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EL PERSONAJE DEL MES: BIMBO

Quizás como los grandes hombres del mundo no necesito su nombre.  Quizás si hablamos de José María Noguera más de un desprevenido pase inadvertido el saber de quien hablamos.

Por eso, quiso el destino, que el consiente colectivo lo retuviera en su memoria tan solo como “Bimbo”.  Entonces sí, al nombrar el apodo que compartió gran parte de su vida, nuestros recuerdos afloren y una sucesión infinita de nostalgias se multipliquen en nuestro interior.

Porque llamar a la memoria, al presente, al ahora, al querido “Bimbo” no implica simplemente el pensar en el Empleado Publico.  En su cuerpo ampuloso y corpulento que contrastaba con su carácter bonachón. Apelar al recuerdo permite intercalar una serie de sensaciones que pasan del olor a tierra mojada a la cumbia en la plenitud de un caluroso enero.

Para quienes no tuvieron el placer de conocerlo, José María Noguera (insisto: Bimbo para todos) fue  el encargado, durante arduo tiempo, de cumplir con la tarea de “regador” en el pueblo.

Sucede que carente de asfalto, en enero o cuando la lluvia no quería llegar, el polvo de las calles de tierra se convertía en estorbo.  Entonces, desde antes y ahora, la Municipalidad disponía de tanques de aguas (tirados por tractores normalmente o camiones modificados –de hecho Bimbo manejaba el único modelo de este tipo en Indart-) que recorrían (recorren) el pueblo tirando agua por sus costados mediantes un sistema de riego incorporado, logrando aplacar así la tierra suelta.

El camion que utilizaba Bimbo, en plena marcha

El camion que utilizaba Bimbo, en plena marcha

De este inciso destacaremos dos cosas: la primera es que de aquí viene la famosa frase, tan comentada en el blog por quien escribe o por quienes comentan, del “olor a tierra mojada”.  Es el regador (además de la lluvia claro) quien proporciona ese placer inaudito, tan poco explorado en otras latitudes, que implica el aroma de la calle apenas es rociada con agua. El segundo ápice corresponde a aclarar que “Bimbo” era uno de los pocos que sabia hacer ese trabajo.  Es que no se trata de recorrer las calles y dejar que caiga agua, no señor, es todo una técnica, cuasi un acto quirúrgico el regar.  Se debe tener en cuenta, por ejemplo, la velocidad precisa al manejar (para evitar levantar más polvo del que hay), o regar lo suficiente (para no pasar del polvo al barrial intransitable) y además organizar una logística precisa (no es cuestión de andar por el mismo lugar todo el día o pasar por una calle cada muerte de obispo).

Volviendo a nuestro querido “Bimbo”, decíamos que no solo el recordarlo permite pensar en la tierra húmeda o la profesión de regador.  También es remitirse al su pedido “de una botella de agua”.  Teníamos (digo mi familia) la particularidad de vivir justo al lado del tanque de agua que se utiliza para recargar los contenedores, cada vez que él paraba (los días de verano sobre todo) hacia una visita a nuestra casa porque le teníamos reservada una botella de agua bien helada.  Los camiones regadores no tenían obviamente aire acondicionado y el calor de la siesta de enero era (es) inaguantable en la zona.

No obstante, “Bimbo”, fue el primero (quizás sin saberlo) en aplicar el tunning en el pueblo.  La cabecera de su camino tenia de todo, ventilador, cintas colgantes, estampitas e incluso dos parlantes gigantes en el techo que permitía a su andar oír a gran volumen todo tipo de cumbias.  Lo que hacia, no solo su trabajo, sino el vivir del pueblo mucho mas alegre.

Como todo gran ser que habita este mundo, lamentablemente nos esta convidado por corto tiempo.  Parece que Dios se arrepiente demasiado pronto de tener a la gente buena y humilde lejos de él y la “llama” rápidamente.  Fue así que el 7/2/2009 con apenas 58 años dejó nuestro mundo y fue a hacerle compañía al “barba”.

Su simpatía, su amistad, su carisma inigualable quedo en el corazón, no solo de sus hermanos, sino de un pueblo entero.  Sus restos descansan en paz en el cementerio local.

De esta forma queríamos rendir un pequeño homenaje a un ser que cautivo nuestra infancia, y que pese al correr de los años se hace imposible olvidar.

EL PERSONAJE DE FEBRERO: EL MENCHO


Inauguramos hoy una nueva sección: “Personajes”. Es que Indart no es simplemente tranquilidad y mate. Asado y cielo amplio. Aroma a tierra mojada y saludo a mano alzada. También es su gente, sus personalidades. Es esa persona, aquel apodo. No hace falta calle, no se necesitan de números en las casas, el cartero solo debe pregonar el apellido y listo, algún paisano lo guiara: “Postararo me dijo? Cual de todos?…ah si Adalberto, el sobrino e´ Juan. Agarre y siga el asfalto, cruce la vía y haga una cuadra, ahí gire a la derecha y en la esquina, que serán? Cincuenta metros y tiene la casa”.

Así de fácil, así de sencillo. Las personas que habitan o habitaron Indart son características imprescindibles del pueblo. Para ellos es este espacio.

Arrancamos hoy con alguien quien sin dudas merece el honor de ser primero. No es un hombre en si, pero es casi como lo fuera. Hablamos del Mencho, a secas, como se lo conoció siempre. El perro más famoso de Indart.

Corría el año 1990. Era Octubre y River se empezaba a reconocer con un delantero que venia de Racing, donde había convertido 26 goles entre las temporadas ´86 y ´89. Ramón Ismael Medina Bello. A casi doscientos quilómetros del Monumental de Núñez, acaso sin saberlo, Pichula daba a luz en el medio de un campo pampeano, a un perro que adoptaría el apodo del delantero y que quedaría en la memoria de casi todo un pueblo: El Mencho.

Llego a la casa de los Boni, envuelto en una bolsa de maíz. Con sus orejas puntiagudas, su pelaje color madera y su rabo cuasi inexistente.

Desde entonces fue más que una mascota, fue un integrante más. Acompaño a la familia por sus vacaciones en Mar del Plata y San Clemente. Viajo a Salto tanta veces como pudo, siempre en la luneta del chevy amarillo.

Hizo ese recorrido tantas veces, que cuando el destino hizo que se perdiera en medio de la ciudad, no dudo en regresar los casi cuarenta kilómetros a pie, mientras los Boni revolvían cielo y tierra para hallarlo.

Así de corajudo, así de enérgico fue siempre. Como en aquella tardecita de 1993 donde se le atrevió a un auto en plena calle y este lo llevo por delante, haciéndole perder un ojo. Pero aun así sobrevivió, paso la operación hecha por Cabedale y continúo.

¿O acaso alguien puede dudar de su valentía cuando años mas tarde soporto estoico un mediodía de verano encerrado en el auto, sin una hendija de aire? El lo hizo y volvió en si cuando los masajes de Santiago parecían ya no tener remedio.

Silencioso, simple, amigo fiel. Así fue siempre, solo su cansino andar se alborotaba cuando el calefón se prendía y había que bañarse. Es casi imposible imaginar los Boni sin el Mencho.

Por todo eso que represento en vida, es que pese a que se fue el 19 de Octubre de 2004 aun sigue vivo en el recuerdo. Cuando se evoca el chevy, cuando se oye el ruido de la ducha, cuando el auto deja el acceso para tomar la 31 en busca de Salto, el Mencho siempre esta.

Al perro, a la mascota, al compañero, al personaje nuestro respetuoso homenaje, a quien sin dudas es una parte de Indart.


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