La Santa Inquisición, el verdadero Halloween

lunalunera, en el blog de geraldinho

http://blogsdelagente.com/notevayasestupida/2008/10/29/-se-nos-dio-se-nos-dio-uy-dio-ahora-hay-hacerse-cargo-#comments

dejó días atrás un link a este material. “…me gustaría compartir esto para iluminar un poco la mente de sus tantos lectores”.

Y Caín me sugirió este post. La información que nos brinda, bien lo merece.

¿Por qué hubo quema de brujas y no de brujos?

La celebración de Halloween, este viernes 31, invita a indagar la razón por la cual durante tres siglos se eliminó a las brujas y casi a ningún brujo. La verdad sobre la tradicional “noche de brujas”.
La caza de brujas tuvo lugar en Europa entre 1450 y 1750, al final de la Edad Media y comienzo de la Modernidad, cuando el libre pensamiento florecía con la invención de la imprenta, lo que añade sorpresa: ¿por qué justo en ese momento?

En 1484, Inocencio VIII emitió la bula “Summis Desiderantes”, que le dio base legal a la Inquisición para perseguirlas.
En 1487, dos monjes dominicanos publicaron el Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), un manual de aplicación práctica de la bula para magistrados e inquisidores.

El “Constitutio Criminalis Carolina” del emperador Carlos V ilegalizó en 1532 la brujería, el aborto y la anticoncepción. Martín Lutero quería “matar a todas las brujas”; Juan Calvino pedía que las “exterminaran”; y William Perkins proponía eliminar a las “buenas”: “Sería mil veces mejor si todas las brujas, pero especialmente las brujas beneficiosas, sean matadas”, decía. Entre 1450 y 1750 hubos al menos 110 mil procesos que terminaron en unas 60 mil ejecuciones, la mayor parte en Polonia, donde se mataron 10 mil, según se lee en La caza de las brujas en la Europa Moderna, de Brian Levak.

Católicos, protestantes, puritanos y anglicanos se sumaron a este cometido; sólo las iglesias orientales no participaron. En Europa continental las quemaban vivas; en Inglaterra y Estados Unidos, las ahorcaban. En los juicios de Salem se apresó a Dorcas Good, de sólo 4 años, por ser hija de una “bruja”; y en 1615, a la madre del astrónomo Johannes Kepler, que pasó un año en prisión.

¿Por qué, si había brujos, se les endilgaba sólo a ellas una supuesta comunión con el Diablo? La respuesta podría estar en la Biblia, donde es frecuente asociar a la mujer con “el Mal”. El Exodo 22:18 sentencia: “A la hechicera no la dejarás que viva”. Pero la brujería no fue la razón sino la excusa. El motivo fue eliminar a las mujeres que proveían de hierbas abortivas y anticonceptivas a sus congéneres, en un momento en que se estimó necesario alentar la concepción, porque la epidemia de “peste negra” había aniquilado a un tercio de la población europea.

Por entonces los médicos sólo asistían a las cortes o a los señores feudales y les estaba prohibido revisar a una mujer; eran las comadronas o improvisadas parteras quienes ayudaban en el alumbramiento y proveían las hierbas para evitar otro embarazo. En el siglo XV, como secuela de la peste, sobrevino el derrumbe del sistema feudal a causa de la pérdida de esclavos, lo que afectó especialmente a la Iglesia, que poseía el 30% de las tierras y vivía del cobro de impuestos.

A fin de repoblarlas, se predicó la procreación sin límites como un deber ante Dios; y el conocimiento herbológico de control natal que poseían las parteras, fue destruído junto con ellas. Por eso el Malleu Maleficarum decía: “Nadie es más peligrosa y perniciosa a la Fe Católica que las parteras (…) Las Brujas que lo son matan en variadas formas el niño concebido en el vientre y procuran un aborto; y ofertan al recién nacido a los diablos.”

Europa logró duplicar, de este modo, en un par de siglos su población ya que, según estudios etnológicos, de la media de 3,3 hijos vivos por familia que había en el siglo X, se pasó entre los siglos XVI y XIX, a 6.5 hijos. Total que, hacia 1750, ya no hizo ninguna falta seguir quemando brujas y la cacería concluyó. A diferencia de sus antecesoras, las mujeres de la Europa cristiana de aquel tiempo lo ignoraron todo sobre prevención, lo que en “Contracepción y aborto de la Antigüedad al Renacimiento”, llevó a J.Riddle a plantear que “es intrigante por qué tan pocos saben lo que antes todos sabían.”

Por su parte, en “Plantas usadas como contraceptivos en la América del Norte indígena”, K.Krag dijo que los nativos usaban más de 200 plantas y raíces abortivas y anticonceptivas. Pero los colonos continuaron procreando tupido en América, pues al exterminar a los nativos, se perdieron de conocer tales métodos, hasta que, ¡Eureka, en 1960 apareció la píldora!

Dicho esto, ¿qué ganas quedan de festejar Halloween, en la víspera de Todos los Santos? Pensándolo bien, si se llevan preservativos y contraceptivos orales en vez de calabazas y escobas, esta Noche de Brujas podría ser fantástica.

Fuente: Télam

En el nombre de la sensibilidad, evito postear un video sobre la Santa Inquisición, otra que Halloween…


Este video que encontré nos cuenta que en poblados de España se consideró brujos a los hombres, también. Por lo demás, avala todo lo anterior.

Lo real de lo virtual

Me quedé pensando en qué distinta es la realidad para cada uno de nosotros. Sé que hay personas a quienes no les interesa la gente detrás de los blogs, que sólo les importa la opinión de los que tienen cerca y a quienes sí conocen. Lo que los motiva es comentar sobre los temas posteados y que hagan lo mismo con los suyos. A mí sí me importa la persona detrás del blog. Pienso que de otra manera, seríamos meras máquinas de postear.

Me importa si se muere un blogger, me importa si me peleo con otro, me importa si un comentarista de meses de repente se ofende y deja de comentar, me importa si alguien postea sobre una pérdida. No puedo separarlo. O sea, no puedo separar los escritos, de la persona que se encuentra detrás. Me duelen los malentendidos y las ironías y los ataques. A veces descarnados. No creo ser yo sola. Básicamente todos anhelamos querer y ser queridos. Está muy bien eso de decir yo escribo para expresarme y para que me lean y punto. Pero eso solo, desprovisto de cualquier otro tipo de sentimiento, o si la palabra sentimiento les parece demasiado grande, de sensación… parece algo maquinal, como decía. Contrario a la naturaleza humana.

Es mi manera de verlo y no necesitan acordar. Pero hasta sucede que me desilusiono si un comentarista que me caía bien de repente se revela como de derecha en algún comentario o lo encuentro “babeándose” en algún lado, jaja! No les pasa? Este es un mundo de lo más real, dentro de lo virtual.

Y siento celos y encantamiento y me río, a veces hasta las lágrimas. Me entristezco, también. Y siento empatía y comprendo y me peleo, aunque no diga nada ni comente. Muchas veces me cuestiono, superando prejuicios. Aprendo y crezco.

Entiendo al otro desde mí, como hacemos todos. A veces, en momentos de lucidez, entiendo al otro desde el otro.

Leo, aquí y allá, que no hay nada que reemplace el encuentro frente a frente y el mirarse a los ojos, etc, etc. Que todo este universo de msn y mensajitos de texto, teléfono (qué anticuado suena el teléfono entre tanta tecnología de punta), mails, blogs y fotologs, flogs o como se llamen, nos aísla de la verdadera comunicación. Es probable. Seguramente.

Pero como leí alguna vez: “Cualquier comunicación es mejor que ninguna comunicación”.


“Por qué apoyo a Fidel y a Chávez”

El querido Jorge Halperín (se acuerdan? “La siesta inolvidable”) supo entrevistar allá por el 2002 a Ignacio Ramonet, director de Le Monde diplomatique, quien “ha hecho una enorme contribución para que exista el Foro Mundial de Porto Alegre, que se transformó últimamente en la cumbre del mundo solidario frente a las cumbres de los países ricos, y para fijar la idea de que otro mundo es posible, y que se puede actuar con éxito desde la vereda de enfrente del poder internacional”.

De El mundo en la nueva era imperial, entonces:

“Por qué apoyo a Fidel y a Chávez”

¿No le preocupan las críticas que le hacen por apoyar a Fidel en Cuba y a Chávez en Venezuela, a quienes muchos sectores ven como líderes no democráticos y autoritarios?

Bueno, yo distinguiría la situación cubana de la situación venezolana. Chávez es un presidente que ha sido elegido democráticamente, varias veces. No se lo puede acusar de autoritario. Tiene una pequeña mayoría en su Congreso. No tiene una mayoría absoluta, siquiera. Nadie acusa a Chávez, por ejemplo, de encarcelar a oponentes políticos.

Ninguna organización internacional lo acusa de haber faltado el respeto, digamos, a la libertad de prensa, o haber detenido a algún periodista, o cerrado algunos periódicos. Es decir que la acusación de déspota hacia Chávez -algunos directamente lo tratan de Hitler- viene de una oposición desquiciada, que ha perdido todo sentido de la medida en su crítica. No quiero decir con esto que Chávez sea un hombre perfecto. Digo: ha sido elegido legítimamente, gobierna democráticamente, con una oposición que ejerce su función de oposición y él trata, sencillamente, de aplicar su programa, por el que ha sido elegido. Y que, además, él ha introducido en la Constitución -una nueva Constitución que ha sido votada por el pueblo-, un principio que permite a cualquier mandatario, desde un alcalde hasta el Presidente de la República, a medio mandato someterse de nuevo a elección si hay una mayoría que lo pide. Y él está dispuesto a hacerlo. Por consiguiente, cuando nosotros apoyamos a Chávez, lo que estamos apoyando es una experiencia de reformismo democrático en el seno de un país muy desigualitario, que necesita una serie de reformas elementales.
Como dice Chávez, “no es normal que este país, un gigantesco país, un millón y medio de kilómetros cuadrados, importe el 90% de su alimentación; aquí lo que sobran son tierras”. No es normal que haya propietarios en Venezuela que posean cincuenta mil, cien mil hectáreas y que no las cultiven, cuando hay millones de campesinos sin tierra que acuden a las villas miseria de las grandes ciudades, a los ranchitos. No es normal que un país tan rico como Venezuela, el segundo exportador de petróleo del mundo, siga teniendo una gran cantidad de población, en términos de centenares de miles de niños no escolarizados, no alfabetizados. Todo eso no es normal. Globalmente, yo creo que ese proyecto de Chávez nadie lo puede criticar. Evidentemente se nos puede criticar de apoyar a Chávez porque sobre tal o cual decisión, pues, toca el patrimonio de una pequeña oligarquía. Bueno, es necesario que esta oligarquía comprenda que los años pasan, la historia avanza y que la mayoría de los venezolanos está también esperando un poco de justicia social. Y que por el momento, Chávez no lo ha hecho utilizando métodos autoritarios.

¿Y ud por qué apoya a Fidel Castro?

El caso de Cuba se me ha reprochado mucho y es muy diferente. He estado en Cuba, y entonces algunos dicen: “Cómo Ramonet, que defiende la democracia, va ahí y habla con Fidel”. Yo pienso que, primero, hay que analizar la situación cubana de manera muy particular. Es un caso singular en la geopolítica internacional. Cuba no es cualquier país. Uno no puede hacer como si Cuba fuese Honduras, El Salvador o Burquina Fasso. Es un país particular. Que, en un momento dado, a finales de los años ‘50 hace una revolución, lleva a cabo un proyecto de transformación social que va a encontrarse en enfrentamiento con Estados Unidos y va a ser objeto de una presión permanente por parte de Washington. Y en esas condiciones, evidentemente, este proyecto se ha visto dificultado para dar lo que podía haber dado de sí en otras circunstancias. Estados Unidos, por una parte por razones prácticas, porque en Cuba se habían nacionalizado y estatizado bienes que pertenecían a ciudadanos y a empresas norteamericanas, sin indemnización, ha considerado que esto es un crimen. Segundo, ha considerado que el proyecto político, en un momento de tipo socialista y luego aliado con la Unión Soviética, constituía, dentro del marco de la Guerra Fría, una especie de quinta columna en el hemisferio norteamericano que ellos controlan sin reparto desde siempre. Por consiguiente, Cuba es un país que ha atraído su presión. En las últimas semanas estuvimos celebrando, o conmemorando, la crisis de octubre del ‘62. Fue hace cuarenta años, y el mundo nunca ha estado tan cerca de una guerra atómica como en ese momento, por la causa cubana. Entonces, dadas estas circunstancias, el régimen cubano se ha organizado como un régimen en guerra, porque ha estado en guerra. Lo que le confiere un carácter muy particular. ¿Es verdad, está en guerra, o es puramente un argumento de la retórica del régimen? No, es una realidad. Han habido sabotajes, comandos, atentados, bombas; todo lo que se denuncia ahora del terrorismo internacional, Cuba lo ha padecido. Han habido aviones cubanos que han saltado por los aires, con pasajeros y tripulación cubana. Todo esto se ha hecho contra Cuba. Se ha tratado de asesinar a Fidel decenas de veces. Hoy en día, nosotros estamos desarrollando una reflexión importante sobre el terrorismo. ¿Qué podríamos decir del terrorismo? Yo distingo terrorismo y violencia política. Pienso que hay circunstancias en las cuales la violencia política es legítima. Cuando un país se ve sometido, invadido, cuando su soberanía se ve mancillada, y su cultura oprimida, es legítimo que se use la violencia política para resistir y para liberarse, si es necesario. Ahora, ¿la violencia política autoriza el terrorismo? ¿Qué entiendo yo por terrorismo? ¿Cualquier violencia es legítima en la medida en que se usa para defender la independencia, y oponerse al ocupante? Yo digo no, cualquier violencia no es legítima. ¿Por qué? Porque precisamente esta liberación debe hacerse en nombre de valores que son valores superiores, y el respeto de la vida humana, el respeto de los inocentes, forma parte de los valores. Ésta es la gran enseñanza, últimamente, del subcomandante Marcos. Marcos no ha disparado un tiro desde el ‘94. Dice que él no quiere el poder. ¿Y qué otra cosa dice?: “Cualquier régimen que llega al poder utilizando la violencia de cualquier manera, es decir, despreciando al ser humano, cuando llega al poder practica ese tipo de canibalismo político, de antropofagia política, destruyendo a sus adversarios”. La guerrilla latinoamericana, y en particular la guerrilla cubana, practicó un lucha armada de ejército contra ejército. Pero la lucha de los cubanos, y luego la del Che Guevara, nunca comportó… puede haber excepciones, pero nunca comportó como normal los atentados contra inocentes, la tortura de los prisioneros o la ejecución de los prisioneros, la violación de las mujeres, el saqueo de los campesinos. En ese sentido, siempre hubo un comportamiento responsable. Yo pienso que el régimen cubano está muy marcado por eso. Y, a pesar de lo que se dice, es un régimen en el que yo no conozco -es posible que yo cometa errores-, que practicara nunca la desaparición de personas, como se practicó en Argentina, en Guatemala y en muchos otros países. No ha practicado nunca la ejecución extrajudicial de adversarios. No ha practicado la tortura, en el sentido tradicional de la tortura, es decir, hacer sufrir el cuerpo. Se puede acusarlos de juzgar a gente ilegítimamente, de tener a alguien en la cárcel ilegítimamente, pero no ha practicado aquel tipo de aberraciones.

Lo zen II

Guardo una especial predilección por la arquería. Pude practicarla durante unos meses y acercarme por primera vez al concepto del zen como algo aplicable. El zen, se sabe, es aquello que no se puede definir. Hay algo especial en la arquería. Parece mentira, pero su práctica me permitía cumplir mis objetivos más fácilmente (debería intentarlo nuevamente). Hay cuentos bellísimos al respecto, esos que afirman que uno acierta cuando no lo intenta, la paradoja de tener la intención y al mismo tiempo despreocuparse del resultado.

Dyer dice, en alguno de sus tantos libros, que uno debe saber que lo que hace no modifica en nada este vasto universo, pero al mismo tiempo trabajar como si lo hiciese.

— El verdadero arte —exclamó el Maestro— carece de propósito, de fin determinado. Cuanto más obstinadamente trate de aprender a disparar la flecha para acertar el blanco, menos logrará lo primero y más se alejará de lo segundo. Lo que se interpone en su camino es el hecho de que usted posee una voluntad demasiado terca. Usted piensa que lo que no hace por sí mismo simplemente no sucede.
— ¡Pero si usted mismo me ha dicho a menudo que la arquería no es un pasatiempo, un juego sin objeto, sino una cuestión de vida o muerte!
— Y lo sostengo. Los Maestros arqueros decimos: ¡Un tiro, una vida! El significado de esto aun no lo comprendo, pero quizás le ayude otra imagen que alude a la misma experiencia. Los Maestros arqueros decimos: con el extremo superior del arco el arquero penetra el cielo; del extremo inferior, como si estuviera sujeta por un hilo, pende la tierra. Si el tiro es disparado con una sacudida, corremos el peligro de que el hilo se rompa. Para la gente voluntariosa y violenta, la ruptura es definitiva y quedan sus-pendidos en el terrible centro, entre la tierra y el cielo.
— ¿Qué hacer entonces? —pregunté meditativamente.
— Aprender a esperar como es debido.
— Y ¿cómo se aprende eso?
— Dejándose ir, dejando atrás a usted mismo y todo lo suyo en forma tan decisiva que sólo quede de su persona una tensión sin objeto.
— ¿Debo, pues, tornarme voluntariamente involuntario? —me oí decir.
— Ningún alumno me ha hecho jamás esa pregunta, así que en realidad no conozco la respuesta.
— Y ¿cuándo empezaremos con los nuevos ejercicios?
— Espere a que llegue el momento.

-Ya ve cuáles son las consecuencias de no saber esperar sin propósito ni designio alguno en el momento de mayor tensión. Ni siquiera puede aprender a hacerlo sin preguntarse continuamente: ¿seré capaz? ¡Espere con paciencia y vea lo que sucede y cómo sucede!
Le hice recordar que estaba ya en mi cuarto año de instrucción y que el tiempo de mi estadía en el Japón era limitado.
— ¡El camino hacia la meta no debe medirse! ¿Qué importancia tienen las semanas, los meses o los años?
— Pero, ¿qué ocurrirá si me veo obligado a interrumpir las clases a mitad de camino? —pregunté.
— Una vez que haya conseguido desprenderse realmente del ego, podrá interrumpirlas en cualquier momento. Siga practicando.
Y así volvimos a comenzar desde el principio, como si todo lo que había aprendido hasta entonces hubiera sido inútil. Pero el acto de esperar en el estado de mayor tensión no resultaba más fructuoso que antes, como si ya me fuera imposible hacer el más mínimo progreso.
Un día me atreví a preguntar:
— ¿Cómo puede dispararse el tiro si “yo” no lo hago?
— Ello lo hará —respondió.
— Le he oído decir eso mismo en varias oportunidades, de modo que permítame que le formule la misma pregunta de otra manera: ¿cómo puedo esperar el tiro si yo ya no estoy allí?
— Ello espera en el punto de máxima tensión.
— Y ¿quién o qué es ese Ello?
— Cuando lo haya comprendido ya no necesitará de mí. Y si yo tratara de darle el menor indicio en detrimento de su propia experiencia, sería el peor de los Maestros y merecería ser despedido. Por lo tanto, basta de hablar de eso y siga practicando.
Pasaron semanas sin que pudiera adelantar un paso, pero descubrí que esto no me inquietaba en lo más mínimo.
¿Acaso me había cansado de todo el asunto? Que aprendiera o no los secretos del arte, que experimentara o no lo que el Maestro quería significar con su Ello, que encontrara o no el sendero que me conduciría hacia el Zen, todo me parecía de pronto tan ajeno, tan indiferente, que ya no me preocupaba. Varias veces quise hablar con el Maestro del asunto, pero cuando abría la boca para empezar perdía el valor; estaba convencido de que nunca oiría otra cosa que la misma monótona respuesta: “¡No pregunte, practique!” Dejé, pues, de preguntar y también me habría gustado dejar de practicar, de no haber sido porque el Maestro me tenía completamente en sus manos. Vivía al día, hacía mi trabajo profesional lo mejor posible y al final dejé de lamentar el hecho de que todos mis esfuerzos de los últimos años hubieran sido prácticamente inútiles.
Así, un día, después de haber disparado uno de mis tiros, el Maestro hizo una profunda reverencia e interrumpió la lección:
— ¡Ahora! —dijo, mientras yo lo contemplaba asombrado— ¡Sólo ahora se disparó!
Cuando al fin comprendí qué quería decir, no pude evitar un grito de alegría.
— Lo que he dicho —me advirtió severamente el Maestro— no fue un elogio, fue sólo una afirmación que no debe importarle demasiado. Tampoco mi reverencia estaba destinada a usted, pues usted fue absolutamente inocente de ese disparo. Esta vez permaneció completamente abstraído de sí y sin designio en el estado de mayor tensión, de manera que el tiro se desprendió de usted como una fruta madura. Ahora siga practicando como si nada hubiera ocurrido.

…para el arquero, los tiros correctos tienen la virtud de hacerle sentir que el día acaba en realidad de comenzar. Se siente en disposición de ánimo para todo correcto actuar y, lo que es quizá aún más importante, para todo correcto no-actuar. Es un estado realmente delicioso. Pero aquel que ha llegado a poseerlo, dijo el Maestro con una sonrisa sutil, haría bien en poseerlo como si no lo poseyera.

Fragmentos del libro Zen en el arte del tiro con arco, de Eugen Herrigel

La precaución

-Ya ves -prosiguió tras una pausa-, que más vale tenerlo todo previsto. Por esa razón el caballo tiene todas esas tobilleras en la patas.

-¿Pero para qué son? -preguntó Alicia, con tono de gran curiosidad.

-Para protegeros de la mordedura de los tiburones -contestó el Rey.

( de Alicia en el País de las Maravillas)

La recepcionista



Voy a consultar al nuevo médico de mamá. Es tanto lío tomarme un micro hasta allá que prefiero ir caminando. Lo demoro lo más que puedo, 30° dicen. Por el camino me cruzo con un vecino sentado en la vereda, a la sombra de un tilo. Chancletas y bermudas, su perro al lado. “Linda vida”, me sale decirle, me sonríe de vuelta. Falta el mate, sigo diciendo.

Finalmente, el consultorio en una esquina. Mucho sol, cortinita corta de tela gruesa y así y todo, mucho sol en la recepción. Plantas, limpieza y orden. La secretaria-recepcionista es una señora pasados los cincuenta, correctamente vestida, pantalón marrón y camisa de vestir verde seco. Anteojos que agrandan sus ojos celestes y sonrisa medida. Va hacia un gabinete con cajones etiquetados con los nombres de las obras sociales, a buscar la ficha de mi vieja. “No, es nueva”, le digo cuando me doy cuenta. Me siento a esperar al lado de un señor de pancita. Se me da por mirar la recepción toda, el cesto de madera con una flor tallada, los tres tulipanes plásticos sobre el escritorio de melamina, el reloj redondo de pared. La recepcionista recorta y abrocha las fotocopias que le llevé. “Qué prolijita”, le digo al señor a mi lado, por lo bajo. “Muy eficiente”, concuerda él. Imagino el día que falta esta mujer, la crisis para el médico.

Suena el teléfono. “Consultorio?” Abre su cuaderno. “No, le puedo dar para el viernes, recién… 15:30, quedamos así”. Sale la señora que estaba adentro, señora de bastón, pantalón azul y camisa blanca, viejita y coqueta. La recepcionista le dicta el siguiente turno, la señora le pide que se lo anote: “Las neuronas ya no son lo que eran…” Yo quisiera que mamá estuviese así de bien.

Llega otra señora, en sus cincuenta también. Pide una receta para su marido, pregunta si el médico la puede atender ahora, la recepcionista ingresa al consultorio y sale. “¿En gotas?” “Sí, en gotas”, dice la señora. Finalmente la hace ingresar. El tiempo pasa lento, no sé si tomar una revista del revistero, me cruzo de piernas, sin embargo y trato de mantener mi mente alerta para no olvidarme ningún dato importante… El sol adormece.

Sale la recepcionista, le entrega sus papeles al señor a mi lado, él se permite ser simpático y le dice: “Hoy no tuvo el llamado de las cuatro y media”. La recepcionista lo mira. “¿Vio cómo me acuerdo? Siempre hace un llamado a las cuatro y media”. “Ah, no lo que pasa es que hoy mi hija está cuidada, así que me quedo tranquila”, sonríe ella, como corresponde. Hasta luego, hasta luego. Nos quedamos solas.

Al fin sale la última señora del consultorio, la de la receta, menos mal… Ya son casi las cinco, cuándo me va a atender este hombre? Está llorando, la señora. La miro desde mi sitio, secándose las lágrimas. “Ayer murió mi hija”, le dice a la recepcionista, como explicación. La recepcionista no reacciona, no dice nada, no la abraza. Huérfana de todo, la señora se encamina hacia la puerta, yo quisiera decirle espéreme que tomamos un café, pero ya se fue. Ni siquiera me he descruzado de piernas, es el sol, creo.

El puto sol en esta recepción, la oportunidad perdida. No sé dónde queda el Lanari. La recepcionista busca en su escritorio y me alcanza un papelito con la dirección y el teléfono, ya escritos.

Lo inquietante

De viaje en el metro, un vagón no tan lleno, voy sentado, vestido de estricto traje gris. Leo un libro de ensayos y por momentos miro hacia algún andén al que arribamos, para saber la estación en turno; aprovecho entonces para echar una ojeada a la gente que me circunda y, en una de esas, entre otras piernas, descubro unas de mujer bien formadas pero nada peculiares Sin embargo, por decirlo así, organizadas de tal manera especialmente que me alejan de la lectura; sucede que la más próxima va flexionada y delante de la otra, vertical y firme. Piernas blancas que sobresalen o sobre bajan del borde del vestido negro, calzan zapatos grises de tacón que emplean correa para sujetarse por atrás. En el caso del primer pie, da vuelta completa dejando al descubierto el talón sonrojado, mientras que en el trasero la correa se ha caído de tal forma que el talón se queda completamente desnudo. Cuando tuve este pensamiento, me fui desnudando por dentro hasta sentir una grata sensualidad que nacía en mi estómago y bajaba hacia mis genitales. Supe también en ese instante que me encontraba ante un hecho fundamental para mi fetichismo y entendí que un talón sin correa es un breve seno sin pezón que se nos ofrece en el ambiente de complicidad del hecho social sobreentendido; es una cálida nalguita que asoma, inocente y erótica, por la parte de atrás de un zapato de tacón para mujer linda; es la mesurada invitación pública a desordenar nuestro espíritu sin que nadie se dé cuenta, ni la mujer misma, de la cual no conocemos el rostro. Se llega a la estación fatal, se desacomoda la geografía humana y lamento demasiado disponerme a asistir a una reunión literaria.

Guillermo Samperio – Estación fatal

El amante (1992) Do me right, woman

Las asquerosidades que nos hicieron comer de chicos



Agghhh, de sólo acordarme.

Hoy estaba con una amiga y le decía que me siento muy cansada y me pregunto si no estaré un poco anémica. De ahí pasamos a hablar de comer lentejas e hígado, por el tema del hierro. Entonces le dije que me gustaba el bife de hígado con cebolla salteada y puré, pero lo que no me banco es el aspecto del hígado crudo… y cómo sería la cara de asco que le puse, que hasta yo misma me la vi.

Como una cosa lleva a la otra, de repente recordé la Sopa de Patas de Pollo que preparaba mamá y se me ocurrió este post. Nunca probaron? Quieren?

Se lavan bien las patas, se les cortan las uñas con una cuchilla afilada (tac, tac…), se hierven en agua con verduritas y especias y después se comen. No me acuerdo si antes o después de hervidas se les quita la piel, como quien se saca un guante. Mírense la palma de la mano… Ven lo que se llama “almohadilla”? Imaginen mi cara de éxtasis, sosteniendo una pata de pollo y mordisqueando ESO. Supuestamente después había que chupar dedo por dedo, para aprovechar los “nutrientes”.

Más? Las milanesas de seso. La cucharada diaria de melaza. La de levadura de cerveza. El triángulo de cartílago del hueso de pollo. Tiene calcio, es verdad, pero prueben masticar y tragar eso.

Ni mencionemos la Leche de Magnesia Philips, ese es un tema aparte. Aquí se trata de comidas. Hice un sondeo entre mis compañeros de feria. Sus padecimientos y explicaciones:

-”Mi mamá me hacía comer NUTRIA. Teníamos que chupar los huesitos. Nutria! Es una rata!!! Otra vez preparó polenta con pajaritos, tanto la jodían con que era rica, que al final la hizo. No sé de dónde sacó los bichos, pero se vino orgullosa con un fuentón lleeeno de polenta con un montón de pajaritos desplumados encima. Todos los hicimos así (gesto de apartarlos) y comimos sólo la polenta”.

-”Mi vieja se vino desde Mar del Plata en el micro con una caja con agujeritos, llena de ranas vivas. Las ranas saltaron durante todo el viaje, con mi hermana no nos podemos olvidar”.

-”Yo comí caracol, esos redondos de jardín… Era chiquito así y primero los hirvieron, qué sé yo y después los mandaron en una bandeja al horno de barro. Había que hacer así: fsss!!! y chuparlos”.

-(señora de Ucrania) “A mí cuando estaba enferma, me hacían tragar grasa de pescado derretida. ¡Pero es muy buena para la salud, en serio!”

-”Mi vieja me hacía tomar sopa de fideos cabellos de ángel, recalentada. Era una baba, dejate de joder! Pero la polenta con pajaritos es riquísima, a nosotros nos daban dos pichones de lechuza a cada uno y si nos tocaban menos, nos peleábamos que no sabés…”"

-”Yo odio los fideos. Son un engrudo de pobre, harina mojada con agua”.

-”La mazamorra y el locro. Porque tienen leche”

-”El jugo de carne. Hacían los bifes vuelta y vuelta, después los prensaban y me hacían tomar eso. Es agua coloreada, es mentira que tiene proteínas. Es al día de hoy que no puedo ver la carne cruda. Los bifes me los hago tipo suela”.

-”Los caracoles se ponían en cajones de madera con una malla metalizada encima y se los cubría con harina de maiz, para que se purguen. O sea, comían eso por varios días, se los iba cambiando de cajón. En realidad, la verdadera paella española se hace con caracoles. ¡Y no sabés cómo los comen los franceses! Estos son los tenedores para comer caracol, ves?” (muestra tenedor de plata chico de tres puntas)

-(Otro)”¿Pero eso no es para el queso y la mondiola?”

Y siguen las firmas, pensemos en lo que comemos: la piel del pollo, los chinchulines, la morcilla…

Todo bien, pero la Sopa de Patas de Pollo se lleva todos los premios, no me digan.

El encantamiento

-¿Qué más tuviste que aprender?

-Bueno, pues había Misterio…

Misterio, antiguo y moderno, submarinografía…

y también aprendimos a arrastrar las palabras,

a estirar las piernas y a desmayarnos en espiral.

(de Alicia en el País de las Maravillas)

¿En qué piensa él durante el sexo?

Me encanta ir a mi bar. Ya saben, tomar café con leche con medialunas, charlar con el mozo que me atiende hace años, esperar el diario, mirar revistas viejas…

Ni Humor Registrado ni Barcelona. La Cosmopolitan. La revista femenina nº 1 de Argentina. Julio del 2008, no tan vieja. Temas de tapa:

SEXO TABÚ – Un menú erótico para que pruebes TODO.

Pre-sex ¡on fire! (Hasta el equipo de Cosmo se ruborizó con esta nota)

Tus lolas hablan – Decodificá el mensaje de las “chicas”

Look invierno – Estilos sexies para impactar en la nieve y la ciudad

Chusmeemos:

“¿En qué piensa él durante el sexo?” Ah, a ver?

Para muchos, eyacular es “la” actividad sexual, pero también está cargada de presiones. Una vez que el hombre superó la inquietud por la higiene de su equipo (”¿Aliento fresco? OK ¿Erección inminente? OK ¿Calzoncillos correctos? OK”), se desespera por ejercer el autocontrol y hacer que todo dure lo máximo posible.

“Se obsesionan con estas exigencias y ellas les generan tanta presión que muchos problemas físicos, como la impotencia, se deben a estos mandatos culturales. Piensan que si duran más, el sexo será mejor y ellos, más hombres”, explica el doctor Francisco Argañaraz, psiquiatra y sexólogo clínico, médico del Programa de Sexología del Hospital de Clínicas.

Para lograr este último punto, apelan a un repertorio de extravagantes trucos mentales.

A continuación, en un recuadro:

Tácticas de ellos para no irse de pista. Les preguntamos a algunos varones sobre sus “formas de distracción” preferidas, para demorar el clímax… ¡Y respondieron esto!

-”Los últimos 20 goles de Martín Palermo”.

-”La tabla del 19″.

-”Los discursos de Cristina K”.

-”Pakistán, Pakistán, Pakistán… hay algo en el sonido de esas sílabas que me distrae”.

-”El último capítulo de Lost: demanda concentración”.

-”La lista de los clubes de primera y segunda división de Italia. ¡Y en orden alfabético!”

-”El padre de mi novia, acostado sobre una piel de oveja enfrente de una chimenea, en calzoncillos y medias. Esta imagen nunca falla”.

Me and Mrs Jones – Billy Paul