Impresiones

9 de julio

Una chica reparte chalecos del PRO, alguien le cuestiona que el que le dio le va chico. “Ay, no sé… reclamale a Mauricio”, dice la piba, con su mejor acento de Barrio Norte. Sobre el escenario, un mujer vestida con pieles entona el Himno Nacional. Parece un pájaro forzando un trino, no mejora su performance la sospecha de playback. Se hace una suelta de globos celestes y blancos, los globos quedan encajados en las ramas altas de los árboles. El público hace “Uhhhh!!!!” y se ríe. La mujer vuelve a cantar. Esta vez a cappella, un tango. Ahí va mejor, como siempre que uno es auténtico.

Los coches antiguos avanzan haciendo sonar las bocinas. Siempre es una fiesta verlos, tan cuidados. Un conductor viste un viejo gabán que dice Ford, lleva además una escarapela que le ocupa la mitad del pecho. Los BMW Isetta son recibidos con aplausos, abren y cierran las puertas delanteras a modo de saludo. Varios conductores filman al público que los fotografía. Los colectivos fileteados son una ternura, hay tres de la línea 45. Los demás son modernos, pero participan del mismo concurso. Muchos recuerdan a una boite, tienen ese tipo de ambientación con luces azules. En varios suena la cumbia. Asomo la cabeza al pasar: un grupo de chicas baila en el pasillo, el chofer lleva el ritmo sobre el volante. Hay motos con su sidecar, también. Y no puede faltar el camión de los bomberos, con la sirena a todo lo que da.

Las fotógrafas de la feria se lanzan en busca de motivos. Veo pasar a Gladys, cámara en mano, con su largo pelo recién lavado. Xina está parada al costado de un paño con su Nikon, toma desde arriba cuatro aerosoles de un pibe que personaliza gorras, según reza un cartel. En el centro de la plaza varias parejas bailan folklore. No puedo quitar mis ojos de dos mujeres mayores, de pollera larga y zapatos de baile gastados. Con qué elegancia y placer bailan, el pelo tirante, la flor al costado. Una lleva un poncho norteño sobre los hombros, son lo más argentino de este día.

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10 de julio

“Pero en todos lados… ¡ladrona!”, estalla el viejo. “¡Ladrona!”, repite a quien quiera oirlo. “¡Ladrona -vocifera en la puerta- te voy a denunciar!” “¡Ladrona!”, aúlla ya en la vereda. La ladrona en cuestión ha pretendido cobrar una moneda para cargarle la tarjeta SUBE. Sólo unos minutos antes, otro viejo ha farfullado frente a la ventanilla algo que ella no entendió y tuvo que pedirle que repitiera: “Mi más sentido pésame”. El cyber estuvo cerrado por duelo, ha muerto su papá.
“Qué mal momento -le digo al irme- encima que…” Dejo la frase inconclusa, ella sólo puede asentir con ojos dolidos.


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, , Reportar este Comentario Nayru dijo

Y yo encerrada en la Escribanía todo el día perdiendome tantas delicias de la vida real… por suerte la tengo a Ud que la cuenta de manera que me hace vivirla.