El hombre quieto

“Me encanta la remera que compré -le digo al Hombre- ese rojo gastado, bien del Lejano Oeste”. Entonces ahí entro yo, al bar, me acodo en el mostrador y le hago una seña al barman que desliza un porrón de cerveza sobre la madera. No, dice el Hombre, te tocás apenas el sombrero con un dedo para que te vea los ojos y recién ahí le hacés la seña.
En una esquina hay un tipo sentado, de piernas cruzadas y con las botas sobre la mesa. Ese directamente lleva el sombrero sobre la cara. No pasa nada, imagina el Hombre.
Hasta que de repente -continúo- se abren las puertas del bar y entra una mujer desesperada, con los pelos revueltos y unos mechones que se le escapan así. Afuera, un caballo relincha y levanta polvo con su casco.

El Hombre toma la posta.

-Están matando a mi marido, grita.
-Qué horror, quién?
-No sé, eso dice.
-¿Y entonces?
-Entonces el hombre quieto se levanta y sale, sus botas resuenan sobre el entablado, viste que siempre hay un entablado con dos escalones. Hay un tipo castigando al marido de la mina.

Contengo el aliento.

-Avanza unos pasos, pero una bala le pasa zumbando y astilla la madera del dintel detrás suyo.
-De la taberna.

Me corrijo.

-Taberna no, saloon… así, sa-lóon, con dos o.
-Entonces el hombre quieto ata el cordón que ajusta su cartuchera a la pierna.
-¿Qué cordón?
-Hay un cordón que ajusta la cartuchera a la pierna. Y velozmente le pega al tipo una bala acá.

El Hombre se señala el entrecejo.

-Sss ahh! ¿Y el marido de la mina está muerto?
-No se sabe, no interesa.
-¡Cómo que no interesa!
-No, el hombre quieto impartió justicia y eso es todo lo que importa.
-Y monta su caballo y se va, con el sol enorme, redondo y naranja al fondo.
-Se va, al trotecito.

Me quedo pensando.

-¿De qué vive?
-De hacer alguna diligencia.
-¿Qué diligencia?
-De hacer alguna diligencia, ¿no viste que asaltaban diligencias?
-jajaja… pensé que…

-Che, y una mina sola en un bar habrá llamado la atención. ¿Llamé la atención?
-No, en no sé cuánto City nadie se mete en la vida del otro.
-Pero vos, entre tiro y tiro, me junaste?
-Sí, yo estaba ahí a un costado, con un escarbadiente en la boca.
-¡Un escarbadiente! ¡Si no había escarbadientes!
-Un palito. Y me prendía un cigarrillo con un fósforo largo, en la cartuchera.
-En la suela. Pensé que eras el hombre quieto.
-No, estaba un costado, ¿si no quién cuenta la historia?
-¿Y que pasó con la mujer?
-No se sabe. La mujer se levantaba la pollera con las manos para correr, la mujer siempre hace escándalo.

Paso por alto el comentario sexista.

-¿Cuántos viven en el pueblo?
-Cincuenta y dos, pero nunca pasa nada.
-Cómo que no… ¿y el marido, que no sabemos si murió?
-Pss, eso no es nada, un muerto aquí otro allá, no pasa nada.
-¿Y el sheriff?
-El sheriff anda con la hija del boticario, estaba en otra cosa.
-Hay una botica.
-Botica y barbería, todo junto.

De lo último que me entero es que el hombre quieto usa pañuelo al cuello, pienso que el Hombre lo está confundiendo con un gaucho. No es así, el pañuelo viene bien para asaltar los trenes.


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Hola Maia, muy buen relato y lo mejor … hecho a duo.
De todas maneras “un muerto aquí, otro allá, no importa…” espero que su relato no sea una parodia de nuestra Argentina!
Por favor!

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Hola MONI, es verdad que a veces parecemos vivir en el Far West.

Pero fíjese qué curioso: en Capital y conurbano mueren 3 personas por día en episodios de inseguridad y 270 debido a accidentes cerebro vasculares.
Por año, en nuestro país, mueren 39.000 personas (¡39.000!) debido al sedentarismo. El sedentarismo es responsable, en forma directa, de las cuatro principales enfermedades no transmisibles:

1-enfermedad isquémica (oclusión de las arterias coronarias)
2-diabetes tipo 2
3-cáncer de colon
4-cáncer de mama

¡Y no le tememos tanto! Cada vez que muere alguien por un infarto, no relatan todos los detalles: dónde estaba, cómo fue, no hablan con sus vecinos, no van las cámaras, no van los equipos de exteriores ni le hacen un reportaje al chofer de la ambulancia que lo trasladó. Ayer escuchaba a un sociólogo decir que la gente compra los grandes medios porque reafirman lo que piensan.

El tema es que los principales medios responden a los grandes intereses económicos… ¡si muchas veces Clarín y Nación titulan igual! Gobernar a través del miedo, se llama. No se trata de negar la inseguridad, sí de recordar que “el miedo es una política deliberada para la gobernancia mundial de las grandes corporaciones”.
Lo dice Robinson Salazar Pérez, catedrático investigador de la universidad autónoma de Sinaloa, Méjico. O sea, un estudioso del tema.

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Maia, su argumentación estadística me pone en un aprieto que no sabría desentrañar. Por ejemplo: ¿debemos entender que los casos de “violencia de género” no son demasiado atendibles porque son muchos menos que los infartos? Recuerdo la famosa argumentación de Galtieri cuando minimizó los 600 o 1000 muertos en Malvinas diciendo que “mucha más gente muere cada año en accidentes de tránsito”. No sé, los números son irrebatibles, pero no me deja más tranquilo pensarlo desde ese punto de vista.

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Rob, ninguna muerte es bienvenida, menos aún las evitables.

Como decía, creo que la manipulación de los casos de inseguridad, su excesiva focalización y exposición pública, forman parte de un modo de gobernarnos a través del miedo. Porque no guarda relación (sin subestimar ninguno de los problemas) la prevalencia de las enfermedades no transmisibles con la magnitud que se le quiere dar a la problemática de la violencia urbana.

Vaya casualidad, se suele apuntar a los efectos. Siempre se habla de la necesidad de poner más efectivos, patrulleros, armamento, cámaras de seguridad, móviles policiales, guardias privados, etc. Y poco se dice de las causas estructurales, por ejemplo la desigualdad. Los países con menos desigualdad social, tienen menos violencia.

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Mejor, gracias. Hice mi media hora de bici diaria apoyando toda la planta del pie, dolía pero se la bancó bien.
¿Su meñiquito?