Lo emocional

No entiendo nada de fútbol. Soy de esas minas insoportables que preguntan boludeces en los mundiales y se ponen nerviosas cuando juega Argentina. Me encanta ver esos partidos en un bar y participar del clima que se genera. En esos momentos soy tan fanática como cualquiera, capaz de llevar una corneta y ponerme ridiculeces.

Fuera de eso, no sé nada de la “tabla de posiciones” y para mí el sub20 era una línea de subtes. Pero no pude evitar escuchar y leer y volver a escuchar del exabrupto de Maradona. El final de una carta publicada en el Correo de lectores de Clarin de hoy, dice:

Podrías disculparte, estabas en estado de “emoción violenta”.

Si mal no recuerdo quieren sacar la figura de crimen pasional, justamente para que no sirva de atenuante en los asesinatos.

Por un lado lo entiendo a Maradona, somo exitistas. Si llegamos a ganar el próximo Mundial, vamos a escuchar maravillas de él. Y el tipo explotó después de meses y meses de oir hablar de su mal desempeño como técnico.

Pero… ¿es válido utilizar las emociones como justificativos de nuestro decir y accionar? “El tipo me sacó” (y fue piña). ¿Me sacó de dónde? De mi eje, de mi centro.