Cómo ser una fashion victim de verdad

Suelo ver America’s next top model, un programa de canal Sony donde cada día se elimina a una aspirante del certamen, hasta arribar a la ganadora. Se aprende mucho. Por ejemplo, de los motivos por los cuales las descartan tras las sesiones de fotos: “Tus ojos parecen muertos, no comunican nada”, “No nos estás ‘contando’ ninguna historia”, “Posaste como una bailarina de ballet, no como una modelo”, “No hay que olvidar que una modelo vende lo que lleva puesto; se deben ver los zapatos, la cartera, el cinturón, el brazalete”.

Pero también encuentro horrores. A una de las chicas, orgullosa del rasgo distintivo de sus dientes separados, se los separaron aún más para que se pareciese a no recuerdo qué estrella de cine. Sí, se los limó un dentista…

(…pero cómo, ¿acaso no les exigen personalidad?)

Al programa ya lo dieron el año pasado, la elegida final resultó otra. Es decir, esta participante no sólo no ganó el concurso, sino que volvió a su casa con esa “reforma” permanente.
En el programa de hoy, una de las chicas desfiló en grupo con zapatos que le iban chicos. Mirando sus fotos luego, los jueces le dijeron que su cara no expresaba nada. O si expresaba algo era dolor, además se la notaba desconectada. Ella intentó explicar una y otra vez que los zapatos le hicieron ver las estrellas. No sirvió de nada. Ja, ¿pensaba que modelar era fácil, que lo podía hacer cualquiera? Fue anoticiada, por si no lo sabía, de que el modelaje es sufrir y aguantar y seguir adelante…

(…pero cómo, ¿acaso no les piden que sean creíbles y auténticas?)

Esa pobre chica, a quien su cuerpo le estaba mandando claras señales de que algo andaba mal, recibió el siguiente consejo: “…salvo que te esté matando o dejando una cicatriz para siempre, recuerda, lo que no te mata te fortalece”.
No, señores de la industria de la moda, lo que hacen es monstruoso. Nuestro cuerpo es bello y sabio y continuamente comunica lo que necesita. A través suyo nos relacionamos con el entorno. Si ustedes quieren esa chispa en los ojos que vuelve todo más vendible, dejen que surja la belleza real. Una aspirante a modelo que escucha a su cuerpo (algo tan, tan olvidado), merece una calificación alta.

Evita

El primer recuerdo que tengo de Evita es de mamá comentando que los obligaron a llevar luto en el brazo. Usó la banda negra a disgusto, ella, que buscaba ser lo más libre posible. Claro que no era peronista, le molestaba sobremanera que enseñasen a leer y escribir con frases como Mi hermanita y yo amamos a mamá, papá, Perón y Evita. La vez que Perón visitó el pueblo, me contó, bajaron varios dobles suyos de diferentes autos. Ese 26 de julio del 52 se escuchó: pip, pip, pip… “Son las veinte y veinticinco, hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad”. Y se siguió escuchando cada día, en todas las emisoras, hasta el año 55.

“Ese es el relato gorila”, dice el Hombre. Salto en defensa de mi vieja, “¿Por qué gorila, si es la verdad?” “Porque eso es quedarse en lo chiquito, tu vieja era una comerciante exitosa, paradójicamente beneficiaria de la movilidad social ascendente que generó el peronismo”. Habla así, pomposo. “Claro, como que mi vieja no se rompió el culo laburando…” Podemos seguir así por horas. El Hombre intenta que yo comprenda el fenómeno peronista: la clase obrera, los laburantes, no tenían derecho a un horario fijo, a vacaciones, aguinaldo, a jubilación en muchos casos, a mirar a los ojos al patrón, a que les sobrara un mango en el bolsillo para salir a pasear. El pobre nacía y moría en la clase baja, las expectativas de ascender en la clase social eran nulas. Y bueno, tantos años con la pata encima de la cabeza, cuando se pudieron liberar de eso… Y sí, por supuesto que las damas de beneficiencia ya no pudieron lavar sus culpas entregando dádivas con el dinero del Estado. ¿Cómo del Estado? Sí, caridad que desgravaban de los impuestos. La caridad la daba ahora una negra teñida de rubia que reinvindicaba a los grasas, el negro podía por fin andar de traje, ir a Las Cuartetas a comerse un pedazo de pizza, ya podía ir a ver al Mono Gatica cagar y hacerse cagar a piñas en el Luna Park y las negras perfumarse, ir al centro y triunfar, como dice el tango. Podía votar, la puta que la parió. Ahora voto, soy igual, tengo derechos, tengo un sindicato que tiene un hotel en Mar del Plata, entendés eso? (sí, si muchos empezaron a ir a Punta del Este para no juntarse con ellos). Entonces cuando murió Evita, el obrero vino a decir “Ahora vos, ponete luto, che, que se nos fue la Señora”.

Los pibes le hacíamos un altar con las hojas más importantes de la palmera, las poníamos paradas contra una pared, poníamos un cajón, velas, un florero, la foto de ella, ya alguien venía y traía un mantel o una carpetita… Los 26 de julio eran así, los pibes lo hacíamos, eh? Yo tenía siete años, hasta los diez, y después en el 55 seguíamos levantando altares y los gorilas se morían y nosotros los custodiabámos con la gomera y se hacían las marchas de las antorchas desafiando a la Libertadora, nosotros la llamábamos la Fusiladora. A las ocho y vienticinco, nos agarrábamos con la policía. Entonces la figura de Evita se iba agigantando todos los años, la represión servía para agigantarla, cada vez era más diosa, más grande, era más la abanderada de los humildes. “Pero todo eso de los vestidos y las joyas…” El Hombre no me deja terminar: “Era envidia eso, ¿como una negra teñida, puta, se iba a poner esa ropa? ¡Esa era ropa de gente distinguida!”

Evita fue funcional a los planes de Perón, que trabajaba desde la astucia. Perón habló así a los empresarios, en la Bolsa de Comercio de La Plata: “Señores, yo soy uno de ustedes, es preferible que nosotros demos algo, antes que vengan ellos y nos saquen todo”. Ellos eran los comunistas, el peligro comunista. ¿Evita no era astuta? No, ella no sabía un carajo de todo esto, no tenía formación política. La Unión Soviética salió muy fortalecida de la Segunda Guerra Mundial, muy, muy fortalecida. El capitalismo, después de la crisis del año 30, no podía levantar cabeza; tardó en reconstruir Europa. Los movimientos de liberación nacional se expandían en Asia, en África, en América Latina… China se hizo comunista. Antes de que Perón ganase las elecciones, el 1° de mayo del 43, las banderas que flameaban eran rojas. Perón significó la reinvindicación de los derechos del laburante, que venía de la migración del interior. Perón entró en el cerebro de esa clase obrera nueva y Evita entró en el corazón. Por eso, cuando murió Eva, el sentimiento generalizado en los sectores peronistas fue de que Perón había perdido su mano derecha, el empuje fundamental. Coincidentemente se terminó la bonanza económica, se agotó el modelo, las exportaciones a Europa dejaron de ser tan importantes, Estados Unidos nos reemplazó.
Por una u otra razón, ya nada fue lo mismo.

El rol de las abuelas

Ayer fui al cine, a ver una de chicos. Delante mío había una abuela, muy coqueta ella, con dos nenas. Al lado, una mujer tan joven que su nieto podía pasar por hijo suyo. Como la cola iba para largo, empezamos a conversar unas con otras. La mayor se quejaba de que había trabajado cuarenta y siete años para darle una carrera a sus hijos y ahora que por fin podía descansar, debía ocuparse de sus cinco nietos. “Tengo setenta años, ¿cuántos más me quedan? ¿Quince años? Una no sabe cómo va a llegar, porque puede llegar bien… o no. Y ahora que todavía estoy con fuerzas, que podría dedicarme a mis cosas, no puedo hacerlo”. No es sólo durante estas vacaciones que se ocupa de ellos, todos los días lleva y trae a las nenas del colegio, con el varón “zafa” porque tiene transporte escolar. “Si no me ocupo yo, los padres no pueden trabajar”.

¿No hay algo malo en todo este sistema? Entendí perfectamente lo que esta buena señora transmitía, me dio pena por ella. Carece casi de vida propia, presa como está de horarios ajenos. En lo que significa un abuso de su rol de abuela, cría a sus nietos cuando sólo debería disfrutarlos, o en todo caso, ser de alguna ayuda. Pero no reemplazar a los padres. No es el único caso, la semana pasada conocí a otra abuela que había criado sola a dos de sus cinco nietos para que su hija pudiera seguir trabajando en una empresa. Un día se le escapó uno y en su afán por agarrarlo lo tumbó de boca, haciéndole perder varios dientes. La señora se traumó tanto con ese episodio que le dijo a la hija que no podía cuidarlos más, era demasiada responsabilidad. Es entendible, a esa edad los reflejos no son los de antes, se ve menos, se oye menos… Hace bastante leí un artículo que tocaba el tema de la infelicidad de las abuelas obligadas a ejercer un rol que las supera. Mi vieja, por poner un ejemplo diferente, manejó su vida como quiso. Le reclamaron seguido no haber sido una abuelita de cuento, yo le admiro las agallas de haberse plantado firme para hacer de su tiempo, su tiempo.

En otro orden de cosas, ¿no va siendo hora de que todas las empresas cuenten con sus propias guarderías? Ya debe ser bastante difícil trabajar siendo madre, para encima sentir ese desgarro del abandono.

Desasosegados de nacimiento

En alguno de sus libros supo hablar Saramago de la raza de los desasosegados de nacimiento. Me tocó viajar al lado de una. Alguien la llamó al celular para pedirle un dato. “Esperá que estoy viajando, lo busco y te llamo”, dijo ella. Y empezó el calvario. Que me pongo los anteojos, que me quito los anteojos, que hurgo en la cartera, que saco un papel que no es, que lo guardo, que elevo el codo y se lo clavo en el ojo a mi compañera de asiento, que me retuerzo, que tengo calor, que resoplo, que abro más la cartera, que busco con la otra mano. Por un momento me contagió su stress. Son los que dicen “no tengo tiempo, estoy a full, vivo a mil”. No sé. Estar a full, a mi modo de ver, es justamente lo contrario… hacerse tiempo para los amigos, el café, la charla tranquila. Parar un poquito, ver esa película, llevar a los chicos a Tecnópolis.

Tuve oportunidad de conocer en profundidad a gente adicta al trabajo, no es agradable de ver. Nosotros mismos, en la feria, tan despreocupados que se nos ve de afuera. Sin embargo nos decimos que hay que aprovechar los fines de semana largos o las vacaciones de invierno, y terminamos laburando más que muchos en la oficina. Mi última escapada fue a Orense, unos pocos días, después de varios años sin vacaciones.

¿Y qué tiene esto que ver con los desasosegados de nacimiento? Mucho, todo. Parar la mano, bajar un cambio, darse tiempo. Porque podemos salir de vacaciones y seguir desasosegadamente enchufados, eléctricos, “a full”. Es una forma de ser. Tiene poco que ver con el entusiasmo, es más una búsqueda que nunca termina, de algo difícil de definir.

Pensares

Digo yo… ¿de dónde sale ese mandato que obliga a una madre a levantarse cada dos horas durante la noche para darle el pecho a su bebé? ¿Y si ella se cae de cansancio? ¿Y si el bebé tiene un sueño tranquilo y profundo? ¿No sería lo más normal dejar que los dos duerman? ¿No decimos siempre que “la naturaleza es sabia”? Imagino que antes de conocer esa imposición las madres dormían a pata suelta y podían recuperarse. Y los bebés no morían de hambre ni mucho menos, crecían sanos y felices.
Puedo estar equivocada, claro, ¿pero no es para pensarlo?

Hoy vi a un muchacho con la cara pintada de plateado, de las cejas al mentón. Viajaba en el 5. Amén de ese detalle, su aspecto era normal y prolijo, un flaco más de mochila y pelo corto. Nadie le dio mayor importancia. Se me ocurrían mil preguntas: ¿Era mimo? No, no mimo… ¿estatua viviente? ¿Se maquillaba antes de salir, para ganar tiempo? ¿O se había quemado y lo que usaba era una crema regeneradora de algún mineral costoso? Como si fuésemos ciudadanos del Primer Mundo (nosotros, vestidos todos de negro y marrón), hicimos caso omiso del extraterrestre parado en el pasillo. New York, un poroto.

Tengo miedo que nos tape la basura, literalmente. Tengo miedo de que el oficio de cartonero/reciclador pase a ser uno de los más útiles, tanto como el de los médicos y maestros. Tengo miedo de lo que le hacemos al planeta. Compren algo en cualquier local de accesorios, de esos que abundan en los barrios. Los aros, por ejemplo, se exhiben en un cuadrado de plástico negro con una etiqueta en el reverso, detallando origen y precio. Una vendedora diligente los guardará en una bolsita de papel satinado, con base, cerrada con otra etiqueta autoadhesiva. ¿Termina ahí el packaging? Qué va, sorpresivamente aún falta una nueva bolsa con manijitas de soga. Todo en blanco y dorado, precioso. A eso súmenle el ticket, por supuesto. ¿Qué hace una cuando llega a su casa? Tira todo, a lo sumo se queda con el cartoncito y no por demasiado tiempo: abulta en el alhajero. Multipliquen ese descarte por número de clientas y sucursales. Agreguen el embalaje que requiere el fast food (bandejitas, cubiertos y vasos descartables, servilletas, sachets de condimentos), las botellas y latas, los pañales descartables… Ayer estuve en la zona de Avellaneda y Nazca, era imposible caminar, montañas de cajas, nylons y basura tapaban las esquinas, la gente vendía sus cosas conviviendo con lo que parecía una ciudad de comics, de arquitectura efímera. Se utiliza petróleo para todo lo plástico, y árboles para todo el papel.

Escribir mil veces: Se utiliza petróleo para todo lo plástico y árboles para todo el papel, se utiliza petróleo para

El uno para el otro

A veces nos preguntamos (permítaseme el refugio del plural) cual puede ser el punto de contacto entre dos personas cuyos gustos están en las antípodas. “El tango no es gran cosa, pero lo canta de maravillas”. El Hombre se refiere a Recuerdo, en la versión de Jorge Maciel acompañado por la orquesta de Pugliese. Cuando acertamos a escucharlo por la radio, dice cosas como “De pie, están pasando el Himno”. ¿La verdad? No me mueve un pelo. Menos todavía, cuando el Hombre acompaña con voz trémula y suerte diversa. “¿Pero qué te gusta tanto?” “¡Cómo lo canta, es una maravilla!”, repite entusiasmado. No conviene insistir con el tema. De hacerlo, recurrirá a una antología cronólogica (1900-1980) de Las letras de tango, coordinada por Eduardo Romano. La tortura. Qué otro nombre le cabe a la escucha forzosa -en un departamento de dos ambientes y durante la hora siguiente- de tantos tangos cantados a voz en cuello. “Vida, ya está bien…”, suplico. “No me censure… Era más blanda que el agua, que el agua blanda…” Me mudo de ambiente, la puerta del dormitorio no cierra bien. “Cruel en el cartel, la propaganda manda cruel en el cartel… mmjujujuju manda cruel en el cartel…” “Desde chico ya tenía en el mirar esa loca fantasía de soñar…”

Son preciosos. Cantados por Baglietto, el Polaco, Eladia. “Viejo ciego es una acuarela, no puede no gustarte”, me persigue. Y ahí vamos: “El día que se apaguen tus tangos quejumbrosos, tendrá crespones de humo la luz del callejón…” Tal vez en el baño… no, la puerta del baño tampoco cierra bien. “Si no te gusta Golondrina, te tenés que suicidar”, escucho desde adentro. Suena como si cantara en la puerta. “Golondrina de un solo verano, con ansias constantes de cielos lejanos, alma criolla errante y viajera, querer detenerla es una quimera…” La voz sube y baja y vuelve a subir, aunque no lo veo sé que el Hombre levanta la mano derecha acentuando los mejores versos. El próximo es Arrabal amargo.

Le hago escuchar un poco de soul, ¿se avendrá a bailar conmigo? Es la lengua del Imperio, carezco de raíces.

The One

If U’re lookin’ 4 the man that will walk away from responsibility
I ain’t the one…
If U’re lookin’ 4 a brotha that’ll treat U like anything but a queen
I ain’t the one…
But if U’re lookin’ 4 a man that’ll sweep U off your tired, weary feet
pay your bills, buy U pretty dresses and take U anywhere U wanna eat,
make love 2 U every night of the week
Look no further
I am the one

If U’re lookin’ 4 a man that’ll make big money and keep it all 2 himself
I ain’t the one (no, no, not me)
If U’re lookin’ 4 a man that’ll have 10 women and confuse it
all with his wealth – listen here:
I ain’t that one

But if U’re lookin’ 4 a man who can share his
dinero and buy U half the town
treat every step U take as if U’re walkin’ on
holy ground
place U above all others when it comes 2 the
gettin’ on down

Look no further – your man’s around
He’s standing right here

If U’re lookin’ 4 a man that’ll make U feel
like time has just begun
A man that’ll make U feel like U’re the only
thing that ever mattered
underneath the sun
If U’re lookin’ 4 somebody who will turn
your bad day in2 one long night of fun
Look no further, baby

I’m the one

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Tanto esfuerzo

El primer alerta fue un comentario de mamá a mis diez años, diciéndole a una vendedora que ya calzaba 36. Así fue que salí del local con unas ballerinas de adulta. En la primaria moría por unos mocasines, todas las chicas los usaban. Mocasines comunes, marrones, con medias tres cuartos blancas y pollera bajo el guardapolvo. Los únicos que conseguí fueron de Grimoldi, por aquel entonces llamada “la marca del medio punto”. Eran color verde. Verde seco, pero verde al fin. Mamá compró una pollera escocesa a tono, pero seguían siendo verdes. Más adelante -nunca comprendí el motivo- me eligieron para el papel de Cenicienta en una obra escolar… ¡mis “hermanastras” calzaban tanto menos! El resto del tiempo sobreviví con unas guillerminas de cuero, en invierno, y skippys, en verano. Para salir, guillerminas de charol, muy bonitas.

De adolescente la cosa empeoró. En nuestro pueblo había una sola zapatería que trabajaba sólo hasta el número 39, como mucho. Si una calzaba más, debía viajar a la ciudad capital o conformarse con lo que había. Traten de imaginar a una adolescente patilarga, con todas las inseguridades que genera la edad del pavo, buscando un zapato de hombre “…lo más neutro posible”. ¡Y el vendedor ahí, esperando! Recuerdo haber andado por esas calles de Dios vistiendo una polera de morley color turquesa, una minifalda floreada en violeta y mostaza, las consabidas medias blancas y zapatillas blancas y rojas, de un número menos. Una belleza. Una belleza también el dolor. No me vengan con el cuento de las pobres japonesas de pies vendados, hemos frecuentado el mismo infierno.

Con el tiempo resigné la idea de bajar de un descapotable rojo luciendo shorts y botas bucaneras, vestido corto con stilletos, o cualquier otra combinación seductora. Pasé a despreciar a la gente que juzga a su prójimo por el calzado que lleva. Vos me ves con estas chancletas de enfermera, pero puedo apreciar la buena música tanto como cualquiera, me oístes?

Hoy de mañana fui a comprar zapatillas. Porque los martes Dexter hace un 20% de descuento y se puede pagar hasta en 12 cuotas. Ja. Nada. Nada de nada de nada. Parece ser que con el tiempo he pasado a calzar demasiado como mujer, pero poco como hombre. Las zapatillas bonitas -las Nike con un detalle rosa o turquesa- llegan hasta el 40. Las Olympikus más o menos piolas están agotadas. ¿Cuáles quedan, entonces? Las de tennis, las verde flúo, las de caminata lunar en azul francia, las escocesas sin arco, las Converse para conciertos de rock. Ah, sí… y las de 900 mangos. Insisto de tarde, en otra sucursal. Para llegar tomo un colectivo que da mil vueltas y me deja a seis cuadras. Hace un frío de aquellos. La historia se repite como calcada, sólo que este local parece mucho más grande y realmente no puedo creer que no consiga una puta zapatilla, adjetivo más que apropiado para la hora y el historial de vida. Huyo antes de sucumbir a las negras con base verde loro.

De regreso en el 5, soy puro lamento interno: ¿puede ser que todo me cueste tanto esfuerzo? Por la calle, a la altura de mi ventanilla, va un cartonero. Primero distingo la bolsa gigante que lleva colgando detrás del carro, después veo el colchón de dos plazas coronando la carga y por último lo veo a él. Con el cuerpo inclinado hacia adelante, tira del carro con todas sus fuerzas. Tiene puesto un delantal de trabajo y el rostro deformado por la determinación. Estamos en Caballito. Observo el colchón, parece de los buenos.

Impresiones

9 de julio

Una chica reparte chalecos del PRO, alguien le cuestiona que el que le dio le va chico. “Ay, no sé… reclamale a Mauricio”, dice la piba, con su mejor acento de Barrio Norte. Sobre el escenario, un mujer vestida con pieles entona el Himno Nacional. Parece un pájaro forzando un trino, no mejora su performance la sospecha de playback. Se hace una suelta de globos celestes y blancos, los globos quedan encajados en las ramas altas de los árboles. El público hace “Uhhhh!!!!” y se ríe. La mujer vuelve a cantar. Esta vez a cappella, un tango. Ahí va mejor, como siempre que uno es auténtico.

Los coches antiguos avanzan haciendo sonar las bocinas. Siempre es una fiesta verlos, tan cuidados. Un conductor viste un viejo gabán que dice Ford, lleva además una escarapela que le ocupa la mitad del pecho. Los BMW Isetta son recibidos con aplausos, abren y cierran las puertas delanteras a modo de saludo. Varios conductores filman al público que los fotografía. Los colectivos fileteados son una ternura, hay tres de la línea 45. Los demás son modernos, pero participan del mismo concurso. Muchos recuerdan a una boite, tienen ese tipo de ambientación con luces azules. En varios suena la cumbia. Asomo la cabeza al pasar: un grupo de chicas baila en el pasillo, el chofer lleva el ritmo sobre el volante. Hay motos con su sidecar, también. Y no puede faltar el camión de los bomberos, con la sirena a todo lo que da.

Las fotógrafas de la feria se lanzan en busca de motivos. Veo pasar a Gladys, cámara en mano, con su largo pelo recién lavado. Xina está parada al costado de un paño con su Nikon, toma desde arriba cuatro aerosoles de un pibe que personaliza gorras, según reza un cartel. En el centro de la plaza varias parejas bailan folklore. No puedo quitar mis ojos de dos mujeres mayores, de pollera larga y zapatos de baile gastados. Con qué elegancia y placer bailan, el pelo tirante, la flor al costado. Una lleva un poncho norteño sobre los hombros, son lo más argentino de este día.

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10 de julio

“Pero en todos lados… ¡ladrona!”, estalla el viejo. “¡Ladrona!”, repite a quien quiera oirlo. “¡Ladrona -vocifera en la puerta- te voy a denunciar!” “¡Ladrona!”, aúlla ya en la vereda. La ladrona en cuestión ha pretendido cobrar una moneda para cargarle la tarjeta SUBE. Sólo unos minutos antes, otro viejo ha farfullado frente a la ventanilla algo que ella no entendió y tuvo que pedirle que repitiera: “Mi más sentido pésame”. El cyber estuvo cerrado por duelo, ha muerto su papá.
“Qué mal momento -le digo al irme- encima que…” Dejo la frase inconclusa, ella sólo puede asentir con ojos dolidos.

Viejos y nuevos tiempos

Hoy limpié una mancha rebelde del piso del baño con Cif. Y de repente recordé al viejo Odex. En su cilindro de cartón, con las tapas de aluminio. Parece mentira, pero mucha gente ni sabrá de qué estoy hablando. ¿Alguien recuerda los discos de loza blanca, con agujeros, para que la leche no desbordara? De vez en cuando hay una onda revival, descubrí en Colombraro hueveras iguales a las que usábamos en casa, cuando era chica. Y me dio tanta nostalgia, que estuve a punto de comprar dos.

Justificación de la nostalgia:
Cada mañana le preparaba a papá lo que él llamaba su desayuno checoslovaco. Consistía en un huevo pasado por agua (exactos tres minutos y medio) acompañado con dos tostadas de pan negro enmantecadas, saladas y cortadas en tiras, café negro y compota de manzana verde, bien fría. Papá golpeteaba con el filo de una cucharita alrededor del huevo, lo hendía y le levantaba una “tapita”. Después sumergía una tira de tostada dentro del huevo y la sacaba cubierta de yema. Su expresión no variaba, pero yo sabía que disfrutaba mucho. Era un hombre austero y medido, con una rara mezcla de austeridad y sibaritismo.

No hace falta remontarnos a nuestra infancia, muchos pibes no deben haber visto un cassette en su vida. Si los habremos rebobinado con una birome, toda vez que la cinta se hacía un lío… Hoy el CD ya es obsoleto, se usan el mp3, el mp4… ¿hay un quinto? (¿hubo antes un mp y un mp2?) Hace algunos días escuché la conversación de dos muchachos en la parada del colectivo. Hablaban de la Play. Les juro que parecían de otro planeta. Uno le decía al otro que había visto una remera con todos los tracks, o tal vez fuesen los blanks o scorts, en fin, los niveles de no sé qué cosa; de todas formas era en el estado de Human. “Loco, ¡aluciné!” Gente grande, de barba.

Yo no sé si es la edad o qué, pero ando lenta para aprender. Escuché esta mañana sobre la “partícula de Dios”, no entendí un carajo. En fin, también somos sus partículas. Tendrá paciencia, espero.

Recomendaciones

Aclaración casi necesaria:
Hace algún tiempo subí un posteo bajo el título El placer. No recuerdo bien de qué placer/es trataba, sí que no del sexual. Debe ser uno de los que más visitas ha recibido, lejos. Para no producir desencantos, este posteo se titula diferente. :-)

I
Como ya no puedo editar imágenes, voy a intentar describir el dibujo de un tal O’kif en la sección El viajero ilustrado, en Clarín del domingo. El trabajo ilustra una nota sobre la fiesta de San Fermín. Aclaro que no soy en modo alguno aficionada a la tauromaquia, al contrario. Eso no quita que me deleite el trazo suelto con el que ha dibujado a dos muchachotes corriendo a grandes trancos. O tal vez se trate de uno solo desdoblado (sí, seguramente), de pañuelo al cuello y faja rojos destacando en el atuendo blanco. De fondo, en un tono algo más ocre, la estampa del toro.
No se distingue a primera lectura, tanto corre el que corre.

II
Julie y Julia, con Meryl Streep y Amy Adams. Tienen que verla. Meryl Streep, es decir Julia Child, es una señora americana que llega a Francia con su marido. Una vez allí se enamora de la comida francesa y se empeña en transformarse en una cocinera de alta escuela. Amy Adams es Julie Powell, mucho más acá en el tiempo, habitante de un horrible Queens. Julie trabaja largas horas en una oficina del gobierno. Para escapar del ahogo se le ocurre la peregrina idea de abrir un blog basado en el libro de cocina de Julia (un mamotreto de 700 páginas), para lo cual debe cocinar una o dos recetas y editar el resultado en un posteo diario. El plazo que se autoimpone, para terminar el libro, es de un año.

Meryl Streep está impagable. Una suerte de Doña Petrona, que usa collar de perlas en la cocina. ¡Y Francia! ¡Y el contraste con Queens! Véanla, por favor. En Cuevana, donde sea.
A todo esto, yo estaba además comiendo pollo con papas y batatas doradas al horno, acompañados con un buen tintillo. Mmm…

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