Pensamientos de perfección
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Quedaron en verse con Rulo. Anoche, en la pensión, la mujer le avisó del llamado. Fue lindo decirle “Tendría que ser después de mi trabajo” y escuchar cómo el silencio se estiraba al otro lado de la línea. La Gorda está ahora en el bar acordado, tomando un capuccino. No porque no lo espere, sino porque llegó temprano y el día está frío. ¿Está nerviosa? Sí. Anda leyendo un libro muy de moda, El Secreto. Lo ha abierto al azar con los ojos cerrados, como hace siempre que busca respuestas. Y su dedo ha apuntado a la frase “Ten pensamientos de perfección”.
Le gusta la frase, la perfección tiene mala prensa. Toda la vida se lo han dicho, “No seas perfeccionista”. Por qué no, si perseguir la excelencia es una de sus virtudes. ¿Para que sirve la utopía? Para caminar, decía Galeano. Buen consejo… “Ten pensamientos de perfección”. Difícil, cuando una se encuentra con un ex. Rulo atraviesa en ese momento la puerta, a primera vista parece más delgado. Tiene esa cualidad que a sus ojos lo vuelve tan viril, ella no sabe definirla. Un hombre, eso es lo que siente cerca suyo, que está con un hombre. Y bueno, no en vano estuvieron tantos años juntos.
-Hola.
-Hola.
Rulo la besa en la mejilla, huele a un perfume que ella no conoce.
*
Quedó en verse con la Gorda, no sabe por qué. Sí, claro, qué piensa hacer con sus cosas y todo eso. Pero además, hay como un ciclo que necesitan cerrar. ¿Por qué te fuiste, realmente por qué te fuiste? Hay parejas que conversan fácilmente, ellos no. Rulo siempre pensó que el lenguaje de las manos en la cama lo decía todo. ¿Qué más que eso, para qué complicarse la vida? “¿Me querés, bichi?” Ay, esas parejas pegajosas, no las aguanta. Papi, mami, vida, cielo… por favor! Aparte… ¿qué se puede contestar a eso, salvo “te adoro”? Te quiero, te adoro, como la vaca al toro. A su modo de ver, si un hombre vuelve todas las noches a casa, si lo último que ve antes de dormirse y lo primero que ve al despertar es la misma cara durante años de años de años, eso sólo debería bastar como declaración de amor. ¿O no? ¿O miento, Macaya?
La Gorda lo espera sentada al lado de la ventana, aparentemente llegó hace rato, hay una taza vacía frente suyo. Le da ternura, siempre le produce el mismo efecto. Le dan ganas de protegerla, de abrigarla, se ve tan vulnerable con su cara seria, como una nena que jugase a ser grande. ¿Acaso no estuvo jugando a la casita, todos estos años?
-Hola.
-Hola.
La mejilla suave y fría, el brillo de una cadena de plata por dentro de su camisa.








