El primer recuerdo que tengo de Evita es de mamá comentando que los obligaron a llevar luto en el brazo. Usó la banda negra a disgusto, ella, que buscaba ser lo más libre posible. Claro que no era peronista, le molestaba sobremanera que enseñasen a leer y escribir con frases como Mi hermanita y yo amamos a mamá, papá, Perón y Evita. La vez que Perón visitó el pueblo, me contó, bajaron varios dobles suyos de diferentes autos. Ese 26 de julio del 52 se escuchó: pip, pip, pip… “Son las veinte y veinticinco, hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad”. Y se siguió escuchando cada día, en todas las emisoras, hasta el año 55.
“Ese es el relato gorila”, dice el Hombre. Salto en defensa de mi vieja, “¿Por qué gorila, si es la verdad?” “Porque eso es quedarse en lo chiquito, tu vieja era una comerciante exitosa, paradójicamente beneficiaria de la movilidad social ascendente que generó el peronismo”. Habla así, pomposo. “Claro, como que mi vieja no se rompió el culo laburando…” Podemos seguir así por horas. El Hombre intenta que yo comprenda el fenómeno peronista: la clase obrera, los laburantes, no tenían derecho a un horario fijo, a vacaciones, aguinaldo, a jubilación en muchos casos, a mirar a los ojos al patrón, a que les sobrara un mango en el bolsillo para salir a pasear. El pobre nacía y moría en la clase baja, las expectativas de ascender en la clase social eran nulas. Y bueno, tantos años con la pata encima de la cabeza, cuando se pudieron liberar de eso… Y sí, por supuesto que las damas de beneficiencia ya no pudieron lavar sus culpas entregando dádivas con el dinero del Estado. ¿Cómo del Estado? Sí, caridad que desgravaban de los impuestos. La caridad la daba ahora una negra teñida de rubia que reinvindicaba a los grasas, el negro podía por fin andar de traje, ir a Las Cuartetas a comerse un pedazo de pizza, ya podía ir a ver al Mono Gatica cagar y hacerse cagar a piñas en el Luna Park y las negras perfumarse, ir al centro y triunfar, como dice el tango. Podía votar, la puta que la parió. Ahora voto, soy igual, tengo derechos, tengo un sindicato que tiene un hotel en Mar del Plata, entendés eso? (sí, si muchos empezaron a ir a Punta del Este para no juntarse con ellos). Entonces cuando murió Evita, el obrero vino a decir “Ahora vos, ponete luto, che, que se nos fue la Señora”.
Los pibes le hacíamos un altar con las hojas más importantes de la palmera, las poníamos paradas contra una pared, poníamos un cajón, velas, un florero, la foto de ella, ya alguien venía y traía un mantel o una carpetita… Los 26 de julio eran así, los pibes lo hacíamos, eh? Yo tenía siete años, hasta los diez, y después en el 55 seguíamos levantando altares y los gorilas se morían y nosotros los custodiabámos con la gomera y se hacían las marchas de las antorchas desafiando a la Libertadora, nosotros la llamábamos la Fusiladora. A las ocho y vienticinco, nos agarrábamos con la policía. Entonces la figura de Evita se iba agigantando todos los años, la represión servía para agigantarla, cada vez era más diosa, más grande, era más la abanderada de los humildes. “Pero todo eso de los vestidos y las joyas…” El Hombre no me deja terminar: “Era envidia eso, ¿como una negra teñida, puta, se iba a poner esa ropa? ¡Esa era ropa de gente distinguida!”
Evita fue funcional a los planes de Perón, que trabajaba desde la astucia. Perón habló así a los empresarios, en la Bolsa de Comercio de La Plata: “Señores, yo soy uno de ustedes, es preferible que nosotros demos algo, antes que vengan ellos y nos saquen todo”. Ellos eran los comunistas, el peligro comunista. ¿Evita no era astuta? No, ella no sabía un carajo de todo esto, no tenía formación política. La Unión Soviética salió muy fortalecida de la Segunda Guerra Mundial, muy, muy fortalecida. El capitalismo, después de la crisis del año 30, no podía levantar cabeza; tardó en reconstruir Europa. Los movimientos de liberación nacional se expandían en Asia, en África, en América Latina… China se hizo comunista. Antes de que Perón ganase las elecciones, el 1° de mayo del 43, las banderas que flameaban eran rojas. Perón significó la reinvindicación de los derechos del laburante, que venía de la migración del interior. Perón entró en el cerebro de esa clase obrera nueva y Evita entró en el corazón. Por eso, cuando murió Eva, el sentimiento generalizado en los sectores peronistas fue de que Perón había perdido su mano derecha, el empuje fundamental. Coincidentemente se terminó la bonanza económica, se agotó el modelo, las exportaciones a Europa dejaron de ser tan importantes, Estados Unidos nos reemplazó.
Por una u otra razón, ya nada fue lo mismo.