Compras inteligentes

Ando comprando ropa, hacía rato que no me daba el gusto. Y estoy escandalizada. ¿Una remera básica, 150 mangos? Na, me estás cargando.

Hoy me probé un camperón de hombre, de algodón. Amplio, con capucha, ideal para la feria: 790 pesitos. Bien la espalda, bien el largo de mangas, mal la cadera. Qué suerte, no tenía esa plata.
Me calcé unas chatitas, en Grimoldi. Nada por lo cual matar o morir: 590$. Entonces hice lo que hacemos todas, me fui a Avellaneda y Nazca. Caminé, caminé, caminé. Resulta imposible ver algo, la gente atropella con sus carritos, hay puestos en la vereda, los negocios sólo venden al por mayor, no se pueden probar las prendas… en fin, un incordio. Igual conseguí un jean clásico a la friolera de 330$. En Once no me fue mejor, cansada de gastar fortunas me dije a mí misma que iba a comprar con inteligencia. Así fue cómo adquirí un pullover en una casa muy conocida de bremers. Amplio, de cuello redondo, color jean (lo llaman ellos, en realidad es lavanda), a 95$. Lo usé una sola vez, se descosió en las axilas. Más vale que pienso ir, mirá que no.
Pero no importa, conseguí un saco con capucha, muy chuchi… por 79$! Tiene un agujerito en el puño, cuando quise devolverlo no encontré el negocio.

Me probé zapatos acordonados de hombre, en corderoy marrón, con una suela de goma horrible, por 80$. Entré a un negocio repiripipí y me tragué el banco al medio, me refugié en el probador con la única prenda que me gustó, una campera larga de jean que resultó ser un enterito. Estuve en Vete al diablo, entré taconeando, envalentonada por el nombre. Me frustré con un remerón rosa viejo con pequeños botones a presión, de nácar. Hacía un pliegue raro en la pechera. “Tal vez -dijo el vendedor- deberías elegir algo más femenino” ¿Perdón? Ah… es de hombre, decís. Estuve en Cómo quieres que te quiera, preciosa la ropa, divina. Una remera, 250 mangos. Estuve en un Outlet de otra marca finoli, donde todo está agujereado o con la lana enganchada, ¡y a precios de mercadería nueva! Tal vez le sirva a quien sepa levantar puntos, no es mi caso.

“No hay mujeres feas, sólo hay mujeres que no saben arreglarse”, decía Coco Chanel. Así que mañana sigo. Preciso una cartera negra de uso diario. Un chaleco marrón, de cuero ecológico, también serviría.


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, , Reportar este Comentario Jose dijo

Eh tenido épocas en que compraba solo Original Jeans, camisitas, zapatitos, todo de buena marca, ahora noooo, ya no….ahora los tengo así a mis dos peques…yo ando con lo mas barato que encuentro. pero presentable…eso es lo importante…Maia, espero encuentres la cartera y el chaleco !!!! beso.

, , Reportar este Comentario Maia dijo

“presentable”, palabra que dice tanto, no? “Te presento a Fulano”, y uno que no quiere pasar vergüenza.
No tengo hijos, Jose, pero de haber tenido una nena le hubiese llenado el pelo de hebillitas y ridiculeces. Seguro le hubiese comprado un gorro con orejitas, esas cosas que encuentro cursis en los demás.

Ni una cosa ni la otra, no pude con mi genio y compré insumos para seguir trabajando, beso!

, , Reportar este Comentario Nayru dijo

Me encanta la palabra INCORDIO, siempre que puedo la uso, suena tan lindo.
En cuanto a la ropa, soy de las que se deprime muuuuucho yendo de compras, es algo que nunca pude manejar. Entonces alguna vez, casi siempre cuando estoy de viaje, si veo algo que me gusta me compro 2 o 3 en colores distintos para evitarme la angustia existencial – shoppinera que me ataca ante la idea de la compra de ropa.
Pero cuando logro comprar me voy recontenta y 0 culpa.
Eso no me pasa en el super, ni comprando muebles, adornos, regalos. Sólo con la ropa para mí… mambos tenemos todos no?

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Nayru, amiga, cuando yo la conocí ud llevaba unos shortcitos blancos que le quedaban espectaculares. No es por contradecirla, pero ¿a santo de qué, la angustia?
Mire mi caso… hoy vi unos mocasines soñados, de cuero celeste “gastado” (había en rosa también). Por supuesto, llegaban sólo hasta el 40.

Si me quiero poner vestido, de qué me disfrazo? Encontré unos zapatos preciosos hace años, de gamuza y encaje negros, no quiera saber cómo los cuido. Pensé seriamente en buscar casas para travestis. Avíseme si sabe de alguna, creo que hay una que se llama Tootsie.

Incordio es una de mis palabras favoritas. La que más detesto últimamente es “maduritud”, la dice una mina en una propaganda de jabón para la higiene íntima. Porque parece que nosotras, en nuestra maduritud, sufrimos de sequedad o algo así y el jabón este no sé qué le hace al PH, preste atención.

, , Reportar este Comentario Nayru dijo

No sé de donde la angustia, sé que es ridículo, pero la siento cada vez que voy al shopping dispuesta a comprar ropa. Y obvio no compro nada.
Ud. es una exagerada. Tampoco va a buscar en casa de travas, va a terminar vestida con brillos, animal print y minifaldas… no le van. La ropa hindú no le gusta? hacen vestidos lindos y talles laaaaargos, por ese motivo son impensables para mí, excepto talle de niñas…
No ví la propaganda que dice, pero ya me dá bronca sólo con que me lo cuente.
Sequedad su abuelita (esto va para la de la propaganda).

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No, Nayru, me refiero sólo a los zapatos! La onda hindú me gusta, pero no siempre. La encuentro demasiado lánguida y poco sexy. Pasa una minita en calzas y campera de cuero y ud ahí al lado, con esa onda Sarah Kay, derecho a recostarse contra un árbol.

Hace unos años daban una serie de unas minas vaqueras, que se ocupaban de su hacienda solas (los padres habían muerto, o algo así). Le juro que la miraba sólo para verles el estilo. Mucho jean, mucha camisa escocesa, mucha bota tejana, mucho sombrero gastado… y unos accesorios preciosos! Las minas divinas, obvio. Con un jean así nomás, una musculosa blanca y la cara sucia de arrear animales, la rompían. Los tipos, un capítulo aparte, pero yo miraba la serie por los accesorios. :-)
Ahora viene ese estilo, el cowboy. Así que prepárese para bailar stomp conmigo.

El tema de las compras genera angustia, sin duda. Yo le digo que ud no debería sentirla, pero la entiendo, hay una tiranía de la imagen. Hace poco leí el comentario de una mujer que decía que olvidamos que las publicidades de cremas antiarrugas están hechas por pibas de quince años. ¡Y tiene razón! Olvidamos el photoshop y compramos como real lo que es ficticio. Fíjese que el hombre ha conseguido que encontremos las arruguitas de expresión y las canas en las sienes de lo más interesantes. En ellos, en nosotras son señal de dejadez y abandono.

, , Reportar este Comentario Nayru dijo

Ahhhhh, ahora sí, los zapatitos le creo. Pero lo de la ropa hindú no se crea eh, lo sexy lo pone Ud. Y las srtas. de calzas y camperas de cuero, hay que ver, si está buena lo va a estar vestida de monja. Lo que no le discuto es que los hombres ven calzas y ya no ven nada más, no importa el resto del cuerpo, la cara y mucho menos el cerebro.
Yo tuve hace 30 años unas botas tejanas rojas con pespunte blanco de marca Little Stone (se acuerda?), las amabaaaa.
Por último lo de la angustia ante las compras no me pasa por el lado de la estética, para nada. Es un vacío existencial, que hace que me pregunte invariablemente ¿esto me va a hacer mas feliz? Gasto esta plata en esto mientras tanta gente no tiene para comer? Es absurdo, ya que después me gasto sin culpa alguna muchísimo mas dinero en pasajes, hoteles y estadías. Ya sabe que debilidad es viajar.

, , Reportar este Comentario Maia dijo

Una vez leí una frase que me quedó grabada: “Nunca se tiene suficiente de lo que no se necesita”. Las pilchas no pueden reemplazar a los gestos de afecto, por decir algo.

Conozco los dos extremos… desde gratificarme comprando de más (tengo ropa guardada que no usé nunca), hasta la austeridad más absoluta. Como suele suceder, la verdad está en el saludable término medio: ni tanto ni tan poco.
No me ayuda nada tener un peso fluctuante, ¡si habré regalado ropa porque me quedaba chica, o grande! “Nunca más voy a estar así de gorda”, pensé hace un par de años viendo un Adriana Constantini talle 54. Menos mal que no lo regalé, todavía no consigo que me suba el cierre.

También tuve mis botas tejanas, en punta, ¡cómo dolían! Pero tan bellas, en cuero marrón y con dibujos.