Del caos y la barbarie
Permanentemente hemos estado asistiendo a un sin-fin de acontecimientos lamentables y dolorosos.
Pero mas doloroso aun es el comportamiento de nuestra sociedad en su conjunto. Ese accionar fuera de control, sin medir las consecuencias que genera tremendo delirio. Y el daño que produce en nuestra juventud y sobre todo en la falta de moral.
Cada cual con su cada qué. Una frase que usada en forma egoísta, genera desprecio hasta de uno mismo, induce a tomar actitudes que luego ni siquiera tenemos la delicadeza de disculparnos por tal atropello-
¿ Que necesidad tenemos de ser animales ? Nosotros mismos ni siquiera sabemos, como tampoco estamos conscientes de lo que ello significa. Actuamos según los impulsos, el pensamiento se convierte en una marejada de odio y resentimiento que produce escalofríos. Pero que podemos esperar, si toda la pirámide de la sociedad está contaminada ? Sí, desde el vértice hasta la base. Oh dicho de otra manera desde nuestros dirigente, hasta nosotros mismos.
Constantemente hay fricciones y delirios. Mostramos la poca falta de respeto que tenemos para con nosotros mismos y por ende hacia nuestros semejantes.
Tenemos la desfachatez de apedrear a quien se nos dé en gana, a escupir en la cara, a insultar como si fuera algo que si no lo hacemos somos anticuados. Está dentro de la sociedad insertado el respeto por las leyes ?
Nadie respeta las leyes, ni los propios magistrados. Nadie respeta la moral, ni siquiera los letrados. La idiosincrasia es un mito como lo es también la democracia, tan vapuleada y manoseada por quienes creen ser democráticos.
Nadie responde a los intereses del pueblo, ni siquiera la iglesia que está alejada totalmente de su función. No se pueden resolver los problemas de una sociedad, sentado en un escritorio si no se camina por donde realmente están los que lo sufren en carne propia. ¿ Quieres conocer a Jesucristo , hijo mío ? Acércate a la casa de Dios, porque nosotros “no podemos” ir a golpear tu puerta. Si quieres que te ayudemos, trae tu limosna y nosotros la repartiremos.
Realmente tendríamos que avergonzarnos de todo lo que estamos haciendo, pero no tenemos cara para arrepentirnos, mejor dicho tenemos cara, pero de cera, falto de gestos, un rostro sin muecas, falsas sonrisas. No tenemos la humildad necesaria para pedir perdón, porque somos egoístas y falsos.
Somos lacra, dejamos de ser sociedad civilizada para convertirnos en bárbaros e incivilizados.
Perdónanos Dios, perdónanos Argentina, no sabemos lo que hacemos…
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