La elegancia

Señora, mis respetos. Quiero llegar a los ochenta y uno con su misma elegancia, con la espalda derecha y la letra bonita. Con la misma ilusión que la vuelve inmortal cada mañana. Con la piel fresca y el discurso sencillo. Quiero darle a mi vida un sentido tan profundo como tiene la suya. Quiero sobrellevar mis dolores con la mitad de su gracia. Aunque le soy sincera (y con todo respeto se lo digo), aspiro a su resurrección diaria sin tener que pasar por los desgarros de la cruz. Porque en ese ánimo de renacidos deberíamos vivir el día a día, con esa misma esperanza.

Ojalá encuentre ud a su Guido. “Que me encuentre, o que me deje que lo encuentre… que me deje encontrarlo…” Es ud clara, y valiente y sincera. Pareciera que un hilo invisible la sostiene desde el cielo y la ayuda a avanzar sin tropiezos por los juzgados del mundo.

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