La angustia

Estoy con Mónica en la feria y se acerca una señora a hablarle, estoy armando mi puesto y la miro. Le está contando algo, muy conmovida… “No sabés la angustia que pasé hasta que me pude comunicar, te juro que fueron unos minutos horribles”. Le creo, se pone la mano en el pecho y cierra los ojos, no hace falta ser demasiado sensible para percibir el nudo en la garganta.

Está al lado mio, no puedo evitar escuchar toda la conversación

-Y yo la llamaba y la llamaba y no me contestaba, te juro que pensé: “Algo pasó, dejó el gas abierto, se cayó en la pileta, se fueron al hospital y no me quiere decir nada…”

-Ay mujer, pero vos pensás siempre lo peor!

-Es que cuando yo estoy, voy a cada rato y me fijo si está bien… si no se ahogó…

-Ja, vas y te fijas si respira

-Sí, de veras

Ahí me doy cuenta que está hablando de su bebé e intervengo

-¿Está ahora con una niñera?

-No, lo cuida mi hija…

-¿Y no es responsable?

-Sí, pero está enamorada, tiene veinte años

-jaja! ¿No confiás en ella porque está enamorada?

-Claro, se pone tarada. Capaz que le digo “Apagá el fuego” y no lo hace y después me dice “Pero si vos no me dijiste nada…”

-Ahh

-Al principio, cuando no me contestaba, pensé “Bueno, debe haber ido al baño o capaz dejó el celular en la otra pieza…” Como cuarenta y cinco minutos estuvo sin atenderme y yo me había puesto loca. Cómo puede ser, si vive con el celular encima por si la llama el novio. Cuando por fin pude comunicarme… me contestó el novio! Me puse peor, “Qué hace a esta hora en casa, seguro que hubo un accidente y ella le pidió que vaya por eso”

-(Mónica) jajaja, pero mujer! Tu hija re feliz con el novio, seguro que estaban dale y dale y vos la llamás a cada rato, qué plomooo!

-No, no, es ella la que me llama cada hora para decirme que el bebé está bien, que recién comió, que duerme o que ya le cambió los pañales… Al final le mandé un mensaje “estoy muy preocupada, por favor atendeme”

Suena el celular de la señora

-Ahora me llama a cada rato, la yegua…

Se aleja un tanto de nosotras y la escuchamos diciendo: “Sí, hola… Todo bien, cómo está todo por ahí? Ajá… Bueno, sí…”

Mónica me dice por lo bajo, “Yo no quería decirte nada frente a ella, pero perdió varios embarazos y este bebé nació prematuro, por eso lo cuida como a algo muy frágil…”

-Ah, claro alguna historia así tenía que haber. Qué fea esa angustia, yo la sufrí mucho con mi vieja…

Y me acuerdo y le cuento de una película con Emma Thompson, “Los amigos de Peter”, donde un hombre hace una fiesta de cumpleaños en su mansión e invita a algunos viejos amigos.

-Hace como diez años que no se ven y viajan desde varios puntos del país para encontrarse. Al comienzo de ese fin de semana todo bien, todo parecen satisfechos de sus vidas, pero con el correr de las horas empiezan a aparecer los conflictos de cada uno.

-Ah, está buena…

-Entre esos amigos está una pareja que ha perdido un bebé y tiene ahora mellizos y la mujer actúa exactamente así, como esta señora… No puede disfrutar de la reunión porque está llamando a cada rato a la babysitter, a ver si está todo bien. Y hace rato que no tiene relaciones con el marido, para ella sexo es igual a bebé, es igual a perder a ese bebé…

-Y sí, todo un tema… No la tengo a Emma Thompson

-Es la de “Sensatez y sentimientos”, la de “Lo que queda del día” con Anthony Hopkins. Buenísima. ¿Sabés que dijeron de ella, en un reportaje? “Irradia salud mental”. Cómo me gustaría que digan eso de mí, algún día…

Mónica teje (siempre teje), levanta las cejas y asiente, con cara de “la verdad es que está bueno que digan eso de uno”, mientras cuenta los puntos.

-Esta película es excelente, en ese fin de semana les cambia la vida a todos, está tan bien hecha! Mirá, la vi hace añares pero no me la olvidé. Aparte actúa la mamá de Emma Thompson en la vida real, hace de cocinera acá, es igual a ella! O mejor dicho, ella es igual a la mamá…

-La voy a ver, me gusta ese tipo de películas