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El adulto hace escuela

Y otra vez un niño mirando hacia el horizonte. Con pocas pero fuertes experiencias. Con improntas que se fueron encarnando. No recuerda bien quien le enseñó a caminar y a correr pero camina y corre. Por más que quiera hacer memoria no puede lograr entender como aprendió a leer y escribir con tanta ligereza, o como llegó a jugar al fútbol sin la necesidad de ser el dueño de la pelota. Tal vez hayan sido una o más personas las que le enseñaron. Lo cierto es que alguien estuvo allí acompañándolo en su desarrollo. Alguien le abrió y le mostró la puerta del mundo adulto. Alguien le indicó con la palabra o la acción por donde (no) debía caminar. Desde un pensamiento Vigostkiano el niño ingresa al mundo de la mano del adulto. El adulto le muestra el camino y él comienza a recorrerlo: con el animismo y la simbolización, con la imitación, con la identificación, con el aprendizaje de hábitos.

El juego sigue siendo una de las formas más efectivas y naturales<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–> que tienen los padres para ingresar a su hijo al mundo adulto. Se observa como los abuelos y los padres le cantan al niño pequeño las canciones de cuna acompañadas de gestos y arrumacos. Se esconden detrás de sábana y luego aparecen con un ‘acá etá’. O elevan al niño por encima de la cabeza convirtiéndolo en un avión. Cada vez más temprano (en la vida del niño) los padres comparten este Don<!–[if !supportFootnotes]–>[2]<!–[endif]–> (y otros), con los abuelos y los docentes. En este mundo de la modernidad tardía, donde las obligaciones parentales se ven obstaculizadas por las obligaciones laborales o financieras, la socialización primaria comienza a confundirse con la socialización secundaria. Son muchos los adultos, que desde muy temprana edad le proponen al niño un camino a seguir. Muchos de ellos (a veces los mismos padres) confunden mostrar el camino con marcar el camino. Al niño se le enseña a jugar, a caminar, a hablar, a correr, a leer, a escribir como preparación para la vida adulta. No se le debería pedir que rinda como en la vida adulta. No podemos pedirle a un niño de 4 años que se atenga a planteos tácticos deportivos, como tampoco incluirlos en un sistema de competencia de eliminación simple. Por otro lado tampoco podemos exigirle que a un niño de 6 años que lea de corrido por que lo hace su compañerito de clase.

El adulto hace escuela en el niño. Deja huellas de por vida.

Y otra vez un abuelo mirando el horizonte. Con muchas y fuertes experiencias (cabe alguna duda). Con improntas que se fueron reencarnando. No recuerda bien quien le enseño a caminar y a correr pero camina y a veces corre. Y a pesar del paso del tiempo, recuerda a aquel niño que otra vez está mirando hacia el horizonte.

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<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–> Se entiende al juego como natural por ser propios de la naturaleza humana y animal. Aunque existen diferencias entre el jugar en los animales y el jugar en el hombre no es en este escrito donde se debatirá dicho punto.

<!–[if !supportFootnotes]–>[2]<!–[endif]–> Don en el sentido Derridiano, cuyo significado es el de dar sin pretender nada a cambio, rompiendo de esta manera con la circularidad comercial que se utiliza en el mundo capitalista donde si uno da tiene que recibir algo a cambio. Dice Derrida (1995) “Para que haya don, es preciso que no haya reciprocidad, ni devolución, ni intercambio, ni contra-don, ni deuda”


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