El valor vida

Lo bueno de llegar a la plaza temprano, es que puedo armar tranquila. Lo malo es que a estas horas se ven cosas que normalmente pasan desapercibidas. Una pareja pasa frente mío, ella muy dada vuelta, tal vez fumada o borracha. Va hablando sobre ecología. Al rato se les une un tercero, algo más lejos de donde estoy. Y empiezan los gritos. El tercero en cuestión pasa al lado mío. “¡Mariquita, vení a pegarme de nuevo!”, grita la chica.

“Uh”, dice el flaco. Eso sólo. Uh. Pero mete miedo. Porque vuelve sobre sus pasos, la cara enrojecida. Desde donde estoy alcanzo a verlo sobre el cuerpo de la chica, por las dudas saco una rama apoyada sobre el muro y la tiro en el contenedor de la esquina, no sea cosa que le dé ideas. La piba grita y llora, y yo no sé qué hacer. ¿Meterme? No, ni la gente con más calle interviene en estos casos, cuando están tan dados vuelta se corre el riesgo de recibir un puntazo. ¿Llamar al 911? No confío en la policía, con tanto caso de gatillo fácil. Es un drama, la vida de esta gente es un drama. Hacia el mediodía los tres cuerpos duermen juntos, la cabeza de la chica tapada por una manta. A escasos metros, los turistas almuerzan ajenos a todo.

*

Macri casi festeja la muerte del ladrón, a manos del joyero de Once. Qué indignidad, llevárselo esposado y con la cabeza cubierta, a él, que sólo actuó en defensa propia. El muerto, una lacra. Bien muerto está. El abrazo, al comerciante. Las condolencias, al comerciante por el trato recibido. Ni un solo pensamiento que profundice en una posible desigualdad social.

La vida del ladrón no vale nada. Y tanta, tanta gente que piensa parecido. Que vayan a laburar, manga de atorrantes hijos de puta. Supongamos que sí, de madre puta. O de padre alcohólico. Gente de la villa. Adictos. Violentos. Pendencieros. Irrecuperables. Qué fácil resulta opinar con un techo sobre nuestras cabezas y un plato de comida en la mesa.

Conozco un hombre, joven, muy joven, que se cortó el cuello clavándose una botella rota. Se lo ordenaron voces, voces en su cabeza que le indicaban hacer cosas malas. Tiene los pies hinchados por la diabetes, anduvo descalzo varios días porque le robaron las zapatillas. Ayer lo vi tomando agua de una botella. Calzado. Flaco, con los pantalones enormes. Qué lindo saber que está mejor.


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