En este momento, la posición de jefe no es la mas deseada


Siguiendo la línea con el post de ayer sobre el Liderazgo, el talento y su importancia en momentos de crisis como el que vivimos, es preocupante que según el Global Workforce Study de Towers Perrin, sólo un 28% de los empleados tiene una opinión favorable acerca de su alta dirección, que más del 50% valora negativamente en lo que se refiere a su accesibilidad, honestidad y cercanía.

Pero lo más preocupante de estos datos es que dicho informe revela que la retención de los mejores profesionales en una empresa depende de una buena relación con el jefe.

Según Eugenio de Andrés, socio director de Tatum, el principal déficit que tienen los jefes es la gestión de personas. “En las universidades, y hasta hace poco en las empresas, siempre ha primado la formación técnica sobre la formación en Management. Esta circunstancia, unida a un modelo productivo cercano al Taylorismo, aunque muy poco eficiente, ha servido para alcanzar la posición actual, donde se valora más la presencia que los resultados. Ha desembocado en un modelo de jefe orientado a los resultados, pero muy poco preparado para atraer y retener el talento”.

De Andrés añade que el jefe recibe apoyos para gestionar de forma eficiente, como la evaluación del desempeño o los programas de formación. “Quizá no son suficientes, pero muchos jefes siguen pensando que la función de gestionar a las personas es responsabilidad del área de recursos humanos y no suya.

Ahí está el error”.


“En estos momentos para los jefes está todo realmente complicado. Con la situación económica en contra debemos transmitir seriedad y entusiasmo, lograr que el equipo rinda al cien por cien y tomar decisiones difíciles”.


El jefe de ahora no tiene demasiado en común con el de hace dos décadas. Entre las funciones que asume, De Andrés señala las relacionadas con las personas: “Entrenarlas, comprender su realidad personal, buscar un desarrollo global, conciliar sus circunstancias profesionales y familiares, generar confianza en sus personas, etcétera”.

Y si eso ya resulta complicado, su actividad se mira con lupa. “Antes, el de arriba era el de arriba y todos lo tenían claro; una orden era suficiente y casi había que estar agradecido a la empresa por darte trabajo. Si hace unos años el jefe hacía lo que le daba la gana, ahora tiene que hacer lo que tiene que hacer y encima ‘como debe hacerlo’. Si no es capaz, será el propio equipo el que decidirá disminuir su implicación”. Y después de todo esto, ¿quién quiere ser jefe?

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