastra.
Ferdibunda fue rápidamente a advertirle a Curvaldo.
-La princesita ha escapado de la ciudad. Hay que impedirle que descubra nuestra conjura y que vaya al encuentro de su padre para advertirlo. Aquel joven guardabosque debe ser su cómplice. Debemos capturarlos.
Curvaldo mostró los dientes en una sonrisa que no prometía nada bueno.
-A ella la sepultaremos bajo las raíces. A él lo colgaremos de la rama más alta.
La reina estuvo inmediatamente de acuerdo.
-Mientras tanto yo me presentaré al rey para intentar detenerlo un poco.
Súbitamente Ferdibunda corrió al encuentro de Clodoveo.
-¡Mi real consorte, bienvenido!
-¿A quién veo? -exclamó el rey-. ¿Mi mujer, la reina Ferdibunda? ¿Qué haces aquí?
-¿Y adónde querrías que estuviese sino aquí, esperándote? ¿No es éste quizás nuestro palacio?
-¿Nuestro palacio? No veo más que un bosque todo espinas de las que no logro desenredarme… ¿Acaso tengo alucinaciones?
Y se dirigió al escudero para confirmar sus impresiones. El viejo Amalberto extendió los brazos y dobló hacia afuera el labio inferior, como alguien que no comprende nada.
-¿Cómo? -insistía Ferdibunda-. ¿No ves los pórticos, los escalones, los salones, los lampadarios, los cortinajes, los tapices, los terciopelos, los damasquinados, tu trono con almohadón de plumas sobre el que reposarás de las fatigas de la guerra?
El rey meneaba la cabeza.
-Yo no toco más que corteza húmeda, matas, musgo, palos… ¿Habré perdido la razón? Pero si este es el palacio, ¿dónde está mi hija Verbena?
-Ay de mí -dijo la reina- debo darte una noticia muy triste… Verbena…
-¿Qué dices? ¿Verbena…?
-Al pie de uno de estos árboles encontrarás su tumba. Busca entre las raíces.
- ¡No! ¡No puede ser! ¡Verbena! ¿Dónde estás? -y el rey se puso a buscarla, desesperado.
-¡Padre mío… estoy aquí! -gritó Verbena apareciendo en el extremo de una rama alta-. ¡Finalmente te he encontrado!
-¡Hija mía! ¡Entonces no estás muerta!… ¿Dónde estoy, dónde estamos?
-No hay tiempo que perder -le explicó Verbena- hay un pasaje secreto a través del cual las ramas más altas del bosque comunican con las raíces de la morera que crece en nuestro patio, bien al centro de la ciudad. ¡Sube!
¡Rápido! ¡Te salvarás de la conjura de la madrastra traidora y recuperarás el trono!
Y el rey, siguiendo a su hija, después de algunas vueltas hacia arriba y hacia abajo, desapareció detrás de ella en lo alto de las ramas, seguido de sus soldados.
Curvaldo, cuando vio al rey y su ejército treparse sobre los árboles, se quedó sorprendido; después se refregó las manos de alegría.
-¡Bien, se metieron en la trampa ellos mismos! Ahora no tienen más vía de escape! -y súbitamente se puso a dar órdenes a sus secuaces-. ¡Rodeen los árboles! ¡Los atraparemos como gatos! ¡O abatiremos los árboles para hacerlos caer! Pero ¿qué sucede?
Sobre las ramas no había ninguno. El rey y los soldados habían desaparecido todos, como si hubieran volado.
Curvaldo sintió que le tiraban de la manga. Era Arándano.
-¡Señor ministro, puedo enseñarle un pasaje secreto para llegar a la ciudad!
Para Curvaldo fue como si hubiese visto un fantasma.
-¿Qué haces tú aquí? ¿No te había colgado de la rama más alta?
-La rama más alta era en realidad la raíz más baja. Y un pájaro me liberó de las cuerdas a golpes de pico.
-No entiendo más nada. ¿Dónde está ese pasaje secreto? ¡Debo ocupar la ciudad lo más rápidamente posible, antes que el rey…! ¡Fieles míos, síganme! ¡Y tú también, reina!
Y Arándano:
-Sigan las raíces hasta el final, donde más se adelgazan…
Creyendo seguir una raíz hasta sus extremos, Curvaldo y Ferdibunda se encontraron sobre la punta de una rama.
-Pero esto no es un pasaje subterráneo… Estamos en el vacío… ¡La rama cede, me caigo, ayúdenme!
Cayéndose, tuvieron tiempo de ver el pájaro que revoloteaba en torno.
-Coac… Coac…
Mientras tanto, en la sala del palacio, el rey Clodoveo festejaba su propio retorno al trono.
-Hija mía, tú y este bravo joven me han salvado.
Pero Arándano tenía un semblante triste.
-No sabía que eras la hija del rey. ¡Ahora deberé dejarte!
-Padre mío -dijo Verbena al rey- ¿quieres que el encantamiento que aprisiona la ciudad y el bosque termine?
-Claro: estoy viejo y he sufrido mucho.
-Arándano y yo queremos casarnos y unir ciudad y bosque en un solo reino.
-La corona me pesa -dijo el rey- y estaba pensando precisamente en abdicar. Verbena dio un salto de alegría.
-¡De ahora en adelante la ciudad y el bosque no serán más enemigos! Arándano saltó todavía mas alto.
-¡Pongamos banderas y festones por la gran fiesta sobre todas las ramas!
-¡Pero si ésta es una raíz!
-¡Es una rama!
-¡Es una raíz!
-¡Es una rama…!

*Fuente:Ciudad Seva.
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ita/calvino/bosque.htm

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

SI HACEMOS ALGO COMO HERMANOS…

Mundo Nuevo*

Vine acá porque creí que sería mejor
Extrañar los campos y los caminos enlodados,
Al igual que las casas hechas de palos y techos de cartón.

Vine, porque creí encontrar lo necesario para trabajar,
Porque creí en lo que se dice:
Que quien trabaja
Tiene para comer.

Y en las noches extraño a mis amigos,
Y a tu cara dulce y pálida,
Morena de entre el frío que hay en las mañanas.

Vine hacia acá porque creí
Que allá la cosa nunca iba a cambiar,
Pero encuentro aquí
Que la cosa anda igual,
Y que si seguimos como vamos,
Es seguro que esto va empeorar.

Que si hacemos algo como hermanos,
Y que si no seguimos esperando
A que alguien más lo haga,
Seguro que la cosa va a mejorar.

Vine acá porque creí lo que dijeron:
Que en este modelo económico
Se tiene libertad.

Pero nadie dijo que mi fuerza de trabajo
La tenía que dar a alguien más.
Que lo que ganas por un salario,
A penas te alcanza para tragar…
Y que si no encuentras a quien se adueñe de tu trabajo,
Que Dios te bendiga y a ver cómo le haces para comer.

*de Hugo Ivan Cruz-Rosas. quetzal.hi@gmail.com

SI HACEMOS ALGO COMO HERMANOS…

La cadenita*

Estaba recogiendo las últimas alhajas que había encontrado en el joyero de la mesita de noche cuando apareció una anciana en el dintel de la puerta que me sorprendió. Se había acercado sin hacer ruido y no me di cuenta de su presencia hasta que me dio las “buenas noches” con voz tranquila.

No sé si me sorprendió más la parición o el tono de voz de la señora, pero me quedé sin saber que hacer. La anciana me dijo con voz pausada y tranquila que la siguiera a la cocina, que parecía tener hambre y que me prepararía un tentempié.

Me encontré sentado en la mesa de la cocina, comiendo una tortilla e intentando esconder el botín debajo de mi suéter. La señora me contó que tenía un hijo que hacía tiempo que no veía, que el vecindario era muy agradable y que era amante del baloncesto. Sin darme cuenta entablamos una conversación tan distendida que no recordaba que había entrado en aquella casa para robar.

En un momento de la conversación miró lo que le había robado y sonriendo me dijo que todo aquello carecía de valor. Se desabrochó una cadenita de oro de su cuello y me insistió en que me la quedara. “Esto es lo único de valor que hay en la casa, además te ayudará a no seguir con este tipo de vida.”

Le agradecí el obsequio y me comprometí a no delinquir nunca más. Puedo asegurar que en aquel momento era sincero, pero cuando traspasé la puerta de la calle y me enfrenté de nuevo a las necesidades cotidianas no fue tan fácil. Al cabo de dos días estaba atracando a una joven robándole el bolso y mientras corría alejándome del lugar noté un ahogo que hizo me detener. La joven me alcanzó y cuando le devolví el bolso, entre ahogos, inmediatamente pude volver a respirar.

Esta situación se repitió un par de veces más, hasta que me di cuenta que cada vez que cometía una fechoría la cadenita que me había regalado la anciana se estrechaba ahogándome. No hubo manera de quitármela por lo que decidí buscar un trabajo honrado antes de quedarme asmático crónico.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

GENTILICIO*

Subiré a lo alto
bien alto,
tomaré de brazos y bruces
todas las voces que cruzan
desmesuradamente
y las haré cumplir
que anden
despacio,
lentas,
cada palabra,
sin amontonamiento,
ni lengua dieléctrica,
solo con abrazos,
solo con abrazos.

*Ricardo d. mastrizzo. rdmastrizzo@yahoo.com.ar

Niño autista*

Niño que aplaude
Con ansiedad o agrado
¿Pero será lo que yo pienso?

El enigma está en sus silencios
En sus aleteos de temor
O alegría o comunicación

¿Una encrucijada indescifrable para otros?

No pretendes entrar en el universo
Del lenguaje,
En las convenciones o las señales
Estas en solamente vos,
O en tu mundo conjugado

No puedo ingresar en ese acertijo
aunque quiera, pero
Quizás no te interese
Invadirte de lo cotidiano.

*de Azul. azulaki@hotmail.com

Viernes, 25 de Julio de 2008
ENTREVISTA A LA ESCRITORA PERLA SUEZ

“No tener identidad es la tragedia de los argentinos”

En su último libro, La pasajera, la autora apuesta a la ficcionalización, por un camino oblicuo y sugerente, del clima asfixiante de la última dictadura. “¡Cuántas veces en la vida no podemos ponerle palabras al dolor!”, señala Suez.

*Por Silvina Friera

A la escritora cordobesa Perla Suez le gusta “mariposear” por Buenos Aires cada vez que llega para visitar a amigos, pasear o promocionar un nuevo libro. “Soy muy nómada, me gusta mucho viajar, pero cuando escribo una historia, soy una ermitaña”, cuenta la autora de La pasajera (Norma), novela
que atraviesa y surca la vida de una vieja y resentida sirvienta, Tránsito, que ha trabajado durante más de cuarenta años, junto a su hermana Lucía, en la casona de un almirante, en las barrancas del río Paraná; un patrón que supo decir, entre otras cosas, “vamos a aplastar a esos hijos de puta”, “no
paramos nunca: cuando no hay que limpiar adentro, hay que limpiar afuera”. A principios de abril de 1979 y a los 67 años, su patrón ha muerto y Tránsito no se conforma, “quiero otra cosa para mí”, dice, y busca escapar de ese encierro, de la aspereza de una existencia que, a pesar de la cercanía con el río, nunca supo lo que es “nadar en la abundancia”. Tanta rabia contenida, tanto “negra roñosa” acumulado en el alhajero polvoriento de su cabeza, provoca un estallido. Una ruptura. Tránsito mata a la señora. Pero el crimen es apenas una escena más, quizá, incluso, la de menor importancia en esta narración que fluye por las complejas aguas de la identidad.
En un bar del barrio de Palermo, la escritora acaricia de tanto en tanto un ejemplar de La pasajera, que puso sobre la mesa para que Página/12 la reconociera. “Escribir es un acto íntimo, pero no creo que sea tan aislado.
Cuando el escritor se mete en ese acto tan subjetivo y personal, se está metiendo en un mundo que le pertenece porque hay un compromiso fundamental con la realidad en la que vive. El punto de vista del escritor no es el de mostrar la realidad como aparece porque la literatura no es historia -aclara
Suez-. La ficción es un mundo de alquimias, de exploración, que nos permite navegar por aguas profundas o no, equivocarnos, salir a flote de nuevo y pelearla desde adentro de la palabra. Creo mucho en el lenguaje, en la necesidad de luchar contra las banalidades de la lengua y poder siempre posicionarse en otro lugar. Para escribir una novela o un cuento no podría decir cuál es el camino. Yo parto del no sé. Yo no sé adónde voy ni qué quiero contar; tengo apenas algunos atisbos o indicios con los que voy
trabajando. Y me equivoco y tropiezo.”
Tan elíptica como potente, la escritura de Suez cala muy hondo en su apuesta por ficcionalizar, oblicuamente, el clima ominoso y asfixiante de la última dictadura militar con pequeñas escenas domésticas, con frases tan austeras como sugerentes. Como cuando Tránsito le dice a la patrona: “mejor que no aceptó adoptar ese gurisito que le había conseguido”, una alusión que sobrevuela, en pocas palabras, el tópico de la apropiación de menores. “Soy larguera para hablar y cortita para escribir”, bromea la autora de la Trilogía de Entre Ríos, integrada por las novelas Letargo, El arresto y Complot, por la que acaba de obtener el Premio Grinzane Cavour. La escritora señala que el disparador de La pasajera proviene de sus lecturas. “Estaba releyendo a Juan L. Ortiz, gran poeta del río. Siempre voy a él como voy a los clásicos. No hay una preceptiva para llegar a la escritura de una novela, pero lo que sí manda en mi caso es la lectura de los buenos libros.
La imagen primera que tengo es el río. Siempre me encuentro entre ríos; me crié en Entre Ríos, en Basavilbaso, y creo que en la ficción nunca he podido salir de eso que en la época en que yo era una niña era una isla. Ando siempre entre Oriente y Occidente, porque también en la escritura me muevo así.”
Después de la imagen inicial del río, Suez vio una canoa y a una mujer, la vieja Tránsito, llegando de las islas del Delta sin nombre. “No quería contar la época de la dictadura militar porque siempre la historia es mucho más fuerte que lo que se pueda llevar a la ficción. Querer ficcionalizar un hecho tan duro y cruel que nos ha pasado a los argentinos es difícil, pero tampoco quería evitarlo”, admite. “La escritura es un desafío: uno nunca sabe hacia dónde va, pero lo que vale es arremeter. El escritor está siempre
luchando contra las banalidades de la lengua, contra los lugares comunes, contra los clichés. Aunque me encasillan dentro de una escritura minimalista, yo misma me sorprendo. A veces con pocas palabras puedo decir algo más sensato y sugerente. Me interesa que lo que escribo sea sugerente y permita al lector meterse en la narración desde su propia mirada.”
-¿Cómo fue ese trabajo de ficcionalizar la dictadura?
-Además de lo que nos pasó, que es lo más terrible que le puede pasar a un pueblo, tener una dictadura que mató, que hizo desaparecer a gente, a mí me preocupa saber qué podía haber dentro de las familias donde se cocinaban las cosas más terribles y sucias, qué pasaba en esta familia con dos criadas y un chofer, qué cosas asimiló de esta tragedia una mujer que calló durante tanto tiempo que estalló de una manera brutal. ¿Por qué la mata a la señora?
Es lo menos importante de la novela, porque en realidad ése podría ser el fin. Me parece que con ese crimen se abre la historia. Quizá esta novela, así corta como la ves, me dio mucho más trabajo que la Trilogía. Los espacios que dejé en blanco invitan al lector a hacer dibujos, a garabatear, a completar; es como si el blanco empezara a morder las palabras, cosa que ocurre al revés en la Trilogía, que pareciera que las palabras son las que muerden y dejan para la evocación el espacio en blanco. El chofer del
almirante, un personaje secundario que participó en las horas sucias de la dictadura, dice que ha hecho de todo. Hay otro indicio de la dictadura en la novela, cuando Tránsito le reprocha a la muerta y le dice que menos mal que no tuvo un hijo, qué suerte que no aceptó el gurisito que le ofrecieron. Ahí está la apropiación de los niños, en dos palabras. No quise decir más nada.
-¿Por qué cuando se evoca la escena en que la madre habla con Lucía en voz baja y le cuenta el secreto sobre el origen de Tránsito, que es testigo de esa escena, ella no intenta averiguar?
-Tránsito no quiere saber, ni la hermana se lo quiso decir ni ella quiso averiguar. ¡Cuántas veces en la vida no podemos ponerle palabras al dolor!, es como si intuyéramos que nos ha pasado algo. Tránsito todo el tiempo habla de la madre y recuerda que la madre le dijo que la parió en una canoa. ¿Pero ese recuerdo es real o a veces en los recuerdos mezclamos la ficción? Luis Buñuel dice en su autobiografía que la memoria es muy relativa, que cuando recordamos algo siempre estamos ficcionalizando, que nunca recordamos cómo fue sino cómo quisiéramos que fuera. La exploración que permite la literatura es el privilegio más grande que puede tener un escritor. Lo que uno puede hacer, ese granito de arena que se puede aportar, es subir un escaloncito más en esa búsqueda. La literatura no está separada de lo
social, por eso me niego a creer que el escritor es un ser que está aislado.
Aunque necesito del silencio, cuando trabajo estoy muy bien acompañada de todo este mundo que me pertenece, pero que a su vez deja de pertenecerme una vez que los personajes empiezan a andar y establecen su propia autonomía.
-¿Por qué la novela tiene una estructura teatral, separada en dos actos?
-Quise jugar al teatro con la novela bien plantada. ¿Qué pasaba si entrecruzaba sutilmente géneros? Y fui más allá porque si hubiera sido planteada sólo como una estructura teatral, hubiera puesto el reparto al comienzo, pero yo lo puse al final, como en el cine. También tengo una formación cinematográfica; yo aprendí mucho con los cineastas de Santa Fe, que me enseñaron a leer las imágenes de otro modo. Trato de que la escritura se visualice, tengo que ver las escenas, los puntos de vista, en qué profundidad de campo estoy, dónde estoy situada en relación con el personaje. Si viene caminando Tránsito, a qué distancia como narradora estoy de ella, desde dónde la miro.
-¿En esta historia aparece más subrayado que en la Trilogía el componente trágico?
-Sí, lo trágico aparece de otra manera. Lo único que tenía claro es que detrás de Tránsito había una tragedia que está implícita en su propio nombre. El nombre no tiene género porque puede ser un hombre o una mujer.
Empecé a jugar con el tema de la identidad y ese vaivén de la canoa en el río me acompañó todo el tiempo; la ambivalencia del personaje, quién soy, de dónde vengo… Esta pregunta filosófica de los primeros tiempos del hombre, de la condición humana, es trágica porque sabemos que tenemos un límite y que estamos de paso. Pero no quería hacer una lectura tan directa, ¡ah la pasajera, claro, Tránsito!, por eso me interesó complejizarla. En un momento de la novela hay una pasajera que sube a un ómnibus y se va la frontera. Probablemente es su madre que la dejó abandonada en los baños de la terminal. Ese es el secreto que sabe el lector, pero no sabe ella. No saber quién sos, no tener tu identidad, es una tragedia que nos involucra a todos los argentinos. En toda la historia de la literatura estuvo siempre la
problemática de la identidad. Y la seguimos buscando.
-Y en su caso, como escritora, ¿también sigue buscando su identidad?
-Los escritores estamos siempre en tránsito, buscándonos. El día que dejemos de buscarnos, que creamos que nos encontramos, estamos perdidos. Si creo que escribo bien, para qué voy a seguir escribiendo. Lo más apasionante, lo que sostiene a la escritura como oficio, es cierta inquietud que te mueve a buscar, a pararte en un lugar que no sea seguro. La escritura es un lugar muy inseguro y me parece maravilloso que así sea. Esa inquietud tiene que ver con la realidad social y el compromiso que uno tiene con esa realidad. No existe el escritor descomprometido. El compromiso está en lo que contás.
Pero esto no quiere decir que haya una preceptiva. Me cuesta aceptar las recetas en cuanto a cómo se escribe un cuento o una novela, que es propio de los talleres literarios. Yo le temo a eso. Es tan maravilloso el campo de la lengua… Yo estoy en una búsqueda constante, y a pesar de que tengo unos
cuantos años, aunque no se noten, lo interesante de la escritura es la experimentación, poder explorar, arriesgar. El día que tenga la cosa sabida, me parece, no voy a escribir más.

LA FICHA

Perla Suez nació en Córdoba, pero toda su infancia transcurrió en Basavilbaso, provincia de Entre Ríos, lugar próximo a las tierras donde se radicaron sus abuelos cuando llegaron, a finales del siglo XIX, con la primera corriente de inmigrantes judíos que escaparon de la Rusia zarista.
“Tuve un abuelo rabino y padres lectores, especialmente mi padre, en quien vi por primera vez el gesto caviloso y distante que denotaba el hábito de meditar, con el libro en las manos, sobre el contradictorio corazón del hombre. Por él supe que las palabras no podían corromperse, no eran cosas.
El mundo real era para vivirlo y la ficción para contarlo todo”, dice la escritora en su página web www.perlasuez.com.ar
Es licenciada en Letras Modernas y autora de libros infantiles y juveniles como Memorias de
Vladimir, El árbol de los flecos, Dimitri en la tormenta y Los tres pajaritos, y de las novelas para adultos Letargo, El arresto y Complot, reunidas en la Trilogía de Entre Ríos, que fue traducida al inglés y que actualmente está siendo traducida al italiano, alemán y francés. En 2007, la escritora ganó la beca Guggenheim con cuyo apoyo escribió La pasajera. “Yo soy una alondra, me levanto temprano a la mañana, desayuno, preparo el mate, voy dando vueltas por la computadora, acomodo los libros y me siento a escribir”, confiesa Suez. “Si no tengo libros alrededor, no puedo escribir.
Incluso arriba de mi escritorio apilo libros de Conrad, de Melville, de Christa Wolf, de Katherine Mansfield, de Carson McCullers, de Flannery O’Connor. Los tengo para decir: ‘Si ellos pudieron, yo lo voy a intentar’.”

Textual

¡Qué quiere de mí ahora, vieja! ¿Para qué me necesita? ¿Para que le mire esa jeta que me sé de memoria? Jeta de oler mierda. ¿Todavía quiere ver algo? No hay más nada que ver. No hay más tiempo que perder cosiendo o viendo figurines de moda.
Vivió setenta y cinco años, no se puede quejar; no todo el mundo tiene esa suerte. Vivió setenta y cinco años hablando y ahora yo la hice callar. Usted ha nacido en medio de la abundancia y eso la salvó del sufrimiento. Piense en qué ocupó su tiempo, señora, y va a ver que tengo razón. No le importó un cuerno que él tuviera otra mujer en Oro Verde. Le digo más: usted es fría, un hielo por dentro. Tanto, que se casó con el patrón por su dinero. ¿Para qué quiere tanta plata, eh?

Fragmento de La pasajera
(Norma).

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-10726-2008-07-25.html

La yegua y el montañista*

*Por Sandra Russo

En el banco, frente a las ventanillas, había tres colas y ninguna era muy larga, pero la de la izquierda estaba casi desierta. Era la que estaba disponible para los clientes VIP. Llegué y leí los tres letreros: VIP, Personas y Empresas. Hice un rápido repaso mental sobre mi propia condición y me paré en la de Personas. Delante de mí, último en esa fila, acababa de ubicarse un hombre alto, apenas canoso pero de aspecto juvenil, vestido con jeans y campera de montañista. Colgaba de su espalda una mochila de una
marca muy cara, que le daba un aire de turista o extranjero; supuse que era un hombre de paso por ese microcentro atestado de mediodía. Ni tuve tiempo de pararme con todo el peso en una de mis piernas, que es lo que uno hace cuando se autoacomoda en una cola de banco atrás de una docena de personas.
Llegó otro hombre, más viejo y trajeado, que sobre mi oído preguntó:
-¿Las tres colas son iguales? ¿Por qué en ésta no hay nadie?
El hombre alto con campera de montañista se dio vuelta y le dijo:
-Esa es para los giles que pagan quince pesos más por mes para que los atiendan más rápido.
-No me digas -le dijo el viejo trajeado, ubicándose en mi fila. Quedé hecha un sandwich entre ambos, lo cual no habría sido grave si los dos se hubiesen quedado callados como corresponde en una cola de banco, caray, que uno va al banco a hacer un trámite que siempre prefiere obviar, y en todo caso cualquier persona normal comenta o bien que el clima de Buenos Aires está tremendo, o bien que es una vergüenza que haya tan pocos cajeros en todos los bancos. ¿O hay acaso alguien en este mundo que se sienta a sus anchas en una cola de banco? Yo pensaba que no, pero me equivocaba. El montañista era un hombre que se sentía a sus anchas en todas partes, se diría que el mundo era suyo por la seguridad con la que hablaba, y también por el tono de voz elevado que hacía que todos escucháramos lo que decía. Sobre todo yo, que estaba hecha un jamón entre el montañista y el viejo trajeado. El montañista era una de esas personas que no pueden controlar su incontinencia verbal y cerebral. Y su flujo mental era tremendo.
-En Chile esto no pasa -le dijo el montañista al viejo trajeado. Era tan alto y yo soy tan petisa que el tipo ni siquiera tenía que hacer un mínimo gesto para mirar al viejo. Sencillamente, me salteaba.
-¿En Chile? ¡No! ¡Qué va a pasar! -dijo el viejo.
-¿Conocés Chile? -le preguntó el montañista, que debía tener unos treinta años menos que el viejo, pero que como se sentía tan seguro de sí mismo y era tan comunicativo, tuteó al viejo durante toda esa conversación, dándole incluso ánimo, con el tuteo, para que el viejo desenrollara la lengua.
-Sí, estuve muchas veces en Chile. Tengo dos grandes amigos. Viven en Las Condes.
-Yo tengo mi oficina en Las Condes, mirá qué casualidad. ¿A qué se dedican tus amigos? Conozco mucha gente por ahí.
-Son generales. De carabineros.
-¡Ah, qué bien! ¡Generales! -dijo el montañista. Yo ya empezaba a mirar para el costado, a la fila que decía Empresas. Había menos gente. Un jovencito también trajeado y con una escarapela en la solapa revisaba unas boletas. Un cadete, seguro.
-Sí, son dos grandes amigos. Dos caballeros -dijo el viejo-. Si los paran con el auto, ¿vos te creés que sacan la credencial para presentarse como generales? Eso haría un milico de acá. ¡No! Primero escuchan si estuvieron en falta, escuchan con todo respeto y ojo, que los carabineros que los paran también son muy respetuosos. Por favor, señor, si es tan amable, tenga usted la amabilidad, ¿viste? Mucha educación.
-Típico de Chile, claro. Una educación increíble.
-Recién si les están por hacer una boleta o es muy necesario, ahí sí se dan a conocer. Pero no como acá, que todo el mundo saca chapa antes de tiempo.
-Es que este país es el peor del mundo, hermano -le dijo el montañista-. Y que me perdone si hay algún peronista presente, pero el cáncer de este país se llamó Juan Domingo Perón. No sé si estás de acuerdo -dijo, chequeando, aunque era evidente que su “que me perdone” era equivalente a un “me cago en
que haya un peronista en esta fila”.
El montañista era, definitivamente, un camorrero. Y yo, que agarro no sólo los guantes que me tiran sino también los que se caen, me empecé a morder la lengua. Y eso que no soy peronista.
-¡Pero sí! -dijo el viejo, creo que sin haber prestado mucha atención a aquello con lo que estaba de acuerdo, incluso más allá de estar de acuerdo, porque estaba perdido en sus evocaciones-. Mis amigos son dos tipos de primera. Qué bien la hemos pasado cada vez que los fui a visitar. Fuimos a Valparaíso un verano.
-Las Condes es el barrio más fashion, diríamos -dijo el montañista, que estaba atrapado a su vez en su propio relato y al que era evidente que el hermoso verano del que amenazaba hablarle el viejo le importaba tres pitos.
-Las Condes. Muy lindo barrio. Fuimos una vez a Reñaca también.
-Yo tengo mi oficina en Las Condes -repitió el montañista-, la abrimos hace poco. Un lujo. En Chile nadie le tiene miedo al lujo, como acá, que hay que pedir disculpas si uno es más capaz que los demás para hacer guita. ¿Vos qué hacés?
-Soy jubilado. Hago trámites -dijo el viejo. Yo pensé que su lugar estaba entonces en la fila de al lado, pero a esa altura no iba a meterme en esa conversación ni aunque bajara Dios en persona a ofrecerme crecer quince centímetros de golpe. Y eso que para mí sería importante.
-Te voy a decir una cosa -le dijo el montañista-. La culpa de cómo nos van las cosas la tenemos todos, todos, todos, todos, todos.
-Todos -sintetizó el viejo.
-Porque no nos ponemos los pantalones largos -agregó el montañista-. Mirá: yo soy sanjuanino, mi familia tiene una calera y estamos trabajando en Chile pero, qué te puedo decir, de maravillas. Vendemos a lo loco. Los chilenos no miran para arriba. Miran todos para abajo. Es un país que tiene mucho que
agradecerle a un señor, a un verdadero señor que se llamó Augusto Pinochet.
A esa altura yo quería ser más petisa de lo que soy. Hundirme en la junta de las baldosas de porcelanato, hacerme engrudo, evaporarme, porque me venían unas ganas feroces de ser varón y de decirle vamos afuera, macho, que te cago a trompadas. Pero últimamente, con todo esto del campo, estoy muy
irritable. Y no sé si ustedes lo advirtieron, pero salvo la gente muy descarada, la gente muy jodida o la gente muy de mierda, en general, hasta en los taxis, reina un silencio de radio para no herir susceptibilidades ajenas o acaso para evitar irse a las manos. Ese clima de distensión que hemos logrado gracias al voto no positivo de Cobos (y del que hablan sobre todo los radicales y Chiche Duhalde) es una escenografía a la que en cualquier momento se le cae el techo o una puerta. Lo que hay es discreción
y hartazgo de estar tan enemistados. Pero queda gente como este montañista, al que me tuve que seguir aguantando. Ya me pasó de levantarme precipitadamente de la mesa de un bar, después de pedirle a un mozo:
-Cobrame pronto porque si esta vieja de la mesa de al lado sigue hablando le parto un sifón en la cabeza.
Vuelvo al banco. Yo estaba haciendo ejercicios de respiración que nunca aprendí en yoga, porque yoga no hice, pero bueno, me imagino cómo serán: uno respira profundo, profundo, con el diafragma, y se concentra en el aire que inspira, y después lo va soltando despacio, tratando de concentrarse sólo en
el aire, tratando de no escuchar a un montañista que dice:
-Tenemos a esta yegua gobernando, ¿te das cuenta? ¡Una yegua! ¿Y no hacemos nada? ¿Por qué aguantamos? -parecía estar interpelando a todo ser viviente que lo escuchara en el banco.
-Y… -dijo el viejo, que a pesar de tener amigos carabineros no había ido al banco a buscar roña. Hasta él se empezó a sentir incómodo. Eran varios los que daban vuelta las cabezas, y cada uno parecía calibrar su reacción, porque ninguno lo miraba asintiendo. Es que más allá de lo que decía el montañista, su prepotencia y su inadecuación lo hacían un blanco perfecto de hipotéticos escupitajos, que yo me imaginaba por millones. El pendejo de la cola de al lado, el de la escarapela, me puso cara de “qué pelotudo” y yo le hice cara de “impresionante”.
Por suerte la cola había ido avanzando y le tocó a él. Fue hasta la ventanilla y dijo, fuerte, para que nadie se lo perdiera:
-Quiero retirar diez mil pesos de mi cuenta.
La cajera le dijo algo que no se escuchó. El montañista habló fuerte:
-¿Tanto problema por diez mil pesos? ¿Qué son diez mil pesos? Qué país de mierda.
La cajera acercó la boca a la ventanilla y dijo, también en tono alto:
-Tiene que esperar veinte minutos. Si no va a hacer el trámite déjele el turno al que sigue.
-Bueno, nena, dale. En este país…
-Lo de nena se lo guarda. Ponga el pin -le dijo ella.
El montañista puso el pin y lo mandaron a sentarse y a esperar veinte minutos. Me tocó a mí. Hice mi trámite. Salí de ahí y me fui a terapia.
Cuando llegué le dije a mi analista:
-Yo no sé qué me pasa. Ando con ganas de patear montañistas con la calle.
Mi analista se acomodó en su sillón y preguntó:
-¿En qué sentido?

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-108476-2008-07-26.html

Por la ranura de la memoria*

-Escrito del año 2003-

En estos días me la he pasado echando monedas por la ranura de la memoria. Esperaba escuchar el sonido del tocar fondo. Pero no, abismo sin fin, no concluyen ni las imágenes de la caída ni el silbido del aire desplazado, que cosquillea la piel del tiempo.
El detonante puede haber sido la pregunta de mi hija, que se acerca a los 5 años y que desde los 3 no tiene al papá viviendo en la misma casa:

¿Papá, vos estabas cuando yo era bebe?

Allí esta la memoria cortada en pedacitos, colchón de espuma y nube, sonidos sin voz.
O puede haber sido esa foto, caída, arrugada y húmeda que encontré detrás del escritorio en la casa de los chicos. Estoy en una baranda de troncos casi saliendo de la foto, un perfil leve, viendo un lago quieto, espejo de montañas que descienden en colores de día nublado. Es el sur, la foto la tomo mi amigo Rubén, habíamos terminado una obra y nuestra sociedad laboral, y nos fuimos de viaje al sur, creo que la foto es cerca de San Martín de Los Andes. Compartíamos trabajo y una amistad estrecha, como un tiempo atrás habíamos compartido escuela secundaria, y una militancia que casi nos costo la vida. Todavía no imaginábamos que a poco de andar la amistad quedaría distante por cuestiones menores. Lo cierto es que hoy, me veo en su compañía, dentro del Dodge 1500, cortando el mundo con ironías salvajes, escuchando uno de los tres o cuatro casettes que siempre se llevaron en todos los viajes. Y hasta recuerdo el estribillo y la voz grave, solemne, del tema que siempre generaba mi risa. “…Porque siento que el culo me pesa…”, Cantaba Jorge y nosotros reíamos atravesando distancias de Varela a Numancia, mientras sacábamos improvisando en el aire el número de durmientes que necesitábamos para revestir las paredes de la obra. De esa época, tengo borrada la imagen de la estación, pero a unos metros bajo un tinglado estaba la maderera que hacía lo que pidieras en quebracho. Que extrañas esas vías angostas, parecían de un tren de juguete, uno imaginaba un tren idealizado, sin conflictos ni miserias humanas circulando por allí. Son los fines del 81, y a los 21 años cualquier cosa podíamos elaborar con risas, casi un programa de radionovelas hacíamos en esos viajes donde mirábamos el entorno con el ojo indiferente que da la velocidad de un auto.
Pero si, recuerdo las vías, y tenía -y tengo- una extraña sensación cuando uno cruza una barrera en las rutas y ve las vías perderse, fugarse en un punto inalcanzable del horizonte.
Creo que hay algo muy profundo, en eso de atravesar vías viendo las vías achicarse hacia un punto lejano. Ese sobresalto previendo la cercanía de una locomotora que de inercia nos corte el tiempo de andar por nosotros mismos y en nuestras propias cuestiones. Tengo hoy sensaciones indefinibles, mientras escucho y veo la caída de las imágenes, con esa sensación extraña de haber perdido muchos trenes posibles para subirse. Aferrado al silencio y la inmovilidad, sin ver otros destinos posibles, más allá de mis pasos sin ver. Desde ese temor a tomar un tren equivocado. Me ronda la idea de una decisión oculta de aferrarme a lo existente, sin poder ver más allá de la propia estación-escenario.
Sintiendo, eso si, que al abrir de nuevo los ojos me habían cerrado el ferrocarril y las vías no llevaban a ningún lado.

En el 97, volví a la estación Villa Numancia con mi hijo de tres años de la mano, compartíamos una extraña obsesión por el tema de los trenes, y el me acompañaba por estaciones activas o abandonadas, veíamos el enganche de las locomotoras. El me decía -”ahí, baja el tito que engancha”, dibujaba los trenes y esas extrañas conexiones de locomotora a vagones: “tubito, arito con cadena, los topes, falta algo…?”. La estación estaba muy deteriorada, el reloj sin agujas, la Virgen de Lujan, el techo de tejas con huellas de pequeños meteoritos. Allí cerca una escuela, con niños que juegan y gritan, más cerca una casa con patos, gansos, gallinas, creo que nunca vimos tantas aves detrás de un alambrado.
Y allí mi hijo, hizo toda la fuerza de sus tres años con la palanca del cambio de vía, o de señales?, -Te acordás que lo moviste vos papá… ? -Me dijo hace unos días. Allí encontramos un clavo de riel contra durmiente, muy oxidado y lo trajimos de recuerdo desfondando mi bolsillo del vaquero.

Ya no había trenes, pero uno se sentía atravesado por todos los viajes de un pasado que lentamente se desvanece en la memoria.

Por un momento, imagino a mi padre tomando la letorina hacía el puerto de Nápoles, partiendo de Italia para no volver ni irse del todo.

O puedo verme con mi padre en el oscuro vagón de regreso de Quequén cuando él trataba de explicarme como jugaba a “la Murra” en Italia, (era algo así como piedra, papel y tijera pero más complicado). Del otro lado apenas recortada por la luz de luna llena que llegaba del campo, una anciana italiana empezó a contar las historias de su padre jugando a la Murra. Creo que me quede dormido, escuchando la media lengua de mi padre compartiendo sus recuerdos, agitando las manos en la oscuridad.
Cuando despierto, -y creo que he dormido muchos años sin registrar el paso del tiempo- muchas ausencias se han abierto ante mis ojos, la muerte de mi padre, la prematura partida de Rubén en España. El fin del matrimonio, y del compartir día a día el despertar de mis hijos, menos tiempo también para visitar estaciones abandonadas o tomar trenes reales de la mano cuidando a los chicos de tropezar en el peldaño.
En todo esto pensaba, mientras recordaba aquellas visitas a las estaciónes de tren con mi hijo mayor. Buscando el por qué estoy aquí escribiendo e imaginando vías de vida al futuro.

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 27 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pedro Ochoa. Las poesías que leeremos pertenecen a Marjorie Agosín (Chile) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
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Cuales son los ejes de la propuesta?
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Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

DEL DERRIBAR MOLINOS CUAL SI GIGANTES FUESEN…

Molinos*

Todo Quijote sabe que el molino
es molino tan sólo, y no gigante;
pero es su sino acometer la empresa
de derribar molinos cual si gigantes fuesen.

Tragicómica función representada
para todos los Sanchos de este mundo.

*De Sergio Borao Llop. sergiobllop@yahoo.es
http://sbllop.blogia.com

DEL DERRIBAR MOLINOS CUAL SI GIGANTES FUESEN…

El lema*

La vida había transcurrido muy deprisa y los tiempos en los que estaba el grupo completo eran sólo recuerdos. Uno a uno fueron quedándose en el camino y él, era el último.

Estaba sentado a la mesa, delante de los quince espárragos silvestres que había conseguido encontrar.

Hoy el viejo lema cobraba sentido. Tomó el plato del centro de la mesa y acercándoselo murmuró: “Todos para uno…”

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EN LA TEORIA Y EN LA CLINICA PSICOANALITICAS

Cuestiones disputadas*

Según el autor, “cunde entre los psicoanalistas una preocupación creciente respecto de sus limitaciones frente a resistencias pertinaces entrelazadas con nuevas formas de ser y padecer”.

Por Rafael Paz *

Si observamos el lugar que ocupa el psicoanálisis en el mundo contemporáneo, no cabe duda de que las aspiraciones de su fundador en cuanto a trascender en la cultura -entendida en su sentido más amplio de formas de vida, hábitos y creencias y en las maneras de encarar los interrogantes básicos de la
existencia, la enfermedad y la salud- se han cumplido.
Buena prueba de esto es que los psicoanalistas hemos perdido el dominio sobre el saber específico, el cual se ha diseminado a través de prácticas diversas que -aun sin reconocerlo- en él se inspiran.
Incluso cuando se le adjudican signos de decadencia se admite aquella penetración, que va desde los modos de concebir la sexualidad, la crianza de los niños y la pedagogía hasta los cauces para pensarse y pensar a los otros, el teatro, el cine, la literatura, la crítica del sentido común y de las ideologías.
Y si tuviéramos que sintetizar todo este conjunto de logros y avatares podríamos decir que el psicoanálisis dio cuenta de la densidad del espacio interior al mismo tiempo que contribuyó a incrementarla, señalando su conflictividad esencial y su tenaz opacidad.
Para lo cual conjugó de manera inédita las tradiciones románticas e iluministas de la Europa Central de fines de siglo XIX con el ímpetu del positivismo, que expandía sin fronteras los dominios de la Ciencia: proyecto de racionalidad que enunciaba su consistencia así, con mayúsculas y en singular.
La instigación kantiana a abrirse al conocimiento, el sapere aude, cuyo atrevimiento sintetiza de manera notable el proyecto histórico de la Filosofía de las Luces, había ampliado hacia fuera y hacia dentro las
fronteras de los saberes, mientras la tradición romántica transitaba gozosamente las ciudadelas del alma.
Se trataba ahora de transformarlas siguiendo un método transmisible, lejos de contemplaciones y regodeos.
Lo cual no sólo obedecía a razones pragmáticas surgidas desde la clínica, sino a un modo específico de suscitar alivio y a la vez conocimiento, a saber, venciendo resistencias, por lo que se requerían fuentes renovadas de placer para que la asimilación de emociones recuperadas y el desarrollo de pensamientos no pensados fuera posible.
Se fue así consolidando una disciplina de vocación crítica y racional, aunque, al ser comunicable de persona a persona y fundar sus verosimilitudes en el reducido círculo de quienes se abrían a la experiencia del inconsciente, mostraba un status epistémico ambiguo y una discursividad oscilante entre relatos de artesanos y pretensiones de cientificidad.
Pero el objetivo esencial de nuestra clínica conserva plena vigencia: volver permeables las diferentes corrientes de la vida psíquica, para que las formaciones penosas de compromiso se sustituyan por realizaciones que permitan mayor placer y libertad.
De este modo, el espacio interior podrá contener de manera más fecunda y con modulaciones más amplias del dolor diversos aspectos de sí que fueron desgajados, apartados y extrañados desde los primeros momentos de la vida.
Se trata de una idea ambiciosa, que supone lidiar con miedos, angustias y culpas resueltos sintomáticamente o mediante compensaciones que a través del tiempo han determinado escisiones empobrecedoras y rigideces caracteriales.
Esta pretensión radical marcó al psicoanálisis desde sus comienzos, y supone gran confianza en que exponer los abismos íntimos y las contradicciones que desde ellos se plantean puede resolverse en alivio del sufrimiento e incremento de las posibilidades personales.
Metafóricamente, que Eros farà da se: los recursos vitales y las tendencias reparatorias eslabonarán de por sí los nuevos y antiguos afectos y representaciones, al caducar los lazos de la neurosis infantil.
Lo cual requiere ir más allá en cada punto de llegada, sosteniendo lo interminable del análisis -puesto que el retorno de lo disociado, y reprimido es inagotable- pero dando cabida y legitimidad a momentos de logro que originen círculos virtuosos de transformaciones.
Partiendo de la resolución de síntomas, el psicoanálisis se extendió hacia las inhibiciones, estereotipias y modalidades caracteriales, llegando en la actualidad a una situación paradójica.
En efecto, cunde entre los psicoanalistas una preocupación creciente respecto de sus limitaciones frente a resistencias pertinaces entrelazadas con nuevas formas de ser y padecer, mientras que a la vez contamos con palancas refinadas y distintas para abrir posibilidades de transformación.
Claro está que estos instrumentos requieren compromisos personales y hondas revisiones teórico-clínicas, así como relativizar la apelación tradicional a criterios de autoridad.
Por otra parte, el saber psicoanalítico se halla en estado de dispersión, lo cual desde posiciones convencionales tiende a ser visto catastróficamente.
En rigor, obedece a una expansión transversal de conocimientos, experiencias y formas de transmisión, junto a desarrollos diferenciados por razones culturales e históricas.
Pero, como apuntábamos arriba, un vector perdura: desprender el dolor y los miedos de ataduras inconscientes en las que rigen proporciones extremas, imagoicas, para hacer posibles modulaciones diferentes de la angustia y un pensar nuevo.
Cuando se logra la habilitación de espacios psíquicos cancelados se incrementa el flujo de experiencias emocionales y de producciones imaginantes, las que pugnan por hallar realización y chocan con el orden
previo de sentidos, poniendo en marcha un proceso, en rigor, exorbitante, puesto que por su propia índole excede lo que el método puede abarcar.
De donde la permanente búsqueda de rigor teórico y precisión instrumental, para contener lo convocado e intervenir con prudencia y eficacia.
Las sobreadaptaciones, por su parte, uno de los rasgos conspicuos del padecer de nuestro tiempo, conjugan corazas culturales con inhibiciones personales y una vasta gama de miedos a transformarlas, suscitadas por el desamparo y la paranoia funcional con lo inhóspito del mundo en que vivimos.
Y si bien participamos, como nuestros analizandos, de los cambios del siglo, sabemos de modos insistentes y replegados de pensar y existir -y por lo tanto de sufrir- en lo que se entrelaza la fantasmática personal a mitos familiares, de etnias y grupos.
La transferencia, que los recrea, es central en nuestra clínica, haciendo que se explayen hasta los límites que seamos capaces de construir en cada caso y cada momento del proceso.
Es este el territorio nativo del psicoanálisis y que continúa siendo el de su mayor fecundidad: clínica de lo singular que facilita la expansión de los vínculos primarios, que buscan revivirse para realizarse, hallar por fin resonancias o por la mera inercia de la repetición.
Por lo que nada de lo humano nos puede ser ajeno, aunque comprobemos de continuo la desproporción entre lo que sabemos e intuimos y las transformaciones logradas.
Ocurre que nos movemos siempre sobre un lecho resistencial, que es el nombre dado a los equilibrios originados en miedos diversos y en ataduras a la economía de los goces que cada uno construyó, naturalmente renuentes a modificarse.
De ahí lo especial de una cura que requiere dejar de lado ensañamientos transformadores -el furor curandis- para dar vida a lo reparatorio bloqueado o inédito, ampliando los márgenes de libertad constreñidos por las distintas patologías y estabilizados como modos de ser.
Y que incluye, en el límite, modalidades psicóticas de funcionamiento.
Una clínica situada
Una clínica acorde con los cambiantes requerimientos con que se enfrenta se funda en dar las mayores posibilidades de manifestación al analizando, al contar con recursos elaborativos ampliados para lidiar con aspectos desestructurados, dañados o dañinos y las ligaduras paradójicas al sufrimiento.
Aquéllos se hallan por lo común fuertemente escindidos y depositados en lugares que la experiencia mostró como seguros para equilibrar el desamparo y la desintegración; de este modo se garantiza su inmovilidad, pero al precio de coartar potencialidades vitales sancionadas como peligrosas desde
el miedo o las prohibiciones.
Es por eso que el modelo clásico del inconsciente o el Ello como conjuntos potentes y desagregantes, en colisión con un Yo subordinado a la realidad y al sistema superyoico, da cuenta muy parcialmente de la matriz conflictiva.
Hacer consciente lo inconsciente implica no sólo asumir las pulsiones en su polimorfismo e insistencia, sino también las “servidumbres voluntarias” que las incluyen en un abanico de docilidad y seudomadureces, por lo común bajo sutiles formas masoquistas de aplanamiento personal.
El paradigma extremo de estas últimas está constituido por restituciones caracteropáticas estabilizadas al modo obsesivo luego de derrumbes severos, pues en ellas se plantea agudamente la contradicción entre haber logrado un cierto equilibrio luego de penurias psicóticas y el modo en que aquél se enhebra en dispositivos de sometimiento.
Por su parte, las fuentes motivacionales que se han ido integrando al conocimiento psicoanalítico exigen una modelización diferente, no meramente estraficada y con los impulsos en su base.
Ya la “segunda tópica” comenzó a bosquejar una espacialidad distinta, una vez introducido el narcisismo y la objetalización interior a partir del análisis en profundidad de las identificaciones, en el trayecto que va desde los estudios sobre la histeria a “Duelo y melancolía”.
Y el acotamiento de aquello a ser contenido se amplió notablemente cuando diversas corrientes psicoanalíticas asumieron el compromiso emocional y cognitivo que plantean niveles primarios de desamparo, miedos y formas transaccionales primarias.
A lo cual se sumaron condiciones históricas que desnudan carencias y dificultan el disimulo de los síntomas por su entrelazado a vínculos familiares, institucionales y macrosociales antes consistentes.
Y en este contexto la asunción plena de la trama relacional como clave para en ella definir los lugares de eficacia en las matrices primarias, dio lugar a una serie de cortes epistémicos.
Las figuras materna y paterna, enriquecidas en sus cualidades proteiformes por las teorías objetales, pasan a ser interrogadas de un modo nuevo a partir de las críticas de género a los supuestos clásicos: relaciones de dominación y subordinación, desnaturalización de la condición femenina, replanteos de la simbólica centrofálica.
A lo que se agrega el énfasis creciente en el reconocimiento de capacidades para generar autonomía desde los primeros momentos de la vida, naturalmente en el interjuego con los otros primordiales.
De todo lo cual se desprenden consecuencias teóricas, instrumentales y formativas.
Una heurística de la expansión transferencial se encontrará además con respuestas adaptativas, exigidas y forzadas por las condiciones ambientes, que han plegado el abanico de rendimientos potenciales.
Valgan como ejemplo las compensaciones secundarias a descalabros psíquicos, espectaculares o tórpidos en la infancia o la adolescencia que muestran -con la nitidez propia de las restituciones- formas sobreadaptativas esquemáticas.
Se trata de cuadros con bloqueos inhibitorios y escapes sintomáticos que transcurren en el área mental (pensamientos ritualizados, conjuros, automatizaciones primarias o secundarias, que sostienen formas de control omnipotente) o en peculiares ligámenes con seres, instituciones o márgenes de la cultura.
Las experiencias de terror frente a la desagregación se sustituyen por mundos sin duda limitados, pero los mejores dadas las circunstancias, lo que mueve a prudencia y nos precave de emprender cruzadas terapéuticas supuestamente liberadoras.
En tales casos es preciso situar los desprendimientos del Self y relaciones de objeto y explorar la vida secreta de tales identificaciones proyectivas, que además mucho nos enseñan respecto de modos universales mediante los que todos equilibramos nuestras ansiedades.
Si, por ejemplo, es evidente que las angustias hipocondríacas son depositadas en las instituciones de salud, que ofician como extensión simbólica de los acogimientos primordiales, lo mismo ocurre con otros
aspectos de nuestro ser.
De esta forma, vínculos primarios habilitan la trama social y se ubican en sitios específicos, siendo muy sensibles a sus cambios o negándolos, por la ilusión de contar con inmutabilidades omnipotentes ya sea en instituciones colectivas o en personas singulares que juegan ese rol transferencial.
Surge de esto que localizar las identificaciones proyectivas nómades o estabilizadas como primer paso para recuperar vaciamientos emprobrecedores constituye uno de los ejes del proceso analítico, y requiere asumir las manifestaciones regresivas en el nivel y calidad que tengan, según sean las
fantasmáticas alojadas en diversos lugares del mundo.
Se trata de recolectar las versiones de sí implicadas en tramas de objeto que impregnan los vínculos actuales, para restaurar la potencia de verdad y de realización que poseen.

* Miembro fundador de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis. El texto es un fragmento de Cuestiones disputadas en la teoría y la clínica psicoanalíticas (Ed. Biebel).

-Fuente: Página/12.
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-108346-2008-07-24.html

Los restos del juego*

-Escrito del año 2003-

Quedaron los restos del juego, el secador y el cepillo que son caballos. Paula gusta recorrer el patio montada, para ella los jinetes a los 4 años gritan hijaaa…!! Y corren más en cualquier batalla. Franco parece el director de la peli, allá van las armas…, acá hay que desenterrar a los orcos, y allá el metal, y faltan los árboles. Mezcladito esta una fortificación hecha de lo permanente y de cosas del día:
La mesa de madera dura que hicimos con el viejo más de una década atrás, sus usos múltiples a pesar de la lluvia y la intemperie. Pegadita la muralla del castillo de Rohan, algunos meses atrás fue clavada sin golpes en los dedos por mi hijo, no se sabía para que fin podía servir, su destino fue ser parte de cualquier utilería y construcción imaginaria adentro del juego, también quedar al día siguiente de la visita para que el padre reconstruya esas horas mientras acomoda las partes expuestas al tropiezo o la bronca de la abuela.
Siguen cayendo las hojas de parra, arriba pequeños racimos esperan el calor tardío del sol, quizá una esperanza imposible de madurar en otoño cuando las vendimias han concluido.
En realidad son mis herramientas las que han quedado fuera de cualquier lugar pensable, ellos han dejado el orden lógico de sus juegos, la campana de protección de la niñez ante el mundo, la manera de enterarse solo de a ratos de nuestra adulta locura sin juego de pares posible.
Espadas y lanzas, sin heridas, sin llagas, nada irreparable, nada que no pueda rearmarse en la próxima visita jugando a parecido y siempre diferente, seguro con las mismas escenas hasta que volvamos a ir al cine en trío, y nos impresione mucho una peli, como la del señor del anillo.
Oscurece más temprano, hacemos cine de pobres en canal 13, es “El hombre de la mascara de hierro” con un rey que era héroe pobre y fatal pérdida en Titanic.
A mi hijo le encantan estos relatos épicos donde se cruzan batallas, y romances y armaduras y luchas de espada que se pagaban con una vida o muerte individual.
Muy lejos de pensar las guerras virtuales de este tiempo donde la muerte masiva se administrará desde un pequeño recinto, para ser seguidas por satélites, mientras el pequeño perro del presidente del imperio le husmea los pies.
Algo me dijo mi hijo acerca de lo lindo que sería vivir en esa época de castillos y espadas forjadas por herreros. Quizá la humanidad nunca debió tener el poderío técnico – militar actual, ese crecer hacia afuera sin madurez.
Por eso, me admiro de los juegos de mis hijos -hijos de padres separados- que llevan con ellos el abrazo común, la capacidad del lazo para jugar donde sea creando la escena posible con las cosas posibles: las maderas que uso el abuelo, las herramientas que el padre desordena y olvida. Las propias cosas que por magia ya han sido transformadas y re-bautizadas en un juego anterior.
-Ese era mi caballo… no el tuyo- Se disputan el corcel de crin negra que para cualquier adulto es un secador inservible.

Me asombro hoy con los restos del juego, con la plenitud sin consecuencias que instauran y dejan ahí puesto en cada lugar del patio, mis hijos y sus juegos de batallas.

El señor de los anillos*

-Escrito del año 2003-

Bush dormía en el fondo de los barros de Mordor, aun antes que desde el fondo de sus sueños Tolkien lo desenterrarán. El espíritu del capital, ese anillo del poder sin cuerpo posible lo convoca y sostiene.
-Si, son sombras trágicas, espectros.
El está muerto aunque su perro lo pasee por los salones de la Casa Blanca y filme sus talones imperiales con su cámara Web.
Se encienden las luces, la guerra continuará en otra película, La lucha del bien y el mal seguirán en ese relato mítico y cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia, los actores que construyen una pesadilla colectiva quedan liberados para escribir la historia con sus pasos de muerte temprana en plena vida.
-¿Papá, cuando termino la Tierra Media….?-
-No supe que contestar-.
Nunca existió, es un sueño forjado en la montaña del destino.
O, es una buena síntesis de la brutalidad que sin tiempo recorre guerras de la humanidad, un sinsentido que rinde beneficios.
-El crimen no paga, -escuchó su voz desde la bruma de la infancia-. Pero para estos actores solo la historia, con sus marcas irreversibles habla por ellos.
Parecería que estos espectros están para encarnar corporalmente el concepto de la banalidad del mal, esos, que no alcanzan a comprender del todo el alcance de sus actos. Marionetas, apenas actores administrando la muerte real.
Orcos : están muertos pero salen a dar muerte bajo un deseo oscuro que sin duda no comprenden.
Horrores sin mascará, han salido a reinventar la historia bajo las necesidades del poder.
Se cruzan las imágenes del antes y después, frases e ideas incoherentes cortadas por el cine, parecen ser un rastro negro y repetido, aun entre los barros sin tiempo, rastros orgánicos esperando miles de años al servicio del sueño americano.
La derecha asesina, siempre asesina para dominar el presente. Y no existe el futuro, hay un presente continuo que hay que sostener a guerra y política.
- Para el poder no hay nada imposible.
-Todo es ilusión, menos el poder.
-El poder es ilusorio pero eficaz.

Frases, que perdieron su contexto. Las recuerdo como una cascada y un vértigo.
Símbolos, coincidencias, recuerdos, mientras Sauror busca rostros para desatar otra guerra que preserve “nuestro estilo de vida”, ¿Cuanta sangre coagulada hay detrás del arsenal de mercancías y medios de pago ?
Lluvia furiosa afuera, agua buscando el fondo de los tiempos. Permeando los barros, memoria cruel de todos los muertos.
Agua filtrando, ríos inconscientes por debajo de las ciudades, fábricas, usinas, edificios, energía disipada en luces y gases de combustión.
Anillos de petróleo saliendo del fondo de los tiempos.
Chorreos de líquido negro en su cordón umbilical: entre barro y fuego Bush sale a conquistar su anillo de poder. A someter con su mundo fantástico -real y externo al cine- el mundo de los otros.

*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

TRÍPTICO IV*

Los árboles

aquietan morosamente, tiernamente los pensamientos.

Desde su altura no compiten: están.

Acompañan los ciclos y adormecen los vientos;
persisten sin apetecer.

Son compañeros de viaje hacia el sosiego
maestros en el juego de la luz
y no desean más que lo dado.

Aromito

Iluminado y luminoso el tapiz amarillo
responde al sol que anida en cada copo.
Juegos de milenios enramados, convocantes.
Entre mis torpezas de transitar el mundo
intento la memoria del árbol,
su estar allí, su don,
su presencia inocultable de aromos.
Mis manos no alcanzan para su decir
que es todo asombro en el aire y en la luz.

Entonces,
hago de la mañana un sombrero
y del aromito un sueño de ella.

Jacaranda

Tajo de lunarriba gotea
campánulas de cielo.

Cuentan viejas memorias de la herida del cielo;
el celeste, en breves copos tamizaba estas tierras.
Fue un árbol, cauterizador de heridas, que con
sus largas ramas comenzó a recoger en el aire los
copos cielares. Dicen las voces antiguas que el
cielo se curó por la bondad del árbol que supo de
su herida; lo pobla desde entonces en su copa.
Dicen que dicen que el cielo bajó a habitar
estas tierras.

*De Oscar Cacho Agú. cachoagu@yahoo.com.ar

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Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

¿ES EL MISMO ESTE CIELO?

Pacifista*

Siempre habíamos sido pacifistas. Ni matar pájaros, ni pegarse en el colegio. ¡No a la guerra! ¡No a la violencia!

- Tenemos que conseguir un mundo sin violencia cueste lo que cueste – decía papá.

Nuestro padre nos había educado para ello con una disciplina férrea. Aún recuerdo cuando habíamos transgredido las reglas y nos bajaba al sótano para zurrarnos con aquel látigo. No a la violencia – gritaba, mientras golpeaba y si el pecado había sido mayor, usaba el cuchillo. Y funciona, vaya si funciona, y sino, que se lo digan a las cicatrices de mi espalda.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

¿ES EL MISMO ESTE CIELO?

*

Lluviosamente solo.

En el rincón
de
lo perdido,
Homero Manzi
escribió
su
último poema.

¿Es el mismo
este cielo?

Los
caserones
de la calle Castro Barros
son
guarida y refugio
de
las novias-duende.

*de Carlos Cuccaro carloscuccaro68@yahoo.com.ar

Amiga del viento*

Estas cuando aparece
La brisa o la tormenta
Hemos pasado tiempos
Difíciles de separaciones
Y angustias y dolores
Siempre trajiste a mi ser
Compañía esperanza
Y sobre todo claridad.
El espejo de la vitalidad
Es tu fiel reflejo
Pero el viento, amiga
Te lleva y a veces te necesito
Más conmigo.

Para Ro. 20 de julio de 2008.-

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

EL CUENTO FANTÁSTICO*

*de ROBERTO FONTANARROSA

Jan Prokopvich Chliapnikov, si bien no puede considerarse como uno de los padres del cuento fantástico, ha sido catalogado por la crítica como un indicadísimo tutor o apoderado.
Esta calificación puede provenir, también, de que se hallaron en su poder algunos manuscritos de Isaac Asimov, de quien Chliapnikov fue admirador confeso y convicto.
Su acceso a la literatura resultó abrupto, pues sus comienzos se registran cercanos a la vocación por la pintura. En este rubro su primer obra aún se conserva en la ciudad de Klaipeda, junto al Báltico, donde Chliapnikov transcurrió su infancia: un enorme mural que cubre íntegramente una de las paredes del que fue humilde hogar de sus padres, operarios ambos de una hilandería.
El mural está trabajado con pintura al aceite, tempera, carbón, esmalte sintético, betún de lejía, jugos cítricos y toques de salsa tártara.
Chliapnikov lo hizo cuando tenía tan sólo cinco años y el crítico de arte moscovita Vassili Teodorovich aún recuerda: “Jamás olvidaré ese cuadro. Nunca he visto pegarle tanto a una criatura”.
Las excusas que tras su recuperación expuso el pequeño Chliapnikov ante sus padres (les dijo que se trataba de antiquísimas pinturas rupestres) lo alendaron a adentrarse en la literatura fantástica.
El texto que reproducimos a continuación es el primer capítulo de su libro: Joshep, que envejecía, clara muestra de su dominio del género y una aguda reflexión sobre la armonía del Universo.

Joshep, que envejecía.

Una mañana como cualquiera, Joshep se miró en el espejo y comprobó algo que detuvo su respiración: estaba cambiando de color.
En su patilla derecha, que descendía bordeando moderadamente la oreja, y entre el matorral de su cabello grueso y oscuro, había un pelo blanco.
Tal descubrimiento lo llenó de pavor. Tomó el pelo entre sus dedos y lo apartó del resto. No había duda posible. El pelo era suyo y el color blanco no respondía a una mancha de pintura. Era, simplemente, un pelo que había trasmutado su originario color negro por el blanco.
Joshep no quiso cortarlo. Pero lo ocultó bajo los otros cabellos. No convendría contarle el hallazgo a Nadiuska. Sería, tal vez, alarmarla inútilmente.
Joshep se sentó en el inodoro y allí reflexionó. Quizás el problema no iba más allá de eso. Pero tampoco podía descartarse la posibilidad de que aquello fuese el comienzo de un cambio de coloración en toda su persona. Tal vez paulatinamente el cuerpo de Joshep iría variando su matiz, transformándose el tono de la piel, de los ojos, de los dientes, de las uñas, luego de que hubiese variado el color de su cabello.
Joshep sopesó la posibilidad de que su trabajo hubiese traído aparejada aquella transformación. Desde hacía diez años se la pasaba durante ocho horas diarias estudiando la conducta social de las amebas y nunca se había detenido a pensar en que aquello podría acarrearle trastornos físicos.
Salió del baño, desayunó con Nadiuska y tuvo un día normal.
Al día siguiente fue a lo del médico. Le dijo que su visita no tenía ningún motivo en particular. Que, simplemente, considerando su edad, había estimado prudente someterse a una revisación general. Dos horas duró el chequeo, tras el cual el médico felicitó a Joshep: se hallaba en perfecto estado.
Joshep había mantenido una obsesiva observación sobre el médico en tanto duró el examen, analizando sus reacciones y catalogando sus gestos y palabras. No obstante, no percibió nada extraño, nada sospechoso en el comportamiento del facultativo. Este, por otra parte, en ningún momento hizo mención al cabello blanco ni tampoco Joshep le preguntó nada al respecto.
Por lo tanto, Joshep salió bastante reconfortado, algo más tranquilo, sin el desasosiego con el que había llegado a la consulta.
Pero tiempo después, en su matinal enfrentamiento con el espejo del baño a los efectos de rasurarse, Joshep dio con dos nuevas anomalías: un nuevo pelo blanco en las inmediaciones del anterior y una profunda estría en el extremo externo del ojo izquierdo. Debió aferrarse fuertemente al lavabo dado que sus piernas se estremecieron. Le parecía mentira que no hubiese visto antes esa arruga. Una arruga no florece en una noche. También le sorprendía la asimetría del asunto, porque el ojo derecho no vislumbraba modificación alguna. Pero había cierta lógica: el ojo izquierdo era el que comúnmente cerraba al trabajar en el microscopio. Sin embargo, aquello era grave: en su piel se había impreso un gesto, se había recepcionado una marca. Había una sola explicación al fenómeno: en su cuerpo, dentro de su cuerpo, se estaba generando algo feroz y maligno. Aquellos eran los primeros síntomas de algo, quizás, definitivo. Tampoco esta vez dijo nada a Nadiuska. Pero optó por visitar a otro médico.
No debía ser muy confiable el primero al que había acudido si no había podido detectar aquella enfermedad que le roía las entrañas. ¿O la había detectado? ¿O la había detectado y no se lo había dicho?.
Optó por no repetir el error y eligió un nuevo profesional.
El clínico lo sometió a una prolija y exhaustiva revisación, tras lo cual, hizo un gesto aprobatorio con la cabeza y dio unas palmadas en la espalda de Joshep.
—Está usted muy bien, amigo —le dijo.
Pero aquello no conformó a Joshep. O bien todos los médicos eran unos incapaces o aquello se trataba de una confabulación para no revelarle un secreto espantoso. No vaciló, entonces. Con manos temblorosas rebuscó en su patilla derecha y mostró al médico los dos cabellos blancos.
—¿Y esto, doctor? —preguntó, desafiante. El hombre sonrió.
—Es el tiempo —dijo, sin dejar de acomodar sus papeles.
Joshep se marchó, confuso. Pero llegó a la conclusión de que, tal vez, se estaba torturando inútilmente con ideas pesimistas. Procuraría olvidar y abocarse de lleno a su trabajo.
No obstante, no pudo evitar el hecho de vigilar cada gesto, cada detalle mínimo del comportamiento de Nadiuska. Pero ella se veía jovial y animosa como siempre. Eso ayudó a Joshep a olvidar un tanto su angustia.
Hasta una tarde, en su laboratorio, cuando Joshep reparó imprevistamente en su mano derecha. Estaba haciendo anotaciones en un cuaderno, cuando sus ojos, sin quererlo, repararon en el dorso de su mano diestra. Fue para Joshep lo mismo que hallarse, de repente, frente a una araña peligrosa. Soltó el lápiz y agitó el brazo por el aire, como intentando que esa mano se desprendiese del cuerpo. Tardó unos segundos antes de comprender que aquella extremidad era su propia mano. Corrió a encerrarse en el baño, empapado en transpiración, y ante la sorpresa de Igor, su ayudante. Allí, en el pequeño recinto, atrapó la muñeca de su mano derecha con la izquierda y la puso frente a sus ojos, por el dorso. Vio, con horror, una piel ajada y con protuberancias. Unos dedos nudosos y faltos de flexibilidad. Algunas pequeñas manchas oscuras, el relieve nítido de las venas y los músculos endurecidos. Adivinó, también, la estructura ósea que moraba allí abajo, como puede adivinarse la sombra estremecedora de un pez maligno que se acerca a la superficie del agua. Soltó su brazo derecho y observó entonces el dorso de su mano izquierda. El mismo paisaje se mostró ante sus ojos.
Debió permanecer quince minutos en el pequeño baño antes de restablecerse, apoyado sobre los fríos azulejos de una de las paredes. Salió, aniquilado. Los síntomas eran inequívocos. Y nadie había podido detectarlos. Al parecer se trataba de una afección que no se manifestaba a los ojos de los demás. Un mal que incluía la tortura de ser sólo percibido por el sufriente.
Cuando llegó a su casa y notó el cansancio que le producía el simple acto de subir por la escalera, comprendió que no le diría nada a Nadiuska.
Después de todo, el proceso, si bien era inflexible, no era veloz. Entonces ¿para qué preocuparla?

Nota del Editor —Este cuento de Jan Prokopvich Chliapnikov fue, en cierta forma, una premonición sobre su propia vida. El galardonado escritor soviético murió también a los 83 años, víctima de una enfermedad desconocida.

*Incluido en NO SE SI HE SIDO CLARO Y OTROS CUENTOS
EDICIONES DE LA FLOR. 1985

HOY ME VESTIRÉ DE SOL*

Hoy, me vestiré de sol.

Pondré delfines en mi oceánica boca.
Beberé agua de la piedra.
Escucharé mis voces de madera garganta.
Orinaré de pié
Me bañare desnuda en el río Cefiso
Romperé la escarcha de los sueños.
Me hartaré de verde.
Miraré el espejo de mi lengua.
No esperaré.
Levitaré en soledad por el laberinto de mis huesos.
Seré araña topo gato murciélago lombriz.
Me pondré en el ombligo un tallo de narciso.

Hoy, me vestiré de sol.

*De Amelia Arellano. amelia.arellano@yahoo.com.ar

“COSECHARÁS TU SIEMBRA”*

La violencia se instala en toda la escala zoológica, a partir del crecimiento de las facultades que generan el desarrollo de la vida, y en la unidad humana, es el elemento vital para convivir ya sea en solitario o
grupal, desde las más primitivas organizaciones tribales a las más modernas civilizaciones, aún en aquellas favorecidas por los sentimientos religiosos más humanistas.
La condición humana hace que los físicamente más fuertes, cuya formación mental se desarrolló en marcos de violencia de cualquier tipo, son los seres más violentos y cobardes, porque sus sentimientos de rebeldía se han transformado en resentimientos mezquinos.
En todos los sistemas sociales, ya sean primitivos, bíblicos, paganos, fundamentalistas u occidentales y cristianos, el sentido conservador tiene dos caminos, o el de la “pasividad de los mansos frente a las agresiones de cualquier signo” que también es una forma de violencia, o la agresividad manifiesta disfrazada de caricia, que el “Sistema” con hipocresía, admira como legítimo. Por lo tanto lo más a mano para descargar el “machismo socialmente aceptado” es la mujer más cercana en la vida cotidiana, que tan pronto puede ser amada y glorificada y un momento después maldecida y golpeada.
Por eso el hombre golpeador y la mujer colaboracionista, son la manifiesta consecuencia de la violencia, que los límites del orden instalan en la formación de seres, cuando el inicio de sus vidas estuvo signado por el mal trato, y no me refiero solo a los sectores marginados.
Porque el hombre que maltrata a mujeres y niños, que viola, o los encadenan, o los golpea a veces hasta la muerte, no solo está maltratando a esas mujeres y niños, sobretodo está golpeando y violando una sociedad, que fue la creadora de ese humanoide, en el que se refleja, como en el retrato de Dorían Grey, lo más asqueroso del sistema social. Entonces la sociedad toda, hasta los que lo pueden estar haciendo en este momento, llorarán sinceras lágrimas momentáneas, y odiaran a los malditos y los castigarán con saña, y se rasgarán las vestiduras, mientras el hecho se mantenga en la primera plana de la prensa o hasta que otro hecho trágico ocupe su lugar, o como veleta corra tras el suicidio, casamiento o declaración pública de su homo sexualidad de alguna escandalosa estrella de la farándula, pero en realidad, aunque su hipocresía no se lo deje ver, el “Sistema” se está enjuiciando a sí mismo.
Pienso que de todas maneras hay que seguir por los que todavía no han llegado al punto final de su degradación, pero el lado positivo de la organización social debe tratar de salvarlos, sincerándose y asumiendo sus lacras. Solo así podremos desterrar del conjunto comunitario lo más aberrante de las conductas de la condición humana.
La violencia comienza a formar parte de la unidad humana en la más tierna infancia, cuando se pretende manejar las conductas del infante con la cultura del miedo, usando las promesas de castigo más o menos encubiertos.
“Si no te portas bien viene el Cuco y…”, ” si no te duermes pronto… “, tal cosa, “si no tomas la sopa…” tal otra, “en la oscuridad está el maligno”, podrás ser castigado, por las autoridades reales o imaginarias, Dioses, leyes, etc. etc. por hacer o no hacer tales y cuales cosas.
En las tiernas mentes se formaban distintas imágenes del “cuco” y de toda la galería de “malignos”, que podían ser monstruos espantosos y agresivos, capaces de lastimarnos o matarnos, lo que abría en nuestras mentes un espacio donde almacenar los miedos, que de allí en adelante nos acompañaran
hasta el fin de nuestros días.
Se trataba de imponer la obediencia y las “buenas conductas” con la ayuda de brujas, ogros, madrastras, demonios y otras estupideces propias de las debilidades de épocas no muy lejanas, y que hoy enormes masas de personas mayores en todo el mundo cargan con esas desnaturalizadas formaciones, que en muchos casos aún las están trasmitiendo.
Las penitencias, los golpes, los gritos y la imposición de la disciplina por medio de castigos, ya sean físicos, psicológicos o morales crean niños temerosos y el temor es el generador de las violencias más brutales.
Las normas en sus más diversas formas de imponerlas, ya sean brutales, sutiles, o sociales reguladores del ordenamiento de los derechos y deberes, para hacer de la convivencia algo más o menos llevadero, solo se puede resolver a través de castigos, o premios, como formas de afirmar el equilibrio de las conductas sociales, pero también puede ser de muy justo proceder, el no premiar el cumplimiento de deberes y obligaciones, pero sí castigar el incumplimiento.
Generalmente se cree que la imagen del violento impone cierto respeto, o por lo menos desalienta en otros, cualquier intención de enfrentamiento, porque es bien sabido que usando el sentido común se evita conflictos innecesarios, porque siempre en un “super macho” se esconde a un necio.
Porque los violentos son personas incapaces de manejar conductas que no impongan temores, por eso al mediocre, porque el violento siempre es un mediocre, la cultura de la imagen de “malo” le hace creer que jerarquiza su persona, porque la pasividad de los “buenos” se los facilita y les hace creer que es legítimo como medio de llegar a sus objetivos.
La violencia ciudadana es palpable en la calle, en el ómnibus, en el cine, en la televisión y salvo honrosas excepciones, el conductor de cualquier vehículo en un instante, puede transformarse en un violento.
También en cualquier oficina pública si no se tiene un amigo, y siempre que se vaya a hacer uso de un servicio al que se tiene derecho, es probable que se reciba un trato que despertará pequeñas molestias que por repetidas activan reacciones incómodas, porque el ejemplar que debe atender con
corrección, está resentido por el bajo sueldo y los problemas económicos, por tantas y tantas postergaciones, porque tiene problemas con su pareja, y/o con su familia, porque tiene frustraciones sexuales y sus aspiraciones vivénciales no tienen adecuadas repuestas.
La violencia está establecida en todos los “No” y en las obligaciones adquiridas que de no cumplirse generarán sanciones. Los límites cuando no se ajustan a justicia pueden llegar a ser muy violentos y las humillaciones, ya de por sí violentas, generan en las víctimas, reacciones aún más violentas.
La violencia física y primaria, a veces es menos cruel, que la violencia de la ostentación arrogante de los bienes de quienes poseen poderes económicos, físicos, intelectuales o jerárquicos, aunque no los usen para el sometimiento, son por lo menos la parte inmoral de la violencia intangible y que para conservar su existir, se deben proteger con adecuadas medidas, porque la seguridad no es otra cosa que el derecho, ante cualquier desajuste, de responder con algunas de las variadas formas de violencias, según el caso y las circunstancias.
Esto plantea una gran interrogante:
¿Puede ser que el respeto a los derechos de las personas y de los pueblos, de la dignidad y la justicia social, siempre tengan que exigirse con amenazas de violencia.?
Y la repuesta aparece ya en los más primitivos grupos tribales, cuya primera tarea era formar grupos de defensa que a través de los siglos y siglos ha evolucionado hasta llegar a las civilizaciones más avanzadas donde se destinan el porcentaje más importantes de sus recursos a la formación y el
mantenimiento de los más formidables ejércitos, que cuando no tienen de que defenderse, no encuentran mejor acción que atacar o invadir en nombre de cualquier filosofía hueca.
Los millones de guerras, pequeñas o gigantescas en todo el planeta, desde que el hombre se afincó en él, son el testimonio viviente de que la violencia es la herramienta de más fácil acceso, primitiva o moderna, para corregir injusticias y crear otras, para buscar justificaciones para las formas de hacer respetar los “derechos” de unos y la concreción de ambiciones legítimas y también de las ilegítimas, pero a pesar de que los resultados siempre fueron negativos para todas las partes, no se ha podido encontrar formas, aunque se hayan ensayado millones, que zanjen las diferencias sin recurrir al doloroso método de agresiones y defensas.
Es una utopía pensar que se puede eliminar del hombre la violencia, nunca se podrá porque ella está instalada en naturaleza humana y por donde el hombre camine siempre va sembrando y recibiendo agresiones, tanto de la regulación de la convivencia social y familiar, como de los elementos naturales, de los animales, de la tierra misma, y también del tiempo que al pasar le deteriora y envejece los órganos vitales, la psiquis, la mente y el espíritu.
El cansancio de todo, hace al hombre más agresivo de lo que por naturaleza ya es, y cuando no puede alcanzar en tiempo y forma las metas propuestas, se acentúan los desajustes de los mecanismos que manejan las conductas, y por lo tanto se torna difícil su control y en consecuencia como es natural, las
emisiones de cualquier índole tienen efecto espejo, pero sucede que cuando alcanza las metas propuestas, para conservarlas y/o acrecentarlas debe usar la violencia para defenderlas del acecho de los menos afortunados.
En esto de la violencia hay un axioma y un teorema, el axioma es que la violencia existe y no es necesario demostrarlo, y un teorema que dice que sí, que se puede disminuir lo exacerbado de la agresividad, porque por ejemplo, no cabe en ninguna lógica que cuando el hombre va a divertirse, es cuando se torna más agresivo y violento, lo que le impide concretar el objetivo, que era ser feliz, ya sea en un baile, en un partido de fútbol, o en cualquier clase de festejo, y vaya a saber porque extraña fusión química,
la emoción del gozo enciende la luz de la alerta como que hay que defenderse de la alegría de los demás.
Borges decía que: “El hombre goza más con el fracaso de los demás que con el triunfo propio”, y Oscar Wilde sarcásticamente decía que: “La violencia del hombre llega a tal punto que no le basta con ser feliz, es necesario también ver que los demás son desgraciados”.
En el lado oscuro del corazón viven estas mezquindades, que cuando el hombre pierde el control de su equilibrio emocional, salen en tropel difícil de controlar, porque la violencia ha entrado en nuestras vidas y en el hogar desde la más tierna infancia con los informativos, los titulares de prensa, cine y sobre todo con la televisión, el fútbol y casi todos los divertimentos, inclusos en los cuentos infantiles, como Blanca Nieves, Caperucita, Hansel y Gretel, Pulgarcito, etc. etc. .
La violencia es la vedette estrella de la TV y de la “Gran Prensa” genera estupenda ventas de diarios y el “reitin” favorece la venta de publicidad, porque la violencia que los diversos informativos nos dicen de las matanzas entre Judíos y Palestinos, entre yanquis e Irakíes, los Haitianos y los africanos que mueren como moscas, de hambre, de enfermedades y sobre todo por la ayuda del “Imperio”, que les envía armas en vez de alimentos y medicinas con la bendición de las Naciones Unidas, y además de todos los condenados de la tierra ya sea por hambre, guerras o desastres naturales, que nuestros informativitas dicen con acento de falsos pesares.
Mientras haya noticias conmovedoras de los desastres mundiales, y “productores”, escritores y “genios” del espectáculo, que dirijan a modelos y “artistas” escandalosas mostradoras de culos y digan estupideces, porque su mente es muy pequeña con relación a sus culos y tetas, la vida social de la ciudad seguirá embruteciéndose, aunque los predicadores de todas las iglesias, aúllen repitiendo el utópico eslogan de “Paz y Pan para el Amor”.

*de Gabriel Segovia lebriga32@hotmail.com

De Jaulas y peceras*

Hay mediooo millóon de pesoooss, Pregona Susana Giménez que ya esta en su temporada de cosecha anual. Esta discando, hay gente que espera el resultado de su lotería televisiva.

¿La casa es honesta? Le deberían preguntar como a Humphrey en Casablanca.

Pero no, parece que no tiene sentido cuestionar a la TV, ni a sus “productos”.

Quisiera escribir. Pero no, no me sale.

Debe ser esa angustia antigua que no se relaciona bien con el mundo que resuelve afuera, -en otro lado- las cosas con cultura de inmediatez.

¿Es más terrible ver la televisión ó caminar viendo las imágenes del barrio en el que vivo?

Ver, por ejemplo, a los viejos sentados del otro lado de las rejas, toman fresco enrejados.

Del otro lado de la reja se murió días atrás un viejo gallego que en sus años de hombre fuerte hacia la quinta en el terreno de al lado, antes de que fuera una casa, cuando había un alambrado de mi casa a la quinta. Allí estaba, cerrado y sin ayuda, muriendo solito, sentado en una silla, adentro de esa jaula del miedo que son hoy las casas de la gente.

O, es mi madre llegando de los mandados de la mañana con historias de la gente a la que encuentra en el camino al mercadito. Una cuadra de ida y vuelta. Esta quien se va a Italia con hija y nietos. O, quien sale todas las mañanas a hacer mandados para sus vecinos a cambio de monedas.

O esa abuela flaquita de casi 80 años que hace un rato toco el timbre con un chango cargado de detergente, lavandina y productos de limpieza y recorre casa por casa tratando de vender algo para comer. Hay mucha desesperación más allá del sillón donde sienta las asentaderas de gente exitosa.

Allí esta Susana en su jaula de oro o de cristal. Ella no toca timbres para vender y ganarse un bocado de pan en la mesa. No, la esperan sentados al lado del teléfono, viendo a perros de los famosos en el laberinto. Grandes peceras de cristal con blancas cartas esperan su mano mágica de azar.

-Del año 2005-

*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

Correo:

abremate-Universidad de Lanús: Se descubrió la mentira?*

¿Recuerdan? Seis docentes despedidos de la Universidad Nacional de Lanús por la Rectora Ana María Jaramillo, tras denunciar que el Director del Museo abremate, Carlos Alberto Petignat, se apropiaba ilegalmente de dineros públicos. Como consecuencia, a partir de fines de 2005, la UNLa se vio obligada a iniciar una investigación que pese a los intentos por ocultar y tergiversar los hechos, puso en evidencia una serie de irregularidades. Por nuestra parte, remitimos cartas y documentación al entonces Presidente de la Nación Néstor Kirchner, al Ministro de Educación Daniel Filmus, a la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, a la Fiscalía de Investigaciones Tributarias. Enviamos y recibimos cientos de correos electrónicos y fuimos a los medios (aunque sin resultados en los grandes).

¿Pero cuál es la gran novedad en este momento?
A fines del 2006 la Dirección de Asuntos Jurídicos de la UNLa, nos citó a ratificar la denuncia. En nuestra presentación, y asesorados por el Dr. León “Toto” Zimerman, pretendimos entregar un escrito ampliatorio de dicha denuncia, pero en la UNLa nos esperaban con un interrogatorio que era parte
de un dispositivo de intimidación vergonzante. En esas condiciones, nos negamos a participar de esa farsa, y como resultado, un triste mandadero de las autoridades, el abogado Gabriel Talco, presentó en una Fiscalía de Lomas de Zamora una denuncia contra uno de nosotros, el profesor Ladislao Roth, a
quien acusó de “impedir que un Funcionario Público cumpla con sus funciones” (Art. 241, Inc. b del Codigo Penal). Con las declaraciones posteriores del testigo, profesor Carlos Trapani, y del propio acusado, quedó claramente demostrada la maniobra de la UNLa tendiente a invertir los términos de la
denuncia, esto es, desviar el eje de la investigación de la malversacion de fondos y acusar a los denunciantes.
En el mes de Mayo del corriente año el Profesor Ladislao Roth fue sobreseído en esta causa por el Juez Ferreiro Pella del Juzgado Federal Nº2 de Lomas de Zamora. En virtud de las nuevas pruebas aportadas, hoy la Fiscal Subrogante Elizabeth Karina López, de la Fiscalía Nº1 de Lomas de Zamora, tiene en sus manos la posibilidad de iniciar una nueva causa, ahora sí contra la UNLa, por Malversación de Fondos Públicos.
Hasta acá, una primera victoria: ¡demostramos ante la Justicia que las autoridades de la UNLa mienten! Una gran satisfacción para este grupo de docentes que se resistieron a ser cómplices de una de las tantas estafas al Estado, en este caso, en el ámbito de una Universidad Pública. Un grupo de docentes que está convencido de que el Sistema Educativo Estatal, prestigioso en otras épocas, debe estar nuevamente al servicio de la sociedad y no de los negociados de funcionarios inescrupulosos.

Y ahora ¿Cómo seguimos?
En principio, les agradecemos a todos los que colaboraron con nosotros y una vez más les solicitamos -hoy con más fuerzas que nunca- que reenvíen este correo a sus contactos, a los medios, a las organizaciones que consideren pertinentes, y que se mantengan en contacto con nosotros porque esto aún no ha terminado.
Vamos a insistir en que se realice una investigación profunda de nuestras denuncias y que las acciones de Carlos Petignat y sus cómplices (los cuales siguen todos en la UNLa) sean juzgadas. Sabemos que no será fácil, pero es lo que corresponde y es la única manera de que el actual estado de sospecha, a partir de los evidentes abusos e irregularidades cometidos en la UNLa, se resuelva definitivamente. Y por qué no, que sirva como ejemplo para tantos otros organismos donde estos mismos mecanismos perversos vienen
repitiéndose.

Un afectuoso saludo,
*Orientadores de abremate

PD: Para comunicarse con nosotros cuentan con los siguientes correos electrónicos:
orientadores_de_abremate@yahoo.com.ar
ladiroth@hotmail.com
carlosdelanus@yahoo.com.ar
o al teléfono: 011-4225-1727 (profesor Ladislao Roth)

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 20 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores Cesar Guerra Peixe, Marta García Renart, Carlos A Vázquez und Mariza Rezende. Las poesías que leeremos pertenecen a Jorge Mendoza Castaño
(Colombia) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes).

¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

EL MINUTO POR UN INSTANTE…

La elefanta*

Aún no sabía como se había presentado voluntario pero ahí estaba, en el centro de la pista del Circo Plumkier, escoltado por una señorita en mallas, un domador con libreta roja y seis enormes elefantes.

Sin apenas darse cuenta y con la ayuda de aquella belleza sonriente, se encontró tumbado sobre una manta con la cabeza apoyada en el suelo. “Usted tranquilo que lo hacemos todos los días” susurró mientras el domador acercaba al proboscidio más grande.

“Ahora, pedimos la colaboración del público para que guarde mucho silencio, ya que el número que vamos a realizar es sumamente peligroso y cualquier ruido podría atentar contra la vida del artista” retumbaban los altavoces dando emoción al espectáculo.

Mamuta, la elefanta de más de seis toneladas, se acercó conducida por el señor del látigo y siguiendo sus instrucciones, alzó la pata delantera derecha y la puso delicadamente sobre mi cabeza. Debo reconocer que no tuve miedo hasta que vi a mi mujer en nuestras localidades de la primera fila a punto de estornudar.
El crujido me impidió escuchar el estornudo, pero recuerdo que pensé en lo raro que era que estornudara sin estar resfriada.

*de Joan Mateu. joan@cimat.es

EL MINUTO POR UN INSTANTE…

ANOCHECER DE GIRASOLES NEGROS*

I GÉNESIS

Lecho y cielo de piedra.

Mirra. Sándalo Incienso.

Aguay lluvia

Toc-toc-

¿Quién es? El sol

Girasoles!!!!!!!! Amarillos. Rojos Púrpura.

Goce, tallo y semilla se inclinan reverentes.

Tres soles y la tierra los reciben.

II CONQUISTA I

Viracocha esta triste ¿que tendrá Viracocha?

Los tres soles girando ¿Adonde Irán los soles?

El cuarto sol… oscuro alumbramiento

de girasoles negros, en el sol en la luna, en el cielo en la tierra

Toc-toc

¿Quién es? El pícaro portugués

Por la otra puerta que por esta no es

Agua. Tierra!!!!!!

“La princesa esta triste ¿que tendrá la princesa?

Ha perdido la risa ha perdido el color”

“Poncio Pilato las bolas te ato “

Si no me das joyas no te desato

Cuatro soles alumbran el despojo de América.

Lunas de pluma y plata .Un cielo de turquesas.

Alfombra de girasoles rojos

CONQUISTA II

Una rosa de sílice. Arena y agua.

Encerrada en la mezquita trasparente.

Cerrazón. Herrajes acoplados.

Las rejas no se ven pero se escuchan.

Entre las redes entramadas. Busco

El nudo de la telaraña azul del miedo.

Es la primera noche,

Talvez la última.

Quiero escapar

El tenebroso amor del carcelero

Se refleja como sombra siniestra en mi ventana.

Asoman azoradas las hilachas de girasoles negros.

Los golpes en las rejas invisibles

son tan duros tan duros, ay tan duros

como la argamasa del amor y el odio.

Quiero escapar, en mi barco de papel

en el cometa con cola de ratón

o en la parsimoniosa baba del caracol errante

Otra vez la masacre.

Exterminio. Alfombras de girasoles negros.

Genocidio. En masa. Uno a uno caen los girasoles negros

Chorros de sangre. “nanas de la cebolla”

Percepciones negadas, burladas, cercenadas.

Ay como duelen los invisible golpes.

Hay que mojar las toallas

Que no queden huellas, que solo muera el alma

ESPERA

Quiero escapar…

Me aletargo en el patio central de la mezquita

Y ronroneo como un gato al sol de un crudo invierno.

Esta es la última noche,

talvez la primera

Comienzo de nuevo a desandar la telaraña azul del miedo

Elijo de nuevo la sombra siniestra

del tenebroso amor del carcelero.

Amor, amor no temas a las sombras de la noche

A lo lejos, muy lejos verde de girasoles y otra espera.

*De Amelia Arellano. amelia.arellano@yahoo.com.ar

*

Ella dice:
«la luna acaricia el alma
de los demonios».

Si
el mundo
es un lento simulacro de sí mismo,
no le importa.

Levantará un rascacielos
de sal
en el centro
del
silencio.

Vivirá libre.

*de Carlos Cuccaro carloscuccaro68@yahoo.com.ar

*

Despierta, con las pestañas anudadas al cansancio, esperó conocer la sentencia que dividiría las aguas.
Cuando comenzó a cantar y contar la lluvia, el cielo se puso grande, se apagó el silencio treinta y seis segundos que fueron treinta y siete y se dividieron las aguas.

*de Ana Lia Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar

El minuto por un instante‏*

Era un minuto tan intenso, tan bello, que quería acapararlo para siempre.
En ese instante voraz deseaba apropiarme de los de perfiles de la seguridad. Presagiaba que iba a volar a terceros, como así “debe ser”. Pero quería quedarme con esa sensación de frescura y plenitud. Qué egoísta me sentí.
Como en una burbuja de las historietas, tenía secuestrado a ese minuto tan dulce, tan tierno. No deseaba que se disipara de mí.

*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@hotmail.com

LA AMISTAD EN EL PLANETA LEJANO*

“Ellos vivían en un lejano planeta, en comarcas muy distintas y distantes; bajo las luces de dos grandes soles refulgentes que hacían que hubiera una noche cada dos días, y las sombras se cruzaban entre ellas. En ese mundo a veces había dos atardeceres, o dos amaneceres en un mismo día, y a veces hasta un amanecer y un atardecer al mismo tiempo; y de tanto en tanto eclipses entre los mismos soles, o entre las lunas, o mezclados, en una espectacular orgía celestial. Había seis lunas, y la gente era o muy lunática o bien muy romántica.
En ese entorno la locura de ellos eran una normalidad; ser amigos durante siglos y nunca llegar a conocerse.
No se conocieron porque temían decepcionarse entre sí.
Temían ser especies distintas, como reptiles y aves, o siendo incompatibles, o enemigos, y terminar comiéndose entre ellos, como los animales salvajes que poblaban las selvas extensas que aún quedaban, después de la última glaciación y el reciente recalentamiento global; que venían una y otra vez después del gran cataclismo que provocó la caída de la luna mayor, que hizo rotar al planeta al revés durante varios siglos.
La gente primero se volvió loca, y luego moría aparentemente sin motivo. Murieron casi todos. Quienes quedaron se temían unos a otros, y se fueron retirando a lo más profundo de esas selvas húmedas y oscuras. Los animales salvajes proliferaron y se fueron adueñando de lo que quedaba del mundo. La naturaleza cubrió rápidamente de leñosas enredaderas, plantas gigantescas y marañas espinosas, todos los signos de las grandes obras de la antigua civilización. Llovía a torrentes con
aterradoras tormentas casi todos los días y los arroyos se hicieron ríos y los ríos verdaderos mares.
Sobrevivir fue un verdadero milagro.
Pero ellos siguieron siendo amigos; aun que no se conocieron nunca.
Dentro de poco, en este mes, en aquel planeta tan soleado y lunático; perdura la antiquísima tradición de celebrar el día del amigo.
Espero que ellos sigan siéndolo”.

*De Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda, S.Fe; 19/07/08

Carta Póstuma*

En memoria de Juan Rulfo,
Y al estilo de su “Pedro Páramo”

Querido amigo, te digo así porque te fuiste siéndolo, lo fuiste y así será por este tiempo. No se ha de extrañar la vida como a un amigo, aunque sigue siendo la misma: Siempre tan impredecible.

Sabes, acá las cosas en realidad no han cambiado: el Sol sale y se esconde aún por los mismos sitios, y yo lo observo de vez en cuando aquí acostado, tú lo debes saber bien que llevas tiempo aquí tirado… Aún sigue el olor a tierra mojada y ese sabor que solo la buena lluvia sabe dar al campo, que cuando uno habla parece metérsele entre los dientes, pero de eso debes saber más tú, que llevas tiempo aquí enterrado.

Anoche pasé frente de ti, te saludé de lejos y me detuve para ver si respondías: No lo hiciste… Al principio creí que estuvieras enojado, después entendí que no debo malinterpretar tu silencio, que se trata solo de eso, que solo es que sigues sepultado. Por eso me dije que las cosas aquí no han cambiado: la lluvia sigue cayendo del mismo modo, a veces tanto que aunque uno no se mueva se moja por todos lados, pero eso tú lo debes saber mejor que yo, pues llevas tiempo así acomodado.

La sopa se sigue sirviendo en tu plato, las “mañanitas” aún se cantan en tu cumpleaños… Y cuando el frío llega en invierno, hasta te espero con tu cobija, a veces toda la noche, despierto y sintiendo cómo se me congelan los huesos, aunque de eso tú debes saber más que yo, que llevas tiempo siendo huesos.

Por eso estoy ahora aquí a tu lado, porque las cosas aún no han cambiado: te dejo recados con tus vecinos, me paso las horas hablando contigo… Hasta he dejado mi número telefónico anotado aquí en tu lápida, junto al “Descanse en Paz” y hasta el momento no has respondido… Por eso ahora escribo para asegurarme recibas mi saludo, que te fuiste sin despedir, y espero te comuniques conmigo. Es solo que no se ha de extrañar la vida como se ha de extrañar a un amigo… Aunque aún no sé si el correo llegue allá abajo, me despido.

*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com
… Porque no solo de Pan Vive el Hombre… Sino de Sueños y Esperanzas…

LA CLAVE NIPONA

*de ROBERTO FONTANARROSA

Acallados los fragores de la Segunda Guerra, comenzaron a tomar conocimiento público diversas versiones demostrativas de que el feroz ataque a Pearl Harbour, se hubiese podido evitar.
Desde aquellos que afirman que dos meses antes del traidor golpe japonés la base norteamericana estaba a punto de cerrarse para ser convertida en un gigantesco parque de diversiones, hasta la versión que sostiene que una semana antes del fatídico domingo 7 de diciembre de 1941 estaba a la firma del presidente Roosevelt el proyecto de vender los predios de Pearl Harbour al consorcio de las hamburguesas Mc Donald, han desfilado innumerables suposiciones que atribuyeron a la fatalidad o a la desidia, el escarnio que sufrió la flota americana aquella trágica madrugada.
Pero recién en estos días sale a la luz el resultado de los prolijos estudios llevados a cabo durante cuatro décadas por el científico holandés Théodore Leendert, apasionado por el suceso bélico, quizás debido a que uno de sus hijos (para ser más precisos, el tercero) lleva el nombre de Pearl.
A continuación, pasamos a las conclusiones de Leendert, publicadas el 8 de junio del actual año, en el periódico “Chicago Voice” de Boston, dentro del suplemento familiar que, todos los domingos, este medio dedica al rubro “Catástrofes”.

El Ministerio de Marina, bajo la tutela del almirante Frank Knok, conocía, a los siete días del mes de marzo de 1941, la clave empleada por la marina imperial nipona. Se había dilucidado algo fundamental: cada letra que conformaba una palabra irradiada tenía su correspondencia en un número. La suma de los números que totalizaban una palabra daba la ubicación de una nueva palabra en un libro cualquiera, elegido al azar por el alto mando japonés.
Para el espionaje yanqui, este logro revestía una importancia vital, ya que alcanzarlo le había sido sumamente engorroso. Desde los comienzos de la guerra ruso-japonesa (1904-1905), se había empecinado el almirantazgo americano en descifrar los mensajes nipones, sin éxito.
Ese afán lo llevó a escrutar minuciosamente la guerra austro-húngara, incluso sin que hasta el día de hoy pueda entenderse tal desvelo.
Durante casi una década sus estudiosos en hermenéutica estuvieron descifrando, tomando anotaciones y fatigando una clave que, al final, descubrieron, pertenecía a la flota pesquera coreana y no a los japoneses. Llegaron a tal conclusión al descubrir, por casualidad, que “Chin-tien” significaba “atún” y no “destróyer”.
Pero tal vez el recuerdo de ese mismo traspié dio al Centro de Inteligencia Naval, casi una década luego, la punta del ovillo para conseguir la clave de las naves del Sol Naciente, poco tiempo antes de que los Estados Unidos fuesen impelidos a entrar de lleno en la Segunda Gran Guerra.
No se debió el éxito a ninguno de los cerebros más relevantes de los Servicios de Inteligencia, sino a Grover B. Hayes, natural de Delaware y cocinero de la dotación del buque patrulla “Here we go II”. Hacía tiempo que el espionaje yanqui había llegado, al menos, a una conclusión importante dentro del desaliento y la confusión que lo atenaceaban: la clave japonesa naval estaba relacionada con un libro de la propia literatura nipona. Aquella precisión se obtuvo tras haber detectado varios mensajes emanados desde el buque-escuela “Hideiyoshi Makura”, en los cuales el telegrafista acotaba tras cada frase: “página 8″ o “página 27″ o bien “Prólogo”. La duda cundió entre los especialistas americanos cuando cayeron en la cuenta que el “Hideiyoshi Makura” no sólo era un buque-escuela, sino que era de escuela primaria e incluso hacía las veces de jardín de infantes, cosa que estaba en consonancia con el significado de su nombre: “Dragoncito Picarón” en japonés. Eso hizo pensar a los marinos de Husband E. Kimmel que los mensajes sólo podrían encerrar consignas elementales como “El samurai me ama”, “El perro come el arroz” o nimiedades semejantes.
La duda vino a ser despejada por el ya citado cocinero Grover B. Hayes, quien afirmó, ante el reunido alto mando naval aliado, que el libro sobre el cual se descifraba la clave interceptada no era otro que “Cocina nipona para principiantes”, del monje budista y maestro repostero Togukawa Okuma.
Hayes, contrito, confesó que él estaba al tanto de dicho detalle desde hacía cuatro años, ya que solía incluir en sus comidas algunas especies recetadas por Okuma, pero que no lo había expuesto ante sus superiores temeroso de ser acusado de simpatizar con el enemigo.
De cualquier manera, el aporte de Hayes (quien fue ascendido a Cocinero Alférez en la prisión militar de Promontory, Utah) tranquilizó al Superior Comando de Asuntos Marítimos, ya que, desde el momento en que habían olfateado que el dilema podía hallar su solución en la literatura nipona, habían estado analizando a fondo toda la obra de Pearl S. Buck, hasta caer en la cuenta de que dicha autora, a pesar de escribir asiduamente sobre las costumbres orientales (chinas, para ser más exactos) era norteamericana.
A partir de este hallazgo y durante casi dos años, la marina norteamericana logró mantener un prudencial control sobre los mensajes cruzados por los navios japoneses, ya éstos en operaciones bélicas. Pero el 3 de octubre de 1941, el almirante Nimitz fue notificado de que los nipones habían cambiado la clave. El Servicio de Prevención Costera había llegado a esa comprobación debido a dos hechos, uno de ellos fortuito: por un lado, la infidencia de un residente japonés radicado en San Francisco, quien propaló la noticia a grito vivo en un local de Burger King adonde se había puesto en total estado de ebriedad al mezclar una bebida cola con “Doctor Pepper”; y por otro, el simple hecho práctico de que en los mensajes interceptados no se entendía absolutamente nada.
Esto perturbó al Comando Estratégico de Operaciones Navales, el que se abocó, de inmediato, a conseguir la nueva clave de la flota de Yamamoto. Como si esto no fuese suficiente, algo más sumó nueva preocupación al ya inquieto Estado Mayor americano: había vestigios, indicios, rumores, de que algo grave estaba por abatirse sobre alguna de las más importantes bases navales yanquis. Desde Hawaii, por ejemplo, se había copiado un radiograma del teniente Calvin K. Polk, donde informaba, entre otros datos: “. . . las gallinas mantienen una conducta extraña. Se ocultan bajo los blindados anfibios, picotean las cargas de profundidad y se la pasan observando el cielo. Los perros se ven inquietos y desasosegados, aullando lúgubremente sin razón aparente. Los pájaros se han retirado desde hace días y las cabras insisten en comerse los carteles indicadores del asentamiento de submarinos”.
Mientras algunos observadores atribuían tales señales a la tal vez próxima amenaza del tifón María Elena de los Angeles, los investigadores del Centro de Inteligencia Naval se zambulleron de cabeza sobre las pocas pistas que permitirían alcanzar la flamante clave japonesa.
Y el 28 de octubre de 1941 (a sólo 25 días del cambio de clave) lo consiguieron. Nuevamente gracias a una infidencia y nuevamente debido al residente japonés que volvió a embriagarse, esta vez con cereales Quaker fermentados. El nuevo libro en donde se basaba la clave japonesa era un compendio de poemas de Taisho Satsuma, mandarín de Sapporo, titulado: “La grulla me mira y no sé qué quiere”.
No tuvo el Alto Mando casi tiempo de abocarse a estudiar el nuevo sistema cuando una noticia sacudió sus cuadros. La boya espía N-82 “Unsinkable Inkstand III”, flotante en aguas del Pacífico cercanas a las islas Marianas, había interceptado un mensaje cifrado. De inmediato la boya radió el descubrimiento al portaaviones “Enterprise”, desde donde también detectaron el mensaje que salía al aire, matemáticamente, cada cinco minutos y decía así: “El día domingo 8 de diciembre (1) de 1941, a las 07 de la mañana, atacaremos la base norteamericana de Pearl Harbour y la haremos benkei-go(2)”.
Febrilmente, la Inteligencia Naval se lanzó a la intrincada tarea de descifrar el extraño mensaje. Sin duda alguna, encerraba algún comunicado importante y perentorio dado lo obsesivo de su repetición.
Finalmente, a las 2 de la mañana del día 6 de diciembre, los catorce hombres seleccionados para arrancar del libro de Taisho Satsuma la verdadera lectura del misterioso mensaje, habían logrado transcribir un nuevo texto, siguiendo los mecanismos correspondientes. El texto decía así:
El paso
del tigre en la
sombra del lago
triza
el sonido suave de una caña
y
el rostro
de la mujer
de Roosevelt
parece el culo
de un mono
tailandés.
Los componentes del cuerpo investigador comprendieron que se hallaban ante una patraña urdida por la Flota nipona. Era la única posibilidad que explicaba tan directo agravio inmerso en el poema de caprichosa métrica.
Se descartaba estar frente a una edición pirata y falseada del libro de Satsuma. Esa certeza ganó el espíritu de los hombres del Alto Mando. Sólo un detalle permanecía flotando en el desconocimiento.” ¿Cómo era un mono tailandés? Decepcionados y ¿por qué no? ofendidos, los americanos desestimaron el mensaje que, pese a todo, continuó irradiándose desde la Flota japonesa durante aquella noche.
Promediando el día siguiente, la mayor parte de los orgullosos navios de superficie norteamericanos lanzaban llamas y humo hacia el cielo de Pearl Harbour.
El verdadero significado del repetido mensaje nunca fue obtenido.

(1) N. del E.: 8 de diciembre para Japón, según los husos horarios, 7 de diciembre para los EE.UU.
(2) N. del E.: “Benkei-go”: coreanismo intraducibie. Algo relacionado con el excremento humano o animal.

*Incluido en NO SE SI HE SIDO CLARO Y OTROS CUENTOS
EDICIONES DE LA FLOR. 1985

EL LLANERO SOLITARIO*

Al tío Piruco.

Quizá sea por ese pasaje imperceptible que dan las estaciones, en este día, un 21 de junio donde el calendario impone que ya no es otoño. O es, sólo una pequeña brecha de memoria en el olvido que quedo de las estaciones, umbrales difusos de paso lento e irreversible como ese desvestirse hoja a hoja de los
árboles, en su espera latente para crecer fuerte de primavera.
Veo en el cielo un mar frío, cerrado, y me pregunto a donde va a parar tanta gota evaporada en lágrimas, ausencias esperando un ciclo para llover y renacer sobre las cosas y la gente, recordándoles que están vivos. Nada más fuerte que una lluvia fría en el rostro de cara al cielo para abrir
fisuras de recuerdos.
El invierno, ese gran olvido superficial, máscara lábil de los cambios por venir. O lo antiguo retornando en la mascara de nuevos rostros y brotes verdes. Grandes preguntas en un pasaje imperceptible donde muchos ya no están. Hoy me acorde de aquel invierno donde el tío Aldo se despedía poco a poco, entre ahogos por sus pulmones cerrados al aire, diciendo las verdades que le había dejado toda una vida. A mi me dedicó algunas palabras que no supe entender en ese momento. Ese mismo invierno cuando mi hija que ahora galopa en el patio, nació con su cordón umbilical enroscado al cuello como horca del Far West, sana y salva de la asfixia por una providencial cesárea. Allí estoy en la clínica con mi hijo, sentado en la escalera enfrente de la sala de partos. Chaplin y el Pibe, una misma imagen de indefensión ante cada acontecimiento.
- ¿Me vas a comprar la máscara y el traje…?.
Cuando nazca tu hermanita. -le dije.

Estamos en la habitación de la clínica, con la bebe dormida, el nene hace malabares parado en la cama contigua a la de su madre con el disfraz puesto.
Me parece oír ahora y hoy esa pregunta cuando llegamos solos a casa y le dije que iba a cocinar.
¿Vas a hacer comida extraña, papá…?
- No, apenas mezclar pedacitos de recuerdos e incertezas bajo un mismo fuego. (Quisiera responder hoy después de algunos otoños e inviernos, en el fulgor de un atardecer sin velos).

Están todas esas imágenes mezcladas, mientras sigo viendo el galope de mi hija de 4 años en el patio, escucho atentamente y me parece oír el ruido de cascos por debajo del chirrido del secador sobre las baldosas.
Y es otro invierno, lejano, con lamparita de 25 w en el living para gastar poco, me invade olor de la cocina económica mezclado con el tuco. El Berkeley esta encendido en una esquina, sobre la mesa de tres patas con rueditas, y apenas si puedo recordar esas siluetas, surgidas sin duda de la nada, por detrás de una loma, real como pueblo de vaqueros.
Veo a los dos jinetes recortados en ese cielo ceniza permanente de las series en blanco y negro. El más fornido lleva una mascara y monta un caballo blanco. El otro, flaco y ágil, Lleva ropas de indio norteamericano con flecos y costuras a máquina.
Antes de ser El Llanero él era Clayton Moore, nacido bajo el nombre de Jack en un septiembre de 1914, un hábil equilibrista de circo desde los 8 años.
Toro nació en 1919, como el tío Aldo, con el nombre de Harold Smith, fue boxeador y doble de riesgo. Antes de tomar el nombre artístico de Jay Silverheels y ser el indio Tonto para los americanos.
El Llanero y Toro galoparon juntos entre 1949 a 1957. Mientras el tío andaba navegando y mirando horizontes de cielo yéndose al mar.
Luego de terminada la serie ambos siguieron viviendo de sus personajes el resto de sus días, Silverheels haciendo papeles de indio y Moore haciendo giras como El Llanero Solitario, hasta que una compañía dueña de los derechos del personaje para filmar una película le inicio un juicio obligándolo a dejar de usar la mascara y él nombre del Llanero, al que solo pudo recuperar en 1984.

*
Pienso muchas cosas sin poder explicarlas bien, mientras ando, como Llanero sin rumbo en el vértigo de recuerdos que me traspasan.
Serán esas sensaciones absurdas, desprotegidas de cualquier lógica, las que me hacen caminar las calles y solo ver máscaras en los rostros de la gente.
Entiendan bien, veo máscaras delgadas e invisibles casi calcadas sobre esos poros cerrados al aire. Son rostros sobre los rostros humanamente dados, máscaras para verse en el espejo difuso de los demás.
Allí van los rostros circulantes por las vidrieras, encandilados de objetos que brillan como balas de plata y enmascaran exclusiones sociales que matan.
Creo, abrumado, que la gente dejo de sentir el aire en la piel y sueña ser ese objeto inalterable, rostro de maniquí, breve sonrisa del acto de compra contra la incertidumbre…
Niños enmascarados jugando su ilusión de posesión contra cualquier cambio-pérdida. Puerta abierta que no cierra jamás. Allí van los rostros, afirmando malamente su identidad en un anónimo mercado de fantasías, pagando precios por la máscara de ciudadanía del mercado.
Quizá, por debajo de estas máscaras invisibles no hay representación posible para un mundo social que vive negando y ocultando sus verdades elementales, como ocultan los titulares de los diarios, y me repito en silencio -”los poderosos enmascaran horrores y organizan beneficios en cada acontecimiento
repetido”.
Fetichismo trascendente a las mercancías, pregunta profunda por quien es el otro.
Escenas arriba de otras escenas antiguas y repetidas, en una sociedad que solo ve y escucha detrás de cortinas de humo, como en Hamlet, donde la verdad solo puede escucharse, desprovista y oculta de un rostro moviendo los labios, abriendo el sonido de su propia voz.
Pienso en la verdad esencialmente intolerable por uno y otros. En la permanencia de palabras dichas que ya no nos pertenecen: atornilladas como quedan en el oído propio y el de los otros. En esas otras palabras, negadas y hundidas en el cuerpo, fantasmas que agitan aire en alas de mariposa o tornados que abren un después.
Quizá sólo sean imágenes sin relato posible, breves destellos para pensar en una sociedad de brumas donde la regla es no ver, no oír y no saber para siempre la verdad, ni propia ni ajena. Máscaras puestas sobre el deseo de no reconocerse en una historia.

Sigo viendo al Llanero en el galope de mi hija en el patio, ya es de noche, escucho atentamente y me parece oír ruido de cascos.
Allá, esta tío Piruco, dándome consejos con el rostro casi descarnado, y aunque yo no lo entienda, diciendo cosas que le surgen en ese resplandor de última vez:
-Pibe, nunca digas la verdad….
-Porqué tío?
- No van a escucharte y menos entenderte.

El Llanero, único actor que figura en el paseo de las estrellas de Hollywood unido a su personaje de ficción, murió días después del tío, el 28 de de diciembre de 1999, a los 85 años.

*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

Correo:

DOS CARTAS A OSVALDO BAYER*

Un gobierno popular nunca
podría
equivocarse otra vez
y confundir
a un chacarero
de poncho al viento, con
un hacendado
o estanciero, y empujarlo
ciegamente,
o groseramente, a la
banquina.
Nunca, nunca podría
confundir
a propios con ajenos
y proclamar
y arreciar
con tanta ligereza.
Nunca podría,
nunca, nunca podría,
un gobierno popular
maltratar, herir y
desconocer
a tanto pueblo, y a la
vez
proseguir sin comenzar
un mea culpa.

*

La obediencia debida,
de la que usted
mucho escribió y algo
entiende,
nunca es conveniente,
tampoco
en el Senado; además,
por suerte
o por historia, el pueblo
no la acepta
así como no cree en
esa afiebrada
idea de que por aquí
hubo algún
rumor “destituyente”
o de golpe.
La gente, don Bayer,
está cansada,
eso sí, de mentira y
de soberbia,
de inequidad y necia
propaganda.
La vida, a esta hora
angustiosa,
también es derecho
humano.
Las falacias caen,
las impudicias,
y no basta con decir
o declamar
en este contienente
inclinado
y estafado; es
necesario
siempre un nervio
cierto
para sostener al
viento
las banderas y los
corazones,
que, lo sé, no
cesarán
ni habrán de
abandonarnos.

*de Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar
Gran Buenos Aires, julio, 2008

*

Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 20 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores Cesar Guerra Peixe, Marta García Renart, Carlos A Vázquez und Mariza Rezende. Las poesías que leeremos pertenecen a Jorge Mendoza Castaño
(Colombia) y la música de fondo será de Wankamaru (Andes).

¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

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Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.