Las señales

Hay cosas que me cuestan mucho.
1- Manejar. Considero poco menos que genios a los conductores. ¿Cómo pueden apretar tres pedales con dos pies y hacer los cambios al mismo tiempo? Aún con la caja de cambios automática, igual. ¿Y leer los carteles en la ruta e interpretarlos correctamente? ¿Cómo puede un auto estacionarse entre otros dos autos? ¿Cómo saben que va a caber? No me digan que mirando por esos espejos minúsculos, que tantas veces distorsionan. Creo que el mundo se salva de la gente como yo manejando. Subiría al puente equivocado y no sabría cómo retornar, creo que seguiría manejando derecho hasta quedarme sin combustible. Ja, me acuerdo ahora de un capítulo de Seinfeld que trata de eso, justamente.
¿Cómo se animan a comprar un auto, en primer término? El otro día leía una nota sobre el tema, de alguien que salió a visitar distintas concesionarias. Puse mi mejor voluntad. No entendí nada.
2- Jugar al truco. Jamás pude aprender. No entiendo qué seña se hace cuándo. Vení… (¿adónde?) Voy (¿para qué?) Son buenas (¿te pregunté algo?)
Recuerdo ahora a una chica mendocina, compañera de pensión. Buena chica, pero no de muchas luces, si entienden a lo que voy. Agradable, pero no intentasen mantener una conversación medianamente esclarecida con ella. Bueno, aprendió a jugar en un periquete… y se hizo experta… y le ganaba a cualquiera. Caramba, acaso no es juego que requiere de cierta perspicacia, picardía y memoria? ¿Cómo pudo ser?
3- Tejer. Un milagro. ¿Cómo puede ser que de cruzar y descruzar agujas salga un pullover? Intentaron enseñarme, allá lejos y hace tiempo, mis amigas necochenses. No hubo caso. Llegaron a pararse detrás mío, manejándome las manos en cámara lenta: “Así… y así… y así… ¡Muy bien! ¿Ves que te sale?” Sí, el punto al revés, me salía. No podían creerlo. ¡Si me estaban llevando las manos!
4- Hacer trámites. Hay una película archiconocida, Hello Dolly, donde la Streisand canta “Just leave everything to me…” Símplemente déjenlo en mis manos. Bueno, no lo hagan. Soy chicata, pierdo los papeles, hago la cola equivocada, me olvido el nº de historia clínica.
¿Y a que no saben qué? Perdí el DNI. Ja ja. Hoy, treinta de diciembre, me armé de paciencia y fui a hacer la denuncia a la comisaría. Salí así, cuerpito gentil. El Principal a cargo del trámite me pidió la Licencia de Conducir. Ajajajajajaja!!!
Me pidió la Partida de Nacimiento.
Me pidió que volviese con un pariente mayor de 18 años, que tenga documento.
Me pidió que volviese antes de las 11 porque a esa hora es el relevo.
“¿No basta con que yo esté aquí?”, le pregunté con mi sonrisa de conquistar Principales. “No, yo necesito acreditar que ud es ud”.
Me hizo acordar a mi vieja, que viajó mucho y de vuelta en Argentina, se fue a tramitar su jubilación. Llegaba bufando a casa, de cómo le complicaban todo. Un día volvió enojadísima, echando pestes.
-Qué te pasa, má.
-Nada, una imbécil ahí en la oficina…
-¿Qué pasó?
-Y nada, que me hago una cola de tres horas y cuando me toca el turno me dice: “Pero ud estuvo muchos años afuera”. Entonces le contesto: “Sí, pero mientras estuve en el país hice muchos años de aportes”. Y la mina me dice “¿Y yo cómo sé que ud volvió?” Imaginate!!!
-¿Y qué le contestaste?
-”Porque estoy delante tuyo, TARADA!!!”
No le vengan con cosas raras a la vieja. Se ve que es hereditario. El tema es que finalmente con mi vieja cédula del año 69, pude hacer la denuncia. No encontré mi partida de nacimiento, por supuesto. Sí una fotocopia autenticada, que no sirve. Entonces… ¿para qué tanto sello y firma que acredita que sirve, si no sirve?
Buscando en Internet encuentro un blog que postea lo siguiente:
Me pasaron el dato del estudio de unos abogados tránsfugas (de esos que te hacen el pasaporte en una semana a cambio de unas monedas para ellos, obviamente) y les pregunté si hacían el trámite acelerado del DNI. “Por supuesto” me respondió la voz del otro lado del teléfono “…te cuesta $300 pesos y lo tenés en el día.”
Y debajo de este pequeño texto, un montón de comentarios de gente desesperada que pide contactarse con ellos, porque viajan o lo necesitan urgente. En el CGP que me corresponde por zona, cobran 25$.
Tengo un compañero de feria a quien tengo agendado cariñosamente como “el librero anarquista” (no confío en mi memoria para los nombres, dentro de dos años encuentro la libreta y me pregunto quién es Dani). El librero anarquista jamás sacó DNI. Se niega, es casi para él una cuestión de principios. Lleva cincuenta y pico de años sin DNI. Increíble. Supongo que podré sobrevivir tres meses sin tenerlo.
Qué curioso haber perdido el DNI justo para estas fechas. Qué casualidad encontrar, buscando la partida de nacimiento, este viejo poema que transcribo tal cual
Celebro mi propio parto,
este segundo nacimiento
a la condición humana
Un estado de consciencia
acrecentada en gracia
por ventura de Dios
y un poco mía.
Domingo a domingo
fui alimentándome
de este cordón de luz
centro de un centro,
girando lentamente
en espiral ascendente.
Duele también,
a quién le cabe duda,
pero hay tanta fuerza
en este primer llanto repetido.
Bienvenida al mundo,
dos veces bienvenida.
18-03-90
Perdamos un poco las viejas identidades… ¡Feliz renacer para todos ustedes!









