El siniestro
El muchacho se expresaba con claridad, era yo la que no entendía. Le puse cara de señora que baldea la vereda en batón y ruleros. “Para mí es todo chino básico…” Lo único que comprendí es que al hurto lo llaman “siniestro”, que a la línea la anulaban y que me iba a llegar una factura de veintinueve pesos, que ya fue emitida, en concepto de vaya a saber qué cosa. Ah, sí… que Movicom ahora es Movistar y que el chip se viene con uno. Todo eso me insumió unas tres horas, contando el viaje. En la oficina había mucha cola, la mayoría era gente que denunciaba: “Me robaron el celular el sábado, estuve llamando pero no atendía nadie, por eso me vine hasta acá”, explicaba una mujer con su nena en brazos. Otra reclamaba la concreción de un trámite que ya lleva tres meses. Una más allá quería cambiar su plan, de tarjeta a abono fijo.
Tal vez, pensé, atraje todo esto. Ya estaba cansada de mi celular, incluso el último tiempo ni siquiera se podían comunicar conmigo, respondía directamente el contestador. Pasé largos minutos intentando encontrar el modo de cambiar la configuración, o tal vez fuera el tono o vaya uno a saber. Además el tamaño dejaba bastante que desear, mis dedos se sentían enormes pulsando esas teclas minúsculas. Eso, sumado a un protector negro (jamás conseguí el clarito) y al hecho de que el teclado se iluminaba cuando quería, terminaron de disgustarme. Venía coqueteando con la idea de cambiarlo por un Samsung, en Movistar, justamente. Ah, tener buena señal y una pantalla grande… qué maravilla.
Me robaron la billetera, ya fue dicho. Si mal no recuerdo la Sube estaba dentro, así que hoy de mañana revolví la casa buscando monedas para viajar. En esa búsqueda, metí la mano en el bolsillo de una campera colgada en el perchero. ¿Y con qué me encontré? Con mi celular. Mi viejo, querido, despreciado celular. “Desllore todo lo que lloró ayer”, dijo el Hombre. No señor, bien llorado estuvo.
Fui a activar la línea y decidí decir la verdad. “Ayer vine porque me habían robado el celular, pero lo encontré”. La chica tras el mostrador no se sorprendió, habrá escuchado cosas más extrañas. “Disqué el número en casa apenas me faltó -seguí en un intento de justificación- pero estaba puesto el contestador, por eso no lo encontré antes”. “Eso es porque anularon la línea”. “No, no, ya de antes andaba así, si no podían comunicarse conmigo…” Tengo que esperar a que la habiliten y si el problema sigue, volver.
Sé más de telefonía móvil que antes del… siniestro.
En la parada del colectivo, una señora me cuenta que se le cayó la tarjeta de cobro por una especie de alcantarilla que está frente a los cajeros automáticos del Banco Ciudad. Cerraron el Banco y trajeron la llave, pero no hubo caso, se atascaba. Tiene que volver hoy a las cuatro, van a llamar a un cerrajero.
-Sólo a mí me pasan estas cosas.
-Quédese tranquila que a todos nos pasan.
-Es lo que me dice mi amiga.


