“Las piedras tienen energía y traen luz…”

Hoy armo en una feria de provincia. Pasando la plaza, al costado de la estación. Bueno, no exactamente una feria, qué seremos… ¿siete puestos?

Al rato, nomás, tengo problemas con un feriante que se acerca a mi puesto a ver lo que tengo. “No me gusta que estés”, me dice, derecho viejo. “Este espacio lo conquistamos los artesanos. Y si no lo entendés, vas a tener que entenderlo”.

Ah, bueno. “Manualista, a mucha honra”, le contesto. Y me voy a verlo a Oscar. Oscar es piedrero.

-Oscar, ¿qué onda el flaco que me presentaste? Me vino a bardear mal, me dijo así y asá…

-Uff, la vieja lucha con los artesanos. Preguntale dónde compra las piedras que engarza. ¿O acaso las saca él mismo de la mina? No le hagas caso, después se ubica… Yo también tuve problemas cuando vine acá, este espacio me lo gané. Hace tres años que estoy. La piedra es cultura. ¿No dicen acaso que artesano es el que reforma el material con el que trabaja? La piedra pulida se reforma en un 75%. Y tallada, en un 100%. Te digo, no cualquiera mete la mano en un motor de 6.000 revoluciones. Los artesanos engarzan piedras que no tallan, que no me vengan a hablar de reventa. Sin embargo no nos permiten a nosotros, los piedreros, entrar en ferias artesanales…

Porque está el tallado, el pulido y el tamboriado. El cuarzo, por ejemplo, tiene una dureza de 7,8. Se corta con 4.500 revoluciones, con disco diamantado. Después va a un tambor donde se tamborea con agua y bióxido de silicio, que es lo que come la piedra. Por último se lustra a muchas revoluciones y con pasta de pulir, por eso tiene ese brillo.

-En el tallado dibujás, cortás y empezás a tallar… Esferas, huevos, puntas, pirámides, indios… Lo que vos quieras. Además está el tema de explicar. Mirá, el buen piedrero tiene que saber dar la explicación mística, la terapéutica, pero también la científica… Cuando viene un pibe de colegio, yo no puedo sólo decirle “Ésta es la Piedra del Amor”.

-jajaja!

-Yo le explico las aplicaciones de las piedras, tanto en el agro como en la industria.

-¿En el agro?

-Por ejemplo, la turmalina y el apatito brasilero tienen magnesio, yodo y potasio. Se muelen y fortalecen la siembra.

-¡No sabía!

-Hace años ya, siembran y van echando el polvillo detrás. Todo lo que es cítrico y verduras, tiene esa composición. No existiría ningún avance tecnológico ni electrónico si no fuese por el óxido de silicio, que es el cuarzo blanco. El primer físico químico que quiso poner en estudio los minerales fue Pintos, y fue reconocido internacionalmente como el primero que descubrió cómo se coloreaban las piedras bajo tierra.

Sabe un tocazo de piedras, Oscar. Aprovecho para preguntarle por unos aros que tengo, es realmente obsidiana? Oscar se sienta en su baulcito, saca un péndulo y lo hace oscilar sobre los aros. Radiestesia. Sí, es obsidiana argentina. La piedra engarzada triplica el valor, puedo venderlos a buen precio. Le chusmeo el puesto. Reconozco la malaquita, la amatista, el onix, la pirita, el ojo de tigre, el lapizlázuli. De Chile y de Afganistán, qué color tan hermoso. Ah, cómo… ¿La piedra del sol es reconstituída? Caramba. Confundo un pedazo de cuarzo rosa, en bruto, con la rodocrosita. Vende pirámides y péndulos, y puntas de amatista para hacer reiki. Me explica de las vetas de plomo en los cabullones y sobre las estalactitas en la rodocrosita.

Tenía siete años la primera vez que bajó a una mina, en San Luis, para aprender. Su papá era capataz minero. El onix está a setenta metros bajo tierra. En El Morro, detrás de La Toma. La malaquita es la más jodida de extraer, tiene mercurio. Hay lugares donde hacen explotar un cohete y le hacen creer a la gente que dinamitan la mina, le muestran una ágata pulida como si viniese de ahí.

-No se entiende cómo se promocionan tanto las Minas de Wanda, de donde sale la peor amatista, en lugar de las minas de Andalgalá de Catamarca. De ahí proviene la rodocrosita, que es nuestra piedra nacional. Los canadienses explotan las minas a cielo abierto y envenenan las aguas puras, nacieron chicos deformes durante veinte años. Hay un grupo, Conciencia, que los viene denunciando. Y va a pasar de nuevo si explotan una mina de uranio en Córdoba, si la gente no se une y lo impide. Hay toda una problemática social detrás de esto.

-Es un horror… ¿Qué te gusta tanto de las piedras, por qué las elegiste como rubro?

-Las piedras tienen energía y traen luz a las personas que las saben ver. Porque el centro del planeta es un cristal. Es piedra.

-¿Cómo?

-¿Qué es un volcán? Un volcán escupe minerales fundidos. La piedra es materia viva, crece. Hay una fracción de geólogos que dicen que cuando la piedra se cristaliza, ya no existe más vida en la piedra. Como en los muertos de Pompeya, viste? La otra fracción comprueba lo contrario en la práctica, en las piedras talladas, viendo a través de microscopios cómo se mueven las moléculas, que son partículas de los átomos. Se forma un arco iris en las amatistas, por ejemplo, que pueden virar del blanco al azul intenso, nadie sabe por qué.

-¿En serio?

-Yo tuve una clienta que me vino a traer una amatista que me compró, la punta habia virado de un azul oscuro al blanco… y después se volvió azul de nuevo. Todo se está moviendo, permanentemente.

-Da un poco de miedo.

-¿Por qué?

-Quiero decir… Si las piedras están vivas, tenemos otra responsabilidad hacia ellas. ¿Cómo se las cuida?

-Ah! Yo no lucro con las piedras, yo a las piedras las quiero.

-¿Cómo sería lucrar con la piedras?

-En Sudáfrica, tener un montón de negros tallando piedras… El tipo se hace multimillonario y el negro se muere de hambre… Irse a la montaña, cargarse de piedras y ni siquiera pedir permiso.

-¿A quién?

-A la tierra, a quien las produce. Para nosotros, la Pacha.

La mamá de Oscar es guaraní pura. Me nombra a los querandíes. “Los borraron del mapa”. Los in-dios, sin dios. Le pregunto si leyó a Galeano. Sí, claro, tuvo que quemar “Las Venas Abiertas…” durante su época en el ejército. Pero además de Galeano le gusta mucho Haroldo Conti, que escribió Mascaró y después lo mataron. Oscar tiene séptimo grado hecho.

Cuando la gente está cristalizada -sigue diciéndome- no cree en nada.

A media tarde se acerca una mujer de mediana edad, a hablarnos. Ni gorda ni flaca, tiene pelo negro y lacio, con algunas canas. La acompaña una nena cargando una bebé. La mujer lleva una foto muy colorida en la mano. En ella se ve a varios chicos en una calesita. La nena del medio, de pie, mira hacia la cámara con una sonrisa ancha. Es grandota, el pelo oscuro y largo, tendrá unos siete años u ocho años.

-¿No vieron a esta nena?

Oscar le pregunta “¿Es tu hija?”

“Sí, la perdí la semana pasada, estaba internada con ella”, dice la mujer y señala a la beba. Se cruza con sus nenas y muestra la foto a otro grupito de feriantes. Vemos que niegan con la cabeza y se quedan murmurando entre ellos. La mujer camina sola, ahora, por una veredita de la plaza. Va hacia los juegos.

“Esto pasa muy seguido…”, me dice Oscar y sigue hablándome. No puedo prestarle atención, me hipnotiza la espalda de la mujer que se aleja.

La entrevista

Llego cinco minutos tarde, una mujer que se presenta en recepción nos conduce a toda velocidad a mí y a una chica (después me entero que es colombiana) a través de pasillos y escaleras, hasta un primer piso. Pasamos al lado de una inmensa sala con cúbiculos pintados de azul francia. Mini oficinas. El Call Center. Tres pisos, quinientos puestos. Gente y gente y más gente hablando por teléfono, uno al lado del otro. De cien a ciento cincuentas llamadas diarias, cada uno.

Venden servicios de seguros de vida, obra social, telefonía. Tienen lo que se llama “objetivos mensuales”, eufemismo para las ventas que requiere la empresa. Esos objetivos mensuales se dividen en objetivos diarios.

Los entrevistados somos seis. El primer muchacho que se anima a presentarse, Javier, trabajó como vendedor de un Call Center antes. Vendía Tele 2, pero los españoles son muy duros. Sí, no, no me interesa. “Y siempre te nombran Telefónica”. Es docente deportivo y estudia computación, todo lo que tenga que ver con diseño gráfico. “¿Por qué deberíamos tomarte como vendedor?”, le pregunta Jennifer. “¿Pensás que un vendedor debe ser agresivo?” es la siguiente pregunta. Javier contesta que no, que al menos él no lo es. La cara de Jennifer no refleja nada. Algo intuye el pibe, porque se recupera: “Hay que crearle a la gente la necesidad del servicio que ofrecemos”.

Siguiente entrevistado, Carlos. “Trabajé en un Call Center, pero la presión la ejercían de mala manera. Siempre hay presión, pero uno pretende que haya respeto. Por eso me fui, me sentía incómodo, iba sin ganas. Los españoles son agresivos, se manejan a los gritos”. Es periodista deportivo.

Tercera entrevistada, Carmen. Trabajó en varios Call Center, su experiencia en ellos no es buena. Le cambiaban los horarios, había empezado en un horario a las 16 hs y la cambiaron a las dos de la mañana. Se llevaba mal con el último supervisor de turno, termina diciendo que no considera que un supervisor sea Más Persona que un telemarketer.

Jennifer dice que no, por supuesto. Y muchos mju mju, mientras asiente con la cabeza. Es eficiente, no se puede negar que hace bien su trabajo. Eficiente como un buena máquina engrasada que va tildando casilleros en su cabeza, a medida que nos entrevista. ¿Cuántos serán los casilleros? ¿Diez? Puntualidad, Agresividad, Capacidad de adaptación, Interés por la empresa…

“¿Cómo vivirías el no llegar a cumplir los objetivos?” Tolerancia ante la frustración, tildado.

Cuarto entrevistado, Diego. Divino, Diego, repositor en Coto. Fue el último en entrar y por la baja de las ventas lo despidieron, “a él y a dos más”.

-Trabajé en Edesur durante el verano, era bastante pesado porque yo llamaba y me decían “No me anda el aire acondicionado”, “Me quedé sin luz y tengo la insulina en la heladera”, cosas así… Me parece importante ser empático. Yo les decía “Busque en Internet un generador eléctrico para guardar la insulina”, no me limitaba a decir “Espere cuarenta y ocho, o setenta y dos horas, a que llegue el móvil”.

Jennifer tilda el casillero Capacidad de resolver problemas. Mju mju.

Pero me cansé -sigue Diego- teníamos una coordinadora que, hablando mal y pronto, mandaba cualquier fruta. Se te paraba al lado a supervisarte, capaz que todo el día, y criticaba cosas que no existían, porque después oías las escuchas y nada que ver. Ya es suficiente la presión de la venta para que encima digan cosas que no son ciertas.

Diego es técnico en organización de eventos y hace fiestas infantiles. Si le dicen que en una fiesta los pibes se aburrieron, pregunta que fue lo que hicieron, para no repetir el error y ofrecer algo diferente.

-¿Qué buscás, cual es tu necesidad?

-Para mí es importante trabajar en blanco. Ya tengo un trabajo en negro, porque no lo facturo, no quiero otro más. Además tengo familia, dos pibes a los que tengo siempre acá (señala su cabeza) y quiero darles lo mejor, yo quiero crecer dentro de la empresa en la que estoy.

Ambición, tildado.

Quinta entrevistada, la colombiana. Trabajó vendiendo zapatos y en un restaurant familiar. Pero en el CV está alterado el orden, Jennifer insiste bastante… ¿Pero esto fue en julio o en junio? Ups, un punto menos.

-¿Qué te dejó la experiencia laboral?

-Que hay que tener paciencia para conseguir las cosas… Yo no tengo DNI, estoy ilegal, la búsqueda de trabajo está muy difícil. Cuando hablo con alguien le estoy vendiendo lo que pienso, tal vez no sea buena en otras cosas, pero soy buena con las palabras. Tuve una supervisora muy dura en la zapateria, tenía que vender veinte pares por día, cuando no había nadie. Aprendí que se puede vender igual.

Jenniffer asiente, a las dos nos gusta la colombiana.

-¿Podrías trabajar dentro del horario de las 4 a las 21?

-Sí, no tengo problemas.

-¿Los sábados también?

-Sí.

Disponibilidad horaria, bien.

Sexta entrevistada, Maia. Los demás se van, la entrevista es en inglés.

-¿Cómo te ves vendiendo?

-La venta directa está muy difícil, me imagino que la venta telefónica, más todavía. Me veo más en la parte de atención al cliente… Te soy honesta, cuando llaman a casa para vender servicios, nosotros colgamos.

-¿Pero serías capaz de superar la Frustración del No?

-Bueno, los budistas dicen que uno atrae aquello que lo hace evolucionar, sería interesante probar si puedo.

Jennifer pestañea, en qué casillero va eso.

-Además te digo la verdad, me hace ruido eso de “generarle la necesidad al cliente”. Si él no la tiene, ¿para qué se la voy a crear?

-¿Y cómo harías entonces para vender?

-Bueno, le haría ver que estaría piola que tenga ese servicio. Aunque no es una cuestión de vida o muerte si no lo tiene. Ahora, si yo me convenzo de que estos servicios son los mejores, los voy a vender mejor, también. Me imagino que los capacitadores son buenos convenciéndonos…

Qué bien le sale a esta mujer la cara de póker.

-Sí, todos los capacitadores fueron antes vendedores.

-¿Sabés? Yo sé lo que se supone que debo contestar, pero prefiero ser sincera con lo que siento, así si me toman, sé que vamos a estar en la misma sintonía. Y si no, ni yo era para este trabajo, ni el trabajo para mí.

-¿Te sentís capaz de hacer este trabajo? El inglés de Estados Unidos es muy cerrado, si es difícil la venta, es más difícil todavía en otro idioma.

-Mirá, si pude tirar un paño directamente sobre el asfalto, vender mis propias cosas y sobrevivir así dos años, me creo capaz de cualquier cosa.

-¿Trabajarías en el horario de las cuatro de la mañana?

-Si de eso depende que me tomen, sí. ¿Cómo se dice “si de eso depende” en inglés?

Jennifer, pobre, anota Disponibilidad horaria. Al menos una.

Vivir en la calle

Mi ex compañero de feria me cuenta que durmió en Retiro, nomás. Pero en la Terminal de Ómnibus, sentado. En el refugio hay que estar antes de las 16 hs, para que tomen los datos, así que no pudo entrar.

-Si tenés la puta casualidad de conseguir un trabajo, no tenés dónde dormir. La gente común no te entiende lo que es llegar a la situación de vivir en la calle. Uno comete errores -como todos- pero no es que uno no quiera conseguir trabajo, es que no hay. Hay gente que hace un año que está sin laburo, pero sus errores pasan más desapercibidos. Ayer charlaba con un tipo en Retiro, me decía “Ni mi hermana me entiende, piensa que yo elijo vivir así”.

-Bueno, negro, pero viste que la gente dice que cuando necesitan hacer un arreglo nunca consiguen ni un plomero, ni un electricista, por ejemplo. Así que trabajo, de última, habría.

-Sí, pero tenés que esperar que a alguien se le descomponga algo en la casa. Y decime la verdad… Vos tenés a Fulano que sabe algo de electricidad y tenés al electricista con un negocio en la esquina, ¿a quién vas a llamar? Vos viste que para un laburo hay filas de cien personas, de las cuales toman a una. Esos noventa y nueve restantes tienen a alguien que los banque, un hermano, una pareja, los padres… Pero si estás solo, cuando te quisiste acordar estás sin plata en la calle y sin nada para comer.

Y sigue…

-Hace una semana que estás en la calle, no tenés dónde bañarte, no tenés dónde afeitarte, estás con la ropa sucia, ¿cómo hacés para llegar al trabajo, mejor dicho al lugar donde puede llegar a haber un trabajo? Caminando. Por ahí te tenés que caminar cincuenta cuadras… ¿Y a quién van a tomar? ¿Al que se presenta recién duchado, afeitado y trajeado, o a vos? Los empleadores no se ponen en el lugar del otro. Hasta para ser barrendero te piden secundario completo, andá a averiguar al Gobierno de la Ciudad.

-¿No tenés el secundario hecho? Bueno, ahí tenés un error… ¿Y por qué no lo hiciste?

Suspira y contesta…

-Cuando pude haber estudiado, me dediqué a trabajar porque ganaba buena plata.
No te creas que siempre estuve así, tuve mis buenas épocas, tuve mi 0 km. Ganaba bien, ocho, nueve mil dólares por mes. Y alquilaba una casa por mil quinientos dólares.

-Mierda. ¿Dónde trabajabas?

-En una prestigiosa entidad financiera que empieza con City y termina con bank. Era ejecutivo financiero.

-¿Qué es eso?

-Vendedor de cuentas bancarias. Para gente del sector ABC1.

-¿Y ahí no te exigían el título secundario?

-Todo se arregla, te decían “Después lo traés…”

-¿Y qué pasó, por qué no seguiste?

-Porque te exprimen. Y uno no quiere más. No por la cantidad de horas, yo de firme laburaba, ponele… tres, cuatro horas. Pero te exigían que rindieras el 110%. Suponete que hacías diez operaciones mensuales, después te exigían quince… y al mes siguiente veinte… y cincuenta… y sesenta… sesenta y cinco… setenta… Después de cuatro años, imaginate la presión todas las semanas, las capacitaciones… Si no era un producto, era el otro. Yo estuve dentro de los cincuenta mejores vendedores, siendo que había dos mil quinientos. ¿Te acordás de Pancho Ibáñez y la propaganda de Tiempo de Siembra, que regalaban una moneda de oro?

-Sí.

-Bueno, yo tuve tres monedas, durante tres años consecutivos.

-Y te dio el famoso burnout.

-Sí, dije basta para mí. Todos estamos bombardeados por información, pero cuando el cuerpo ya no puede absorberla, se produce el distress.

-¿Y después qué hiciste?

-Entré a laburar en Milicom, Internet inalámbrico. Vendía servicios de Internet para empresas, te estoy hablando del año 2000. Se disolvió un grupo, en ese grupo estaba yo y a la mierda con el trabajo. De ahí me fui a Chile, para España no me alcanzaba, a Brasil no fui por el tema del idioma. ¿Qué me quedaba? ¿Bolivia, Paraguay, Perú? Volví en mayo del 2008, estuve siete años allá.

-¿Hay algo que le quieras decir a la gente?

Mi compañero piensa. La mirada le va cambiando, le cuesta encontrar las palabras que transmitan exactamente lo que siente.

-Yo no sé -empieza lentamente- si se trata de egoísmo o qué, tal vez sea una auto protección… “Al no saber lo que el otro vive, yo tampoco lo sufro”. Pero a cualquiera le puede pasar, de pasar de una situación absolutamente segura, a estar en la calle sin nada. Lo que te decía de los imponderables, yo estaba laburando en un restaurant, y despidieron a cualquier cantidad de gastronómicos por el tema de la gripe A. Y qué, ¿tenemos la culpa de eso? Para darte otro ejemplo, a mí me usurparon un departamento.

-Me estás cargando. ¿Y no lo peleaste? ¿¿¿Dormís en la calle y tenés tu propia casa???

-Pará que te cuento… Yo me había separado hacía cuatro meses, salía de casa a las seis y volvía a las diez y media, once de la noche. Terminaba de laburar a las seis de la tarde, pero me quedaba haciendo horas extras hasta las ocho, ocho y media, más las dos horas de viaje…

-¿Dónde vivías?

-En Claypole, en los famosos edificios del FONAVI. Y una noche volví y vi luz en el ventanal de la cocina. Pensé “Ah, debe haber vuelto la flaca”. Pero a medida que me iba acercando noté que había puesto cortinas, qué raro. Y ya más cerca vi que no eran cortinas, sino mis sábanas naranjas. “La flaca está loca”. Subí y miré por el espacio que queda entre la puerta y el suelo. Y vi una manta tirada en el piso, un chiquito gateando y pies que iban y venían. Resulta que rompieron la puerta balcón, con un destornillador hicieron un agujero en el vidrio y levantaron la traba. Hice la denuncia en la policía, después me contaron que en mi casa se habían instalado la abuela, el abuelo, la mujer, el tipo, un hermano del tipo y cinco pendejos. Andá a sacarlos. Yo tenía en casa un pistolón para ir a cazar, pensé si entro yo solo me cagan de un tiro.

-¿Pero no sabés si salió la sentencia?

-Nunca más le di bola, tenés que esperar cuatro años. ¿Sabés lo que tarda uno en armar una casa como la que tenía? Me dijeron los canas que cuando por fin consiguen desalojar a la gente, te dejan sólo las paredes. Te pelan la casa entera, se llevan desde los cables hasta los azulejos. ¿Y qué? ¿Iba a volver a armar la casa para que me la vuelvan a usurpar? Yo dejaba las persianas siempre bajas… ¿Sabés lo que hacen? Te mandan una carta documento, si vos no la vas a retirar por falta de tiempo, dicen “Ah, este tipo no está nunca”, y ahí se te meten.

-¿Y a vos te la mandaron?

-Sí, pasó exactamente eso. Encontré el aviso debajo de la puerta con mi nombre mal escrito. Ni me molesté en ir, estaba tapado de laburo.

Comparto el stand con una brasilera rubia que arma bijou, un encanto de chica. Su ánimo fluctúa entre una fe conmovedora, y la angustia de imaginarse viviendo en la calle. Ya pasó por eso -se le llenan los ojos de lágrimas- su capital actual es de cincuenta pesos. Al rato cae mi compañero, tan contento, con una bolsa enorme de medialunas de grasa.

La fórmula es simple, va a una panadería y dice “Tengo hambre”.

La Primavera

A raiz de un comentario en el post anterior, me quedé pensando si me había pasado algo jodido en alguna primavera. Vaya que sí. “En un lugar de Buenos Aires, de cuyo nombre no quiero acordarme…”

Siete años de novia. Es mucho tiempo. Una eternidad. Un día él se fue de viaje y yo revisé sus cajones. No sabía qué buscaba, tal vez una respuesta a su comportamiento extraño. Y encontré una carta. La carta era de amor, de una amiga en común, y decía …para un amor que nació en primavera. Y a mí, sentada en la cama, con las hojas en la mano, me salió un sonido ronco de la garganta, un sonido que ni siquiera sabía que se podía emitir. Mi gata, nuestra gata, escuchándome jadear de esa manera empezó a correr de una habitación a la otra a toda velocidad, con la cola parada, chocándose los muebles.

Dejé todo como estaba y me fui. No pude volver, mi gata quedó sin comida durante tres días.

No sé si alguna vez se les rompió el corazón. Yo creo que de verdad se rompe. Me fui de viaje, recorrí el norte… me fui a Jujuy, a Salta, a Tucumán. Me fui a Cataratas. Ni recuerdo el nombre del pueblito brasilero donde me hospedé, un lugar de ensueño, con un camino de entrada lleno de hortensias. Después seguí viaje más al norte, al cumpleaños de un familiar. Me desmayé al subir al colectivo. Me desmayé antes de viajar, también. No quería estar. Mi hermano mayor había muerto hacía pocos meses y era todo demasiado. Vi los lugares que había recorrido recién cuando miré las fotos reveladas.

Demoré mucho, mucho en salir del pozo. Creo que pasaron cuatro años hasta que pude volver a estar con alguien. Mientras tanto leí muchos libros de autoayuda y espiritualidad, hice cursos de filosofía aplicada, y creo que me transformé realmente en otra persona. Atravesé la experiencia. La miré a los ojos, la confronté en toda su crudeza (tuve que seguir trabajando un tiempo en el mismo ámbito que ellos dos)

Pero honestamente jamás pensé que también podría haber perdido la primavera. Acabo de recordar que esta chica (una mujer ahora) cumple años el 21 de septiembre. Y que mi novio lo tenía agendado.

Ahora que sé de dónde viene mi aversión, tal vez pueda vivirla mejor este año.

Los miedos

Ah, los miedos… qué julepe. Hasta por cábala le vengo escapando a este post. Pero parece la continuación natural de Las fobias. Escribió Bet, en un comentario de aquel post,

“…la fobia es un miedo irracional y sobredimensionado frente a un estímulo determinado; en cambio el miedo es una reacción lógica frente a una situación amenazante”.

Tengo una mamá que pasó por varios síncopes. Seis o siete, ya ni recuerdo. Un síncope se define como un desmayo, pero en estos casos eran desmayos de los cuales me costaba hacerla volver. Supongo ahora que se debían a una deficiencia cardíaca. Fue una época muy, muy difícil. Sentía y veía que la vieja se me iba. Y era desesperarme y sacudirla y llamarla para que volviese.

Después tengo miedos chicos. No tener para comer, terminar en la calle… esas cosas, ja.

Exorcizá los tuyos, animate

Decálogo del Buen Blogger

Vieron que esta vida está llena de reglas. Llena. Que los cubiertos se usan de derecha a izquierda. O sea, se comienza a comer con el tenedor más alejado y se termina con el que está pegado al plato. ¿O era al revés? Anyway…

Que las mujeres van del lado de la pared, costumbre si mal no recuerdo adquirida en la época del Virreinato. Pero para que les cayese a ellas el contenido de las bacinillas, salivaderas y palanganas arrojado desde los balcones.

Toda esta introducción es para informarles que los blogs no escapan a las generales de la Ley. Amigos, el tema del blog, actividad lúdica si las hay, es Cosa Seria. Por lo tanto, habiendo consultado a la Asociación de Puristas del Blog (gracias Sugus), les acerco el Decálogo del Buen Blogger.

Decálogo del Buen Blogger

1- Un Buen Blogger postea cada tres o cuatro días. Más es vicio. Más es indicador de

-una adicción galopante

-una vida pobre, sedentaria y frustrada

-una carencia absoluta de amigos

-una escasa predisposición al trabajo

-una más que probable falta de higiene, el que postea seguido seguro no se baña

Así que aunque ud ingrese todos los días y lea todos los blogs, disimule. Un comentario aquí y allá, no más. Recuerde, su Dignidad está en juego.

2- Un Buen Blogger sólo postea Temas Importantes. Se entiende por ello, temas que interesen a la comunidad toda. Nada de personalizar. A ver si se entiende… ¿Tiene ud miedo de haber contraído el virus A H1N1? No nos cambia la vida enterarnos de eso.

3- Un Buen Blogger exige que los comentarios se atengan al tema tratado. Esa suerte de chateos -que entre paréntesis terminan en cualquier cosa- son los que desprestigian esta actividad en la que tantos ponemos nobleza, pasión y garra.

4- Un Buen Blogger disimula su falta de conocimientos. Antes morir, para eso está Google. Es más, lo de las “bacinillas, salivaderas y palanganas” lo saqué de ahí. Yo había puesto sólo bacinillas y me fui a ver si estaba bien escrito, ¿entienden cómo se hace?

5- Un Buen Blogger, así muera por ir a las reuniones, se considera por encima de ellas. Toda esa gente, que lo único que busca es transar… ¡por favor! Aunque luego estudie las fotos de las reuniones en cuestión. ¿Tan gorda era Fulana? ¿Tan pelado Zutano? Mirá vos.

6- Un Buen Blogger se hace rogar un poquito para contestar los comentarios. O sea, deja que se acumulen. Ya saben, para no quedar como un adicto fofo, solitario, perezoso y sucio.

7- Un Buen Blogger… no se me ocurre más nada, che.

¿Me ayudan?

Polaroids

Son las ocho y media pasaditas. Hasta recién lloviznaba, estoy sentada en el borde de una vidriera, esperando a ver si puedo alquilar un stand. Soy la cuarta en espera. Escucho que le dicen a una chica “…a mí no me molesta que consumas, a ver si me entendés… Pero cambia de dealer, esa merca no es buena”. Ella contesta algo sobre una pipa de espuma.

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Bajo por Humberto 1º. Veo salir a dos chicas de un pub. Una de ellas tan borracha que la compañera la tiene que enderezar para que camine en la dirección correcta. Unos pasos más adelante están metiendo a un flaco, de los fondillos del jean, dentro de un auto. Cuando vuelvo, veo cómo una de las chicas del pub empuja a un pibe en medio de la calle y le dice “Tené cuidado con lo que decís” y después “Vos a mí no me tocás”. Lo que le contestan desde el auto, entre risas y bocinazos, es irreproducible.

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Una mujer vende chalinas de piel colgadas directamente de sus brazos, la Mujer Perchero. Otra camina con un paño azul doblado sobre su brazo izquierdo, por lo que alcanzo a ver, lleno de aros. Una tercera lleva colgada del cuello una bandeja de chocolatinero llena de lápices de colores en forma de tronquitos, atados en haces. Venta al paso.

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“¡A los tomates! ¡Cinco pesos los tomates!” Me doy vuelta a mirar, un hombre hace estallar esferas rojas de siliconas sobre una bandeja en el piso. Es sorprendente como la silicona recupera en segundos su forma original. Está todos los domingos en esta esquina, me informa.

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José está sentado cómodamente comiendo ñoquis con manteca, es atropellado por la ucraniana bonita que se apura cargada con mochilas de tela, es la cuarta vez que pasa con mercadería para reponer en su perchero. Arma al lado del falso verdulero. Se ve que la esquina esa vende mucho.

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Un hombre mayor baila la milonga con una mujer más joven, él lleva un gastado traje azul a rayas, funyi y pañuelo blanco al cuello, ella vestido negro ajustado. Las miradas se demoran en su talle y algo más abajo también. De repente, en medio de un giro, es increpada por una señora que le reclama de mala manera a su marido. El hombre se resigna y cambia de pareja, la gente se rie cómplice.

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Ahora el vestido que gira es rojo, con un triángulo de gasa en la espalda, debajo se trasluce el corpiño negro. Los guantes también son rojos, sobre el anular se luce un enorme anillo. La pareja se detiene aquí y allá en medio del baile, para que los turistas usen sus cámaras. Él guiña el ojo, ella es pura arruga y simpatía. La amante pasa el sombrero, se arma rápido un ramo de billetes.

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Por un instante soy perfectamente feliz, armamos con Mónica una suerte de bazar persa. La tengo tejiendo al lado mío, contra todo pronóstico y bajo la garúa vendo el primer par de aros. Qué lindo ir y joderla… “La hinchada grita enfervorizada, gol gol gooollllll!!!! ¡Impresionante jugada justo sobre la hora!”

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Ya es de noche, camino esquivando gente hacia Independencia. Se escuchan las tumbadoras. A la entrada de una galería hay un hombre flaco, con un sombrero en el piso. Dice en voz alta algo así como que está rodando una película, un musical, y en este momento el guión le indica que huya de la murga. Así lo hace, pasa raudo al lado mío murmurando “…huir de la murga, huir de la murga…” y vuelve a detenerse en un umbral, el sombrero a sus pies. Cuando llego a su altura, está efectivamente cantando el tema de un musical, creo reconocer Cats.

Flaco consuelo

En mi sobrecito de azúcar puede leerse El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse. Mi amiga dice “Odio ese tipo de frases, cuando estás hecha mierda te caen re mal, no me digas”.

Y me pone el ejemplo de la muerte de su viejo. Una amiga suya, con la mejor intención, le dijo por aquel tiempo “Pensá que tuvo una buena muerte”.

“Yo hubiese preferido que viviese más y llegara a conocer a mi hijo, entendés?”

Me acuerdo ahora de un aforismo genial que creo que le leí a Fontanarrosa en uno de sus libros: Lo importante es que te pasen cosas, dijo el Jesús crucificado.

La emoción

1

Es temprano en casa de Indira. Hacemos zapping en la tele, mientras desayunamos. Un programa desde el sur, otro desde Jujuy… De repente, Eduardo Galeano. “Dejá ahí”. Es un programa dedicado a las mujeres, pequeñas historias, como sólo Galeano sabe contarlas. Nos presenta a Delmira Agustini, una poeta uruguaya que murió a manos de su ex marido, de dos disparos, un mujer sensual a quien no se le perdonó la libertad que se admira en los hombres. Por un lado, los diarios de la época lamentaron la Gran Pérdida que suponía la desaparición de una mujer de Letras como ella y por el otro la gente suspiró aliviada, la muerta bien muerta estaba.

Luego una historia de tantas de la dictadura de Pinochet, que quiso cambiarle el nombre a varias poblaciones. A una de ellas, llamada Violeta Parra, pretendieron ponerle el nombre de un militar, a lo que el pueblo entero se negó tras auto convocarse en Asamblea. “Somos Violeta Parra, o nada”.

Por último la historia de Tamara Arce, una nena recuperada por las abuelas de Plaza de Mayo, que se reencontró con Rosa, su mamá.

Su mamá, que había sido secuestrada, torturada, violada. Madre e hija se pararon juntas delante del espejo y no podían parar de reirse, porque eran iguales. Los mismos lunares, en los mismos lugares. Y Rosa bañó a su hija… y la volvió a bañar… y la bañó de nuevo. Porque no podía sacarle el olor, un olor que no se le iba por más que la enjabonase y la enjuagase, un olor espeso, dulzón. No conseguía identificarlo, hasta que de repente recordó… Era el olor de los bebés después de mamar. Tamara tenía en ese momento nueve años, pero olía a recién nacida.

La miro a Indira que llora, Indira me mira a mí, que también estoy llorando. “Qué pelotudas que somos” dice ella o yo, cualquiera de las dos, mientras nos secamos las lágrimas con las servilletas y los dedos. “Este programa, Encuentro, siempre me hace llorar, es terrible…” “Es que también…si no llorás con esto, no existís”.

2

Viene María Cristina a la feria y pasamos la tarde juntas. Le cuento algo que me pasó a la mañana. “La gente está muy boluda, salí a buscar un gorro de lana y me paré delante del puesto de una mujer. “Diana, a cuánto tenés los gorros?”

-A treinta y cinco pesos. ¿Por qué, vas a vender tejidos?

-Qué decís, si yo vendo bijou.

-No, como vos estás en la reventa…

-Qué mala onda, Diana, vos sabés que a las cosas las armo yo.

Y me fui. Me siguió -le cuento a Cris- me siguió y me dijo “Bueno, no te lo tomes así, te estaba cargando”. “Pero sos boluda, cómo me vas a decir algo así en el medio de la calle, tenés que mirar a quién le decís las cosas. ¿No se te ocurre que realmente puedo estar buscando un gorro para mí?”

-Lo que pasa es que vos sabés que hay mucha reventa…

-Mirá, Diana, si alguien tiene un ochenta por ciento del paño con sus propias cosas y un veinte por ciento de reventa, dejemos vivir… Es la calle y sabés que la venta está muy dura. No nos fiscalicemos entre nosotros, mujer!

María Cristina escucha atentamente, me vuelvo a indignar mientras recuerdo…

A la vuelta pasé por otro puesto, saludé a un hombre a quien en mi vida vi (no se molestó en contestarme) y levanté uno de esos gorros con orejeras, un gorro que me gustó por lo liso. Al fin, pensé, un gorro sin todos esos dibujos de llamas o vicuñas. Cuando me iba, sin preguntar siquiera el precio, el tipo me dijo “Vienen acá a chusmear los precios, usted y la flaca esa que está debajo del árbol”. Ahí no me aguanté la bronca y le dije “¡Qué cola de paja que tienen los revendedores!”

“Mirá si yo voy a necesitar pararme en el paño de un pobre tipo a relojearle la mercadería, si realmente quiero vender tejidos me voy a Once, me paro delante de la vidriera de un local mayorista -que tienen gorros de todo tipo y calidad- y digo: “Deme dos de estos, tres de esos y cinco de aquellos”. Al final, si te parás a mirar una taza… ¡se piensan que querés poner un bazar!

Y le sigo contando a Cristina que me desahogué todo esto con un buen amigo de la otra cuadra, Walter, y que Walter me dijo “Pobre gente, qué rollo le pasa por la cabeza”.

-¿Te das cuenta? Él me marcó eso que a mí me falta, en lo que todavía tengo que trabajar. En lugar de ver lo que hace que la gente reaccione así, la angustia por la falta de ventas, sólo vi mi propia bronca.

Y se me caen las lágrimas, por segunda vez en el día.

Cristina me dice, entonces, “Tu amigo te dijo lo que te dijo -que es muy sensato- desde su posición de observador, porque a él no le pasó… Por eso pudo mirar con desapego. Pero vos reaccionaste desde lo humano, y está bien. Porque no sólo no tenemos que hacer lo que no nos gustaría que nos hagan, sino que no tenemos que permitir que nos lo hagan a nosotros. Y ante la agresión, uno se defiende. Después, más calmado, puede pensar en el porqué de esa agresión y llegar a entenderla mejor. Pero yo no creo que haya que poner la otra mejilla”.

De San Telmo a Liniers, sin escalas

Hoy viene a la feria un predicador. Tiene puesto un fez y usa un bastón de tres patas. Se para en medio de Plaza Dorrego con una Biblia en la mano y empieza a vocear su mercadería. Arderemos en el infierno porque los hombres se casan con los hombres y sabe de una mujer que tuvo cinco esposos. “Éste quiere lavar sus culpas”, me dice Juan al lado mío. “Lo que nos faltaba en la feria”, comentan enfrente. Cómo grita este hombre. Shhh! shhh… sshh!! se repite cada vez más, como si alguien hablase durante un espectáculo, nos reimos todos. Pero no hay caso… ARREPENTIOS, PECADORES!!! Finalmente del restaurant tienen la sana idea de taparle la voz con un viejo tango, a todo volumen. El hombre se va, no ha vendido nada.

Claudio está tocando algo muy bello, un aire a bossa nova. Me acerco a escuchar mejor. “Es de Luis Salinas”. Amo a ese gordo, le digo. Me muestra entonces su guitarra. En una esquina se lee, escrito con fibra negra, Claudio no pares de tocar y gracias. L S

No sólo eso, tiene el CD de Queen, Made in heaven, firmado por su guitarrista. El día anterior habían tocado en Vélez y él no había podido ir, así que llevó el CD a la feria, por lo menos para escucharlo en el auto. Y se encontró con Brian May rodeado por tres custodios.

-Las vueltas de la vida…

-Y qué tal es? Simpático?

-Inglés.

Una mujer me compra un par de aros. Tenés alcohol, me dice. De casualidad tengo, sí. Y Carilinas. Los limpia concienzudamente antes de ponérselos, pese a que le explico que por una cuestión de higiene no permito que se prueben los aros. Me quedo pensando… si no tenía el alcohol, perdía la venta.

Hace frío y la cosa no da para más, así que levantamos temprano. Me tomo el 8 con mis últimas monedas y bajo tontamente en Liniers. Qué distraída ando, si no es por el tren (el tren???) sigo viaje hasta el monte. Así que me meto en una pizzería a comer una porción de anchoas y tomar un chopp, en parte para conseguir monedas y volver a Flores y en parte porque me lo merezco. La cerveza no viene y no viene, algo pasa con la choppera. Ah, sí, el tanque es nuevo, hay que regular la serpentina, no tira bien. Así que el mozo me trae una lata de Quilmes cristal. Al ratito nomás, me mandan cerveza de la choppera, para que pruebe. Está más rica, más fría que la de lata, pero le falta gas.

“¿Y qué hago, me tomo las dos?” Dele nomás, me cabecean desde la barra. Cerveza tibia con gas en un vaso largo, y fría sin gas en un chopp… Lo que parece un litro de cerveza. Yo sola, dos barrios más allá de mi destino.


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