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Peter Gabriel en San Telmo

Pasa por al lado de mi puesto con dos guardaespaldas, los tres con trajes negros y anteojos oscuros, como en una película de la Cosa Nostra. Yo estoy distraída, o mejor dicho concentrada en armar un aro, cuando de repente escucho: “Sí, es Peter Gabriel”. ¡La puta madre! y yo mirando pa abajo… Largo pinzas, largo todo… y me voy tras ellos.

Ja, los feriantes (colombianos, venezolanos) se gritan de puesto a puesto:

-¿Y éste quién es?

-Qué sé yo… ¿Richard Gere?

-No, el coso éste… cómo es… Peter…

Delante suyo, sin ningún disimulo. Todos nos reímos. El hombre se para frente a un puesto, mientras uno de sus guardapespaldas, lindo negro de por lo menos 1,90, detiene con un gesto de su mano a todo el que pretenda acercarse. Algo dice en inglés por su celular, algo del auto que debe venirlos a buscar. Finalmente se meten en La Martina. El Peter le da la mano a un flaco en la puerta, debe estar en la gloria, supongo.

Son las cinco de la tarde. Pregunto la hora, una cronista que se precie se fija en esos detalles. Miércoles 25 de marzo de 2009, 17 hs, Peter Gabriel pasa al lado mío. Hay un tipo encarando nerviosamente a la gente con un micrófono y otro más, filmando. Se acercan a una chica italiana, anteojos de diseño moderno con marco blanco. La piba le acaba de sacar una foto a Peter con su celular. “¿A ver la foto?” pide el cronista… y la filman.

Me vuelvo al puesto. No sé por qué, pienso en Madonna. Estas cosas no se ven desde adentro de una oficina, soy afortunada. Mi mirada vuelve una y otra vez al frente de La Martina, pese a que no alcanzo a verlo bien desde mi lugar. Hugo pasa por delante mío, qué lastima que no estaba tocando, tan buen percusionista que es. “Che Hugo, tendrías que haber estado tocando…” Una hora larga después, la maravilla. Peter de nuevo, van a ubicarse en uno de los bares al aire libre, a escasos metros mío. Esto no me lo puedo perder. Allá voy, a sentarme yo también en una mesa cercana.

Lo miro y lo miro, de repente me registra por entre los guardaespaldas que lo flanquean de pie… y me saluda!!! Voy a morir. ¿Es a mí? Sí, sin duda. No puedo devolverle el saludo, un poco porque me toma de sorpresa y otro poco porque una turista rellenita me tapa la visual.

Viene el mozo, como una saeta:

-Qué se va a servir

-Un chopp

Peter bien lo vale. Dos pibes se acercan a expresarle su admiración, el negro los detiene (es una pared), pero Peter lo sortea y les da la mano. La turista rellenita sigue ahí, como hija de vidriero, manejo mi silla de modo tal de poder verlo. Ahora el que se acerca es un artesano desaliñado, de largo pelo blanco. Mete miedo, aunque es bueno como el pan… El negro se le va al humo, discuten un rato, Peter se las ingenia para estrecharle la mano a él también. Qué macanudo. El cronista de vaya a saber qué medio, sigue diciendo ante su micrófono: “…y acá lo tenemos a Peter Gabriel, completamente solo…” Bueno, no tanto. Lo cuidan como a un bebé. “Qué feo -le digo al tipo de la mesa de al lado- vivir así”. Pero él se ríe y me la señala: acaba de descubrir la suela Vibran en el zapato de Peter.

No, no es una joda para Tinelli. Pero casi. Me cuentan que sale en el programa de Diego Korol el sábado a las doce del mediodía. Hijos de puta, ya me parecía demasiado petiso. Peter Gabriel es ahora escoltado hasta el auto con el cual van a partir raudos, el negro sigue deteniendo a los fans que pugnan por acercársele.