El buen amigo

Hablo con un compañero de feria a quien quiero mucho, Lucas. Es un tipo buenísimo, sin embargo el otro domingo nos sorprendió con su carácter cuando alguien quiso ocupar su espacio. Con Lucas hablamos mucho, es una persona que en seguida le cae bien a todo el mundo, tiene una natural empatía. Le he contado cosas que a nadie y sentido que se me hacía un nudo en la garganta al hacerlo. Esas emociones que sólo los amigos consiguen hacer aflorar.
Le digo lo preocupada que me tiene la situación en la feria, la crisis famosa. Que una señora en la otra cuadra -hace agendas de cuero- me dijo: “Muchos dicen que hay que estirar la feria, que tiene que ser un corredor que llegue hasta Plaza de Mayo, pero cada vez somos más feriantes y más puestos. ¿Cómo puede uno competir con alguien que vende 1 chalina x 10$, 2 x 15? El domingo que pasó me fui tan enojada, uno está doce horas acá, para vender tres anotadores…”
-Tiene razón la señora, no me digas.
-Y sí, somos una bocha de gente…
-Dani dice que eso es mentira, que cuantos más puestos somos, más vendemos (”Ponete vos sola, vas a ver que no vendés nada…”) Pero no puedo evitar que me dé bronca que Fulana venda tantas remeras, desde que llega hasta que se va.
-Jaja! No seas así…
-Negro, es mi amiga y la quiero. Pero su mayor esfuerzo… es plancharlas! Y vende y vende y vende. ¡Bajo la lluvia, con el nylon puesto! Vende mientras desarma, se puede creer? ¿Quién vende mientras desarma? Nadie, sólo ella… ¿Es justo? Mi mercadería se ve cara, en comparación.
-Mmm… ¿Viste la película El secreto?
-No, pero una vez posteé el video… Por?
-Porque es muy buena, muy abre-cocos. Tengo el libro, decí que lo presté… Toda esa bronca que ocupa lugar en tu mente, impide que haya otro tipo de pensamientos. No hay lugar para más nada.
Siento caer la frase de Lucas con peso propio, en su lugar. De repente percibo mi mente como un galpón, ocupado enteramente por una nube oscura y densa de pensamientos negativos.
-Ya sé, pero una cosa es lo que yo razono y otra distinta lo que experimento a lo largo del día.
-Bueno, pero los pensamientos determinan los sentimientos que tenés. Vos tenés control sobre tus pensamientos. Si cambiás lo que pensás, cambia lo que sentís. Y quién te dice que no empieces a vender más…
Qué sé yo si es tan así. Pero qué buen tipo, Lucas.








Hay un libro que se llama Viajando con mi perro, de John Steinbeck. Me hizo acordar. Porque Sandra pagó quinientos dólares para que Jeremiah (se pronuncia Yeremaia), su jack russell terrier, viaje de Nueva York a Buenos Aires con ella. Es igual al perro de la película The Mask, la vieron? 