Inés

Este es un escrito de mamá, hallado en una vieja carpeta roja.

I

Desde el tiempo de los tiempos

la humanidad vegeta,

frenando y acumulando

miedos y amor.

Comenzó -como siempre comienza-

con una confusión

que creó una duda.

Quizás no fue más

que la sombra inexplicable

en un rostro querido.

Quizás nada más

que el gesto impaciente

de un pensar ajeno

surgido de la noche.

Tan leve y sutil

habrá sido la causa,

que el hombre sintió vergûenza

de confiar al otro hombre esa nueva sensación.

Y toda aquella fuerza

de fe y amor

que le estaba ofreciendo,

quedó suspendida en el espacio,

sin rumbo,

sin dueño,

sin destino,

sin razón.

Y una angustia helada

se apoderó del hombre

y cerró su garganta.

Y calló su duda

y escondió su temor

y engendró así

su primera mentira:

la mentira de amor.

Y el hombre quedó solo.

Vibrando una fuerza sin sentido,

ardiendo un amor no comprendido,

humillado,

herido,

desconcertado.

Y enterró ese amor

que nadie quería,

hondo -muy hondo

dentro de sí-

haciéndolo propio.

Y fortificó su miedo en su amor propio.

Y también el miedo

acercó a los hombres.

Y los miedos que comprendían

y los miedos que no comprendían

los volvieron a separar

en pueblos y naciones

fundándolos

en sus propios miedos colectivos.

II

Levantaron muros

y trazaron límites.

Crearon sus propias banderas,

sus propias canciones

y sus propios ideales

contra sus propios miedos.

Y desde la eternidad sufren

desenfrenando sus odios

para equilibrar sus miedos

con ropajes de gloria.

Porque la humanidad entera

vegeta

frenando y acumulando

miedos y amor

en guardia

contra un enemigo que no existe.

Pero resulta

que no hace falta

que vigilemos las noches

y perdamos los días,

ni que vivamos temerosos y sin fe.

Porque los otros

también están cansados

de vigilar las noches

y perder los días

y de vivir temerosos y sin fe.

Igual que nosotros.

Porque sucede

Que queriendo ser independientes

dependemos de la independencia

y para defenderla

nos canonizamos.

Encerrados

analizando,

complicando,

malgastando.

Condenados siempre a perder.

Es

que toda nuestra fuerza

de fe y de amor

DEBE ESTAR

suspendida en el espacio

IRRADIANDO VIDA

sin preguntas,

sin rumbo,

sin dueño,

sin razón.

COMO EL SOL.

Y entonces

podremos recomenzar,

respetando,

comprendiendo,

confiando,

amando.

Sin muros,

sin fronteras

y sin miedos.

La Falda – Córdoba
Noviembre 1961

El estímulo

Uno postea en la medida en que le sale, hay cosas que duelen mucho y sólo podemos acercar pequeñas anécdotas.

Hace un rato estuve con mamá. Mamá está en un geriátrico.

En la semana la fui a ver y la saqué a la calle. La encargada se quejó: “La vas a sacar a tu vieja con este calor, la vas a deshidratar!!!” Es así, poco diplomática y eficiente.

Eran las 17:30, más tarde no podía porque a las 19 les dan la cena. La saqué igual, caminé unas cuantas cuadras y la instalé con silla de ruedas debajo de un árbol de moras como el que teníamos en casa. Del otro lado de la plaza hay un cartel que dice Cuide este lugar, no pise el césped. Me metí igual, quería esa protección de las hojas alrededor nuestro. Y bueno, estuvimos ahí, mirando el tránsito de la avenida y comiendo mandarinas.

Hoy volví a ir y no me animé a sacarla porque recién terminaba de llover y parecía que la cosa seguía. Así que la llevé al tercer piso, por primera vez, donde está la terraza. Cuando abro la puerta del ascensor, dos de las chicas del personal sentadas charlando. No tenemos la mejor relación, ellas se quejan de los familiares y nosotros de ellas. Pero como dice mi hermano, hacen el trabajo que nadie quiere hacer, hay que entenderlas. Igualmente soy consciente de que no sonrío cuando las veo. Nos miramos en ese espejo de caras serias, entonces.

Apenas me vieron, gruñeron que estaba por llover, que no la podía sacar y demás. “Justamente, como está por llover me vine para acá, al menos que tome un poco de aire. Ah! Y buenas tardes, primero que nada…”. Las escuché hablar de la inconveniencia de tener espejos que miren no sé hacia dónde, cuando llueve. Y finalmente se fueron.

Ahí estábamos las dos bajo un techito, con las sogas y los broches de la ropa delante nuestro, mirando las nubes de tormenta correr por el cielo. Le di manzana y yo también comí. De vez en cuando, un relámpago. Y ese aire de lluvia, ese aire que limpia.

Mamá casi no habla, a veces entiende, las más de las veces no.

Yo le hablo igual, como si entendiese siempre. Me acordé de una pareja muy amiga de ella. “Te acordás de Atilio? Atilio era capaz de estar horas sentado en el jardín nada más mirando el pasto y las hormigas… una especie de perfecta comunión con la naturaleza”. Silencio. Al ratito le acaricio el pelo, “¿En qué te quedaste? ¿Estás pensando en Atilio?” Mamá me mira: “Puede ser”.

“Puede ser”, tan poquita cosa… tanto para mí.

Apenas unas nubes oscuras, una manzana roja y el recuerdo.

El vil metal

Gente, voy a ir espaciando un tanto los posts. No por fiaca ni por problemas técnicos, sino porque tengo que cuidar el mango. Y mi cyber, a pesar de tener el mejor precio de Flores, gratis no es. Quedaría más elegante no decir nada y postear aquí y allá. Pero ya saben, yo de elegante… poco.

Igual voy a tratar de mantener la continuidad lo más que pueda. Lo que me apena, es no poder leerlos todo lo que quisiera.

Si les entran comentarios a las tres de la mañana, será porque al fin quedó libre la compu en casa! Y los extraño, claro.

Hablando de eso, mi reino por una compu. ¿Cuánto salen las usadas, buenas?

El canto azul

Fontanarrosa diría… “Criaturita ‘e Dios”.



Me encanta esta gente que se dedica a estudiar las cosas que nadie. Esos tipos que se esconden con una cámara frente a la guarida de no sé qué bicho, para registrar el momento exacto en el que… lo que sea. Locos lindos.

Bichito de luz

¿Se acuerdan de las luciérnagas? ¿Qué se hizo de ellas? Debe ser fácil… dejen que piense… veinte años que no veo una. La última vez fue en un viaje en tren, entre el yuyal a los costados de la vía. De chica cacé un par en un frasco y me ilusioné que leía bajo la sábana, burlando la prohibición de apagar la luz a las nueve.

Me preocupa. Más allá de la nostalgia que da perderse esa fiesta de lucecitas encendiéndose aquí y allá en las noches de verano.

¿Y las mantis religiosas, con su fama de devoradoras? Fascinantes, las patitas cruzadas y esa actitud de rezo permanente. Mucho ya, que no veo una vaquita de San Antonio. De las verdaderas, no sus primas, esas que son más flaquitas. Por no hablar de algunas mariposas.

¿Qué está pasando? Me da miedo, de verdad les digo.

Leí que en el mundo desaparecen seis especies CADA HORA. ¿Podrá ser cierto? Glup. No supe qué link traerles. Ninguno es alentador, para nada.

http://www.cricyt.edu.ar/imprimir.php?idnoticiaprint=223

¿Cómo se le explica a un pibe que nunca vio una, lo que es una luciérnaga? ¿Pueden nuestras palabras, por más que nos inspiremos, reemplazar la magia?


¿Cómo se le explica?

Hoy es el Día de la No Violencia contra la Mujer

“Estaba sirviendo la cena. Tropecé no sé con qué, me caí como una tonta, y me quebré”.

Si querés seguir ocultando la verdad es porque estás pensando que el problema es sólo tuyo. Pero si hay violencia familiar en tu casa, y querés pedir ayuda, el problema es nuestro. Hablemos.

*En cuanto te comuniques, un patrullero estará en el lugar para detener al golpeador, e inmediatamente se acercará nuestro equipo de psicólogos, trabajadores sociales y policías.

*Cuando realices la denuncia, vamos a estar acompañándote a la comisaría. Y si es necesario, también lo haremos en el hospital.

*Vamos a buscarte un refugio a vos y a los miembros de tu familia que sean víctimas del violento. Y si decidís recurrir a la justicia, te orientaremos hacia la institución que pueda ayudarte.

137 LLAMANOS

Estamos para ayudarte las 24 hs, todos los días del año.

Aviso del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Presidencia de la Nación.

Según datos de Amnistía, en la Argentina, entre 1997 y 2003 fueron asesinadas 1284 mujeres, sólo en la provincia de Buenos Aires.

En los casos en que se conoce al victimario, el 70 por ciento corresponde a quien fueron su pareja, ex pareja, concubino, novio o amante. A este tipo de muertes se la denominó en todo el planeta femicidios. Por otro lado, aún en el marco del matrimonio puede hablarse de abuso sexual. Aquellas relaciones obligadas, con o sin agresión física, en las que la mujer no elige ni el momento ni las condiciones, son violaciones perpetradas por su pareja.

Según datos de la Dirección de Políticas de Género bonaerense, los casos de abuso sexual se duplicaron en dos años, 1075 en 2006 a 2382 en 2008.

Este año, del total de episodios, en el 60 por ciento de los casos las víctimas fueron mujeres menores de edad; en el 44 por ciento,el abuso fue cometido por un familiar; el 3 por ciento de los hechos desencadenaron lesiones en la denunciante; el 4 por ciento fue generado por un arma; y en el 30 por ciento hubo “acceso carnal”.

El viaje a Cuba, continuación


El camello, ómnibus cubano

Los pibes que encontré por la calle hablaban dos, y tres idiomas también. Me pedían lápiz de labios para sus mamás. Jineteras, tal vez? Allá se llaman jineteras a las prostitutas. Escuché de mujeres que de día eran médicas y de noche jineteras.

Se me terminó el quitaesmalte, pasaron muchos días hasta que encontré una acetona de mala calidad en un mercadito al costado de una ruta. Se me terminó el protector solar, no quieran saber lo que me costó encontrar otro. En pleno Caribe. Siendo como soy, blanca como la leche. Los negocios, en el centro, mostraban enormes vidrieras en casas de una planta con escasos objetos exhibidos, una suerte de minimalismo forzoso, sin elegancia.

Las mujeres cubanas casi al límite de la obesidad, vistiendo calzas de colores chillones: azul francia, fucsia, verde loro. Los hombres con un cuerpo completamente diferente, mucho de ellos atléticos. Se le da mucha importancia al ejercicio. Pero no podía entender por qué los hombres sí entrenaban y, a todas luces, las mujeres no.

Almorzamos con una familia cubana que nos atendió en su casa a cuerpo de rey. Se arreglaban con un sistema de cupones, sin embargo comimos palta y langosta! Muy, muy amables. Me conmovió ese almuerzo, hasta yo me daba cuenta de lo que les debía haber costado organizarlo.

Fuimos a La Bodeguita del Medio, un bar donde todo el mundo anota algo en la pared o en las mesas. Por supuesto dejamos nuestro mensaje. Ni recuerdo qué escribimos, menos dónde. Sí me acuerdo de un retrato autografiado colgado en una de las paredes, de Susú Pecoraro, conocida de mi pareja.

“Correte un poco, así sale bien Susú”. Yo tengo puesto un vestido de Brasil, de algodón crudo bordado en caracoles… y cara de celosa, en esa foto.

La playa blanquísima y de olas muy pequeñitas rompiendo en la arena, casi un lago. Sin embargo, al final de nuestra estadía nos perdimos una de esas excursiones en bote con piso de vidrio para ver los corales, por el mal tiempo. El Caribe es así de engañoso. Comíamos en los paradores al costado de la playa con cuervos que venían a picotear cerca y si los dejábamos, arriba de la mesa misma.

En Cuba todo se siente distinto, mi hombre vio pasar a un gordo en sunga y dijo “Si él puede, por qué yo no?” y se compró una de lycra naranja en la boutique del hotel. No me convencía demasiado, estaba desnudo, directamente. Pero unos días después caía yo también en ese dulce laissez faire y compraba un vestido de flores en tonos amarronados y rojos, muy bonito, oscuro y de gasa. Ahí fue su turno, “¡Estás en bolas con eso!” Un poco sí, aquí nunca pude usarlo. Pero me lo puse para salir a cenar con él en un restaurant chiquito y encantador con jardín y farolas, a la luz de las velas.

Estuvo Maradona por aquel tiempo, creo que era cuando tenía su novia cubana… y chocó! Cómo les explico, es imposible chocar en Cuba. La gente anda muy lento en el camello, ese ómnibus inverosímil, o en sus autos de colección. O en burro. Argentino tenía que ser. No podés chocar en Cuba.

A nadie le falta comida ni asistencia en salud, no hay viejos ni chicos mendigando en la calle.

Los discursos de Fidel duraban horas. Como cuenta el arquitecto Livingston en uno de sus libros, la telenovela de la tarde es sagrada, sobre todo durante la emisión del último capítulo. Así que la gente le empezaba a gritar “¡Apura Fidel, que empieza la novela!” Y Fidel, claro, apuraba el discurso y todos se iban felices a sus casas.

No la pasé tan mal en Cuba, ahora que pienso. No fue el viaje que soñé, fue otro viaje. Yo sabía que algo había hecho mal, el paquete que compré no incluía la cena. Caramba. Así que tuvimos que pagar, aparte, todas las cenas que consumimos en el hotel. Nos quedamos con chirolas, gasté mis últimos pesitos en una botella de ron en el free shop de Buenos Aires. Era eso, o una remera de Varadero.


El viaje a Cuba

Fuimos con mi ex. Era nuevita la relación, imaginen mi entusiasmo, viajar al Caribe con mi pareja! WOW, requete wow. Él estaba invitado al Primer Congreso de Cardiología organizado en Cuba. No es médico, pero si un reconocido profe de gimnasia. Así que para él era un honor formar parte del plantel que viajaba. Como su agenda estaba llenísima de cosas, me dejó organizar el viaje. A mí, que lo más lejos que había viajado sola era a San Antonio de Padua. A la Cuba de Fidel. Ja! Con todo lo que el imaginario colectivo nos mete en la cabeza. Ay, mamita querida.

Ahí me fui, a una agencia de viajes del centro. Mi pareja, la confianza ciega en que lo iba a solucionar todo de la mejor manera. Yo no las tenía todas conmigo. Finalmente todo pareció cerrar, el cambio, el paquete turístico, el hotel en Varadero, los pasaportes renovados y, no menos importante, la depilación con cera (para que dure 15 días). Y allá fuimos, mi hombre con ropa nueva a instancias de sus hijas (”Papá, cómo vas a viajar con esa ropa, YA te estas comprando algo”). Pura felicidad en Ezeiza, meta besos y mimos.

Ya en el avión nos peleamos, se burló de mi miedo. Claro, nos agarró una tormenta eléctrica de noche sobre el mar, y el pequeñito avioncito cubanito se zarandeaba de lo lindo. Yo me acordaba de la película Náufrago y me alegraba de tener la dentadura en orden. El tema es que mi hombre, el que supuestamente me amaba, se encargó de burlarse de mi terror. Yo me burlé entonces de algunos miedos suyos, para que vea lo que se siente, y no nos hablamos por el resto del viaje. Lindo. Me concentré en escuchar música, intentando olvidar que estabámos cayendo en pozos de aire, rodeados de relámpagos y rayos, sobre el Mar Caribe.

Cuando llegamos al aeropuerto, pensé que no nos iban a dejar ingresar. Esas cosas que uno imagina, que no se puede entrar a Cuba…y vaya Dios a saber si podríamos salir. Les estoy hablando de unos cuantos años atrás. Los autos, viejísimos. Divinos. Los cubanos tienen mucha imaginación para transformar algo -cualquier cosa- en un vehículo. De dos ruedas, de tres, de cuatro.

El desayuno cubano era una cosa increíble de frutas desconocidas, de todo color, forma y tamaño, fiambres y panes presentados en largas mesas, con unas cuantas moscas inevitables revoloteando por encima. El hotel tenía mucho personal. Uno que servía, otro que alcanzaba los platos desde la cocina, otro que lavaba las copas, otro que plegaba las servilletas. Nos llamaba la atención tanta gente. Todos tenían trabajo, todos un trabajo liviano.

No la pasé demasiado bien, con mi pareja fuimos con intenciones diferentes. Él fue a su Congreso de Medicina, yo fui de joda al Caribe. Así que yo quería bailar salsa (habiendo hecho un master de salsa y en el país cuna de la salsa) y el no quería, qué iban a pensar sus colegas médicos. “Que tenés una mujer joven a la que le gusta bailar y que le das el gusto”, imploraba yo. Ay Señor, se me iban los pies. En Cuba se juntan tres negros y ya están armando una orquesta. Qué frustración. ¿Que por qué no bailaba sola o con otro? Porque no daba, porque hubo algunas escenas de celos, porque recién empezábamos a salir.

Lo acompañé a todas las conferencias que se dieron, tomé aburridísimos apuntes sobre la isquemia silente, traté de entender las diapositivas que mostraban, pero mi corazón estaba en la playa. Él, comunista desde joven, admirador de Fidel, quería hablar a todas horas con el Pueblo. Hablar con el Pueblo, significaba sentarse al borde de la pileta y mantener largas charlas de horas con atletas, en su mayoría ganadores de medallas olímpicas. Su estadía en el hotel implicaba una especie de premio por representar bien a Cuba. Escuchábamos desde la mañana Radio Reloj, la radio oficial, que de fondo hace: tic tac tic tac tic tac tic tac… todo el tiempo, todo el tiempo. “Aquí, Radio Relojjj!” Una cosa enloquecedora, la gota de agua que horada la piedra.

Finalmente ni mi pareja averiguó lo que quería (ir a las escuelas, conocer a fondo el sistema de salud) ni yo disfruté del Caribe. Hoy hubiese sido diferente, porque tengo otro nivel de conciencia. Pero en aquel entonces, me llamaba más la atención el coco taxi, bailar en la boite del hotel y hacer el amor de noche en la playa, que adentrarme en la política y el modo de vida de los cubanos. Aburrida, saqué infinidad de fotos con una vieja Kodak, de mulatos bailando (cuando hubiese querido bailar yo, ya lo dije?) me fui a practicar arquería por ahí, mientras él leía Las venas abiertas de América Latina tirado en su tumbona, rodeado de minas de todas las edades, en tetas. Francesas descaradas… Una vez lo fui a espiar, un santo, sus ojos no se desviaban del libro. Grande, Galeano.

Nos llamaba la atención el arte con el que plegaban las toallas en la pieza del hotel. No fue sino al momento de irnos que nos enteramos que se estila dejar propina por eso. La pobre gente se esmeraba tanto, los arreglos eran cada vez más elaborados, y nosotros ni siquiera un dólar! Que vergüenza.

Ahora sigo…

Banksy

Esta es la tristemente célebre foto de los niños de Vietman, huyendo del bombardeo con napalm, el 8 de junio de 1972. La imagen dio la vuelta al mundo y en poco tiempo cambió la percepción sobre la guerra de Vietnam.

Bansky, un genial artista del graffiti, hace trabajos de este tipo:



Su identidad es una incógnita, dicen. Se sabe que es inglés y poco más. Copiado de por ahí:

Sus obras, especie de bromas visuales de fuerte contenido político, se venden por decenas de miles de libras en las galerías de arte desde que se difundió que famosos como Brad Pitt y Angelina Jolie habían comprado algunas.

Y aquí el hombre se mete nada menos que en Disneylandia, a dejar un “maniquí” representando a un prisionero de Guantánamo.

El paseo en tren, claro, se interrumpe por razones de seguridad. El letrero del final proclama: Aquí ud deja el hoy y entra en el mundo del ayer, el mañana y la fantasía.

Banksy, grafitero. Excelente arte callejero de denuncia.