El brillo y el deseo

Camino por calle Bolívar, en San Telmo. A la altura del 1050 veo una moneda en el suelo. Me acostumbré a levantarlas, son como buenos augurios, moneditas de la suerte. Pero esta vez no puedo. La moneda está incrustada en la baldosa de cemento. Justo al lado hay un lavadero, me pregunto cuántas veces al día verá el dueño mi mismo gesto repetido. Y recuerdo la cámara sorpresa.
Me arrodillo a mirar la moneda de cerca, buscando el año. No figura. Es pequeña, octogonal, dorada, tal vez de un centavo. En la cara que muestra se lee República Argentina, encima los laureles y al medio la leyenda Unión y Libertad.
La moneda brilla de tanto deseo, como las tetas de la ninfa del Rosedal, como la mano de bronce en el museo del Padre Mario.
