Los comentaristas

buzon

Y vamos por más, ¿o acaso no somos también comentaristas? Encuéntrese, tal vez sea una suma de dos o más.

El cariñoso o la amorosa

Divino/a. Parece interpretar exactamente lo que quisimos expresar o nuestro estado de ánimo. Leerlos es sentirse contenido/a.

El jodido

¿Estamos solos/as, tristes, medio abandonados/as de la mano de Dios? Ahí está él para no permitir que lo olvidemos. Si por el contrario nuestra vida mejora, aparece para decir que nos conformamos con poco. Por supuesto que aspirar a lo mejor sería desear la compañía de alguien como él, perfecto por los cuatro costados.

Un voluntario que explique la diferencia entre autoestima y egolatría… ¿nadie?

El fiaca

Pucha que está lento el sistema. Es una mierda, esto está cada vez peor. Mañana, mañana pruebo, ajummm!

El minucioso

Comas, puntos, redacción, nada escapa a su mirada perfeccionista. Sus comentarios son pequeñas obritas de arte, orfebrerías, casi. Nos sentimos honrados por su prpaso, perdón, paso.

La apurada

Escribe desde el laburo, a veces ni siquiera lee el post. Suele comentar lo escrito por el último comentarista, generalmente con un “jajaja”. Se abusan de la amistad, dos horas nos llevó el posteo, dos.

El payaso

No importa de qué escriba uno, así sea del caso de espionaje de los Estados Unidos, él va a enfilar para el lado del sexo. Ni hablar si el tema es el sexo mismo, agarrate Catalina. ¿Nos hace reir? Claro que sí, larga vida.

La catártica

Nos regala trocitos de su vida en cada comentario, muchas veces sesudos y sensatos. Leerla es sentir que nos abren la mente con un espéculo. Qué, ¿no les gusta la imagen? Tiren otra, no puedo TODO.

La psicóloga

La queremos, no caben dudas. Pero a veces viene con cada análisis, que uno/a se siente un gusano. ¿En serio SIEMPRE hacemos eso? ¿De veras somos tan boicoteadores de felicidades propias y ajenas? Auch.

El vanidoso

Le gusta leerse. Mucho buscador, mucho dato, hay que tener tiempo para no contestarle una gansada. Enriquece el posteo, sí señor, pero después de cinco de sus comentarios uno queda cansadooo…

El peleador

No es como ud dice, para nada. No diga pavadas, así anda el país. Por gente como ud es que no terminamos nunca de salir del pozo.
Y la sigue, eh? A morir, capaz que tres días después vuelve al post de la polémica a dejar otro comentario que demuestra cuánta razón tiene y qué equivocados estuvimos siempre (hermano, hay tantos blogs, te acompaño hasta la puerta, vení…)

El poeta o la poetisa

Sus comentarios superan con creces el posteo mismo. Parecerían escribir con la sangre de su corazón, tan cerca los sentimos.

El enamorado o la enamorada

Amor dulce, platónico, imposible. Cada comentario suyo nos alegra el día, quisiéramos no perder contacto nunca.

El brillante

Sus comentarios destilan inteligencia, centellean entre todos como monedas en la arena. A veces posteamos pensando en su nivel de excelencia, como un tributo.

El cachondo

Que también los hay, no crean. No viene nunca, pero parece oler cuando una escribe medio hot y ahí aparece. No, amor, no me volví porno, llevo escritos 810 posteos… ¿de veras no leíste el de la soja?

La puteadora

Ah, la puteadora. Venía bien, poesía y qué sé yo. Un día, ella sabrá las razones, se enojó con el mundo. Pasiones, alianzas, intrigas y agresiones en un crescendo nunca visto. Un río de lava para recordar… ahora el volcán duerme.

El fantasma

Un no-comentarista (gracias penelope), un voyeur que sobrevuela los posteos. ¿Por qué no desciende? ¿Qué puede pasar si escribe alguito?

El autor

Tiene su propia marca de fábrica, aún cuando no se loguease sería fácilmente reconocible. “Buenos días todos”, “Que lo parió” o “Besitos ricos” suelen ser su firma.

Test para bloggers

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De la simpática serie de tests Hey, pequeño… ¿Qué clase de blogger eres?

El avatar

a- Ud es lo suficientemente bello/a, por tanto su avatar es un primer plano de su propio rostro que pasa exitosamente una aproximación del zoom o como se llame.

b- Ud no es tanto bello/a como inteligente, por tanto su avatar es un primer plano retocado, cosa que se disimulen arruguitas y demás. Tal vez lleve sombrero o muestre una buena espalda.

c- Ud tiene un buen lejos, su avatar lo muestra en alguna actividad interesante.

d- La cámara y la tecnología son claramente sus enemigas, ud se quedó en el blanco y negro. Su avatar puede mostrar un ojo ajeno, una flor, un zapato de taco, cualquiera.

El perfil

a- Ud quiere que lo/a conozcan. Su perfil explicita que es profesional o publicó varios libros, tal vez ejerce como periodista, quizás sea músico/a (es leerlo y sentirse atraída/o, al toque)

b- Ni tanto ni tan poco, no se trata de un CV. Unas pocas frases bien escogidas, a buen entendedor, pocas palabras.

c- La cita de algún personaje ilustre, es lo mejor.

d- Un mensaje desde el corazón, generalmente edulcorado. Es leerlo y pensar puf, de manera automática. Eso, y la lengua para un costado, como los personajes de Quino.

La frecuencia

a- Ud es una persona ocupada, tiene un trabajo gratificante donde gana bien, además de múltiples intereses. El blog es sólo otra de sus actividades, sube un posteo una vez por semana o algo así. 

b- Ud tiene el blog para seducir o porque ama escribir o tal vez ambos. Sube un posteo cada día, a lo sumo cada dos días.

c- Ud sufre una adicción. Sencillamente no puede dejar de escribir, a veces a razón de cinco o seis posteos diarios, en tres blogs de diferentes temáticas… ¡además de contestar los comentarios y pasar por los blogs amigos! (y qué nivel de excelencia, ¿cómo hace?)

d- Ud ya no escribe más, se lo prohibió su pareja, recomendó el psicólogo, aconsejó su mejor amigo.

La sociabilidad

a- Ud asiste a cuanta reunión blogger se realiza, desde sus mismos inicios. Es más, ni siquiera tiene blog. Lleno/a de encanto, conquista de manera inmediata a los presentes, que requieren su presencia cada vez.

b- Ud va, sí. Con cierta renuencia y mucho melindro. Detesta sus fotos en facebook y la posibilidad de que pueda pispearlas él/ella (no es que tenga panza, es que justo estaba sentado/a de esa forma, ¿quién no tiene panza sentado/a de esa forma?)

c- Ah, cómo le insisten: “Pero dale, vení, si vamos a estar todos”. Se mete varias veces en el posteo de invitación a la reunión y comenta cosas como “Si me animo, voy” o “Si ven llegar a alguien con una bolsa en la cabeza, soy yo”. Provoca una mezcla de ternura y fastidio, sobre todo porque cuando por fin aparece, no es ni de lejos tan feo/a como uno imaginaba y encima pasa los primeros quince minutos contándole a todo el mundo lo que le costó ir. Pst! Y la timidez, ¿dónde quedó?

d- Ud finalmente se anima. Pero ha metido tanto la pata y cosechado tantas antipatías, que se contenta con ver la reunión desde lejos, oculto/a tras una columna.

El motivo

a- Ud tiene un blog porque lleva una vida interesante y rica, plena de experiencias que gusta  compartir.

b- Ud tiene un blog porque lo empuja alguna razón social, una suerte de necesidad de despertar conciencias. El blog, además, le da sentido a las horas transcurridas en un trabajo que a veces no lo tiene. Entran en esta categoría, además, todos los que se sienten escritores… ¡si sólo falta que los descubra un buen editor! Puede decirse que el común denominador es la pasión.

c- Ud tiene un blog porque está recién separado/a y precisa desahogarse, o porque es una manera tan buena como cualquier otra de conocer gente.

d- Ud tiene un blog porque un día le pareció buena idea, pero lo ha dejado morir de muerte natural, ya fuere porque se enredó con mala fortuna con otro/a blogger o simplemente se aburrió de si mismo.

La comunicación (¿cómo contesta ud?)

a- Si está libre al momento de ingresar el comentario, responde enseguida. Parece tener un don natural para que sus comentaristas se sientan en una charla de café con ud, escuchados y comprendidos.

b- Contesta. Contesta siempre, pero se demora. Por el calor, por el frío, porque otra vez este pesado/a, porque justo pasan su jefe o su señora/marido y no puede concentrarse.

c- Contesta a unos sí y otros no. “No me caés, pibito, que te quede claro”. Si prevé una andanada de improperios, a veces incluso modera los comentarios.

d- No contesta jamás (¿sabrá hacerlo?) Ma sí, quién precisa respuesta de este/a narcisista tan interesante que lleva escritos varios libros, según su perfil.

Resultados

Mayoría de respuestas a:

Ud es seguro de si mismo, insultantemente seguro, le decimos desde aquí. No puede andar así por la vida, oyó? NO PUEDE.

Mayoría de respuestas b:

Bueno, ud nos cae mejor, no llega ser un loser pero es más gente como uno. Que no decaiga, ánimo!

Mayoría de respuestas c:

Mijito/a, así no vamos a ningún lado… enderece la espalda, quiere?

Mayoría de respuestas d:

Y bué. Más se perdió en la guerra.

Disfrutar

La presión

El sábado vi una parte de America’s got talent. Enganché justo una semifinal, nada menos que por un premio de 1.000.000 de dólares y un contrato en Las Vegas. Con diez finalistas, cinco de los cuales quedarían afuera. Me apoltroné cómodamente, dispuesta a disfrutar de una buena hora. El presentador insistió mucho en que los artistas iban a tener que dar lo mejor de sí para ser elegidos por el jurado y el voto del público, que ésta era la oportunidad de sus vidas y debían brindarse enteros. ¿La verdad? No me gustó.

El primero fue un grupo de percusión, medio a lo Stomp. No digo que no hayan transpirado, tocaron un tema muy conocido que ahora se me escapa y lo tocaron bien, con cosas que encontraron en una chatarrería. Pero fue tan este-tema-vale-un-millón-de-dólares, que supongo hubiese preferido el que los llevó hasta esa semifinal. Después fue el turno de un negro de preciosa voz, rica y profunda. Como bien le dijo la jurado, abusó de los floreos, sin necesidad alguna. Ya cuando vino el pianista japonés y le arrancó fuegos artificiales al piano, me aburrí y fui a la compu. No llegué a ver a la cantante lírica, temí por mis oídos. Demasiada presión, demasiado en juego.

Pero acerté con Grandes migraciones, por el Canal Geographic. Precioso… los gansos jóvenes, tan unidos entre sí que al aprender a volar no se percatan de la necesidad de distanciarse. Imaginen esas alas abriéndose por completo en cámara lenta, una belleza.

La feria querida

El flaco es colombiano, bonito. Toca la guitarra y la armónica, lo que mejor le sale son los ritmos cubanos. Nos reunimos espontáneamente alrededor suyo (junta más gente que el show de tango), Agustín pasa la gorra en joda, una feriante le pone quince centavos.”Ésta es una muestra clara de la apreciación del arte”, dice Agus. Medio en joda, medio en serio, todos terminamos poniendo dos pesos, la música y el momento bien los valen.

El colombiano se ve feliz, ya tiene para la birra. Lenie, excelente artista, fotógrafa y dibujante, dice al lado mío: “Toca bien, pero no sabe administrar el dinero”.

El tiempo

Realismo poco mágico

La adolescente llora su desconsuelo en la vereda, un mozo la mira de reojo, parado en la puerta de la pizzería. Escucho al pasar a una señora que está con ella. “Nada, le robaron la cartera…”

Cruzo la esquina, a los dos pasos oigo el grito de una rubia: “¡Hijo de puta!” Lo único que alcanzo a ver es una camisa blanca, ¡qué velocidad! Qué pasó, preguntan dos chicas. Por algún motivo recelo de ellas, me parece que saben exactamente qué pasó. Igual la rubia les explica lo obvio, que quisieron arrebatarle la cartera. Cruzo la correa de la mía sobre el pecho y aferro con más fuerza la bolsa que llevo, está jodida la zona de Plaza Flores.

Dos muchachos vienen caminando de frente, se dan vuelta para mirar a una mujer. Es una mirada calculadora que estremece. La mujer zafa, carga la mochila adelante. “Tené cuidado que están robando”, le digo a otra que camina casi a la par mía, tan aferrada a su cartera como yo. “Sí, ya me avisaron allá atrás”.

Salgo de Farmacity y estoy por cruzar Rivadavia, veo venir a tres pibes en dirección a la Catedral, los tres con gorros con visera. El último de ellos camina más lentamente y a los tropezones, va gritando con los brazos abiertos: “¡Por el paco! Por el paco…” Lo observo mientras espero el semáforo, se ríe con falsa felicidad.

Han pasado sólo veinte minutos.

Preso y con un chip en el tobillo

“No estoy habilitado para comprar nada”. Mi compañero cuelga.

-¿Qué fue eso?

-Telefónica.

-Pero suena a que estás preso o algo así.

-Me inhabilitan la conciencia y el bolsillo, todo lo demás lo pone el otro.

Sonrío. 

-¿Y la mina qué te dijo?

-”Ah, bueno… disculpe”. Cortó rápido.

Parloteo mental

De cómo decimos cosas de nosotros

El hombre lleva el pelo prolijamente cortado. Su barba de pocos días, entonces, no es un tema de dejadez. Tiene un anillo de plata en el anular izquierdo. El anillo le aprieta, todo indica que se puso de novio con unos kilos menos. Lee un libro, sus dedos de uñas comidas pasan las páginas con cuidado. Usa anteojos.

Un tipo atildado, futuro barbeta, comprometido, ex flaco, ansioso, chicato. Sólo falta saber qué lee para hacer un diagnóstico más preciso, pero no hay manera de pispear la tapa.

Detrás suyo, una mujer en sus treinta atiende el celular por primera vez. No es una llamada de amor, verifica el mensaje con un suspiro. A la segunda vez, su rostro ya muestra resignación.

Cruzando el pasillo, una señora se protege del sol con la mano. Es un sol tempranero y ella es morocha, ¿por qué tanto cuidado? Está recién maquillada, es eso.

Me observo a mí misma desde afuera, veo una mujer medio dormida que no tuvo tiempo de peinarse, cargada con un bolso, dos abrigos, una cartera y una mochila. ¿Fin de semana largo? Mmm, no. Observo las sandalias y el colgante… feriante, posta.

El Cosmos es más que la suma de las partes

Sobre Bartolomé Mitre al mil y pico, un graffiti de difícil lectura se me aclara al avanzar el colectivo: Amigate con el Cosmos. Casi al lado, una iglesia luce en su frente incongruentes hileras de bombitas de colores. La fachada es antigua y sombría, imagino la mirada fija de los Santos y el Jesús crucificado en el atrio.

Compré un precioso colgante de plata filigranada. Un compañero me dijo que es la estrella de David, la de seis puntas. Voy a intentar cambiarlo… me sedujo la estrella, no el símbolo religioso.

Sobrevivir

En los campos de concentración nazis -leo en El hombre en busca de sentido, de Victor Frankl- era sumamente importante eludir a los guardias de las SS. Los prisioneros que caminaban a tropezones por los campos helados, buscaban protegerse de los golpes en el centro de las formaciones, como ovejas que se agolpan en el centro del rebaño. ”Siempre hacíamos lo posible y lo imposible para no llamar la atención de las SS”.

Este no llamar la atención -pienso- es un recurso de supervivencia profundamente enraizado, sólo basta recordar cómo nos empequeñecemos en una calle oscura. En condiciones de vida normales, en cambio, el sistema obliga a desplegar todas nuestras plumas, ya sea para encontrar amor o vender.

Viene Stomp

stomp

Y hay que verlos. No se los pierdan, por favor. Cómo definirlos… es un grupo que hace percusión con objetos de uso cotidiano.

Tengo un compañero de feria, un pibe jovencito, divino. Pues bien, los otros días le comenté de Stomp y se puso re feliz, hace como diez años vio una película de ellos pero no sabía cómo se llamaban (Agustín toca la batería y muy bien, por cierto)

“¡Son unos genios! Sabés que entraron al escenario, uno mordió una manzana, cranch, cranch… después siguió otro (crunch!), y otro más, y te hicieron música con eso. Re copados los chabones…”

La primera vez que los vi, salí enloquecida, quería hacer eso, quería irme de gira con ellos… ¡quería fugarme con el circo!
Y resultó que ayer abrí la revista de La Nación y tropecé con un aviso chiquitito que dice que Stomp se presenta del 18 al 21 de este mes en el Teatro Ópera, entradas desde 70$.
Hay una cartelera en Cerrito y Diagonal Norte, allá voy.

Asumiéndose

Hermano, qué rollo con el tema de la edad. Tengo una amiga, preciosa ella, ayer me dijo: “Yo nunca te voy a quemar con el tema de la edad”. Quemar, a la flauta. Le mandé un mailcito: “Si a mis cincuenta y dos tengo vergüenza de mi edad, ¿qué queda para más adelante?”

En otra oportunidad subí un post con este mismo tema, alguien ingresó para comentar: “Maia, no cometa sincericidio, le pido por favor!!!”
A ver… soy una señora, parezco una señora y está bien que así sea. El señor de cincuenta pirulos que prefiera una mujer veinte años menor, de todas maneras no va a elegirme. Entonces, ¿por qué no relajarme?

No quiero entrar en una competencia perdida de antemano, luchando por modernizar mi look, pagando fortunas en mesoterapia o matándome en el gimnasio. Me niego. Tarde o temprano todos van a llegar a esta misma edad, incluso más edad, vean lo que les digo. Y van a desear ser aceptados como son, no como alguna vez fueron. Con canas, pelada, panza, celulitis, várices, rollos, lunares nuevos, juanetes, hemorroides o callos. Todas esas cosas feas que trae la vejez.

El problema es que asociamos vejez con falta de amor, los viejos se quedan solos, están fuera del mercado. ¿Están fuera del mercado? No necesariamente, dependerá de los sueños y la alegría de vivir de cada quien. Entretanto me asumo, cincuenta y dos pirulos. No sé si bien o mal llevados, pero llegué hasta aquí y pienso seguir un rato largo. Tengo canas (me las tiño) y me cuesta llevar el bolso a la feria. Pero los otros días constaté que el peso del bolso estiró mi brazo izquierdo, que había quedado con menos ángulo de apertura tras una fractura.

La vida es bella.

En la feria

Orgullo

Tarde de sábado. Linda tarde, plácida. Del árbol bajo el cual estamos sentadas cae resina que estalla, verde y pegajosa, contra nuestra piel, pelo y ropa. “Corrámonos -le digo a Mónica- me siento cubierta de Savia Vegetal Inecto”. De repente, un revuelo de sillas, todo el mundo se para y mira hacia el otro lado de la plaza, sobre Humberto 1°. Algo grave pasa, lo primero que pienso es en alguien en medio de un ataque cardíaco. Yesenia viene corriendo hacia su puesto como quien busca refugio, la cara blanca. “Ay, no no…”

-¿Qué pasa, Yesi?

-Allá, un tipo con un machete así de largo, fue a descargarlo sobre otro… y io no puedo ver sangre, me descompone.

-Pero no Yesi (dice Karina), debe ser uno de esos palos que se usan para hacer malabares…

-Te digo que no, era un machete.

Los paseantes se detienen y la miran con curiosidad -Yesenia sigue tensa y pálida- hasta que al final dice “Estoy haciendo teatro!!!” La gente se dispersa. “Pero, esta Yesenia… que la parió”, le digo a Mónica. De repente me doy cuenta que ha mentido para sacarse las miradas de encima. La historia es tristemente cierta: un feriante abalanzándose sobre otro, con un machete en alto. Rambón llama por teléfono desde la cabina enfrente nuestro (supongo que al 911), lo escucho hablar de “un individuo armado con arma blanca, manden un móvil”, antes de partir raudo. Para estas cosas es bueno, Rambón.

La señora que arma junto a los del conflicto, todavía está agitada: “Si no hubiese sido por el cana de civil, lo partía al medio”. “¿Qué cana de civil?” “El que apareció y le puso el caño en la sien, ‘Soltá eso’, le dijo. Igual el tipo antes hizo un desparramo”. Dentro del móvil policial ya está el agresor, pero el reflejo en las ventanillas impide verlo. El agredido en tanto está sentado en las escaleras con una bolsa de hielo sobre su nariz.

-¿Quién fue el del machete?

-El de rastas.

-Boludo, hay cincuenta con rastas.

“No puede ser, loco acá venimos a laburar… lo único que falta es que se quejen los vecinos”, “No hay que dejarlo armar más”, “Mirá si el cana empezaba a los tiros, ahí sí que nos cerraban la feria”, “Está bueno eso del machete, para la gente que toquetea, te imaginás?”, “Le tumbó el puesto a aquel flaco, toda la mercadería por el piso”. Vientos de 80 km por hora, gente que persigue con machetes… la feria no es para cualquiera. Lo decimos con cierto orgullo, nos sabemos fuertes.

Serias

La piba -muy delgada, ojos verdes, gesto serio- tiene un puesto de collares, es la primera vez que la veo. La tela sobre la cual se sienta, y que a la vez sirve de paño, combina de manera maravillosa con los colores de su mercadería. Entre los collares alcanzo a ver además dos caballitos de mar. Me acerco y tomo con infinito cuidado uno de ellos, translúcido y sin peso. “Los junté yo misma en una playa de Venezuela”, dice la piba. “¿Sabías que son el símbolo de la fidelidad?”, aporto alegremente. “Eso es basura, nosotros le endilgamos esas cualidades, el caballito es copado por sí mismo, no hace falta agregarle más nada. Y nosotros deberíamos tratar de ser así de copados también, sin joder a nadie”. Su voz es dura, me retraigo como un caracol tocado en los cuernos.

Al rato la escucho intentando arrancarle sonidos a una flauta traversa, es el segundo día que la tiene. “Yo veo que hay gente que la toma y toca, pero no debo ser envidiosa”, me dice. Un turista español que pasa pide permiso y le saca una foto, un primer plano. Ella enfrenta la cámara tan seria como antes, sin intentar parecer más de lo que es, entera y frágil como uno de sus hipocampos.

Yesenia en cambio le hace señas de que no, muy enojada, a otro turista. “El monito comiendo la fruta…” masculla para sí misma, el entrecejo fruncido, mientras pela con un cuchillo su mango de siempre.

Y en el colectivo

Se desocupa un asiento al fondo, al lado de un muchacho que canta fuerte. Además habla solo, pero quién no está un poco chapita… así que me dejo caer en el asiento, agradecida.
“¿Quién es más macho, el palomo o la paloma?” Es a mí, me encuentro con su mirada verde y curiosa.

-El palomo.
-No, error, la paloma.
-¿Por qué?
-Porque la paloma es bien paloma, en cambio el palomo es cualquier cosa, un avestruz, una pechuga.
-Ah! Claro…

Tiene barba y el pelo atado en una colita, poco más de treinta años, no es feo tipo. “¿Quién es más macho, el mono o la mona?”

-Ya no me animo a contestar.
-No, es importantísimo, de esto se trata toda la sexualidad.
-No sé…
-El mono, por supuesto. La mona es Mona Lisa, monaguillo, Mona Giménez.

Qué loca que está la gente.

-Una última oportunidad.
-A ver…
-¿Quién es más macho, la Avenida Rivadavia o Borges?
-Pero eso es como comparar mandarinas con ladrillos.

El flaco me mira esperando, trato de pensar como él, ¿qué me suena más varonil? “La Avenida Rivadavia”, contesto.

-¡Correcto! Ha ganado ud un descuento en nuestros azulejos de cocina y baño. La Avenida Rivadavia es avenida todo a lo ancho y largo, en cambio Borges es tres cuentitos.

“¿De dónde sos?” “De cerca tuyo, en el asiento de al lado”.”A qué te dedicás”, sigo, por decir algo. “Miro chicas y converso, y vos?”

-Soy manualista.
-Te ofrezco mi cuerpo para que lo trabajes.
-No, no masajista, manualista. Artesana.
-Por eso. Yo también, del espíritu.
-Ajá.
-El tuyo está bien, grosero pero muy fino.
-Gracias…

El flaco se para para bajarse y acomoda la correa de su bolso marinero sobre el hombro. Me sonríe y hace la señal de ok con los dedos. “Sí, muy fino”.

Censura a Edgardo

En un primer momento pensé en titular este posteo Boludo. Porque todos somos Edgardo. Si me frené fue porque me dolería perder mis cuentos e historias, así porque sí.

Para los que aún no entienden de qué hablo: Edgardo es un compañero blogger, muy dado a las bromas pero que sabe ponerse serio cuando la ocasión lo requiere. Se le ocurrió subir un posteo cuyo título era Boludo, con el siguiente gif animado:

http://humbertomosquera.com/images/Newtons_cradle_animation_book.gif

Pues bien, desde la Rectoría le borraron el contenido del blog.

http://blogsdelagente.com/usuarios/-edgardo/

Tal vez, como le comenté a él, se trate sólo de un programa que borra en forma automática todo posteo en cuyo título figure una mala palabra. No es buena idea. Es censura. Peor todavía, censura previa. ¿Queremos eso aquí? Más vale que no. Cada uno debería ser libre de elegir leer o no un posteo que lo llame desde un título gancho. Y si una vez leído afecta su sensibilidad, pues bien, a no ingresar más a ese blog y listo.

A todo esto, más de una vez he leído posteos bellamente redactados que me cayeron como una patada al hígado, por contenido e ideología. Eso sí, finolis finolis.

¿Qué decía Fontanarrosa sobre las malas palabras?

Sugus, amiga solidaria si las hay, ha subido post al respecto.

http://blogsdelagente.com/detrasdecadagesto/2010/11/07/los-hermanos-sean-unidos/

Pequeñas historias

El caballero sin su dama

Diego trabaja en una panadería (¿no había una canción parecida?), mi panadería favorita. Es gentil, de hermosa mirada decidora, alguien para tener en cuenta. Entre cliente y cliente, le escucho decir “No te acordás de mi nombre… eso me pone triste”. Caramba, Diego en plan conquista! Presto atención, la destinataria de la supuesta congoja es una morocha de anteojos, lindos anteojos, lindo escote sugerente.

Ella dice que perdón, pero no, no lo recuerda. Diego entonces dice que se llama igual que el último técnico de la Selección. La morocha piensa. “Como el último técnico” repite Diego, con cara de soy Diego. “Ah, Diego!”. La cosa parece encaminarse, yo sufro junto con Diego que envuelve los pedidos. Hete aquí que la morocha agrega no recuerdo qué cosa, pero soez. Esas boludeces que a veces decimos las mujeres y nos restan puntos. La mirada de Diego es de repente una mirada hacia adentro, la oportunidad de la galantería perdida.

El dolor

Lo primero que me llama la atención de la piba es su remera, preciosa, de encaje y diseño de rosas, con cuatro tiras anchas cruzando la espalda desnuda. Una remera que grita soy romántica y femenina. Lo segundo es que la usa con zapatillas, lo que le da un toque incongruente, como si se hubiese vestido para protagonizar dos películas diferentes. Lo tercero es que sus costillas bajo la remera se sacuden en un sollozo incontrolable. Tiene el pelo rubio y recogido en un rodete, la cabeza descansa contra el vidrio. Desde mi asiento veo el dorso de su mano barriendo las lágrimas, una y otra vez. La pareja detrás suyo conversa de sus cosas, no se dan cuenta. El muchacho al lado mío tiene los auriculares puestos, tampoco. La piba llora sola de toda soledad, a veces los sollozos le sacuden los hombros.

Me le acerco lo más discretamente que puedo (¿precisás ayuda?), ella contesta “eh?” y niega con la cabeza, los ojos arrasados de lágrimas. Vuelvo a mi asiento, el muchacho de los auriculares nos dirige una mirada curiosa. La piba consulta su celular, teclea algo y vuelve a llorar. Una señora que recién sube la mira dos veces, pero desiste de decirle nada. Llegando a Once ya no puedo evitar mi propio lagrimeo. Sea lo que sea, es una tragedia.

Entender

Entro a un comercio mayorista, como no veo a nadie camino hasta el fondo, la señora que atiende en la caja parece china. “¿Vende flores de tela?” “Ochi uan flopiñaqui”, contesta con voz pausada, señalando hacia adelante. Clarito. Me dirijo a un pibe: “¿Vendés flores de tela?” “Te diría con gusto, pero no trabajo acá”. “Ah, perdón, como estás de ese lado…” “Yo me pongo donde sea”, contesta simpáticamente. Finalmente, la empleada. “Hola, vendés flores de tela?” No. Antes de irme, se me ocurre cabecear hacia el fondo y preguntarle “¿Cómo hacés para entender lo que te dicen?” “Ah, yo entiendo”.