Jugando a las bolitas sobre los techos de chapa

Viviana y Bruno arman por primera vez, al lado mío, al menos es la primera vez que yo los veo. Viviana es una linda morocha, muy femenina. Plancha meticulosamente con la mano una tela verde, una y otra vez. Ya está lista para que acomoden encima collares de alpaca y bronce, sus propios trabajos calados y pulidos. Me llama la atención un duende en la esquina de su paño. Lo veo de atrás, pero noto su mano extendida. Conozco el tema, no hace tanto ponía una pirámide de cristal de cuarzo en medio de mi puesto.
-¿Y éste es el gnomo de las buenas ventas?
Bruno me mira con sus propios ojos de gnomo, ojos rasgados.
-Sí, es el Llamador.
-¿Cómo se llama?
-Roberto.
Roberto usa pantalón naranja y chaleco. De los costados del gorro en pico color azul, asoman sus orejas puntudas, como corresponde. Los ojos turquesa le brillan en una carita riente, llena de arrugas. Tiene, además, manos y pies de cuatro dedos.
-Y este otro es Alberto.
Alberto está sentado en el otro extremo del paño. Con pantalón de corderoy, camisa patchwork(divina!), gorro verde y morral cruzado sobre el pecho. Traía además un haz de leñitas envueltas en un paño, pero lo dejaron en casa.
Roberto y Alberto son barilochenses. Me hacen notar que a Alberto le falta un dedo, el pulgar de la mano izquierda. Sucedió una noche en el monte, en una casa en medio de la nada. Para más datos, en la quebrada de Cafayate. Un lugar donde los lugareños escuchan a los gnomos jugar a las bolitas sobre los techos de chapa.
Viviana y Bruno ya estaban acostados y escucharon ruido de vajilla cayendo. No se levantaron, allá hay mucho animalito. A la mañana comprobaron, efectivamente, la rotura de varios platos. En una repisa más arriba, en su lugar de siempre, Alberto. Sólo que con un dedo menos.
-¿Pero estaba tumbado, o algo así?
-No, sentado como siempre. Para mí que se peleó con alguno.
-Capaz que los protegió.
-Eso seguro.
-Andá a saber qué otros universos paralelos conviven con el nuestro en este mismo momento…
Los gnomos -me cuenta Bruno- son entidades que tienen mucha conexión con los chicos.
-La gente piensa que los chicos están jugando, hablando solos.
-El famoso amigo imaginario.
“No tan imaginario”, dice Viviana.
Bruno escribe. Su primer libro, una antología de narradores, se llama Confabulatores nocturni, de Editorial Parábola. “En Cúspide, está”. Sí, se nota que escribe, lo veo al rato con una libretita, tomando notas.
Tienen un blog: peces-y-rubies.blogspot.com
Los observo de a ratos, en lo que resta del día. Su puesto tiene magia, tanto Roberto como Alberto deben sentirse cómodos.
