Parloteo mental
De cómo decimos cosas de nosotros
El hombre lleva el pelo prolijamente cortado. Su barba de pocos días, entonces, no es un tema de dejadez. Tiene un anillo de plata en el anular izquierdo. El anillo le aprieta, todo indica que se puso de novio con unos kilos menos. Lee un libro, sus dedos de uñas comidas pasan las páginas con cuidado. Usa anteojos.
Un tipo atildado, futuro barbeta, comprometido, ex flaco, ansioso, chicato. Sólo falta saber qué lee para hacer un diagnóstico más preciso, pero no hay manera de pispear la tapa.
Detrás suyo, una mujer en sus treinta atiende el celular por primera vez. No es una llamada de amor, verifica el mensaje con un suspiro. A la segunda vez, su rostro ya muestra resignación.
Cruzando el pasillo, una señora se protege del sol con la mano. Es un sol tempranero y ella es morocha, ¿por qué tanto cuidado? Está recién maquillada, es eso.
Me observo a mí misma desde afuera, veo una mujer medio dormida que no tuvo tiempo de peinarse, cargada con un bolso, dos abrigos, una cartera y una mochila. ¿Fin de semana largo? Mmm, no. Observo las sandalias y el colgante… feriante, posta.
El Cosmos es más que la suma de las partes
Sobre Bartolomé Mitre al mil y pico, un graffiti de difícil lectura se me aclara al avanzar el colectivo: Amigate con el Cosmos. Casi al lado, una iglesia luce en su frente incongruentes hileras de bombitas de colores. La fachada es antigua y sombría, imagino la mirada fija de los Santos y el Jesús crucificado en el atrio.
Compré un precioso colgante de plata filigranada. Un compañero me dijo que es la estrella de David, la de seis puntas. Voy a intentar cambiarlo… me sedujo la estrella, no el símbolo religioso.
Sobrevivir
En los campos de concentración nazis -leo en El hombre en busca de sentido, de Victor Frankl- era sumamente importante eludir a los guardias de las SS. Los prisioneros que caminaban a tropezones por los campos helados, buscaban protegerse de los golpes en el centro de las formaciones, como ovejas que se agolpan en el centro del rebaño. ”Siempre hacíamos lo posible y lo imposible para no llamar la atención de las SS”.
Este no llamar la atención -pienso- es un recurso de supervivencia profundamente enraizado, sólo basta recordar cómo nos empequeñecemos en una calle oscura. En condiciones de vida normales, en cambio, el sistema obliga a desplegar todas nuestras plumas, ya sea para encontrar amor o vender.

Bartolomé Mitre al mil y pico? Iglesia de la Piedad, seguro, y por ahí (al 1300) el pasaje Rivarola, antes pasaje La Rural, en el 111 nació esta servidora… Ay Maia, no me haga moquear, que nostalgia me da ese barrio!
Y me quedo con esa última frase: “…desplegar todas nuestras plumas, ya sea para encontrar amor o para vender.” Y sí, en realidad una cosa se relaciona con la otra, no? O cuando buscamos amor no vendemos un poquito de nosotros? Y cuando vendemos algo, no estamos ofreciendo también amor?
Ay, el crepúsculo me puso profunda y reflexiva… Vamos pa’ la heladera, a ver si se nos pasa!!
Besos!