Microcuentos

A veces creo que la pasión es sólo otra forma de la constancia. Es más, lo escribo ahora y lo siento verdad (cómo puedo explicarlo, no iba a escribir eso, medio que se escribió solo). Cualquiera puede tener un hijo, por ejemplo. ¿Qué es lo que hace la diferencia, qué lo transforma a uno en un padre o una madre apasionados? La constancia. “Mi padre -leí hoy- me llevó todos los días de mi vida al colegio, así se hubiese acostado a las cinco de la mañana”. 

¿Vieron el post anterior, el de la defensa de los glaciares? Hoy me levanté con toda la idea de ir a Congreso. Pero con el correr de las horas me dio frío, me sentí floja y débil, des-apasionada. De repente me largué a llorar sin motivo, o en realidad pensando en todas las veces que lo intentamos (lo que sea) y la vida, la entropía o como quieran llamarlo, se encargó de poner un parate tras otro. Entonces uno sigue, claro, qué otra queda. Pero nadie podría acusarlo de exceso de pasión. La pasión se perdió en algún recodo del camino. A menos, como les decía, que nos hayan engañado todo este tiempo y sólo se trate de seguir, y seguir, y seguir un poco más. Menos pique en la largada y más carrera de fondo. Cómo sea, no fui a ningún lado, me quedé escribiendo microcuentos.

La mentira

Ana está acostumbrada a la mentira. No es ni buena ni mala, le permite sobrevivir.

Mauro está acostumbrado a Ana.

Un día Ana dice “Estoy embarazada”. Es mentira, pero quiere que él la tome en serio. Mauro se preocupa una semana. Después Ana dice “Lo perdí”. Es mentira, pero quiere que él aprenda. Mauro está triste por un día.

La preocupación y la tristeza son reales, en los dos.

Adiós

El padre encierra a su hija con llave y se va al Casino. La hija baja por la pared de ladrillos de la terraza y se va a bailar. Cuando vuelve debe tocar el timbre, el padre abre la puerta cada vez, sin mediar palabra. Una noche el padre va a comprar cigarrillos, así y todo encierra a su hija con llave, como siempre. Ella, también como siempre, apoya los pies en las salientes conocidas de la pared de ladrillos y gana la calle. Horror, aquí vuelve su padre del kiosco. Adiós, le dice alegremente, cuando se lo cruza.

La gracia

Tiene problemas por falta de calcio, fue destetada demasiado temprano. Cuando se dan cuenta, ya se arrastra sobre la panza y no hay inyecciones que valgan. Es decir sí, se recupera en algo, pero con el tiempo se transforma en una gata que no puede trepar, ni caminar las cornisas, ni asomarse al vértigo. Tampoco puede tener cría, sufriría demasiado. Castrada, inevitablemente tranquila, mira la vida desde el suelo.

Perdida su capacidad de vuelo, se las ingenia sin embargo para llenar de gracia su paso por la casa, cada pequeño brinco es festejado.

En defensa de los glaciares

29 y 30 de septiembre 
ACAMPAMOS EN DEFENSA DE LOS GLACIARES

Frente al Congreso de la Nación

Recitales – Paneles con especialistas y damnificados – Películas

INVITAN

Unión de Asambleas Ciudadanas – EL OTRO BICENTENARIO

 

 
 

EXIJAMOS QUE SE SANCIONE LA LEY APROBADA EN DIPUTADOS

¡SÍ A LA LEY DE GLACIARES!

                   

     Necesitamos ya una ley de protección de glaciares y del ambiente periglacial en la cordillera, precordillera y estribaciones.

Allí se encuentran glaciares cubiertos y descubiertos: son hielos que bajan en forma de agua, que se escurre hacia el Atlántico y el Pacífico.

Es nuestra vida, nuestro medio de vida. El agua que se consume en la costa es la misma que nace en aquellos glaciares que debemos proteger.
 

   El concepto de protección de los glaciares y el área periglacial nace con el levantamiento popular de las comunidades afectadas, relacionadas con el ecosistema frágil de la Cordillera de los Andes. Así, las asambleas ciudadanas se convierten en la única herramienta válida de lucha y resistencia, ante la incondicional pasividad de gobiernos, instituciones y organizaciones especializadas, ambientalistas y técnicas, quienes desde hace dos décadas apoyan la explotación minera a cielo abierto. 

    Hoy, corporaciones transnacionales como Barrick Gold anuncian el traslado de glaciares para sacar el oro y los metales que hay debajo.

Al mismo tiempo, todas las mineras los intervienen, derritiendo los hielos para obtener agua que mezclan con reactivos y químicos tóxicos, con el fin de arrancar el mineral de la roca. Pero el agua vale más que el oro, y esa es la consigna de todos los pueblos y comunidades afectados por la explotación minera.

     En los últimos días, una campaña de las corporaciones mineras inunda los medios de comunicación y los corredores del Congreso Nacional. Se proponen que los legisladores de la Cámara Alta rechacen la ley aprobada en Diputados, y que, por tecnicismos institucionales, quede aprobado el viejo proyecto de ley (que cuenta con media sanción del Senado), habilitando de ese modo todo tipo de actividad extractiva en áreas periglaciales, y la continuidad de una explotación devastadora en la región de los hielos andinos.                                              

EL ACAMPE POR LA LEY DE GLACIARES FRENTE AL CONGRESO NACIONAL  ES CONVOCADO POR LOS MOVIMIENTOS SOCIALES, AGRUPACIONES INDÍGENAS, ASAMBLEAS CIUDADANAS Y COLECTIVOS EN LUCHA CONTRA LA CONTAMINACIÓN, LA DESTRUCCIÓN TERRITORIAL Y EL SAQUEO DE LOS BIENES COMUNES. 

¡TODOS JUNTOS PODEMOS! 

Contactos:

prensa@asambleasciudadanas.org.ar

catedraamericanista@gmail.com

elotrobicentenario@yahoo.com.ar

Soles

La mujer creyente observa el sol que anticipó moviéndose, se debe a la aparición de la Virgen de San Nicolás. Le presta sus lentes oscuros a quien quiera comprobarlo. Alguien lo ve girar, otro lo ve subir y bajar.

La turista se sienta de cara al sol, ya bronceada, en un bar a cielo abierto.

La feriante se aplica crema FPS 30 en la cara y los brazos y maldice haber olvidado su sombrero.

El indigente sale al fin de su refugio de frazada.

*

El feriante invitado dice que tiene derecho a armar su puesto, él viene sólo durante un mes y nosotros trabajamos todo el año.

El artesano dice que también él tiene derecho a armar su puesto, para eso viene toda la semana, sabábos inclusive.

El manualista dice que tiene tanto derecho a armar como el feriante invitado y el artesano, ¿o acaso ellos tallan las piedras que engarzan?

El revendedor dice que tiene tanto derecho a armar como el feriante invitado, el artesano y el manualista, hace cinco años que viene y ésta es su única fuente de ingresos.

El empleado de Espacios Públicos sólo entrega planillas de fiscalización, quiere terminar pronto para reunirse con su mujer y su bebé recién nacido.

Distintos soles.

Así aprenderá

hallmarkcards2

¡Cómo nos reimos ayer! Hace rato que no me reía tanto, no podía parar. Con Dormidano y M vimos un espectáculo de Stand Up, en Cinecanal. El de ayer era con comediantes mejicanos. Un humor ramplón y grosero, si se quiere. Pero hubo un hombre, el penúltimo, que la rompió. Con unos ojos saltones que abría enormemente (imaginen) y ese histrionismo (siempre quise escribir “histrionismo”) que pocos manejan.

Los yanquis ven venir a un conocido a treinta metros y además de hacerle señas, lo llaman por el celular. “Hey Jhonny, over here!!! JHONNY, HERE!!!!” Los mejicanos decimos “Uy, mira quién está ahí, no lo mires, no lo mires, has como que me hablas, mírame a la cara… Que me mires, te digo. ¿Qué, ya se ha ido?”

Somos tan inseguros, siempre estamos diciendo “espérame”. “Voy por mi chaqueta, espérame”. “Voy hasta el auto, espérame”. Eso es porque nuestra madre no nos dejaba hacer pipí tranquilos. “Ya, apúrate niño! No tengo todo el día para esperarte.”

Nunca hacemos nada. ¿Qué estás haciendo? Nada. ¿Qué hiciste este fin de semana? Nada. Tenemos tanto miedo de meternos en problemas, que siempre estamos bien. Nos chocan con un auto en la ruta. “¿Cómo está, se encuentra ud bien?” Salimos a los tropezones: “Estoy bien”.

Un yanqui dice “Oh, no, una fila…” y se va. Los mejicanos vemos una fila y ahí vamos, a ponernos. Si nos piden que hagamos algo, contestamos “¿Ahora? ¿Ahora mismito? No puedo pues, hubieses avisado antes…” Nunca nos alegramos con el éxito de los demás. Solemos decir cosas como así aprenderá. “Quieres creer, el pendejo camote consiguió trabajo en el hospital… Ese inútil, así aprenderá”. No hay tarjetas Hallmark para nosotros. Las nuestras dirían “¿Así que conseguiste trabajo?” Y adentro: “¡No lo arruines como la última vez!”

No vamos al médico. “No vayas al médico, mira si te encuentra algo”. “Toma Seven up, mucha Seven up, te saca el cáncer afuera.”

En Texas hay que ser bilingüe. Ahí va el yanqui, a comer su hamburguesa a Jack in the box.

-What carbonate drinks do you have?
-…..
-WHAT CARBONATE DRINKS DO YOU HAVE?
-¿Que qué?
-Dice qué sodas tienes.
-¿Y por qué no dice sodas, hijo de la chingada? ¿Quiere papas fritas?

El yanqui busca algún cartel con la vista, es esto Jack in the box?
-No papas Fridas.

Vivimos recordando, no sacamos fotos. O si las sacamos, no las revelamos. Eso sí, guardamos los rollos: “Mira, aquí están tus fotos de cuando eras pequeño, dice Fuji”

Hay muchos mejicanos en cada familia, o son hijos o cuidan de los hijos de otro. Socorro dice “Señora, ¡el pequeño Austin caminó y habló!” La señora, claro, no estuvo ahí para verlo. What? ¡Que el niño (mímica) caminó y (mímica) habló! ”Oh, my God, little Austin walked and talked? Did you tape it, did you record it?” “No, pero lo recuerdo”.

Y claro, como la señora no está, el niño se cría a lo mejicano.

-Austin, what are you doing?
-Nada.
-Como here.
-….
-Right now, RIGHT THIS INSTANT!
-¿Ahora, ahora?

¿Querés jugar?

Hoy me saludó un desconocido. Yo cruzaba una calle de mi barrio y este buen señor apareció de no sé dónde con una camioneta o furgoneta verde claro, frenó en la esquina y me sonrió lleno de encanto: “Hola, buen día!”

Yo sin anteojos no veo nada, con anteojos, un poco menos. Pero el hombre me pareció bastante sano (en el sentido de no ser un perversito, ya me la veo a M hablando de mis adjetivos). Lo sentí, también, abierto y agradable.

La niña en mí tuvo ganas de responder a la invitación (¿querés jugar?) y responder “Hola, qué tal!”
Duró dos segundos, la adulta se impuso y decretó cosas como cuidado-no te acerques-no lo mires.
¿Qué debería haber hecho este hombre para tener alguna chance? Tal vez estacionar, bajarse, seguirme y decir algo así como “Disculpame si te molesto, tengo ganas de conocerte y no encuentro otra manera que no sea ésta… ¿qué otra oportunidad tengo de encontrarte? ¿Puedo invitarte a un café?”
Yo creo que hubiese dicho que sí.
Es trabajo, muchachos, pero la única forma de sentir que no nos confunden, ni estamos ante el Sátiro de la Furgoneta.

Me dejó algo así como un sinsabor, el de las pequeñas pérdidas cotidianas.

El hombre que encuentra cosas

I

El hombre que encuentra cosas despertó una noche a fines del invierno. Para ser más exactos, a las cuatro cincuenta del jueves último. El espíritu de su madre lo sacó de la cama y lo llevó a caminar sin rumbo. En Jujuy y Belgrano -por si alguien precisa documentación- encontró una bolsa con más de dos mil películas y cds de música.

El sábado me encontré con él, a cinco por diez, ya llevaba vendidos setecientos pesos.

II

El hombre que encuentra cosas paseaba en otra oportunidad por el barrio de Balvanera, con su modo tranquilo. Hete aquí que levantó, sobre la calle Moreno, un monedero de lagarto. Y tres monederitos de cuero, esos con cierre de pellizco que venían antes con las carteras, todos abandonados por los cartoneros. El hombre que encuentra cosas limpió en su casa los monederitos y en uno de ellos sintió un bulto, del tamaño de un garbanzo. Lo abrió y notó que el forro tenía un agujerito. Metió los dedos con cuidado y extrajo… una muela de oro. Dos gramos y tres décimas, le dieron ciento ochenta pesos, estamos hablando de hará unos tres meses.

El monedero de lagarto pasó a manos de una señora que vende ropa de época, por cincuenta pesos.

III

El hombre que encuentra cosas halló, hace veinte días y a la una de la mañana, cien pesos en la vereda del bar de Rivadavia y Alberti. Ya conté que me lo encontré el sábado, andaba ofreciendo una mochila marca LSD a veinte pesos, un morral onda Stone a diez, y un par de zapatillas Reebok, también a veinte. Encontrados todos en las veredas de Once.

En el mismo barrio de Once, hace mucho tiempo, el hombre que encuentra cosas halló una vez dos bolsas de consorcio al frente de un antiguo negocio de bijouterie. Repleto de insumos, broches de prendedores, anzuelos para aros, incluso aros armados. Pasó a la noche siguiente y encontró otra bolsa, cuando estaba por llevársela salió la dueña del local a conocerlo. Venga mañana a las ocho -le dijo- y le entrego todo a ud, si no me abren las bolsas y hacen desparramo. A la noche siguiente, el hombre que encuentra cosas se vio recompensado con doce bolsas más, el negocio cerraba.

Ofreció y vendió los insumos a feriantes y artesanos. Así y todo le quedaron muchos, pero no quería regalarlos.

Con el tiempo, el hombre que encuentra cosas conoció en Plaza Dorrego a una señora en la mala. Recién separada, tenía problemas de salud y el futuro se le presentaba bastante oscuro. Yo no te voy a arreglar la vida -le dijo él- pero si tenés sesenta pesos, te puedo dar muchos insumos para que empieces a armar bijou. “La mujer lloraba, tuvo que tomar dos remises para cargar todo”. El hombre que encuentra cosas, me regaló una de sus sonrisas de tipo que se toma la vida como viene. “Mirá que pasaron años, yo creo que todavía sigue usando esos insumos”.

Mil mundos

Melena al viento

Qué cansancio, che. Me miro el pelo y está como llovido, raro para un pelo con rulos. Debo teñirlo, eso es claro. Me aconsejaron que vaya a un lugar donde hacen unos reflejos posta, el tipo te pasa un peine y quedan de lo más naturales. “Eso sí, calculá unos 200$”.

No puedo, necesito zapatillas, las que uso ya están impresentables. Pero antes hay que juntar para las expensas, con esto de los gastos extraordinarios me tienen podrida, hace meses y meses que venimos pagando gastos extraordinarios. Mejor invierto en insumos, no? Pero tampoco tanto, si no me quedo comiendo papas el resto de la semana. Un gimnasio, ahí está, qué mejor que invertir en salud. ¿185 mangos? Están todos locos, cara de qué me viste, pibita… Caminar, eso es. Caminar no cuesta nada, vamos… un dos un dos. ¿Con este frío? ¿Con esta lluvia? ¿Con este calor? Se te habrá escapado.

No importa, en un futuro no muy lejano ahí estoy yo, con mi espacio perfectamente ordenado y limpio, es más, les diría que con mi propio espacio. Caminando todas las mañanas a paso firme. Con mi puesto de feria bellamente mejorado y algún laburito más, por esto de la lluvia, vieron. Pagando monotributo, que de algo hay que jubilarse. Recibiendo a mi vieja en mi casita (PB, jardincito, luminosa, o ascensor amplio, balcón a la calle, bajas expensas). Tal vez editando algún escrito, por qué no. Con excelentes relaciones familiares y hermosos amigos, viejos y por venir. Aprendiendo música o teatro. Todo lindo, todo chuchi. Mil mundos, como dice Rubén LG.

Digan entonces por qué no puedo ni empezar con el pelo. Que está como llovido, raro para un pelo con rulos.

Alguien tiene que decirlo

Bienvenidos al difícil mundo de la seducción. ¿Tenés 20, 30, 40, 50 pirulos? ¿Más? No importa, en este blog te vamos a acercar pautas claras y sencillas.

Supongamos que sos mujer. Supongamos que tantas horas de laburo sedentario hayan hecho estragos en tu físico y estés levemente fofa, con barriga de embarazada o una celulitis de espanto. A no desesperar, lo importante es la ac-ti-tud. Todos los libros de auto ayuda lo recomiendan: pensate linda, pensate como si ya estuvieses en el peso deseado. Es aconsejable que vayas despacio con ese hombre que tanto te gusta, eso te dará tiempo de

1º- aumentar su deseo

2º- cobrar

3º- anotarte en el ginmnasio más cercano y pedalear todos los días una hora.

Pongamos que se citen tres veces o cuatro antes del Gran Evento, eso significará unos quince días de tiempo, a 500 kcal por día, habrás rebajado unos… no importa, el tema es que comiences. Sumemos unas medias de esas milagrosas, las luces bajas del telo y el hombre estará más que conforme. Eso sí, después a seguirla, eh? Que el verano está cerca, qué horror (lamento desilusionar a quien piense que se ha topado con una mujer “seria”, ella tiene tantas ganas como vos… ¡sólo que está luchando contra la celulitis!)

Supongamos, en cambio, que sos hombre. Vivís con tu hermana o tu madre. Si es con tu hermana, practicá un discurso donde deslices que vos le prestás la casa a ella, pobrecita, si no estaría viviendo bajo un puente. Si es con tu madre, el discurso deberá ser “Podría mudarme, pero entonces ¿quién cuidaría a mi vieja?” No importa que tu madre camine 6 km todos los días y se vaya de joda con las amigas. Eso sí, empezá a pensar seriamente en la posibilidad de buscar algún bulo propio… ¡están haciendo gimnasia para merecerte!

 

De la supervivencia y otras yerbas

I

Está parada en la puerta de la zapatería que atiende. De piernas cruzadas, con el hombro izquierdo apoyado en el marco. Ciertamente no es una actitud que corresponda a una dama, pero no quiere perderse el mundo ahí afuera. Tiene cuarenta y cinco años, dos hijos, un nieto, el pelo teñido y una separación reciente. Éste es su nuevo trabajo, tuvo que volver a empezar de cero. Día tras día se viste juvenilmente y se para en la puerta, como les digo. Una mañana de tantas, un colectivero la descubre y saluda a los bocinazos en cada vuelta. ¿Termina bien la historia? Termina bien, están felizmente casados, viviendo en Miami. Que él tenga veinte años menos, no es un obstáculo.

II

Otra mujer se arriesga a un plan para comprar una vivienda. El marido no le cree, incluso se burla la primera vez que ven el terreno, marcado con cuatro estaquitas. Ella calla y otorga, durante largos años. Hoy viven en su propio departamento, el recibo del último pago luce enmarcado y colgado en el living, nadie se atrevió a quitarlo.

III

El padre de la misma señora, vive al lado y cena con ellos. Por esas cosas de la vida, un día se acaba el dinero. Pero ella tiene un puesto de feria, vende a último momento un jogging de niño y puede preparar pollo al horno esa noche. Calladamente, como si nada, como siempre.

Cuentos para la hora del té

I

La mujer está en el agua del río. Hace frío, ya es marzo y éstas son sus tardías vacaciones. Le gusta el agua, le gusta el río y los dos perros que la siguen cada mañana, cuando sale a caminar. No los ve ahora, ocultos por una leve barranca y pastos altos, pero escucha sus ladridos gozosos. Una serpiente avanza por el agua hacia la mujer, zigzagueando a tanta velocidad que no da tiempo al espanto. La mujer gira el cuerpo en un gesto de torero, aunque el agua se le antoja demasiado densa. La serpiente pasa a escasos milímetros, sin siquiera una mirada de sus ojos sin párpados. Es roja y negra, pequeña.

Los perros están lejos, el hombre está lejos.

II

La misma mujer -o tal vez otra- recibe una foto suya de cuando era niña. Se la manda un amigo desde un país lejano, la encontró en Internet. La mujer se mira y se reconoce, o al menos cree que se reconoce. No está demasiado segura, no recuerda a nadie en la foto ni tampoco la farmacia al fondo.

Cierta vez -lee la mujer- descubrieron una fuente para pájaros oculta tras el follaje. La fuente estaba bellamente esculpida, pero ningún pájaro bebía de ella. Tal vez el gesto de enviar la foto sea igual de inútil y hermoso, tal vez se trate de otra persona.

III

La misma niña -o tal vez otra- está subida a la puertita que resguarda los escalones del chalet donde vive. En una de las hojas se lee Cuidado y en la otra con el perro. La niña está trepada en la hoja que dice Cuidado y la abre y cierra ayudándose con la otra. Es su caballo. Hace calor, tiene puestos shorts rojos y blusa blanca.

Un hombre para con su auto en la calle, vacía a esa hora de la tarde, casi la hora en la que esto escribo. La ruta a Córdoba, pregunta. La niña señala calle abajo. El hombre dice que no entiende, ¿no puede ella bajar y explicarle? La niña deja su caballo y se acerca, el hombre la toma violentamente del brazo e intenta meterla en el auto. No hay sonido alguno, lo único que se escucha es un corazón bombeando enloquecido. La niña patea, muerde y rasguña, siempre en silencio, toda la energía concentrada en librarse de una muerte segura. El hombre desiste y huye.

La niña no se lo cuenta a nadie.