El fallido II

Vengo mal. Debo decir en mi defensa que nunca fui diplomática, pero lo de hoy…
Resulta que se me para frente al puesto un hombre de pelo largo y blanco, lentes fotocromáticos, y me dice “¡Maia!” “Sí…” “¿No me reconocés?” “La verdad que no…” le digo, mientras me estrujo el cerebro. “Claro, pasó tanto tiempo… Sergio -me dice- de Plaza Italia” Me paro y le pego un abrazo, un viejo compañero de feria. ¿Cuanto hace que nos nos vemos… veinte años? Sí, más o menos. Bueno, hablamos y hablamos, siempre es una prueba encontrarse con alguien después de tanto tiempo. “Estás igual”, me dice (nunca sé si eso es bueno o malo)
Nos contamos la vida, me cuenta de una muy amiga mía de aquella época, me dice que se le mató un hijo en un accidente, pero no sabe cual de los dos. Se me estruja el corazón cuando lo escucho, no puedo creerlo. Justo hoy pensaba en la gorda, el marido y los chicos.
Y que la feria donde estábamos se puso fea, que hay mucha droga. Que él casi se fue a vivir a Capilla del Monte, pero se enganchó con alguien acá y tenían proyectos juntos así que la cosa se pinchó, pero si hay un sitio que le fascina es San Marcos Sierra (a sólo veinte km de Capilla) Que allá no hay nada, una iglesia del 1700, un grupo de artesanos, tres o cuatro casas y ya, pero lo siente su lugar en el mundo. Que siempre se acuerda de mi vieja, por el tema de Krishnamurti, que lo está leyendo. Que está bien solo, que hace trekking, que allá arriba en la sierra piensa mucho.
Yo le cuento de mí. Que me separé hace cosa de un año, que también estoy bien así, que hace ya bastante tiempo subsisto vendiendo en la feria, que abrí el blog, esas cosas…
Hablamos un rato más y finalmente dice “Me voy… anotá mi teléfono…” ¿Qué le puedo contestar, bestia entre las bestias? “No, la verdad es que no te voy a llamar”. Así, con la cara más amable del mundo.
Por qué digo semejante barbaridad, qué sé yo. Tal vez porque veníamos hablando de la libertad, de cómo la ciudad lo aprisiona, pero no puede irse porque aquí tiene trabajo.
El tema es que me dice (un duque) “Está perfecto, para qué vas a tener un número en tu agenda que no vas a usar”
Y yo sonrio y le contesto (encima) “Claro… quién será este Sergio”
-Te gustan más los encuentros así… naturales
-Sí
-Bueno, nos vemos dentro de veinte años, entonces
Y nos volvemos a abrazar… pero qué calooor!!!
Voy y le cuento a Dany (el librero anarquista). Dany me come el cerebro igual que un packman, no sé para qué le cuento. “Qué hiciste ahora, gringa…” me dice, apenas me ve venir. Ah, cómo me conoce…
“Sos una mala persona”, me tira con cariño. “No me querés creer, cuando te digo que sos una mala persona…”
