Desasosegados de nacimiento
En alguno de sus libros supo hablar Saramago de la raza de los desasosegados de nacimiento. Me tocó viajar al lado de una. Alguien la llamó al celular para pedirle un dato. “Esperá que estoy viajando, lo busco y te llamo”, dijo ella. Y empezó el calvario. Que me pongo los anteojos, que me quito los anteojos, que hurgo en la cartera, que saco un papel que no es, que lo guardo, que elevo el codo y se lo clavo en el ojo a mi compañera de asiento, que me retuerzo, que tengo calor, que resoplo, que abro más la cartera, que busco con la otra mano. Por un momento me contagió su stress. Son los que dicen “no tengo tiempo, estoy a full, vivo a mil”. No sé. Estar a full, a mi modo de ver, es justamente lo contrario… hacerse tiempo para los amigos, el café, la charla tranquila. Parar un poquito, ver esa película, llevar a los chicos a Tecnópolis.
Tuve oportunidad de conocer en profundidad a gente adicta al trabajo, no es agradable de ver. Nosotros mismos, en la feria, tan despreocupados que se nos ve de afuera. Sin embargo nos decimos que hay que aprovechar los fines de semana largos o las vacaciones de invierno, y terminamos laburando más que muchos en la oficina. Mi última escapada fue a Orense, unos pocos días, después de varios años sin vacaciones.
¿Y qué tiene esto que ver con los desasosegados de nacimiento? Mucho, todo. Parar la mano, bajar un cambio, darse tiempo. Porque podemos salir de vacaciones y seguir desasosegadamente enchufados, eléctricos, “a full”. Es una forma de ser. Tiene poco que ver con el entusiasmo, es más una búsqueda que nunca termina, de algo difícil de definir.

Ya que ambas estamos lesionadas y de vacaciones, en cuanto vuelva nos juntamos a tomar un balde de cafe! Besos