Agosto 5, 2010 | Por manuel-ruano | # Enlace permanente
DE ÁNGELES Y DEMONIOS EN LA DAMA DE BOLLINI
Por Elena Garritani[1]

En el marco de las actividades de interacción de arte y psicoanálisis que realiza AIAP, en La Dama de Bollini, el sábado 5 de junio de 2010, se presentó la obra del poeta Manuel Ruano y su primer libro de cuentos No son Ángeles del amanecer, editado por De los Cuatro Vientos, en Buenos Aires, 2010. La presentación, a cargo de Irene Accarini, destacó el interés de estas actividades para AIAP. La coordinación, que realizó Lelia Reta, facilitó notablemente el intercambio entre el público y el autor.
El sueño de la razón engendra monstruos,
pero estos sueños sustentados por la imaginación
y la fantasía hacen posible la creación y el arte.
Francisco de Goya.
No es casual que Borges estuviera parado ahí, en aquella esquina, ni que Manuel Ruano lo invitara a cruzar y mantuviera un diálogo enriquecedor con él. A modo de predestinación hubo un encuentro, “todo encuentro es una cita” decía el maestro. Ese encuentro alienta lo que para Ruano ya era una obstinación y un destino: la escritura.
Es un iniciado en el conocimiento de Santa María de los Buenos Aires, como a él le gusta llamarla, esta ciudad en la que nacieron Borges y Marechal. Se ha instruido en sus misterios a través de una ardua travesía en la vivencia y en el oficio de escribir.
Estos misterios sólo pueden ser develados por aquellos que se internan en sus calles, en sus laberintos, en sus amaneceres, en sus crepúsculos, con el asombro y la inocencia de los ángeles, sin saber de antemano qué buscan, sin darle un nombre, porque ese nombre, uno y múltiple, se irá diciendo a sí mismo, se encontrará oyendo las voces secretas, los fantasmas y las sombras que habitan la ciudad. Misterios demoníacos o perturbadores que se descifran en silencio y soledad. Como dice el autor de estos cuentos: “La topografía de Buenos Aires es conceptual. Cada una de sus calles es una puerta abierta a un peregrinaje interior … se habita esta ciudad hacia adentro como una pasión oculta y hacia afuera , como un coleccionista de espejos, de estatuas al aire libre, de fuentes inagotables, de granujas y perdularios, de filósofos naturales, que una vez me di a conocer”.
Son tan vastas y diversas las lecturas de Manuel Ruano y el diálogo encendido que mantiene con sus autores que nombrar sólo algunos de estos es delimitar las múltiples fuentes que embebieron su escritura. Quevedo, Cervantes, Dostoievski, Faulkner, Kafka, Felisberto Hernández, Julio Cortázar, Manuel Mújica Láinez, Borges, Marechal y tantos otros. No obstante su voz es férreamente personal.
El resuelto, ligero y ágil ritmo narrativo de estos veintidós cuentos facilita la rápida lectura de los mismos. Además crea con su estilo climas venturosamente ominosos, delirantes, tragicómicos o mágicos, en los que es imposible no quedar capturado. Así como “En la cresta dorada del Señor de los Milagros, el profesor Esteban Silva Bazán queda atrapado en la multitud de peregrinos que lo santifican”. Digo atrapado, pero no disuelto (aunque en realidad el profesor Bazán parece desintegrarse en la peregrinación). Los cuentos de “No son ángeles del amanecer”, posibilitan más de una interpretación, puede haber tantas lecturas como lectores. Y nos dejan pensando, es decir entretejiendo símbolos, cautivan la metáfora, estimulan la construcción de una mirada alegórica. Es decir, renuevan el significado de la lengua.
La lectura de su obra denota una cultivada erudición, pero no como un adorno, ya que se ajusta con sutileza en la trama narrativa. Sugiere la impresión de estar ante una paleta cromática cuyos colores van desde los cálidos a los fríos, o ante una partitura musical de intensa riqueza en la armonía de sus acordes. Y estas analogías son intencionales ya que el amor a las artes plásticas y la música están presentes en este libro, su autor, lo sé, así lo siente. Entonces, comprendo que el lenguaje es una piel como dijo Roland Barthes, y la textura de la misma se recorre sensitivamente, de punta a punta, con delicia y estremecimiento en su narrativa.
Encontré en el itinerario de los personajes y en el clima de estos cuentos las diversas facetas del autor: el caminante intrépido, el observador agudo, el conocedor de arte, el viajero, el dandy, el adivinador, y en esencia encontré al poeta.
[1] Elena Isabel Garritani, Chivilcoy, ha obtenido premios en poesía a nivel nacional e internacional. Publicó un libro colectivo de poemas
Travesía y propios: en 1999
Sin naufragio aparente y en 2008
Este grano de sal. Colabora en diarios y revistas de su localidad. Coordina talleres literarios y de lectura. En 2002 obtuvo el Cuarto Premio en poesía en el “III Certamen Internacional José Martí”.
Julio 5, 2010 | Por manuel-ruano | # Enlace permanente
Nuevo libro de la Universidad de Sevilla

Estudio acerca de Olga Orozco
Junio 12, 2010 | Por manuel-ruano | # Enlace permanente

De reciente edición
Enero 2, 2010 | Por manuel-ruano | # Enlace permanente

Demetrio Urruchúa, Desnudo (1967)
Agualava, de Patricia Díaz Bialet, Atuel, junio del 2009, Buenos Aires
Agualava cae de mi sexo.
Aguafuerte de químicos poderes.
Agua de prisión desmedida.
Agua de pequeña prostituta subterránea.
Agualava cae de mi sexo.
Pintado artilugio de mis labios.
Agualava aguaceite en borbotón de añeja ingle carcomida.
Agualava aguaceite de espeso puntapié en caída libre.
Agualava en queja de paracaídas.
Agualava en frotación constante.
Agualava por vos mi amor de veinte identidades.
De a sorbos te ofrezco mi agualava paraíso.
Mi rocío de muslo disgregado.
Yo te ofrezco mi dulce artimaña de gacela.
Mi amague de nudo.
El ardor de mi ojo de circo.
O el timbal de cópula en permanencia.
Gruta áspera de pico que penetra
la púrpura pluma de aire cuando gozo.
Agualava y su fluir en cauce anónimo.
Agualava y su tambor en talle de gladiolo.
De gorjeo.
De gruta acorazada.
Agualava por vos mi amor de quince abrazos.
Agualava aguapéndulo de piedra para ser fundida en franja de furia.
(Página 14)
Diciembre 7, 2009 | Por manuel-ruano | # Enlace permanente
LLEGADA A LA TRANSPARENCIA
Desde hace unos días, lo sé, esto se me hace absurdo. Al instante mismo de ingresar a mi casa por la puerta de entrada, ésta se borra de la pared como por encantamiento. La busco sin precipitarme y la encuentro frente a mí, en la pared contraria de donde estaba. Al principio, esto resultaba gracioso; pero al transcurrir del tiempo y repetirse las escenas, entra a ganarme el pánico.
Todo comenzó, paulatinamente, por hacerse inusual. Cuando encendía la luz de una habitación, funcionaba el aire acondicionado. Al apagar ese aparato, inmediatamente tomaba movimiento el mecanismo del lavarropas, que estaba situado dos cuartos más allá de la sala de entrada. Lo curioso de este engranaje insólito, que parecía obra de un desperfecto en las instalaciones, ocupó, a partir de ahí, todo mi tiempo. Pero cuando oprimía el interruptor del lavarropas, es cierto, se encendía el televisor y una voz muy suave me indicaba que el contacto de luz estaba en mi zapato izquierdo. Y después de muchas vacilaciones, opté por no utilizar esa fuente eléctrica. Pero el drama se agudizó.
Muchas veces, durante el día, intentaba leer con un esfuerzo desacostumbrado. La tarea era difícil ya que venía, ahora, a sumarse otra dificultad: alternativamente, se cambiaban el orden de las palabras. Lo que establecía en la lectura un orden sintáctico sin precedentes ni sentido lógico. Además, los tipos de imprenta, se iban haciendo ininteligibles y, en un momento determinado, las palabras se contundían formando dibujos extraños que me hacían dudar, eso es, de no estar experimentando un sueño. Un sueño donde las cosas se enfrentaran a mí. Casi como venganza.
En un momento, reconocí en aquellos dibujos murales de propaganda, sueltos publicitarios, slogans políticos o cuñas de televisión. Todo este absurdo, me obligaba a cerrar y abrir el libro, en casos, en reiteradas ocasiones. Lo que, luego, determinaba que abandonara con fastidio el texto. Aunque, al hacer eso, casi siempre, me asaltaban raras situaciones que creí, pienso, de cierto espejismo. Una cantidad infinita de puertas fantasmas, se abrían a mi alrededor. Creando una atmósfera de lo más aireada y ventilada.
Al ver esto, no dudé. “La imaginación, -me dije-. No le hagás caso. Es necesario no perder la calma”. Pero la calma, ya, se había perdido como por arte de magia. Y al correr atolondradamente hacia esas puertas, lo único que encontraba era una pared sólida y desafiante que me impulsaba, de a poco, a un estado de agonía interior, que hacía pedazos el sentimiento de salir allí. De encontrar la única y verdadera salida. Una salida que fuera, también, una huída. Pero nada. Las fosforescencias seguían allí, sí, poblando mis ojos o diciéndole cosas a los oídos. Quizás, ya conquistado por aquél odio inexplicable hacia el absurdo, que, por entonces, había dejado hace rato de parecer divertido.
Y todo empezó al esfumarse la puerta por donde había entrado y por querer encender una mísera lamparita, pienso indignado; mientras me va ganando la idea de romper los vidrios de cuanta cosa hay a mi alrededor. Impulso que se detiene de pronto, y me desconcierta cuando una voz me dice: “Buen día amigo, permítame ofrecerle una gran oportunidad…” Advierto, pues, que esa enigmática voz sale de un personaje de Botticcelli que está en la semipenumbra. Algo me impide destrozar el cuadro y empezar a gritar con todas las ganas. No obstante, esa circunstancia, me introduzco dentro del closet hasta quedar dormido. Más tarde, me doy cuenta de que ahí, precisamente, está el centro aun no contaminado de toda la casa. Pero al salir, siento una rara sensación de la que no es fácil recuperarme. Entonces, sí, experimento mi cerebro porque pienso. Tengo la noción de mis ojos porque veo y de las orejas porque escucho; pero no tengo la sensación táctil porque no encuentro mis manos ni mis piernas. Y probablemente, casi seguro, haya desaparecido el rostro. Pruebo la voz y el sonido persiste. Voy hacia el espejo y advierto mis ojos, las orejas; pero falta todo lo demás. El equipo restante de mi cuerpo. Asustado como nunca, vuelvo al closet y permanezco allí durante horas y horas, hasta volver a quedar nuevamente dormido. Acaso, la oscuridad, luego me predispone para el equilibrio mental y la reflexión. Entonces, sí, dirijo toda mi energía a observar la presencia de los miembros, uno a uno, con un poder de concentración del que estaba desacostumbrado. ¡Allí están! Es cierto. Por lo tanto, lo sé, la sangre irriga todo el cuerpo. También, compruebo la sensación de dolor. Luego, me repito: “seguramente estoy completo”. En efecto, al fin tenía esa certeza, y podía salir de aquella incómoda posición. Vuelvo al espejo y veo el rostro, el cabello, las manos, el cuerpo. Todo, menos los ojos, las orejas, y no puedo saber si el cerebro. Era algo triste. Descorazonado, vuelvo al closet y hago uso de la memoria. Al hacer uso de ella, significa que tengo cerebro. ¿Cómo podría haber pensado sin cerebro?… Si me he visto en el espejo, pienso, quiere decir que también, tengo ojos… Pero, ¿y las orejas? Hablo en voz alta. Recito cuanta frase o verso me viene a la mente y los sonidos resuenan de la forma habitual. Por lo tanto, estoy seguro, he recuperado además las orejas. !Tengo las orejas! Ante esta fantástica deducción vuelvo al espejo, y entonces sí, establezco cada una de mis partes. Estoy entero. Completamente entero. Así que corro desesperado al teléfono y al gritar socorro, compruebo que mi voz queda atrapada detrás de las líneas, quedando totalmente mudo. Solo puedo emitir soplidos y ruidos con una boca que mueven a risa.
Llevo semanas en esto, doctor Caligari. Por lo tanto, después de haber sufrido esta desagradable experiencia, tengo la convicción de que yo no soy el que escribe. Es más, desde hace días ya he perdido, también, esa facultad. Sin embargo, estas secuencias de la narración son expuestas por una inteligencia superior que se ha apoderado de toda, exclusivamente toda mi conciencia y de mi casa. Mi cuerpo, se mueve de acuerdo a esa voluntad y, ¡ojalá!, que nadie intente encender la lámpara de entrada, porque puedo estallar como un artefacto explosivo…
(De No son ángeles del amanecer, Manuel Ruano,
De los Cuatro vientos, Buenos Aires, 2010)
Octubre 26, 2009 | Por manuel-ruano | # Enlace permanente
Antologías poéticas Peruanas (1853-1967) Búsqueda y consolidación de una Literatura Nacional,Inmaculada Lergo Martín, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 28 de Octubre del 2008, España
Un estudio imprescindible de las diversas antologías de la poesía peruana que cubre mediados de los siglos XIX y XX, llevados a cabo por una tenaz y rigurosa investigadora literaria hispanoamericana, Inmaculada Lergo Martin. Tal como ella dice en su prólogo: “Este estudio contempla sólo algunas de las muchas lecturas que tiene una antología,sin detrimento de la posibilidad de otras vías de interpretación. Y dentro de ellas soy consciente de la necesidad de abordar más detalladamente el proceso de canonización de determinados géneros y formas de expresión, con un estudio comparativo y exhaustivo de los textos ofrecidos. También la evolución de los paradigmas estéticos y lingüísticos que se desprenden de las diversas poéticas que las antologías representan o defienden.” El libro consta de una extensa bibliografía, notas y un índice pormenorizado de los tópicos investigados. Además de un CD de apoyatura temática. Como dijera Borges de su antología Obras Completas: “Somos todo el pasado, somos nuestra sangre, somos la gente que hemos visto morir, somos los libros que nos han mejorado, somos gratamente los otros”. En efecto:Antologías Poéticas Peruanas (1853-1967), recoge, entre otras, aquella antigua Lira patriótica del Perú , publicada en Lima en la Imprenta de D. Fernando Velarde, por J.M.Ureta, en 1853 hasta una de las más recientes, Antología de la Poesía Peruana Joven preparada por D. Francisco Carrillo, Ediciones de la Rama Florida de la Biblioteca Universitaria, etcétera, etc.
En síntesis, saludamos este valioso trabajo de la Profesora Inmaculada Lergo Martín, por tan interesante puesta al día de uno de los países andinos más brillantes en la constelación poética latinoamericana.
Y para concluir, qué mejor que una cita en verso del más grande los poetas peruanos, César Vallejo: “este es mi brazo/ que por su cuenta rehusó ser ala,/ estas son mis sagradas escrituras,/ estos mis alarmados campañones…” Vale.
I have tasted the apple, por Mary Crow, Boa Editions, Ltd., Brockport, N.Y., 1996 ESCAPE
How the animal shuts down,
cowering on the trail,
body hunched and flattened.
Like a lizard cornered
on the hot shale
who becomes the landscape.
And the humiliation of the hand
that reaches out to pat.
And the soul folding smaller and smaller