Defensa más o menos ardiente de los libros de autoayuda

Ayer acerté a leer un posteo muy bien escrito en contra de los libros de autoayuda. Muy bien escrito, sin duda. Argumenta que los libros de autoayuda aíslan al individuo al hacerle creer que su presente sólo depende de él, de sus fuerzas, sin poner el foco en el contexto social en que está inmerso. Lo dejan solo.

http://grupoexpertosentodo.blogspot.com.ar/2012/06/anos-de-soledad.html

Discrepo. Es decir, en gran parte es cierto, si uno nació (y crece) en una villa, es medio de jodidos insistir “¡Tú puedes!”
Pero pienso ahora en los trabajadores de las fábricas recuperadas. Despedidos, sin su empresa, muchos de ellos no lograban encontrar otro trabajo. Bastó sin embargo que uno se sintiese fuerte -y lograse transmitir eso a sus compañeros- para dar vuelta la taba. El factor social fue decisivo, ¿de qué otra manera puede crearse una cooperativa de trabajo? Así y todo, primero ese uno debió sentirse lo suficientemente capaz. O desesperado, si se quiere. Si un libro de autoayuda (fabulemos), si una sola frase le dio impulso, bienvenido sea.

Me parece que se corre el riesgo, al ser tan determinantes, de caer en el extremo opuesto y usar el factor social para justificar de por vida nuestra condición. El medio condiciona, pero no determina. Pongamos mi caso (”…por nombrar una persona que tengo cerca”, decía una amiga). Tengo 54 años, no es fácil conseguir trabajo a mi edad, a los 30 ya se es viejo para el mercado laboral, etc, etc. Es verdad. Esa es la parte social, y haríamos bien en cambiarla porque es de lo peor. Ahora bien, puedo quedarme con esa idea condicionante -condicionante y cómoda- o hacer lo que sea necesario para salir adelante. La salida anida en nuestro interior. No lo digo yo, lo dice Victor Frankl en El hombre en busca de sentido, que descubrió esa libertad última en condiciones extremas, sometido a todo tipo de torturas y vejámenes en campos de concentración (Dios me libre y guarde de tildar a su libro como de autoayuda).

¿Quiénes escriben los libros de autoayuda? Médicos, psicólogos y psiquiatras. Eventualmente personas comunes, como ud o yo, que superaron trances difíciles y buscan compartir su experiencia. ¿Por qué es correcto que acudamos a terapia durante años y años (hasta que al profesional se le ocurra darnos el alta), pero está mal visto que leamos un libro escrito por otro profesional, subrayemos los párrafos que más nos llegan y aliviemos nuestra carga gracias a un pensamiento esperanzador?

Hace muchos años me separé, después de siete de noviazgo. Se me rompió el corazón, literalmente. Podía sentir el dolor en el pecho, me desmayé varias veces en el largo proceso de la separación. No quería estar. Perdí a mi pareja, mi trabajo, mi hogar, nuestros amigos, su familia, la ciudad en la que vivíamos y hasta mi mascota. Fue mucha pérdida. Lo hablé hasta cansar a los que me rodeaban. Todos esperaban que me recuperase rápido y saliese adelante. Es imposible transmitir lo que el concepto del “nunca más” significa en quien pensaba “para siempre”. Me tiré en una cama a dejar pasar las horas, lo único que me daba alivio era dormir (una forma como cualquier otra de no estar). Pasé meses arrastrándome por la vida, con una sola pregunta en mente: por qué, por qué…

Me sacó adelante un libro de autoayuda. “Las mujeres que aman demasiado”. Precisé la mirada de quien había pasado por lo mismo, de quien comprendía el agujero en el pecho a través del cual casi podía sentir pasar el aire. Me sentí comprendida por primera vez, con fuerzas por primera vez. No estaba obsesionada (palabra que se repetía una y otra vez), ni loca. La mía era la emoción correcta ante el duelo, ante el derrumbe del mundo tal cual lo conocía. No es un tema menor. Los lazos afectivos y familiares también influyen poderosamente en nuestra comunicación con el entorno. Entiendo la peligrosidad de olvidar la cuestión social. Pero, para simplificar, yo no creo que “el imperio” esté detrás del libro de Robin Norwood, manejando a la editorial para lavarnos el cerebro.

Como pasa a menudo, es probable que la verdad esté en el famoso término medio: ni tanto ni tan poco. Las condiciones sociales tienen muchísimo que ver con nuestro bienestar, pero lo que pensamos de nosotros mismos, también. “Medicina es lo que cura”, dijo el gran Florencio Escardó. A mí me curó un libro de autoayuda, mi agradecimiento.