No invites a demasiadas personas

Solía ser dura con las mujeres que saben que sus maridos les son infieles y siguen adelante con la relación. “Mantenidas, cómodas”, decía una amiga… y yo coincidía. “Prefieren hacer la vista gorda, con tal de no tener que salir a trabajar”. En el mejor de los casos, las considerábamos negadoras con baja autoestima.

Eso hasta hoy, hasta las más que creíbles actuaciones de Renée Zellweger, William Hurt y Meryl Streep en Las cosas que importan. Meryl Streep es ama de casa en un pueblo. La trama se puede sintetizar diciendo que está gravemente enferma, su marido la engaña y su hija (que ha abandonado su trabajo en la ciudad para cuidarla) lo sabe desde hace algún tiempo. “¿Por qué estás tan enojada con tu padre? -pregunta Meryl Streep en su papel- antes eran tan unidos…” La hija pretende negarlo. “Dentro de un tiempo yo no estaré y van a necesitarse el uno al otro”.

-Por favor, mamá, no digas eso.
-Escúchame bien porque sólo lo diré esta vez y tal vez ni siquiera debería: no hay nada que sepas de tu padre que yo no sepa ya. Nada.

La hija la mira atónita.

-Cuando eres joven piensas “¡Jamás toleraré esto, jamás toleraré lo otro!” Pero el tiempo pasa. Y cuando te has acostado mil veces con tu marido, cuando la carne cuelga y se vuelve fofa, piensas que no lo tolerarás un minuto más. Pero al día siguiente te levantas y la cocina huele a café y los niños se han peinado solos…

(la sonrisa es tan bella en esta parte)

…y todo lo que has hecho y haces gira alrededor suyo, los hijos, la casa, todo. Todo está ahí: tu pasado, tu historia. Y no puedes borrarlos, sería como quitar una cara de un retrato, sólo quedaría un hueco.

La hija la mira sin decir nada. “Tú eres muy dura -sigue la madre- muy severa, si sólo andas por la vida con esos atributos, no te va a ir bien. Y no estaré aquí dentro de diez años para decírtelo”.

-Por favor, mamá…
-¡No me hagas callar, quiero expresarme antes de morir! Tengo cosas para decir, cosas aquí dentro. Es tanto, tanto más fácil ser feliz. Tanto más sereno… Hay algo más que quiero decir: estoy triste.

“Por qué estás triste”, pregunta la hija con un hilo de voz. “Porque no podré planificar tu boda. No lleves niños cargando los anillos, distraen la atención de la novia”. “Tal vez ni siquiera me case…” “Y -continúa la madre como si no hubiese escuchado nada- no invites a demasiadas personas”.